Jueves, abril 3 de 2003.
Buscando América

Lo primero que hago, en cuanto me siento en la butaca de un avión con rumbo al exterior, es buscar qué leer, y para ello requiso todo material de lectura que se encuentre a mi alrededor. Si hay diarios y del exterior, bien, pero si hay revistas, mucho mejor, las prefiero ya que no sólo son "llevables", sino "releíbles", en cualquier tiempo. El ejemplar Nº 4 de EUFORIA, la revista que Alianza SUMMA brinda a los viajeros de las líneas aéreas AVIANCA, SAM y ACES, no insinuaba nada en su portada, sobre la belleza de artículos que tenía en su interior y menos el impacto que me causaría el título de uno de esos escritos. Viajábamos los miembros de la Asociación Panameña de Prensa Turística hacia Medellín, a un Congreso Latinoamericano de Prensa Turística, en un viaje muy ameno, hacia esa muy bella ciudad colombiana. 

El artículo, escrito por Luisa Fernanda Correa Valencia, titulado "Inmersión A Profundidad", empezó con un impactante párrafo: "QUIEN HA VISTO LA LUZ, NO VUELVE A DORMIR EN PAZ". Una frase de aquellas guardadas en lo más profundo del inconsciente, que flota en el ambiente cada vez que se cree alcanzar la máxima sensación frente a algo. El resto de artículo fue sobre la aventura de la primera inmersión en las "cálidas y diáfanas aguas que rodean a Curaçao". Allí me separé del pensamiento de Luisa Fernanda, pues regresó a mí, provocado por esa primera frase, el título de un disco de larga duración que compuso Rubén Blades en 1984, llamado BUSCANDO AMÉRICA. Ya no pude dormir más..., en paz. Ese título indicaba que nuestro laureado cantante, compositor y músico y además abogado, quería empezar una búsqueda, una misión, una tarea, una gestión... una labor de amor musical, encontrando el acerbo musical de toda la "América Morena", coincidente título de una composición que un trío compuesto por los brasileños Lula Barbosa, Vanderlei de Castro, y el panameño Edwin Pitre-Vásquez, trajeron a competir en el Primer Festival Mundial de la Canción, celebrado hace unas semanas, en esta capital.

Yo no estoy seguro que eso era lo que planeaba don Rubén, pero tampoco me niego a creer que ese nombre, "Buscando América", salió del aire, sin un propósito serio en esa nominación. También pareciera que se hubiera demorado un poco en empezar la búsqueda, pues casi veinte años después fue que encontró a unos vecinos, costarricences, por más señas, a los que llevó, por primera vez en su vida, a un Grammy, logro el cual no quiero creer que no podrían haber alcanzado por propia voluntad. Tres años después, amplía su búsqueda y encuentra, además de los mismos ticos, a unas argentinas, unos brasileros, unos puertorriqueños, un mexicano y una estadounidense. El valor nacional, además del suyo, fue representado por percusionistas y un guitarrista. ¿Por qué se demoró tanto Rubén en encontrar lo que ha debido buscar desde hace tanto tiempo?

De México yo he soñado unas composiciones con música mariachi y ritmos afrocubanos, y por qué no, marimbas centroamericanas, junto a los cajones peruanos; las characas colombianas y con los tres panderos puertorriqueños, los charangos bolivianos, los bandoneones uruguayos y argentinos... y por qué no, esos tambores del guarancho, y aunque sea una sola, la guitarra de la América. Cuba siempre ha puesto sus tumbadoras, sus batás, sus claves y sus maracas, para ritmar casi toda la música tropical. No hay país que no pueda aportar algo de su música y su instrumentación, a veces repetida, pero nunca de más. ¿Buscar América en la música? Ella se te ha estado ofreciendo siempre, Rubén, con sus arpas, sus cuatros, sus cajas, sus pujadores, sus repicadores, sus cencerros... sin siquiera haber mencionado la enorme variedad percutiva que el inmenso Brasil, puede ofrecer. ¿Buscar América en lo musical? Es casi una obligación hacerlo, Rubén. Eso es, prácticamente una necesidad vital para nuestras nacionalidades, para nuestras culturas, pues a pesar de hablar, en términos generales, en el mismo idioma, alimentarnos de los productos de la misma tierra y rezarles todos, al mismo Dios, en política, deportes y naturaleza, no nos hemos portado como hermanos, como nativos del mismo continente.

La cultura, Rubén, la cultura es la que nos debe hacer crecer y aunque el consumo de las artes, la danza, la pintura, la escultura, el cine y el teatro, deberían ser patrimonio de todos, pareciera que su goce le está prohibido a los desposeídos. Quizás sea a ellos a quienes les mitigue más su pena, un sonido musical, por ese consumo. La música puede ser escuchada por el mundo al mismo tiempo, aunque diferencias geográficas o temporales no así lo permitan. Debe sonar, para todos, igual, aunque el nivel de cultura no sea igual, para todos. Y nada mejor que con la música, que es donde se encuentra toda la dinámica del arte, todo el arte. "Quién ha visto la luz, no vuelve a dormir en paz"... y si ya la prendiste, pues que sigamos viendo esa luz, que es, en realidad, los sonidos musicales. ¡Con ellos, sí podemos y debemos, vivir en paz!

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