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propuesta Socialista Por la revolución socialista mundial |
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Editorial: TLC
y elecciones. Nota de tapa: Un país fracturado. Nota de contratapa: A
88 años de la Revolución Rusa. Tema central: 1. Ante
la barbarie capitalista: Una alternativa revolucionaria y socialista.
2. Elecciones
del 2006: ¡No vote!. Panorama nacional Incendio
permanente en la Caja. Panorama internacional EEUU: Democracia
y otros cuentos. Italia: Una
huelga general paralizó el país. Cuba: Nota
apurada sobre mi trotskismo. Panorama cultural Poesía: Rafael Amor: No vengas a Mar del Plata. Otros panoramas Espacio permanente de las mujeres: La
lucha es política no sexual. |
Francia: La
revuelta de los suburbios destapa carencias sociales explosivas que
requieren enormes inversiones El 'Katrina' francés |
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Escribió: Bernard Cassen. Artículo aparecido en Rebelión.org |
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Así
como el huracán Katrina reveló muchos aspectos de la realidad social
de EEUU, la oleada de violencia que sacude los suburbios de París y
de otras ciudades está cargada de lecciones sobre el estado de la
sociedad francesa. No
se puede hablar de revuelta popular, puesto que las personas
implicadas --casi sólo adolescentes y jóvenes-- son muy pocas
(varios millares) en comparación con una población total de los
barrios periféricos, que suman unos cinco millones de habitantes, y
no siguen ninguna consigna claramente definida. Los métodos que
utilizan --quema de coches, autobuses, comercios e infraestructuras
públicas-- y que gozan del efecto amplificador de las imágenes
televisadas, que son emuladas de ciudad en ciudad y de barrio en
barrio, pueden dar la impresión de que una guerrilla urbana actúa en
contra de la policía. Esto
es así sólo en parte: hasta el momento, sólo ha habido un muerto
por heridas graves. Sin embargo, la policía descubrió un taller de
fabricación de cócteles molotov bastante profesional. Por lo tanto,
no se puede descartar que algunas bandas de traficantes de drogas y de
encubridores de mercancías robadas, que prosperan en las zonas
prohibidas de algunos suburbios y aterrorizan a sus habitantes, tengan
interés en adoptar una estrategia de tensión. Estos
fenómenos mafiosos, habituales en situaciones de vacío de autoridad,
no podrían ocultar el significado profundo de los actos violentos.
Son, para muchos de los jóvenes, "salidos de la
inmigración", según la expresión al uso, explosiones de una
rabia cada vez menos contenida ante una situación que ya no toleran,
cuando sus padres la toleraron. Los suburbios concentran las
consecuencias negativas, vividas por la mayoría de la población
francesa, de las políticas neoliberales desde hace un cuarto de
siglo, y, al tiempo, se suman a ellas sus deficiencias específicas.
Una acumulación que se ha vuelto explosiva. Los
más pobres y los inmigrantes está atrapados en zonas urbanas donde
las infraestructuras públicas brillan por su ausencia o son
insuficientes. Son verdaderos apartheid sociales. En estos guetos, los
equipamientos --de todo: educación, salud, vivienda, transportes,
cultura y hasta seguridad-- son inferiores, tanto en cantidad como en
calidad, a los de la media francesa. La tasa de desempleo es dos o
tres veces más elevada. Y, además, las personas de origen inmigrante
son víctimas de discriminaciones debidas al color de su piel o a su
patronímico. De ahí su exigencia prioritaria de "respeto". El
gobierno se encuentra en una situación particularmente incómoda.
Desde fuera, el prestigio de Francia está seriamente dañado. Los
hechos están desprestigiando un "modelo social francés" en
contraposición al anglosajón preconizado por el premier Tony Blair.
Desde dentro, el presidente, Jacques Chirac, y el primer ministro,
Dominique de Villepin, tienen al mismo tiempo que restablecer el orden
en la periferia e intentar atenuar las causas profundas del desorden. Y
aquí es donde aprieta el zapato. Se necesitarían unas inversiones
públicas gigantescas para, simplemente, recuperar el atraso acumulado
durante estos últimos 30 años en el ámbito de la vivienda social y
de los equipamientos. A este respecto, se pudo hablar de un Plan
Marshall. Pero, desde hace tres años, hasta los modestos medios
económicos otorgados a todos los que afrontaban estos temas en los
barrios sensibles --asociaciones, trabajadores sociales, etcétera--
se han visto constantemente reducidos. ¡Incluso los efectivos de la
policía han sido reducidos! Las medidas de rebajar los gastos
públicos y el número de funcionarios son parte de este proceso. Al
mismo tiempo, el Gobierno bajaba los impuestos sobre la renta de su
clientela electoral --las categorías sociales privilegiadas-- y
concedía favor tras favor a las empresas. La
tenaza europea se cierra sobre Francia: los imperativos de
competitividad y de rentabilidad --bajo la forma de "deducciones
obligatorias" (impuesto y cotizaciones sociales)-- se oponen
frontalmente a las políticas públicas voluntaristas de solidaridad.
Pero se inscriben en la Estrategia de Lisboa reactivada por la
Comisión Europea y aprobada por los Veinticinco. Evidentemente, sin
formularlo, ni pensarlo en esos términos, los jóvenes sublevados de
los suburbios franceses, con la específicas circunstancias agravantes
que sufren, están enjuiciando las políticas liberales llevadas a
cabo desde hace decenios a nivel tanto europeo como nacional por todos
los gobiernos, se digan de izquierdas o de derechas. No
estamos tan lejos de la hora de la verdad: si el Gobierno decide poner
el dinero en la mesa para la periferia con el fin de evitar disturbios
aún más graves, tendrá que sacarlo de alguna parte, con riesgo de
empeorar el déficit presupuestario. Y así dará ideas a otros
sectores sociales. En noviembre, prolongando la huelga del 4 de
octubre, que sacó a la calle a un millón de personas, nuevos paros y
movilizaciones sociales están programadas en la función pública;
los empleados de Electricidad de Francia (EDF) se manifiestará contra
la privatización de esta sociedad nacional; la tensión es muy fuerte
dentro de las empresas (entre ellas, Hewlett Packard) que despiden
para deslocalizarse. O sea, antes de los actuales acontecimientos
dramáticos, Francia ya vivía una gran efervescencia social. La
victoria del no a la Euroconstitución constituyó un seísmo que
apuntaba acusadoramente a las opciones neoliberales de los partidos de
gobierno. Y, suponiendo que la revuelta social de los suburbios se
extendiera y se globalizara, podría generar una réplica más fuerte
que el terremoto del referendo del 29 de mayo. Esperemos que Chirac y
los demás políticos puedan prever esta catástrofe. |
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