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¡Increíble! Cien Años
de bolero
por César Villalobos
Diario La Prensa (Panamá)
¡No sé por dónde
empezar! Sólo considerando un bolero por año,
y su consiguiente cantante, me faltaría papel para
todos esos nombres. Se me barajan en la cabeza y no sé
cuál pillar primero, aunque el bolero que comienza
la saga romántica fue Tristezas del maestro
José 'Pepe' Sánchez, nacido
en 1856 y fallecido en 1918. En Cuba nació el bolero
en 1885, pero dicen los mexicanos que en México fue
donde se desarrolló y llegó a su mayoría
de edad. Un enorme coctel de sentimientos, penas, amores,
deseos, olvidos, rencores, engaños, lágrimas
y tristezas formaron la temática, que por vasos y
copas nos fue servido durante cien años. No lo hemos
vivido todos, ni los años ni los boleros, pero ciertamente
sí lo hemos intentado.
¿Cuál es el mejor bolero? ¿Quién
es el mejor cantante de boleros? ¿Dónde está
el mejor compositor? Agustín Lara decía que
«para comprender qué era un bolero, nada mejor
que escuchar Campanitas de Cristal de Rafael
Hernández. Cualquier cosa que cante Marco
Antonio Muñiz saldrá formidable. ¿Es
Cuba, con José Antonio Méndez
y su La Gloria eres tú y César
Portillo de la Luz con Contigo a la distancia,
mejor que Puerto Rico con Perfume de Gardenia de
Rafael Hernández o Vereda tropical
de Gonzalo Curiel de México?
Después de todo, ¿qué es el bolero?
Con cien años encima, la explicación puede
ser confusa, nada técnica y a lo mejor hasta innecesaria.
El bolero existe, nos hace vivir, no va a morir y basta.
Lo primero que debe tener el bolero es su bailabilidad,
y por eso se ha hecho tan popular. En estos momentos está
de capa caída, pues las baladas, los merengues estilizados
y las salsas eróticas, picantes o regulares, no dejan
que se escuche el bolero. El nuevo, claro está, pues
el viejo bolero sigue sonando para viejos oídos en
viejos discos. Servimos una copa de coctel y se mezclan
en ella nombres como Olvídame, Mucho Corazón,
Irremediablemente solo, Si no eres tú,
Esperanza Inútil, Lágrimas negras,
Traicionera, Marie Elena, Somos...
y en el fondo de la copa están Agustín
Lara, Gonzalo Curiel, Miguel
Matamoros, Avelino Muñoz, Pedro
Flores, Pepe Delgado, Isolina
Carrillo... Cien años de llegar al corazón,
con la palabra, con la voz, con la nota. Cien años
de recuerdos, penas y alegrías. Cien años
de caricias, de reclamos, de heridas y de engaños.
Cien años de promesas, de perdones y de entregas.
Guarachas hechas boleros, corridos hechos boleros, tangos
hechos boleros, sones hechos boleros... todo se puede convertir
en bolero, pues el bolero es la voz que entiende el corazón.
Cuando no se puede hablar, se recurre al bolero. Vicentico
hace una conversación... en tiempo de bolero, pues
con ella no se puede hablar. Di si encontraste en mi pasado
una razón para olvidarme o para quererme, solicitó
el divino flaco, mientras que Avelino asegura
estar solo, irremediablemente solo, ella nunca llenaría
su soledad.
La esperanza es inútil, lo persigue en su soledad,
implora Pedro Flores, pero aclara que si no
es ella, no tiene quién le hable de amor. Osvaldo
Farrés pregunta que cuándo, cómo
y dónde y se le responde que quizá, a lo mejor,
es probable; pasan los días y él se desespera,
sólo consigue que se le insista en quizás,
quizás, quizás...
Los nombres abruman, los títulos abruman, los temas
abruman... los sobrenombres abruman: el sargento Chicho,
el bigote que canta, la voz de la ternura, señora
tentación, la única, el bárbaro del
ritmo. ¿De quién se puede uno olvidar? De
nadie y, sin embargo, no se pueden recordar todos. La América
está llena de ellos, de la Patagonia hasta el Bravo:
Leo Marini, Daniel Riolobos,
Lucho Gatica, Lope Balaguer,
Nelson Pinedo, Felipe
Pirela, Miguel Briceño,
Julio Jaramillo, Daniel Santos,
Tito Rodríguez, Virginia
López, Miltiño,
Tito Gómez, Fernando Alvarez,
Don Pedro, Toña la Negra,
Oración Caribe, José
Sabre Marroquín, Bonita, Luis Alcaraz,
Ansiedad, La Hiedra, El Reloj, Roberto Cantoral,
Mis noches sin ti, Orlando De La Rosa, Alfredo
Sadel, Ernesto Duarte, Chucho
Navarro, Frank Dominguez, Sergio
de Carlo... y cien años de sentimientos,
de ternuras, de sombras, de caricias furtivas... ¡de
amor!
El bolero, a pesar de ser el latido del corazón,
llegó casi a olvidarse por allá por los 50,
60, no sé... y vino un chaparrito con cara de corazón
y haló por las orejas el sentimiento y él
solo, casi, se encargó de poner al bolero donde siempre
estuvo, encerrado en el corazón de los que aman,
velan y sienten en silencio.... Armando Manzanero
se agigantó para en su voz de no cantante, darle
a los cantantes, cantaran o no, el material más bello
y más completo al que podía aspirar el romántico.
Y Manzanero habló del lado oscuro de la luna, contempló
las lluvias, pensó en todas, se quejó de errores,
adoró las calles, y creyó que fue ayer cuando
vio que llovía, esperó cosas imposibles, pero
sobre todo, pensó en tí, sobre todas las cosas,
pensó en ti...
Imposible sintetizar cien años en menos de cien años...
si del bolero se trata, no voy a intentarlo siquiera. Aquí
los quisimos todos, los esperamos todos y los vivimos todos.
Para nosotros no hay el mejor bolero, como no hay el mejor
cantante, ni la mejor voz, ni el mejor compositor. Todos
son perfectos. Las Rosa de Agustín, las Gardenias
de Isolina y Rafael, Azaleas, Flores Negras, Alelíes,
Gardenias... todas son fragantes para nosotros. No importan
los años, recordemos todas las letras y si no, las
cantamos de todos modos. Cada letra del alfabeto nos da
un título querido: Alma mía, Bajo
el palmar, Cenizas, Deuda, Espuma,
Frenesí, Granada, Hilos de Plata,
Inconsolable... sigan ustedes.
Los nuestros también salieron a la palestra mundial:
Historia de un amor, Mi último bolero,
Soñar, Panamá Viejo, Taboga...
para nosotros se quedaron David, Marta, Ovidio, Tomás
David, Enrique, Máximo, Manito, Nelly, Alicia, Carlos...
los nombres se cruzan y recruzan... los recuerdos afloran...
los pensamientos se atropellan... Bailar bolero, eso era
casi el 'summum', pues, para bailar bolero había
que saber bailar. Ahora cualquiera baila lambada, reguée,
merengue, rap, jam o lo que sea, pues para bailar eso, no
hay que saber bailar. Ni siquiera hay que saber escuchar,
hay tan solo que pararse, sin moverse del sitio y sacudir
a lo que le plazca, sin sentido, sin ritmo, sin tiempo y
sin gracia.
Para bailar bolero, había que ser enamorado, estar
enamorado y vivir enamorado... del bolero. Cubrir todo el
piso, pues el bolero es para desplazarse, apretarse bien
y fundir en una sola, dos personas que sienten y vibran
por lo mismo. En el aire están las voces de Pedro
y Benny, de Benny y Alfredo,
de Pellín y Andy, de
Roberto Ledezma, de Olga Guillot,
de Frankie Figueroa, de Blanca Rosa
Gil, de Carmen Delia Dipini, de Los
Tres Ases, de Los Tres Reyes, de Los
Tres Diamantes, del trío Los Panchos,
y las piezas son de Lara, Farrés, Hernández,
Flores, Piloto y Vera, Hassán, de Eleta, de Simmons,
de Lecuona, de Pratts... no importa, lo que importa es que
están tocando un bolero, y ¡ el bolero se ha
hecho para bailar! ¿Bailamos... este bolero?
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