LA RUTINA DE LLAMARSE OSCARNingún evento cultural tan presuntuoso y premeditadamente supersticioso como la entrega del Oscar. El César francés, el Goya español y las Palmas y palmaditas, Osos y Conchas marginados pero impacientes, se afanan porque les endilguen el consabido apodo: el Oscar de España, el Oscar de Francia. No es extraño que la gente piense que el Oscar de Suecia es el Premio Nóbel. A simple vista, el Oscar es siempre una glorificación de la individualidad trabajada, un éxtasis sólo ofrecido a los inmaculados y sudorosos. Casi nadie se atreve a pensar que esta exaltación de la individualidad pertenece a una cultura determinada y que clonarla es aceptar un destino. Este destino global exaspera, apasiona y conmueve: es la metáfora de la miel y las hormigas. Cada año las masas esperan el veredicto de lo “bueno” y lo “malo” con una aquiescencia que conmueve. Como si alguna vez los productores hubieran sido dúctiles y sin prejuicios monetarios. La separación entre película y actor, director y película, si bien se nota poco, es una estratagema monetaria. Mejor Película significa ganancia de productores. Mejor Actor o Actriz significa ganancia de estrellas. Mejor Director significa ganancia de artesanos (al menos comúnmente). Se trata del cine descuartizado por el cuchillo de la individualidad triunfante, y ante esa carnicería pocos estamos dispuestos a poner resistencia. Como ya se repite de arriba abajo, el 2000 fue un peor año, y la medianía ha acabado triunfando también en el veredicto de la Academia. (Me refiero al veredicto de los “nominados”.) En cuanto al premio a los productores (Mejor Película), El Tigre y el Dragón sobresale por insólita. Está concebida como “extranjera”, hablada en idioma extranjero (los gringos tuvieron que leer subtítulos), y rearticula un género “poco serio” (el de artes marciales). Pero tiene una coherencia dramática y narrativa que debe despertar envidias a los divos del cine de Hollywood: ni Lucas ni Spielberg han hecho nunca maravillas de manera tan sutil, funcional y sublimada. Recientemente sólo los Wachowski de Matrix se acercan a su visualidad pero con una filosofía totalmente diferente. Se trata de una película con pocos artefactos, sin dinosaurios ni robots, con unos efectos especiales relativamente modestos y con una consigna ascética muy evidente. Resultado: la Academia no le dará el premio a sus productores, pero Hollywood clonará de manera escandalosa la película en sucesivos melodramones llenos de artefactos. Tiendo a pensar que la Academia se inclinará por la revitalización del peplum a cargo de Gladiador. Las dos nominaciones de Steven Soderbergh, por Erin Brockovich y Traffic, parece un intento de melodramatizar las acciones a cargo de Papa Holly, y de, a la vez, crear un anti-clímax (Soderbergh estuvo tan cerca!) que produzca dividendos. El alza de Soderbergh como director (peligrosamente quedándose en artesano) es un hecho. Chocolat, comedia muy bien llevada y entretenida, no da para tanto y pertenece a otro anticlímax parecido: el año pasado su director Lasse Hallstrom también compitió con Las reglas de la casa de sidra. Hallstrom está también en auge, por lo tanto, entre los productores. El premio al director debería ser para Ang Lee (El Tigre y el Dragón). Sospecho que será para Scott por Gladiador. Rusel Crowe debe ser el escogido entre los actores principales. El alza hispana –remember, Almodóvar-- puede provocar que el Hollywood liberal premie a Javier Bardem, que estaría en peligro de ingresar a la sala de cuidados intensivos de la producción norteamericana, donde se amulan ya los cuerpos casi sin vida de Antonio y Penélope. Por otra parte Before Night Falls es una película pobrísima e inflamada que compite en vacuidad con Letras Prohibidas: La leyenda del Marques de Sade (Quills) . No se le ven muchas posibilidades a las actuaciones de Tom Hanks (excelente en una película poco coherente, Náufrago) y la de Geoffrey Rush (rimbombante en una película cargada de idiotismos, Letras prohibidas: la leyenda del Marques de Sade): ambos ya han sido premiados antes. No conozco la actuación de Ed Harris en Pollock, pero todo el mundo sabe lo confiable que es. Las actrices están mucho más parejas. Pero la tentación de premiar a la “mujer bonita”, Roberts, puede pesar mucho. Además sigue en alza. The Contender ofrece una segura interpretación de Joan Allen, pero la película es tan enfermiza y triste que la nominación parece retórica. Laura Linney parece con poca oportunidad, aunque contrario a The Contender, You can count on me es mucho más sostenida. La segunda candidata fuerte parece Ellen Burstyn, porque puede dar un referente mucho más complaciente. Actor secundario, me inclinaría por Albert Finney. Actriz secundaria, me inclinaría por Julie Walters. Ambos con excelentes presencias, y posiblemente por encima de los otros nominados (al menos en el caso de Walters no me cabe dudas: ni McDorman, ni Hudson, ni Dench le pueden hacer sombras en su papel en Billy Elliot). Sin embargo, la Academia debe premiar a : Joaquin Phoenix y Julie Walters. Bueno, basta de frivolidades. Los premios de consolación en la carnicería son consuelos de tonto. Ahí aparecen películas que no deben envidiarle a algunas de las nominadas como “Mejor Película”. Sobre todo O Brother, Were Art Thou de los hermanos Cohen, ninguneada con la nominación a “Mejor Canción” donde comparte deshonor con la controversial (pero a mi parecer fascinante) Dancer in the dark de Lies Von Trier. Estas dos películas me parecen más recomendables que Traffic, Chocolate y Erin Brockovick. En guión original debe ganar You can count on me. En guión adaptado O Brother, Were Art Thou? Y bueno, sólo queda esperar la salpicada de sangre de la carnicería. | Página principal Lista de películas Correo |