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The Contender (2000) Película de Rod Lurie Con Joan Allen y Jeff Bridges. |
ULTIMA HORA! LA DAMA ALLEN GANA LA PRESIDENCIA, PERDON, LA VICEPRESIDENCIA
En mi crítica de Face off decía que Joan Allen es algo así como la reencarnación melodramática de cierta buena conciencia [norte] americana. The Contender parece trabajar con ese cliché, aligerándolo con liberalismo fatalista. En efecto, recién muerto el vicepresidente de la república, la senadora Laine Hanson (Allen) es llamada a ocupar el cargo, pero unos arteros conservadores orientados por Gary Oldman (la posición extranjera / extraña de Oldman no es casual) arman un escándalo con la vida sexual de la senadora. La momia de Lewinski aun asola la Casablanca. En una de las primeras secuencias, Allen recibe una llamada del Presidente (Jeff Bridges) mientras un hombre está a su lado con los pantalones abajo. La imagen es significativa. Pero la película comienza como una película B. Créditos sobre carretera sobre un carro que va a volcarse sobre un puente bajo el cual pesca uno de los aspirantes a la vicepresidencia. Me llamó la atención la elaboración un poco artesanal de los créditos. Por qué esa dejadez? Lo pasado de moda que enmarca al relato reivindicador que debería ser la moda? Jamás lo sabremos. Rod Lurie, el director, no desluce en secuencias subsiguientes, moviéndose en una "película de mujeres" que no escatima alguna macabra manipulación escabrosa (no sólo de la trama, sino del subgénero del cine de juzgados y del cine pardo, más que negro). Ya dije lo de los pantalones, pero también está la foto de los supuestos actos carnales de la senadora, y, horror, la conversación final entre Presidente y Vicepresidente: la sexualidad se ha vuelto confesión, al poder hay que acercarse purificado por la absolución del patriarcado. Joan Allen debería ser declarada la madrina melodramática del cine [hollywoodense] contemporáneo. Talento para eso le sobra. En primer lugar, su conformación eluctante: ojos demasiado grandes, expresión de sufrimiento, desgarbada y alta, conformación acorde con el WASP. En segundo lugar magnánima. Sufre sin perder la dignidad. La agreden los políticos machos de carrera (Oldman, Christian Slater, y otros políticos machos la disciplinan (Sam Elliot, Jeff Bridges), y ella al final triunfa y hasta casi perdona. Ha logrado el poder. Estamos en la ranura existencial que separa a la ama de casa de la vicepresidencia (sobre todo en un país que jamás ha tenido a una vicepresidenta). La nulidad se llena de sentido. Por su parte Oldman se reconfirma como el maldito de bolsillo que empeñó (sigue empeñando) todo su talento por los talegos de Papa Holly. Con respecto a la obsesión cinematográfica por la presidencia no cabría sino hacer notar que a la galería larga de presidentes hollywoodenses Jeff Bridges (entre paréntesis uno de mis actores favoritos, sobre todo por Fat City) sólo añade multitud de sandwichs. |