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propuesta Socialista Por la revolución socialista mundial |
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Editorial: TLC
y elecciones. Nota de tapa: Un país fracturado. Nota de contratapa: A
88 años de la Revolución Rusa. Tema central: 1. Ante
la barbarie capitalista: Una alternativa revolucionaria y socialista.
2. Elecciones
del 2006: ¡No vote!. Panorama nacional Incendio
permanente en la Caja. Panorama internacional Francia: El
Katrina francés. EEUU: Democracia
y otros cuentos. Italia: Una
huelga general paralizó el país. Cuba: Nota
apurada sobre mi trotskismo. Panorama cultural Poesía: Rafael Amor: No vengas a Mar del Plata. Otros panoramas Espacio permanente de las mujeres: La
lucha es política no sexual. |
En
el aniversario de la muerte de Andrè Breton.
¡Por un arte revolucionario! |
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Escribió,
Alan Woods ; tradujo, para Rebelion.org,
Germán
Leyens
y revisó el doctor Fernando Buen Abad |
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Hoy
se cumple un aniversario más de la muerte de Andrè Breton, uno de
los representantes literarios más destacados del surrealismo, que
trató de vincular el arte con la política revolucionaria y colaboró
un tiempo con León Trotsky. Hoy,
cuando el sistema capitalista se encuentra en un impasse total y es
afectado por una condición de degeneración senil extrema, la crisis
del sistema afecta cada aspecto y manifestación de la vida. Las
fuerzas productivas se estancan, el desempleo y el subempleo afectan a
millones, y la desigualdad aumenta a niveles hasta ahora desconocidos.
Las guerras y el terrorismo ya no constituyen la excepción, sino la
norma. Elementos de barbarie han comenzado a aparecer en los países
más prósperos y ”civilizados”, como lo presenciamos
recientemente en Nueva Orleans. La
supervivencia del sistema capitalista amenaza con socavar los
fundamentos mismos de la civilización y la cultura. En un mundo como
éste, ¿cómo podrían dejar de verse afectados el arte y la
literatura? La idea de vincular el arte con la revolución ? una idea
promovida por Breton y Trotsky ? retiene por lo tanto toda su
vitalidad y verdad. El
surrealismo expresa una visión contradictoria (ilógica) de la
realidad. Trata de expresar el elemento de violencia y salvajismo que
acecha debajo del delgado barniz de civilización burguesa. Los
modales corteses y el ?buen gusto? de la sociedad burguesa son en
realidad sólo una fachada que oculta el más terrible sufrimiento, la
explotación y la represión. El surrealismo desgarra el velo de la
hipocresía cortesana y revela la fea y repugnante realidad que
encubre. Paradójicamente,
el hombre cuyo nombre es asociado más frecuentemente con esta escuela
revolucionaria, Salvador Dali, fue un servil defensor del status quo,
políticamente de derecha, admirador de Hitler y Franco, monarquista y
lacayo de los poderes establecidos acaudalados. Luis Buñuel, al
contrario, fue un auténtico revolucionario. Fue despedido por hacer
una película atea, de la que Dali, típicamente, se distanció, por
lo que Buñuel usó sus puños como recompensa. A
diferencia de Dali, Buñuel se opuso a los poderes establecidos, a la
religión y a la Iglesia. Políticamente, estuvo cerca del anarquismo,
el credo que tal vez refleja mejor la visión del mundo del
surrealismo. Pero, con Breton el surrealismo también se aproximó al
marxismo. En
este arte también hay otros elementos: la idea de que todo es
pasajero, inestable y cambiante. Por eso la muerte y la metamorfosis
juegan un papel tan central. En ello sentimos la presencia de una idea
fundamentalmente dialéctica: la idea del cambio constante en el que
las cosas se convierten en su contrario, y en la que las
contradicciones se encuentran en el centro de todo y las cosas no son
lo que parecen ser. El
surrealismo no floreció por casualidad en las tierras de España
católica, Francia e Italia. Es bien sabido que el catolicismo
fanático produce su contrario en la forma de poderosos movimientos
anticlericales. En cada gran ascenso revolucionario en estos países
siempre sobreviene una erupción de actividad anticlerical. Un
fenómeno semejante jamás podría producirse en los países
protestantes del norte de Europa, donde la revolución burguesa
ajustó cuentas con la Iglesia católica hace siglos. La lógica fría
de la burguesía había desterrado hace tiempo el oscurantismo
irracional de la Iglesia. Pero en los países del sur de Europa,
seguía representando un ídolo que había que derrumbar. El
surrealismo, como lo sugiere su nombre, trata de ir más allá de la
superficie, penetrar debajo de las apariencias y aprehender la esencia
de los fenómenos. Al contrario, la mente fría, sin imaginación del
europeo del norte, moldeada por una prolongada historia de pensamiento
empírico, se satisface con ?lo dado?, con ?las cosas tal como son?.
Pero las ?cosas tal como son? resultan ser a menudo muy diferentes de
lo que parecen ser. Sí,
el mundo del surrealismo es un mundo extraño, en el que las cosas y
las relaciones ?normales? son paradas de cabeza. Pero en realidad es
el capitalismo el que convierte cada relación natural en su
contrario. Lleva en sí un carácter inherentemente irracional y
contradictorio. Esas contradicciones pueden ser bien expresadas en el
arte del surrealismo. Pero sólo pueden ser realmente resueltas
mediante la revolución socialista. ¿Cuál
es el papel del artista en la sociedad de nuestros días? Sería más
fácil declarar lo que no es. No es el papel de un artista real
quedarse entre bastidores mientras se libran las grandes batallas por
el futuro de la humanidad y el alma de la humanidad. Un arte que se
separa de la sociedad y es indiferente a su fe, no podrá jamás
aspirar a la grandeza. Un arte semejante sólo languidece en los
llanos y las estribaciones de la historia. Jamás podrá aspirar a la
grandeza. Nunca podrá alcanzar las cimas. Un
gran arte debe preocuparse de temas grandes. Un verdadero artista no
puede mostrarse indiferente ante la suerte de otros hombres y mujeres.
Él o ella son revolucionarios por naturaleza. Los conformistas y los
que le dicen amén a todo y se dan por satisfechos cuando siguen al
rebaño común nunca podrán producir arte y literatura de
envergadura. El
arte tiene el deber de pronunciarse violenta y valerosamente contra la
opresión, la explotación, la mentira y la hipocresía en todas sus
manifestaciones. Debe señalar la posibilidad de una vida mejor y un
mundo mejor. No importa si el mensaje carece de claridad, que sea
incompleto e imperfecto, y que trate sólo de éste o el otro caso en
particular. El arte no es política o ciencia. Tiene su propia
identidad y habla con su propia voz. Aunque adopte una posición
apasionada sobre los grandes temas que confronta la humanidad, debe
mantenerse siempre fiel a sí mismo. Es
posible que el arte sea partidario y revolucionario sin degenerar en
simple propaganda. El arte debe estar libre de toda coacción. No debe
reconocer a amo alguno, sea la Iglesia o la Mezquita, el Estado o el
Gran Capital. El o la artista debe tener libertad para seguir sus
propios sentimientos y creencias. Una tal libertad artística es
incompatible con el régimen capitalista en el que bancos y monopolios
lo deciden todo, desde la producción de camisas a la producción de
música, pinturas y literatura, en función de los beneficios. El
arte sólo será libre en una sociedad en la que todos los hombres y
las mujeres sean libres y en la que las relaciones monetarias sean
reemplazadas por genuinas relaciones humanas, es decir, por el
socialismo. Sólo en una sociedad basada en la planificación
democrática y armoniosa de las fuerzas productivas podrán hombres y
mujeres obtener un control racional sobre sus vidas y destinos. Sólo
en una sociedad semejante podrá el arte arrojar las marcas de la
esclavitud y adquirir la condición de arte humano. En
la sociedad de clases, el arte tiene un carácter de clase. Tiende a
alienarse de la sociedad y es considerado como algo extraño, ajeno y
remoto de la mayoría de la gente. Sólo mediante la abolición de la
base material de la alienación podremos demoler la muralla china que
separa al arte de la sociedad. Trotsky
escribió ”¿Cuántos Aristóteles arrean cerdos?. ¿Cuántos
porqueros se sientan en tronos?”. Al abolir la diferencia entre el
trabajo mental y manual, el socialismo abrirá de una vez por todas
las puertas que solían impedir el acceso de la gente al arte, la
ciencia, la cultura y el gobierno. Significará un nuevo renacimiento
que eclipsará todos los logros de la antigua Atenas y de la Florencia
de los siglos XV y XVI. El
desarrollo del arte hasta lograr toda su dimensión es incompatible
con todos los tipos de unilateralismo, incluyendo el unilateralismo
nacional. El surrealismo fue una tendencia auténticamente
internacional, que reflejaba la existencia de sentimientos y dilemas
comunes a escala mundial. Ya anticipaba el futuro desarrollo de
genuinos cultura y arte bajo el socialismo. El
gran patrimonio cultural de Europa ha llegado hace tiempo a una calle
sin salida, que refleja la prolongada decadencia del capitalismo
europeo, confrontado por rivales más jóvenes, más dinámicos. El
viejo mundo ya no tiene nada interesante que decir. El centro de la
historia mundial, como predijera Trotsky, ha pasado del Mediterráneo
al Atlántico, y ahora pasa del Atlántico al Pacífico, donde se
decidirá el destino futuro de todo el mundo. Las
viejas, anticuadas fronteras que dividen el cuerpo vivo de la
humanidad han perdido hace tiempo su utilidad histórica. Constituyen
barreras al progreso humano como solían serlo las fronteras locales
bajo el feudalismo. Están destinadas a ser arrasadas y lo serán. Es
particularmente necesario para Latinoamérica, ese maravilloso
continente que posee todo lo necesario para crear un paraíso en este
mundo, pero que ha sido balcanizado y reducido a la esclavitud y a la
pobreza por 200 años de capitalismo. En
un mundo socialista, el genio de los pueblos de Latinoamérica
entrará como un ingrediente vital en una cultura común del mundo,
una vez que la humanidad supere sus divisiones y se convierta una vez
más en un todo. Las grandes tradiciones de los mayas y de los
aztecas, los incas y todos los demás pueblos del continente vivirán
un renacimiento a un nivel cualitativamente más elevado. ¿Cuál
será la naturaleza de un nuevo arte socialista? Es
imposible predecirlo y no es nuestra tarea dar lecciones a las
generaciones futuras. El arte siempre obedecerá a sus propias leyes
inherentes, que no corresponden a teorías preconcebidas, sino
reflejan las necesidades y los deseos de cada generación. Pero
podemos estar seguros de una cosa. No habrá una ausencia de variedad.
Cien diferentes escuelas de pensamiento competirán y discutirán, en
una escuela apasionada escuela de democracia que involucrará no sólo
a un puñado de snobs estéticos, sino a millones de personas. De
esto emergerá una cultura nueva y superior que irá más allá de
todo lo que hemos visto en el pasado. Es
el futuro por el que luchamos. Y en esta lucha los artistas de la
actualidad deben tomar el lugar que les corresponde en la primera
línea de la batalla por el socialismo. Londres,
28 de septiembre del 2005. |
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