Como era de esperarse, en toda fiesta familiar y actividad escolar, la que luego estudiaría química y física en la Universidad de Panamá, ofrecía su talento a la audiencia. Así se convirtió en compañera de la alegría de propios y extraños. Luego se presentaba con frecuencia en el restaurante que su padre administraba en la ciudad de Chitré, que reproducía la Radio Reforma para toda la península de Azuero. «La gente venía hasta de Aguadulce para ver de quién era esa voz. Mi papá sabía dirigirme y mi voz no se me dañó, a pesar que yo era una aficionada. Luego decidí recibir clases en el Conservatorio Nacional para lograr más alcance». Cuando su voz se fue acentuando, descubrió que la suya era grave, perfecta para lo dramático. «Esto hace una diferencia. Para cantar cualquier canción tuve que hacer adaptaciones, buscar la tonalidad adecuada y hacer mi mejor expresión artística dentro del marco de mi voz». En 1962 hizo sus primeras presentaciones televisivas. Aún siendo estudiante universitaria, los directivos de RPC canal 4 la invitaron a trabajar junto al grupo musical de Clarence Martin. Después pasó a TVN canal 2 para acompañar a la orquesta de Gustavo Escobar. Ese recorrido por el ámbito televisivo se extendió hasta 1974. «La televisión era una ventana ideal para promocionarte rápidamente, lo cual fue extraordinario para mí». En 1970 Troetsch tuvo su primer compromiso serio de tipo internacional al presentarse en el Primer Festival Centroamericano y del Caribe, en la capital panameña. Después fue a Chiclayo (Perú), para actuar en el Primer Festival de la Canción Cassinelli. Entre agosto y septiembre de 1971 representó a nuestro istmo en el Festival de Verano en la antigua Unión Soviética, donde alternó con nuestra Leonor González Mina. El éxito fue tan rotundo, que regresó entre enero y marzo de 1972 para actuar como única representante del continente en la gira "Canciones de Latinoamérica". Su viaje a la Unión Soviética se dio gracias a una iniciativa del pianista Jaime Ingram, entonces director del Instituto Nacional de Cultura (INAC). «La experiencia rusa fue una gran formación y una gran escuela, me dio más seguridad y más soltura. Estuve 60 días en una muestra artística, de esos trabajé 57 días. El siguiente año fui invitada una vez más, en pleno invierno, había 37 grados bajo cero, a cantar otras 57 noches. Siempre cantando en español y ellos hablando ruso. A donde iba recibía muestras de simpatía y cariño», nos comenta. En 1972, ocupó el 4to. lugar en el Festival de la Voz Bolivariana, en Bolívar (Venezuela). Un año más tarde grabó un álbum con diez canciones bajo el sello Sonolux (Colombia). En este material incluyó temas como Así y Cariño mío, de Edgardo Quintero; Amémonos más, de Jorge Abadía, y Vanidad, de Armando González Malbrán. Ella considera que este LP (Long Play) es la culminación de su muy brillante carrera artística donde se siente a gusto, feliz con los arreglos magníficos de ese par de genios musicales de Panamá: el pianista y Director del Conservatorio Nacional, Prof. Quintero y el célebre bajista y compositor Clarence Martin. Y el considerarse como el vehículo del lanzamiento de un distinguido profesional, el Dr. Jorge Abadía, quien le entrega 2 estupendos números de estreno. Cuentan que Marcela llegó a ese laboratorio de música y canciones, que son las oficinas de Sonolux, sin más recomendación que su "juventud a flor de piel y su indeclinable actitud positiva ante la vida, siempre", y una cinta grabada con sus primeras interpretaciones discográficas. Y la muchacha los convenció. A ellos les gustaron, primero, su fe en sí misma y luego su manera de sentir el canto, de decir, de recrear las canciones, modernas todas y con arreglos orquestrales de impecable sentido profesional y artístico. En 1973 hizo prolongada actuación -5 meses- en el bar Restaurante Panamá Señorial. «Pasado 1974 la pantalla chica fue afectada por el material pre-grabado comprado en el exterior, que denominaron después video-clip, que le resultaba más barato a los canales, mientras que el nacional les costaba más». Recuerdos que nunca mueren REFERENCIA: La Prensa - Nov. 26, 2000. Hernán Restrepo
Duque y Daniel Domínguez
Z. |