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propuesta Socialista Por la Revolución Socialista Mundial |
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Nota de tapa: Un país fracturado. Nota de contratapa: A
88 años de la Revolución Rusa. Tema central: 1. Ante
la barbarie capitalista: Una alternativa revolucionaria y socialista.
2. Elecciones
del 2006: ¡No vote!. Panorama nacional Incendio
permanente en la Caja. Panorama internacional Francia: El
Katrina francés. EEUU: Democracia
y otros cuentos. Italia: Una
huelga general paralizó el país. Cuba: Nota
apurada sobre mi trotskismo. Panorama cultural Poesía: Rafael Amor: No vengas a Mar del Plata. Otros panoramas Espacio permanente de las mujeres: La
lucha es política no sexual.
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EDITORIAL |
| TLC y ELECCIONES | |
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Todo
fin de año presupone la realización de un balance; para reflexionar
sobre la marcha de los acontecimientos importantes, para analizar las
actividades (propias y ajenas) llevadas adelante, para la autocrítica,
para la proposición de nuevas iniciativas. En fin, para seguir viviendo. Es,
por lo mismo y como consecuencia lógica, tiempo de preparación para el
año siguiente. En
el caso de Costa Rica es adecuado detenerse en dos eventos de enorme
trascendencia: la lucha contra el TLC (pasado) y las próximas elecciones
(futuro). Pero, dado que la vida es un proceso continuo, pasado y futuro
no pueden ser enfocados como entes aislados. Existe un puente entre ambos
y éste no puede ser otra cosa que el presente. En
otras palabras: ¿cuál es la solución de continuidad entre ambos
aspectos?. Cuánto de
coherente y cuánto de errático hay en la elaboración de las políticas
para que el TLC no pase, para que la respuesta a las elecciones sea
consecuente y para que la alternativa al TLC, satisfaga los deseos y las
necesidades de cambio que esta decrépita sociedad capitalista en su
versión costarricense pide a gritos y que, bueno es recordarlo, los
burgueses (de todo tipo) no están dispuestos a tolerar. Bueno será
también recordar que, ante esa lógica negativa burguesa, la respuesta,
para ser efectiva, debe ser contundente.
La burguesía debería quedar maltrecha, por lo menos en el plazo
mediato. Si
algo queda claro es que el TLC no es un tratado comercial. Es una
propuesta política estratégica elaborada por la burguesía imperialista
estadounidense y las burguesías
de nuestros países siguiendo las reglas de juego propias de las
sociedades comerciales: respetando la participación relativa en dicha
sociedad: socios mayoritarios y socios minoritarios; socios dirigentes y
socios complacientes. Es una propuesta política de aplicación inmediata,
con resultados aptos para ambos socios en el tiempo mediato y con
pretensiones de ser reforzadas (vueltas de tuerca mediante) en el largo
plazo para acrecentar dichos resultados aptos. La
respuesta, por consecuencia, debe ser a tono. Para comenzar, debe ser
política. Debe salir de la emboscada en la que se pretendió encerrarla:
presentar al TLC como un simple tratado comercial (es más, “no
es la panacea”, dicen los TLCeístas) ocultando, con toda aviesa
intención, que se trata de un nuevo tipo de organización social con
implicaciones sociales, económicas, culturales y militares. Por
lo tanto, debe organizarse una respuesta política; esa es la primer
enseñanza que surge de toda la lucha. Y al decir respuesta política,
queremos decir que se debe encontrar un paso táctico que permita nuclear
a todos los que, por un motivo u otro no aceptan el TLC. Se debe crear,
establecer, una instancia que convoque a que no se apruebe el mencionado
tratado por cuanto se trastocará toda la vida nacional. Los ex
presidentes Carazo Odio y Monge Álvarez, tienen argumentos diferentes
para no estar con el TLC pero coinciden en uno: definen un nuevo país y
no lo aceptan. Lo mismo podemos decir de los aspirantes presidenciales de
los partidos que no están con el tratado. Y de las direcciones
sindicales, de los dirigentes estudiantiles, de las agrupaciones de
pequeños productores, comerciantes o prestadores de servicios, de las
cooperativas, etc. Todos, con diferentes argumentos –que reflejan la
defensa de diferentes intereses– coinciden en que lo que se propone en
el TLC es lesivo. Esa realidad es argumento de peso suficiente como para
justificar la realización de un foro con todos ellos que proclame a todos
y para todos que no se puede reformular un país por medio de un acuerdo
aparentemente comercial. Pero
no cabe duda que una declaración con ese contenido quedaría coja. Los
TLCeístas (hay que reconocerlo) hacen una propuesta de cambio; es cierto
que mienten por cuanto lo ocultan pero es nuestro deber llamar a las cosas
por su nombre. Se debe, entonces, hacer una propuesta diferente. Pero
ella, desde el vamos, debe marcar la diferencia. Debe ser transparente;
producto de la libre y abierta discusión. No puede ser el producto de un
grupo de negociadores, asentado en un pequeño grupo de asesores, en el
que ambos serán los beneficiados. Debe convocar a una seria, respetuosa,
apasionada discusión nacional para decir en que país queremos vivir, en
que tipo de sociedad pretendemos llevar adelante nuestra vida. Esa
convocatoria debe ser el segundo argumento apara re-afirmar la oposición
al tratado. Nosotros,
en tanto que socialistas que queremos una sociedad radicalmente distinta,
tenemos nuestra propuesta. Hace muchos meses comenzamos a difundirla en el
ámbito (pequeño por cierto) de nuestros simpatizantes, amigos y
lectores. Opinamos que todas las otras instancias políticas, sindicales y
sociales, deben tener una. Y opinamos que tales propuestas no llegaron al
grueso de la población por cuanto hubo unos cuantos “errores”, por
así llamarlos. El primero y más generalizado fue enfocar el tratado en
su apariencia comercial. El segundo fue creer que con discusiones y
acuerdos en la superestructura política se podía avanzar y el tercero
fue ver los efectos “sectoriales” de carácter negativo del mismo.
Hubo un cuarto, tal vez resultado, tal vez origen de los otros: la
creencia de que los males por venir no son la consecuencia de los males
existentes y en vigencia y desarrollo desde hace unos 25 años en el país
y un poco más en el resto del mundo. Es
hora, entonces, de empezar a preparar el porvenir. Si se aprueba el TLC o
si se logra posponerlo . Pero siempre bajo la consigna Que la Base Decida. Por cuanto sin ella no es posible la
democracia. |
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