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Buscando América
Lo primero que hago, en cuanto
me siento en la butaca de un avión con rumbo al exterior,
es buscar qué leer, y para ello requiso todo material
de lectura que se encuentre a mi alrededor. Si hay diarios
y del exterior, bien, pero si hay revistas, mucho mejor,
las prefiero ya que no sólo son "llevables", sino
"releíbles", en cualquier tiempo. El ejemplar Nº
4 de EUFORIA, la revista que Alianza SUMMA brinda a los
viajeros de las líneas aéreas AVIANCA, SAM
y ACES, no insinuaba nada en su portada, sobre la belleza
de artículos que tenía en su interior y menos
el impacto que me causaría el título de uno
de esos escritos. Viajábamos los miembros de la Asociación
Panameña de Prensa Turística hacia Medellín,
a un Congreso Latinoamericano de Prensa Turística,
en un viaje muy ameno, hacia esa muy bella ciudad colombiana.
El artículo, escrito por Luisa Fernanda Correa
Valencia, titulado "Inmersión A Profundidad",
empezó con un impactante párrafo: "QUIEN
HA VISTO LA LUZ, NO VUELVE A DORMIR EN PAZ". Una
frase de aquellas guardadas en lo más profundo del
inconsciente, que flota en el ambiente cada vez que se cree
alcanzar la máxima sensación frente a algo.
El resto de artículo fue sobre la aventura de la
primera inmersión en las "cálidas y diáfanas
aguas que rodean a Curaçao". Allí me separé
del pensamiento de Luisa Fernanda, pues regresó a
mí, provocado por esa primera frase, el título
de un disco de larga duración que compuso Rubén
Blades en 1984, llamado BUSCANDO AMÉRICA. Ya no pude
dormir más..., en paz. Ese título indicaba
que nuestro laureado cantante, compositor y músico
y además abogado, quería empezar una búsqueda,
una misión, una tarea, una gestión... una
labor de amor musical, encontrando el acerbo musical de
toda la "América Morena", coincidente título
de una composición que un trío compuesto por
los brasileños Lula Barbosa, Vanderlei
de Castro, y el panameño Edwin Pitre-Vásquez,
trajeron a competir en el Primer Festival Mundial de la
Canción, celebrado hace unas semanas, en esta capital.
Yo no estoy seguro que eso era lo que planeaba don Rubén,
pero tampoco me niego a creer que ese nombre, "Buscando
América", salió del aire, sin un propósito
serio en esa nominación. También pareciera
que se hubiera demorado un poco en empezar la búsqueda,
pues casi veinte años después fue que encontró
a unos vecinos, costarricences, por más señas,
a los que llevó, por primera vez en su vida, a un
Grammy, logro el cual no quiero creer que no podrían
haber alcanzado por propia voluntad. Tres años después,
amplía su búsqueda y encuentra, además
de los mismos ticos, a unas argentinas, unos brasileros,
unos puertorriqueños, un mexicano y una estadounidense.
El valor nacional, además del suyo, fue representado
por percusionistas y un guitarrista. ¿Por qué
se demoró tanto Rubén en encontrar lo que
ha debido buscar desde hace tanto tiempo?
De México yo he soñado unas composiciones con música
mariachi y ritmos afrocubanos, y por qué no, marimbas centroamericanas,
junto a los cajones peruanos; las characas colombianas y con los tres panderos
puertorriqueños, los charangos bolivianos, los bandoneones uruguayos
y argentinos... y por qué no, esos tambores del guarancho, y aunque
sea una sola, la guitarra de la América. Cuba siempre ha puesto
sus tumbadoras, sus batás, sus claves y sus maracas, para ritmar
casi toda la música tropical. No hay país que no pueda aportar
algo de su música y su instrumentación, a veces repetida,
pero nunca de más. ¿Buscar América en la música?
Ella se te ha estado ofreciendo siempre, Rubén, con sus arpas, sus
cuatros, sus cajas, sus pujadores, sus repicadores, sus cencerros... sin
siquiera haber mencionado la enorme variedad percutiva que el inmenso Brasil,
puede ofrecer. ¿Buscar América en lo musical? Es casi una
obligación hacerlo, Rubén. Eso es, prácticamente una
necesidad vital para nuestras nacionalidades, para nuestras culturas, pues
a pesar de hablar, en términos generales, en el mismo idioma, alimentarnos
de los productos de la misma tierra y rezarles todos, al mismo Dios, en
política, deportes y naturaleza, no nos hemos portado como hermanos,
como nativos del mismo continente.
La cultura, Rubén, la cultura es la que nos debe
hacer crecer y aunque el consumo de las artes, la danza,
la pintura, la escultura, el cine y el teatro, deberían
ser patrimonio de todos, pareciera que su goce le está
prohibido a los desposeídos. Quizás sea a
ellos a quienes les mitigue más su pena, un sonido
musical, por ese consumo. La música puede ser escuchada
por el mundo al mismo tiempo, aunque diferencias geográficas
o temporales no así lo permitan. Debe sonar, para
todos, igual, aunque el nivel de cultura no sea igual, para
todos. Y nada mejor que con la música, que es donde
se encuentra toda la dinámica del arte, todo el arte.
"Quién ha visto la luz, no vuelve a dormir
en paz"... y si ya la prendiste, pues que sigamos
viendo esa luz, que es, en realidad, los sonidos musicales.
¡Con ellos, sí podemos y debemos, vivir
en paz!
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