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Para Eso Se Viaja
El probable que para llegar a Medellín haya que bajar un poco
más abajo que el nivel del mar, pues desde la cima de la montaña
desde la que empezamos a descender para entrar a "La Ciudad de la Eterna
Primavera", tuvimos bajar por la misma larga carretera, por la que
sube, y baja, el equipo ciclista olímpico colombiano. Se puede llegar
más rápido a Medellín, pero nos perderíamos
la deliciosa temperatura, la luguriante, pero no tropical vegetación,
y sobre todo el bello panorama que nos brindaba la tarde cuando iba muriendo,
pues las luces a la distancia, difuminadas por la niebla que llevaba al
enorme ómnibus, iban convirtiéndose en una especie de nacimiento,
que desde el aeropuerto, como una línea directa, a pesar de las
curvas de la carretera, nos dirigían hasta la segunda ciudad de
Colombia. Quizá nos perdimos paisajes y parajes en la bruma que
nos acompañó, pero no podía ser más sugestiva,
encantadora y arrobadora la entrada a la impresionante localidad.
Lo que no pudimos apreciar bien, en esa mortecina tarde, fue la imponente
elegancia que arropa a esa ciudad, pero lo comprobamos mejor en el día,
cuando su tamaño, limpieza, orden, silencio, quietud, elegancia,
hospitalidad y su belleza, nos bañaron con los rayos de sol que
nos brindó. Creo que nadie se acordó de los pensamientos
medio negativos, de quienes desde todos lados, menos de la misma Medellín
nos decían que tuviéramos cuidado con los guerrilleros, con
los comandos, con los militares, con los asaltantes, y en general, con
el miedo.
El señor Hernán Cortés, devenido aventurero
español nació en Medellín, provincia de Badajoz, pero
en vez de desarrollarse y hacerlo igual con su tierra natal, devino en
negocios de importación de paisanos, pero le dio el nombre de su
pequeña mater a esta preciosa urbe, que ha crecido y desarrollado
sin ninguna tara por el nombre que adquirió. Quizá a las
únicas personas que se le oían las voces, serían a
los panameños, pues la elegancia, hasta en el silencio y voces bajas,
acompañan a los habitantes de la segunda ciudad de Colombia.
Asistir a un Congreso, de cualquier ciencia, en un país extranjero,
es tener la seguridad que casi todo el tiempo despierto se estará
ocupado en esos menesteres, pero si la cuidad es tan bella como Medellín,
ella misma nos lo hará notar. Y una demostración de la belleza
de la ciudad, es el elegante uso del rey de los elementos de construcción:
el ladrillo. La ciudad de la eterna primavera está adornada por
el ladrillo en todo tipo de construcciones y en cada una de ellas, brilla
como lo que es, un elemento precioso. Ver un edificio, cualquiera que sea
de ese material, es tener la seguridad de que los artesanos que lo hicieron,
pusieron todo el cuidado, el amor y el profesionalismo que poseen, para
hacer el mejor edificio de todos. Y la otra riqueza de Medellín,
que las tiene y muchas, es la gente con la cual se convive en esas visitas,
pero con la casi seguridad que son casi siempre, con propios y extraños.
Y como suele ocurrir nos previnieron de las bombas, siempre tuvimos los
varones el cuidado de estar atentas a ellas. La verdad es que las vimos
todos los días, a todas las horas, pues nos pasaban al lado, nos
atendían en almacenes, oficinas, eventos, iluminándonos y
adornando las actividades generales. La mujer colombiana es preciosa, pero
creo que nos escogieron a las más hermosas para que engalanaran
una ciudad, que ya de por sí es bella.
Hacer turismo es un derecho y casi un deber, de cualquier persona,
no importa su grado de educación, su ocupación o su nivel
económico. Bien pudiera pensar en visitar Medellín, como
primera o continuada vez, una ciudad que exporta modas y elegancia, tiene
esa característica y elegancia para todo lo que haga por propios
y extraños. Una visita a Medellín puede colmar sus deseos
de encontrar todo lo que desee ver, apreciar y gustar, en belleza, gastronomía,
gusto y elegancia. Hablan su idioma, le rezan al mismo Dios y le brindan
el alimento que estaba deseando. Visite y disfrute de una ciudad que siempre
está en Primavera y se lo demuestra, siempre. Todos queremos crecer,
en conocimiento, en bondad, en cultura, en entendimiento, en humanismo,
pues el mundo se hace cada día más chico, a usted le corresponde
conocerlo, y con ello, hacerlo un poco mejor. En realidad, para eso es
que se viaja, para mejorar, y con nosotros, el resto del mundo. . . |