Martes, Nov. 12 de 2002.
Para Eso Se Viaja

El probable que para llegar a Medellín haya que bajar un poco más abajo que el nivel del mar, pues desde la cima de la montaña desde la que empezamos a descender para entrar a "La Ciudad de la Eterna Primavera", tuvimos bajar por la misma larga carretera, por la que sube, y baja, el equipo ciclista olímpico colombiano. Se puede llegar más rápido a Medellín, pero nos perderíamos la deliciosa temperatura, la luguriante, pero no tropical vegetación, y sobre todo el bello panorama que nos brindaba la tarde cuando iba muriendo, pues las luces a la distancia, difuminadas por la niebla que llevaba al enorme ómnibus, iban convirtiéndose en una especie de nacimiento, que desde el aeropuerto, como una línea directa, a pesar de las curvas de la carretera, nos dirigían hasta la segunda ciudad de Colombia. Quizá nos perdimos paisajes y parajes en la bruma que nos acompañó, pero no podía ser más sugestiva, encantadora y arrobadora la entrada a la impresionante localidad. 
Lo que no pudimos apreciar bien, en esa mortecina tarde, fue la imponente elegancia que arropa a esa ciudad, pero lo comprobamos mejor en el día, cuando su tamaño, limpieza, orden, silencio, quietud, elegancia, hospitalidad y su belleza, nos bañaron con los rayos de sol que nos brindó. Creo que nadie se acordó de los pensamientos medio negativos, de quienes desde todos lados, menos de la misma Medellín nos decían que tuviéramos cuidado con los guerrilleros, con los comandos, con los militares, con los asaltantes, y en general, con el miedo. 
El señor Hernán Cortés, devenido aventurero español nació en Medellín, provincia de Badajoz, pero en vez de desarrollarse y hacerlo igual con su tierra natal, devino en negocios de importación de paisanos, pero le dio el nombre de su pequeña mater a esta preciosa urbe, que ha crecido y desarrollado sin ninguna tara por el nombre que adquirió. Quizá a las únicas personas que se le oían las voces, serían a los panameños, pues la elegancia, hasta en el silencio y voces bajas, acompañan a los habitantes de la segunda ciudad de Colombia. 
Asistir a un Congreso, de cualquier ciencia, en un país extranjero, es tener la seguridad que casi todo el tiempo despierto se estará ocupado en esos menesteres, pero si la cuidad es tan bella como Medellín, ella misma nos lo hará notar. Y una demostración de la belleza de la ciudad, es el elegante uso del rey de los elementos de construcción: el ladrillo. La ciudad de la eterna primavera está adornada por el ladrillo en todo tipo de construcciones y en cada una de ellas, brilla como lo que es, un elemento precioso. Ver un edificio, cualquiera que sea de ese material, es tener la seguridad de que los artesanos que lo hicieron, pusieron todo el cuidado, el amor y el profesionalismo que poseen, para hacer el mejor edificio de todos. Y la otra riqueza de Medellín, que las tiene y muchas, es la gente con la cual se convive en esas visitas, pero con la casi seguridad que son casi siempre, con propios y extraños. Y como suele ocurrir nos previnieron de las bombas, siempre tuvimos los varones el cuidado de estar atentas a ellas. La verdad es que las vimos todos los días, a todas las horas, pues nos pasaban al lado, nos atendían en almacenes, oficinas, eventos, iluminándonos y adornando las actividades generales. La mujer colombiana es preciosa, pero creo que nos escogieron a las más hermosas para que engalanaran una ciudad, que ya de por sí es bella. 
Hacer turismo es un derecho y casi un deber, de cualquier persona, no importa su grado de educación, su ocupación o su nivel económico. Bien pudiera pensar en visitar Medellín, como primera o continuada vez, una ciudad que exporta modas y elegancia, tiene esa característica y elegancia para todo lo que haga por propios y extraños. Una visita a Medellín puede colmar sus deseos de encontrar todo lo que desee ver, apreciar y gustar, en belleza, gastronomía, gusto y elegancia. Hablan su idioma, le rezan al mismo Dios y le brindan el alimento que estaba deseando. Visite y disfrute de una ciudad que siempre está en Primavera y se lo demuestra, siempre. Todos queremos crecer, en conocimiento, en bondad, en cultura, en entendimiento, en humanismo, pues el mundo se hace cada día más chico, a usted le corresponde conocerlo, y con ello, hacerlo un poco mejor. En realidad, para eso es que se viaja, para mejorar, y con nosotros, el resto del mundo. . . 

 
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