Miércoles, octubre 3 de 1990.
¡Increíble! Cien Años de bolero

por César Villalobos
Diario La Prensa (Panamá)

¡No sé por dónde empezar! Sólo considerando un bolero por año, y su consiguiente cantante, me faltaría papel para todos esos nombres. Se me barajan en la cabeza y no sé cuál pillar primero, aunque el bolero que comienza la saga romántica fue Tristezas del maestro José 'Pepe' Sánchez, nacido en 1856 y fallecido en 1918. En Cuba nació el bolero en 1885, pero dicen los mexicanos que en México fue donde se desarrolló y llegó a su mayoría de edad. Un enorme coctel de sentimientos, penas, amores, deseos, olvidos, rencores, engaños, lágrimas y tristezas formaron la temática, que por vasos y copas nos fue servido durante cien años. No lo hemos vivido todos, ni los años ni los boleros, pero ciertamente sí lo hemos intentado.
¿Cuál es el mejor bolero? ¿Quién es el mejor cantante de boleros? ¿Dónde está el mejor compositor? Agustín Lara decía que «para comprender qué era un bolero, nada mejor que escuchar Campanitas de Cristal de Rafael Hernández. Cualquier cosa que cante Marco Antonio Muñiz saldrá formidable. ¿Es Cuba, con José Antonio Méndez y su La Gloria eres tú y César Portillo de la Luz con Contigo a la distancia, mejor que Puerto Rico con Perfume de Gardenia de Rafael Hernández o Vereda tropical de Gonzalo Curiel de México?
Después de todo, ¿qué es el bolero? Con cien años encima, la explicación puede ser confusa, nada técnica y a lo mejor hasta innecesaria. El bolero existe, nos hace vivir, no va a morir y basta. Lo primero que debe tener el bolero es su bailabilidad, y por eso se ha hecho tan popular. En estos momentos está de capa caída, pues las baladas, los merengues estilizados y las salsas eróticas, picantes o regulares, no dejan que se escuche el bolero. El nuevo, claro está, pues el viejo bolero sigue sonando para viejos oídos en viejos discos. Servimos una copa de coctel y se mezclan en ella nombres como Olvídame, Mucho Corazón, Irremediablemente solo, Si no eres tú, Esperanza Inútil, Lágrimas negras, Traicionera, Marie Elena, Somos... y en el fondo de la copa están Agustín Lara, Gonzalo Curiel, Miguel Matamoros, Avelino Muñoz, Pedro Flores, Pepe Delgado, Isolina Carrillo... Cien años de llegar al corazón, con la palabra, con la voz, con la nota. Cien años de recuerdos, penas y alegrías. Cien años de caricias, de reclamos, de heridas y de engaños. Cien años de promesas, de perdones y de entregas.
Guarachas hechas boleros, corridos hechos boleros, tangos hechos boleros, sones hechos boleros... todo se puede convertir en bolero, pues el bolero es la voz que entiende el corazón. Cuando no se puede hablar, se recurre al bolero. Vicentico hace una conversación... en tiempo de bolero, pues con ella no se puede hablar. Di si encontraste en mi pasado una razón para olvidarme o para quererme, solicitó el divino flaco, mientras que Avelino asegura estar solo, irremediablemente solo, ella nunca llenaría su soledad.
La esperanza es inútil, lo persigue en su soledad, implora Pedro Flores, pero aclara que si no es ella, no tiene quién le hable de amor. Osvaldo Farrés pregunta que cuándo, cómo y dónde y se le responde que quizá, a lo mejor, es probable; pasan los días y él se desespera, sólo consigue que se le insista en quizás, quizás, quizás...
Los nombres abruman, los títulos abruman, los temas abruman... los sobrenombres abruman: el sargento Chicho, el bigote que canta, la voz de la ternura, señora tentación, la única, el bárbaro del ritmo. ¿De quién se puede uno olvidar? De nadie y, sin embargo, no se pueden recordar todos. La América está llena de ellos, de la Patagonia hasta el Bravo: Leo Marini, Daniel Riolobos, Lucho Gatica, Lope Balaguer, Nelson Pinedo, Felipe Pirela, Miguel Briceño, Julio Jaramillo, Daniel Santos, Tito Rodríguez, Virginia López, Miltiño, Tito Gómez, Fernando Alvarez, Don Pedro, Toña la Negra, Oración Caribe, José Sabre Marroquín, Bonita, Luis Alcaraz, Ansiedad, La Hiedra, El Reloj, Roberto Cantoral, Mis noches sin ti, Orlando De La Rosa, Alfredo Sadel, Ernesto Duarte, Chucho Navarro, Frank Dominguez, Sergio de Carlo... y cien años de sentimientos, de ternuras, de sombras, de caricias furtivas... ¡de amor!
El bolero, a pesar de ser el latido del corazón, llegó casi a olvidarse por allá por los 50, 60, no sé... y vino un chaparrito con cara de corazón y haló por las orejas el sentimiento y él solo, casi, se encargó de poner al bolero donde siempre estuvo, encerrado en el corazón de los que aman, velan y sienten en silencio.... Armando Manzanero se agigantó para en su voz de no cantante, darle a los cantantes, cantaran o no, el material más bello y más completo al que podía aspirar el romántico. Y Manzanero habló del lado oscuro de la luna, contempló las lluvias, pensó en todas, se quejó de errores, adoró las calles, y creyó que fue ayer cuando vio que llovía, esperó cosas imposibles, pero sobre todo, pensó en tí, sobre todas las cosas, pensó en ti...
Imposible sintetizar cien años en menos de cien años... si del bolero se trata, no voy a intentarlo siquiera. Aquí los quisimos todos, los esperamos todos y los vivimos todos. Para nosotros no hay el mejor bolero, como no hay el mejor cantante, ni la mejor voz, ni el mejor compositor. Todos son perfectos. Las Rosa de Agustín, las Gardenias de Isolina y Rafael, Azaleas, Flores Negras, Alelíes, Gardenias... todas son fragantes para nosotros. No importan los años, recordemos todas las letras y si no, las cantamos de todos modos. Cada letra del alfabeto nos da un título querido: Alma mía, Bajo el palmar, Cenizas, Deuda, Espuma, Frenesí, Granada, Hilos de Plata, Inconsolable... sigan ustedes.
Los nuestros también salieron a la palestra mundial: Historia de un amor, Mi último bolero, Soñar, Panamá Viejo, Taboga... para nosotros se quedaron David, Marta, Ovidio, Tomás David, Enrique, Máximo, Manito, Nelly, Alicia, Carlos... los nombres se cruzan y recruzan... los recuerdos afloran... los pensamientos se atropellan... Bailar bolero, eso era casi el 'summum', pues, para bailar bolero había que saber bailar. Ahora cualquiera baila lambada, reguée, merengue, rap, jam o lo que sea, pues para bailar eso, no hay que saber bailar. Ni siquiera hay que saber escuchar, hay tan solo que pararse, sin moverse del sitio y sacudir a lo que le plazca, sin sentido, sin ritmo, sin tiempo y sin gracia.
Para bailar bolero, había que ser enamorado, estar enamorado y vivir enamorado... del bolero. Cubrir todo el piso, pues el bolero es para desplazarse, apretarse bien y fundir en una sola, dos personas que sienten y vibran por lo mismo. En el aire están las voces de Pedro y Benny, de Benny y Alfredo, de Pellín y Andy, de Roberto Ledezma, de Olga Guillot, de Frankie Figueroa, de Blanca Rosa Gil, de Carmen Delia Dipini, de Los Tres Ases, de Los Tres Reyes, de Los Tres Diamantes, del trío Los Panchos, y las piezas son de Lara, Farrés, Hernández, Flores, Piloto y Vera, Hassán, de Eleta, de Simmons, de Lecuona, de Pratts... no importa, lo que importa es que están tocando un bolero, y ¡ el bolero se ha hecho para bailar! ¿Bailamos... este bolero?

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