propuesta Socialista 

Por la revolución socialista mundial

Espacio permanente de las mujeres

LA LUCHA ES POLÍTICA NO ES SEXUAL

Escribe: S.V.

En virtud del espacio que proporciona la revista propuesta Socialista para que mujeres, desde su propia visión aporten sus criterios, opiniones, comentarios, críticas o sugerencias, aprovecho y agradezco para plantear las siguientes ideas.

No se trata de un estudio que surja desde una disciplina social, si no más bien del saber como mujer.    

Hace unos días un compañero de trabajo con un resaltado historial de macho abusador emocional, muy contento y atrevido, tuvo la paciencia vestida de insolencia, de recortar un artículo de un diario nacional con el sugestivo texto que más o menos planteaba, sin argumentar,  que las mujeres histéricas, obsesivas e irascibles, son aquellas que carecen de prácticas sexuales excitantes, fantasiosas y placenteras.

Vamos por partes:  el artículo en mención está escrito por un hombre, no tiene mayor análisis de carácter psico-socio-o fisiológico.

Me lo entrega otro hombre, cuyo propósito fundamental era el decirme ¡mire usted que habla tanto de la situación social, usted que se queja cuando sube la canasta básica, usted que va donde su jefe y le dice esto no me parece, es injusto o golpea mis derechos, usted que en todas las reuniones cuestiones actuaciones que trascienden el ámbito de la oficina, a usted, precisamente a usted le falta sexo.

No me alejo de la verdad si afirmo la concepción simplista en que ambos visualizaron el artículo. El primero, no concibe la cólera, los arranques de ira y la agresión en el género masculino, desde ninguna óptica menos como falta de práctica sexual ¿será acaso porque siempre la tienen a mano?. 

El segundo, ataca de una vez, sin miramientos.  Este ser acostumbrado a estas formas de ataque entonces vive sexualmente satisfecho  ¿entonces por qué ataca, por qué irrespeta?.

De brujas, estúpidas, malas y locas (incluyendo todo tipo de patologías desde el histerismo, la depresión, pasando por la paranoia hasta la esquizofrenia ha estado plagado nuestro abanico de  títulos).  Desde tiempos memoriales, la historia se ha escrito sin fin para las mujeres, pero la graduación  que nos concedió estos títulos, que no recibimos ni aceptamos porque no son nuestros, no se atreve a ser contada por los hombres, los nuestros y los de afuera.    

Está demostrado que las enfermedades responden a fuertes componentes de presión, sustos, tormentos, desilusiones y frustraciones.  El panorama ante nuestros ojos no se puede esconder porque las vendas deben caer, para plantarnos como personas (mujeres y hombres) conscientes, con una mentalización compacta de nuestro ser en la concepción plena del ser humano: bio-psico-socio-espiritual, porque no depende de ausencia o tenencia de sexo.

Como mujer acepto, que he visto de cerca mujeres merecedoras de títulos como los enunciados y aún más odiadoras de sí mismas y de todo lo que traduzcan como contrario a su pensamiento, que rechazan hasta su propia vida y esta perspectiva va más allá de  la intolerancia (hacia hombres y mujeres).  Mujeres capaces de comparar el actuar de una mujer que triunfa y se defiende con el actuar de perros de traba y sin ningún tapujo tirar el lodazal como si tratase de cerdos.

La lucha no debe plantearse contra los hombres, es llegar hasta la génesis del planteamiento social, fomentado, alimentado y digerido,  por el dictado de  una sociedad en la que el respeto por la vida, la tolerancia, la justicia y los espacios para la reflexión y el compartir son utópicas e ilusorias, porque definitivamente, el agua que pasa por este puente tiene un fuerte filtro clasista.´

Clasista sinómino en la dicotomía de quienes pueden y los que no, de los que tienen y los que no,  por qué en resumidas cuentas cuántas mujeres y cuántos hombres asalariadas y asalariados  en este país, tienen la posibilidad de acceder a un o una especialista en psicología.  Ojo, hablo de asalariados, con presupuestos ajustados o de sobrevivencia.      

Sin embargo, recapitulo de los dos últimos párrafos y me pregunto por los rasgos que están detrás de las cifras, en las cuales las mujeres sufren más por enfermedades sintomáticas o asintomáticas.  Las diferencias numéricas no se esconden, igualmente en el gráfico están en el mayor rango las mujeres maltratadas, enajenadas, violadas y asesinadas.  Mujeres, selladas desde niñas para atender la fiesta, para competir, sonreír y morir por dentro.

Vuelvo al artículo, motivo de este escrito, que pareciera indicar “sexo versus alegría”, con las sutilezas que encierra el tratamiento lingüístico sexual del hombre hacia la mujer y que se traduce en una contundente forma de violencia en su significante:  “te cojo”, “te jodo”, “te clavo”, “te penetro”, “te tengo”, “eres mía”.

Es hora de que las mujeres dejemos de estar “al borde un ataque de nervios”, de concebirnos en la lucha por una sociedad que valore nuestras capacidades, nuestra faena por saltar obstáculos, en donde se respeten nuestros sentimientos y que el quehacer de nosotras no sea el de la casa y el del trabajo  para alguien o para todos y se convierta peldaño a peldaño en el hacer de nuestras vidas, una vida con derechos hasta la construcción de una sociedad propuesta por trabajadoras y trabajadores.  

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