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Felipe Pirela
Del “Empedra'o” para el mundo. . .
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conozca la ciudad de Maracaibo, capital del petrólero Estado Zulia al occidente
de Venezuela, sabe que una de las zonas más populares es la del barrio “El Empedra'o”,
(sic) como se dice en criollo, o maracucho si así lo prefieren. De esta
barriada han surgido un grueso e importante número de poetas, compositores, cantantes,
trovadores y gaiteros, como se llama a los interpretes de la gaita, género autóctono.
Así pues, al humilde hogar de Don Felipe Pirela y Doña Lucía
Morón de Pirela llegó un 4 de septiembre de 1941 la bendición
de un hijo, bautizado como Felipe Antonio Pirela Morón, a quien el
futuro, por su privilegiada voz, concisa compostura y particular interpretación,
le otorgaría el reconocimiento de “El Bolerista de América”.
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Sus
Inicios
Los primeros pasos, para el entonces novel cantante, se da con las orquestas de
Juanito Arteta y Los Peniques, por las que transitó sin mucha relevancia.
De hecho, su llegada a esta última se da por la insistencia de un amigo suyo
relacionado a Jorge Beltrán, el director de la agrupación.
Para entonces Los Peniques contaba con los vocalistas Victor Piñero, Chico
Salas, Ada Vizuet y Tony Izaguirre, lo cual le dificultaba el camino
a Pirela, quien se conformaba con cantar al menos una canción en el último
'set' bailable.
Todo transcurría sin pena ni gloria, hasta que un buen día el maestro
Billo Frómeta le escuchó
cantar y mostró interés por sus servicios.
| « Durante
sus inicios con "Los Peniques" |
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Llega
el gran momento
La entrevista pautada con Billo debía darse en la casa de los Pirela Morón,
por lo que la familia se preparó, a fin de agradar al Maestro.
Cuando éste llegó a la vivienda no hizo más que expresar: “...
Quiero contratarlo para que sea el bolerista de mi orquesta. Usted tiene mucho
futuro... canta como los ángeles ...”.
Corría el año 1960 y a Billo le había sido levantado un veto
impuesto por la Asociación de Músicos del Distrito Federal y
Estado Miranda. |
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| Lanzamiento
del LP "Paula" con la Orq. Billo's Caracas Boys. De izq. a der.: Felipe P.,
Cheo García, Paula Bellini y Billo F. |
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Billo comenzó a reestructurar su orquesta,
lo que para él sería su “Tercera República”, sin duda
alguna, la más exitosa, de su carrera y con la que trascendió aún
después de su muerte. Para ello se
hizo además de los servicios de otro maracucho: el guarachero Cheo García.
Con la orquesta
Billo’s Caracas Boys, las voces de Felipe Pirela
y Cheo García adquieren gran prestigio,
individualmente, y por la manera como hilvanan sus voces y ritmos en los famosos mosaicos
creados por el Maestro. La orquesta causa sensación en el Continente, al tiempo
que la dulce voz
de Pirela seduce a cientos de miles de fanáticas, si se quiere, huérfanas
de un ídolo, ante la ausencia
de su hasta entonces amor platónico: Alfredo Sadel, quien había tomado la
decisión de dedicarse al
bel canto.
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| Pirela
en una de sus presentaciones para la TV. |
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Una
nueva estrella en el firmamento
Pirela obtiene fama con la orquesta Billo’s Caracas Boys. Paralelamente comienzan
a lloverle ofertas de otros países, la más tentadora, desde México.
El cantante le consultó a su mentor, anticipándole sus deseos de mantenerse
en la orquesta en la que llevaba más de dos años. No obstante, Billo
sabía que ya era hora que Pirela comenzara a 'volar'; no sería él
quien cortara sus alas, atándolo a su orquesta, truncándole su camino
al estrellato definitivo. Tras la venia y asesoría de Billo, Pirela parte
al país azteca donde le esperaba el camino a la internacionalización
como solista y su posterior consagración como “El Bolerista de América”.
Una vez cumplido sus compromisos en
México, Pirela regresa a Venezuela, ya que había empeñado
su palabra de matrimonio a la joven Mariela Montiel. Las nupcias se celebran
en septiembre 1964. Vale señalar que Pirela (23) es diez años mayor
que ella, al tiempo que la unión, tan furtiva como efímera, llega
a un triste desenlace con un escandaloso divorcio que marcó lo para siempre.
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“Sombras
nada más”: Auge y caída de un ídolo
Sumido en una fuerte depresión, con su decepción a cuestas, Pirela
decide marcharse de Venezuela. Su fama y prestigio adquiridos le permiten abrir
las puertas de Hispanoamérica. En su exilio graba el LP “Entre tu amor
y mi amor”, que adquiere impresionantes cifras de ventas traducidas en reconocimientos
artísticos. Al tema promocional que da título al disco se suma una
seguidilla de éxitos. A pesar de ello, el mal ya estaba hecho. Desmoralizado
y socavado en su orgullo sufre una nueva depresión, transitando senderos
inesperados que igualmente disminuyen el intenso brillo de su estrella. Se radica
en Puerto Rico, donde comienza a cantar en locales nocturnos de dudosa reputación.
Así llega la fatídica noche del 2 de julio de 1972. Según
cuenta la leyenda, luego de culminar su presentación en el bar “El Molino
Rojo” con su interpretación del tema “Sombras” (compuestta por Contursi
- Lomuto), se despide del dueño del local y de los habituales clientes,
tomando un rumbo incierto. |
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| Cordialmente,
para los oyentes de "Historia de una Canción" |
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Interceptado en una oscura calle, y en circunstancias
aún confusas, una certera bala extingue la luz de su existencia. Si el tema en
cuestión fue o no su última interpretación no es la razón
que nos ocupa ahora, así sea muy cierto como ajuste al colofón de su triste
historia:
“... Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
el pasaje más horrendo
de este drama sin final ...”
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| Lavoe
Recordando a Pirela. |
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Homenajes
Día a día, en cada rincón del Caribe, Felipe Pirela
es evocado desde el mas humilde ciudadano hasta el mas brillante intelectual.
En cada rockola, vellonera, o cualquier estación radial, al menos una vez
se dejan escuchar sus interpretaciones.
Constancia de su influencia son los diversos homenajes registrados en varias grabaciones,
en particular, el realizado por el puertorriqueño Héctor Lavoe
en "Recordando a Felipe Pirela" (FANIA - JM 00545, 1979), así como
el del colombiano Jimmy Rey en "Señor Bolero" (1998). |
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En Venezuela, la cineasta y periodista Milagros
Rodríguez le rindió tributo a través de su documental "La vida
es un bolero: Felipe Pirela, El Bolerista de América" (2001). Si bien es cierto
que estos trabajos demuestran la admiración por su legado artístico, el
hecho de permanecer en la memoria de su pueblo, es el más sincero homenaje que
un artista merece en su viaje a la posteridad. |