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| TRAFFIC Película de Steven Sodenbergh. Con Michael Douglas, Catherine Zeta Jones, Erika Christensen, Albert Finnley, Luis Guzmán, Don Cheadle, Dennis Quaid. |
TRAFFICTraffic aúna a la preocupación dramática y sentimental (una muchacha norteamericana drogadicta), la "acción" de los estamentos del orden (la DEA). Esta "acción" corre el riesgo de ser pintoresca y exótica: se trata de las acciones fronterizas contra el tráfico de drogas desde México. La pregunta de la película es cómo una adolescente acomodada (Erika Christensen), hija del funcionario mayor de la lucha contra las drogas en los Estados Unidos (Michael Douglas), se vuelve drogadicta. Respuesta filosófica: son los valores consagrados de la familia modélica los que han sido traicionados. Al final, siempre hay la posibilidad de renunciar a los oficios (Douglas deja su cargo) y entregarse a los programas espirituales y sentimentales de la no-adicción. Si el enfoque "humano" está puesto en la familia blanca modélica, el "inhumano" está puesto más allá de las fronteras. En la zona fronteriza, impera la violencia entre "carteles", algunos están dirigidos por meros comandantes del ejército mexicano, y la efectividad y fidelidad de un policía mexicano es extraña y extraordinaria (Benicio del Toro se alza como candidato al Oscar no en vano). Esta fidelidad acaba en el cruce de la frontera y la colaboración con la DEA. Es decir, abajo en el sur, en el México de colores quemados, aterrizados, polvosos y poco turísticos, no hay lugar para las buenas causas. Y arriba, en los Estados Unidos blancos, tenemos la incontrastable causa de una muchacha blanca que en medio del torbellino de la adicción recibe un rescate angélico paternal. Traffic es, por estas causas, bastante narcisista. No le cabe duda sobre quiénes son los "buenos" y los que se merecen el drama. El resto es accidente, extravagancia y salvajismo. Esas cámaras perdidas del sur, llenas de ansiedad, cortes y fotografías quemadas, dicen que no hay "normalidad" en este sur controversial y pobre. ¿Por qué Soderbergh no hizo lo contrario? Si el drama parece estar aquí abajo, más bien, en donde los sujetos no alcanzan a tener un drama verdadero porque todo es "natural". Por supuesto, Traffic es, o al menos pretende ser más vertiginosa. Hay familias mafiosas (pero de origen mexicano) dentro de los Estados Unidos, y que viven en el mejor de los mundos. Catherine Zeta Jones tenía que lucirse como esposa de mafioso encarcelado, embarazada por demás, con el drama "moral" a cuestas y siendo observada por agentes de la DEA. Cosa no tan novedosa, los agentes son un poco pintorescos y recuerdan a la pareja de agentes no oficiales (Travolta/ Jackson) de Pulp Fiction. Luis Guzmán y Don Cheadle están también en el deber, aunque poderes más sobresalientes desarticulan sus acciones. Son criaturas en tránsito de heroicidad con la cabeza vuelta hacia el drama "blanco" y la "civilización", aunque sean un latino y un afroamericano. Traffic constata que las drogas son un problema íntimo y progresivamente no oficial: no basta con los programas de persecución mientras no haya planes de "humanizar" los instrumentos del orden. Michael Douglas desesperado, buscando a su hija por barrios pobres de negros, es el símbolo de esa epifanía. Pero, otra vez, tampoco hay drama para los traficantes afroamericanos que alimentan con drogas a los niños del WASP. Esos barrios pertenecen a la zona de peligro, la famosa zona fronteriza que amenaza. La violación de la muchacha blanca drogadicta por un afroamericano traficante es una lección moral paralela a la del grupo de muchachos blancos hablando de la nada y drogándose. Desde este ángulo Traffic es la contrapropuesta a las elegías de la marihuana ofrecidas por American Beauty. Esta contrapropuesta se expresa en un cúmulo de afirmaciones que parecen orientadas por el sentido común. Las drogas están acabando con la juventud blanca de los Estados Unidos. Los adolescentes blancos de los Estados Unidos no tienen coeficiente intelectual adecuado para librarse de esta amenaza. Los funcionarios de la DEA se han deshumanizado y han olvidado a sus familias. El tráfico de drogas es un asunto avalado por los instrumentos del Estado de los países del sur. Es tan profunda la corrupción de estos países que la única forma de encontrar un policía honrado es que cruce la frontera y se haga norteamericano. Los encargados de distribuir la droga en los Estados Unidos son gente malvada, deshumanizada y enferma, y generalmente afroamericanos. Hay sectores corruptos dentro del sistema norteamericano que impiden el castigo de los culpables. Se expresan de manera tan contundente estas medias verdades en Traffic que a poca gente le quedan dudas. Sin embargo, cada una de estas afirmaciones presentan sus contradicciones. Ni los adolescentes blancos están siendo exterminados por las drogas, ni el sur es tan maligno. Las relaciones pueden presentarse de otra manera. Los núcleos dramáticos no pueden ser tan unipolares (hay drama también en las fronteras, y entre los distribuidores). Y el dominio financiero global es un elemento que no se puede soslayar. ¿Por qué no perseguir también el drama de los Tratados de Libre Comercio? La idea de que las fronteras son perniciosas y que la "civilización" (léase la cultura de los Estados Unidos) debe ir hacia una cruzada espiritual de autoconvencimiento y disfrute de la antigua ley, no es totalmente convincente. Una idea contraria ha sido característica de lo contracultural, con la desventaja de que hasta ahora nunca ha sido experimentada. |
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