propuesta Socialista

Por la Revolución Socialista Mundial


  

EDITORIAL
TLC y ELECCIONES

Todo fin de año presupone la realización de un balance; para reflexionar sobre la marcha de los acontecimientos importantes, para analizar las actividades (propias y ajenas) llevadas adelante, para la autocrítica, para la proposición de nuevas iniciativas. En fin, para seguir viviendo.

Es, por lo mismo y como consecuencia lógica, tiempo de preparación para el año siguiente.

En el caso de Costa Rica es adecuado detenerse en dos eventos de enorme trascendencia: la lucha contra el TLC (pasado) y las próximas elecciones (futuro). Pero, dado que la vida es un proceso continuo, pasado y futuro no pueden ser enfocados como entes aislados. Existe un puente entre ambos y éste no puede ser otra cosa que el presente.

En otras palabras: ¿cuál es la solución de continuidad entre ambos aspectos?.  Cuánto de coherente y cuánto de errático hay en la elaboración de las políticas para que el TLC no pase, para que la respuesta a las elecciones sea consecuente y para que la alternativa al TLC, satisfaga los deseos y las necesidades de cambio que esta decrépita sociedad capitalista en su versión costarricense pide a gritos y que, bueno es recordarlo, los burgueses (de todo tipo) no están dispuestos a tolerar. Bueno será también recordar que, ante esa lógica negativa burguesa, la respuesta, para ser efectiva, debe ser contundente.  La burguesía debería quedar maltrecha, por lo menos en el plazo mediato.

Si algo queda claro es que el TLC no es un tratado comercial. Es una propuesta política estratégica elaborada por la burguesía imperialista estadounidense y las  burguesías de nuestros países siguiendo las reglas de juego propias de las sociedades comerciales: respetando la participación relativa en dicha sociedad: socios mayoritarios y socios minoritarios; socios dirigentes y socios complacientes. Es una propuesta política de aplicación inmediata, con resultados aptos para ambos socios en el tiempo mediato y con pretensiones de ser reforzadas (vueltas de tuerca mediante) en el largo plazo para acrecentar dichos resultados aptos.

La respuesta, por consecuencia, debe ser a tono. Para comenzar, debe ser política. Debe salir de la emboscada en la que se pretendió encerrarla:  presentar al TLC como un simple tratado comercial (es más, “no es la panacea”, dicen los TLCeístas) ocultando, con toda aviesa intención, que se trata de un nuevo tipo de organización social con implicaciones sociales, económicas, culturales y militares.

Por lo tanto, debe organizarse una respuesta política; esa es la primer enseñanza que surge de toda la lucha. Y al decir respuesta política, queremos decir que se debe encontrar un paso táctico que permita nuclear a todos los que, por un motivo u otro no aceptan el TLC. Se debe crear, establecer, una instancia que convoque a que no se apruebe el mencionado tratado por cuanto se trastocará toda la vida nacional. Los ex presidentes Carazo Odio y Monge Álvarez, tienen argumentos diferentes para no estar con el TLC pero coinciden en uno: definen un nuevo país y no lo aceptan. Lo mismo podemos decir de los aspirantes presidenciales de los partidos que no están con el tratado. Y de las direcciones sindicales, de los dirigentes estudiantiles, de las agrupaciones de pequeños productores, comerciantes o prestadores de servicios, de las cooperativas, etc. Todos, con diferentes argumentos –que reflejan la defensa de diferentes intereses– coinciden en que lo que se propone en el TLC es lesivo. Esa realidad es argumento de peso suficiente como para justificar la realización de un foro con todos ellos que proclame a todos y para todos que no se puede reformular un país por medio de un acuerdo aparentemente comercial.

Pero no cabe duda que una declaración con ese contenido quedaría coja. Los TLCeístas (hay que reconocerlo) hacen una propuesta de cambio; es cierto que mienten por cuanto lo ocultan pero es nuestro deber llamar a las cosas por su nombre. Se debe, entonces, hacer una propuesta diferente. Pero ella, desde el vamos, debe marcar la diferencia. Debe ser transparente; producto de la libre y abierta discusión. No puede ser el producto de un grupo de negociadores, asentado en un pequeño grupo de asesores, en el que ambos serán los beneficiados. Debe convocar a una seria, respetuosa, apasionada discusión nacional para decir en que país queremos vivir, en que tipo de sociedad pretendemos llevar adelante nuestra vida. Esa convocatoria debe ser el segundo argumento apara re-afirmar la oposición al tratado.

Nosotros, en tanto que socialistas que queremos una sociedad radicalmente distinta, tenemos nuestra propuesta. Hace muchos meses comenzamos a difundirla en el ámbito (pequeño por cierto) de nuestros simpatizantes, amigos y lectores. Opinamos que todas las otras instancias políticas, sindicales y sociales, deben tener una. Y opinamos que tales propuestas no llegaron al grueso de la población por cuanto hubo unos cuantos “errores”, por así llamarlos. El primero y más generalizado fue enfocar el tratado en su apariencia comercial. El segundo fue creer que con discusiones y acuerdos en la superestructura política se podía avanzar y el tercero fue ver los efectos “sectoriales” de carácter negativo del mismo. Hubo un cuarto, tal vez resultado, tal vez origen de los otros: la creencia de que los males por venir no son la consecuencia de los males existentes y en vigencia y desarrollo desde hace unos 25 años en el país y un poco más en el resto del mundo.

Es hora, entonces, de empezar a preparar el porvenir. Si se aprueba el TLC o si se logra posponerlo . Pero siempre bajo la consigna  Que la Base Decida. Por cuanto sin ella no es posible la democracia.

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