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100 años de bolero... y una semana
después
por César Villalobos
Diario La Prensa (Panamá)
Nunca se había esperado
un festival musical por tanto tiempo. Imagínense,
¡cien años de espera! ¿Valió
la pena? ¡Por favor! Lo confirman los nutridos aplausos,
las gargantas apretadas, los ojos húmedos, las palmas
adoloridas y la causa... sobre todo la causa. Lo primero
a destacar es la producción, que fue inmejorable.
Todos los que participaron, bajo la hábil dirección
de Willy Femández, hicieron un trabajo
a conciencia. La orquesta dirigida por Edgardo Quintero
estuvo formidable, la escenografía apropiada y la
luminotecnia precisa, para darle al escenario el marco digno
al espectáculo, que se saboreó a plenitud.
Un programa de cuatro horas, a veces acaba por cansar, pero
en este caso el tiempo ni se sintió y todos quisieron
que durara hasta el amanecer. La platea estaba llena, con
algunas butacas vacías, muy atrás pero la
galería... ¡ah!, la galería estaba en
en tal punto de gozo que hubiera sazonado sabrosamente cualquier
guiso musical que se celebrara. Y si era del bolero, como
lo fue del bolero, se sazonó rico, espeso, con todos
los ingredientes debidos y en las cantidades precisas.
Marcela, Máximo,
Maritza, David, Leoni y Marta
Estela, así sin apellidos, pues ellos
no los necesitaron para darse a este público que
quería cantar con ellos, recordar con ellos, ¡se
dieron bien! El montaje fue bien fluido con pequeños
errores, pequeñísimos: papeles del director
que se caían, una letra que se olvidó, un
micrófono con un golpe, una nota fuera de tiempo,
pero fueron minúsculos ante la magnitud de lo que
se cocinaba en el amplio escenario del Anayansi, nunca más
acogedor que esa noche del bolero. Lo mejor y lo más
querido del bolero panameño se desgranó en
esas queridas voces panameñas: Irremediablemente
solo, el timbre fino de David; Soñar, el sentimiento
de Marcela; Santana, la dulzura de Leoni; Panamá
Vieja, el tronío de Maritza; historia de un amor,
el sabor de Máximo; mi último bolero y la
intensidad de Marta. Solos, duos, tríos, coros, viviendo
cada palabra, cada gesto, cada sentimiento, los recuerdos
se sucedían con los cambios de luces, de voces, de
estilos y cada cambio era recibido con gusto, con ganas,
con aprobación y con corazón.
Ese mismo corazón sano Rotarios quieren para esos
niños que nacen con problemas congénitos,
y cuya causa enarbolaron estos jóvenes empresarios
y excelentes profesionales. Un año se pasaron planeando,
discutiendo, escogiendo, aprobando y aportando para por
fin, darnos el elenco de 100 años de bolero. Es claro
que no se escogieron todos los que merecían estar,
pero es que no había espacio para más. El
final de fiesta panameño, con ese "Viva el
Bolero", fue magnífico. Mientras cantaban,
yo medio hundido en la butaca pensaba en los Germán
Vergara, los Tito Contreras, los Mani Bolaños, los
Flavio García, los Carlos Guevara, las Violeta Green,
las Betty Williamson, los Neville Chang, los Juan Coronel
y el resto de esos soldados desconocidos de la canción.
¿Dónde está su festival? ¿Cantarán
allí también los Rafael Corcho, los Max Alvarado,
los Noyi Valdivieso?
Vicentico nos regaló Plazos traicioneros, La gloria
eres tú, Los aretes y 3 ó 4 más, como
uno de sus últimos homenajes en Panamá, dominando
después el gran Cheo, que sólo
con Mi Triste Problema me puso a mí en dificultades.
Una detrás de otra, como un collar de perlas que
eso eran, salieron como ríen, Inolvidable, Nuestras
vidas, Juguete... para después permitirnos degustar
el añejo cogñac vocal que es Olga Guillot.
Antes de ella, los Ases habían hecho vibrar guitarra
y voces en un recordar dorado de boleros panameños,
cubanos, mexicanos. Un paréntesis rítmico
con otros tiempos mexicanos alegró más el
ambiente y nos sacó de la abstracción romántica
y sentimental. Hicieron bien, pues ese descanso nos preparó
para el banquete vocal y visual que es el bolero hecho mujer.
Olga gorjeó, trinó, susurró, jadeó,
suspiró y robó corazones en su cierre musical.
¿Qué bolero no canta bien Olga?. Todavía
tiene la misma tesitura y alcance, con más peso en
la voz, pero tan dulce en el frasco como, siempre. ¡Ah,
Olga, qué de recuerdos nos trajiste con ese Bravo,
ese Adoro, ese Contigo a la distancia; cantaste por bulerías,
por gitanerías, Olga hiciste que los Rotarios rotaran,
los ojos brillaran y el corazón saltara! ¿No
era ese precisante el propósito de los Rotarios?
La alegría de los corazones presentes, con su apoyo
al Festival logrará que algunos tiernos corazones
infantiles puedan, algún día, vibrar de emoción
cuando ellos acudan al Festival de los 150 años del
bolero, que otros Rotarios y otro público disfrutará
con ellos. El Obsequio de vida del, Club ya ha permitido
que 16 jóvenes de Panamá puedan llevar una
vida sana, feliz y provechosa. ¿En un futuro, Rotarios
ellos, tal vez?
Yo soñaba con un final de fiesta con Vicentico, Cheo
y Olga cantando los tres un solo bolero que sintetizara
todo lo que el festival significaba: ¡Añorado
encuentro! Los panameños hicieron su despedida con
una pieza especial para todos los que sintieron bolero como
cosa suya: "Viva el Bolero".
Imaginar a Vicentico, Cheo y Olga
cantando ese bolero, añorado encuentro, iba a ser
taquicárdico. Giraldo Piloto se hubiera
asomado desde el cielo y sus lágrimas nos hubieran
rociado a todos; Alberto Vera sonreiría
desde Cuba y no sé que hubieran hecho todos al oír
a esos tres corazones cantar ese final:
Hoy, rompo las cadenas del silencio.
Logro decirte que te quiero,
que tú eres todo lo que anhelo.
Volveremos a vemos tú y yo,
trataremos el tiempo borrar,
no tendremos en cuenta razones que no sean...
las de nuestros corazones.
¿Hubiera sido mucho pedir...? ¡definitivamente,
mucho pedir!
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