CUARENTENA

A Ángel, rescatado de las alas del deseo

Diciembre 2000. Primer invierno de la nieve nieve nieve. El alma (si es que existe tal cosa) blanda, vaga y poco comunicativa. Asesinada por el cielo, como cantaba Federico. Pero claro, poeta y todo, habría de hacer un inventario de crepúsculos y copos. En cambio, no-poeta a fin de cuentas, preferí ir al cine.

Ir al cine no es un placer. Cuando mejor una distracción, una rabia y una vergüenza (bajo influencias obvias de Silvio).No puedo evitar hacer ver algo del ambiente: en un cine de Squirre Hill se reunían señores y señoras en actividad civil y social que incluía pop corn y pepsi. Todos abrigados y esperanzados.

Sólo uno se retorcía en la silla. Se preguntaba si daría la información, si había perdido la magia, si había que decretarse en cuarentena (sí, cuarentena). Como resultado de tan sesudos argumentos hacía las tres cosas. Al salir de la sala entraba en el cuarto equivocado, no el cuarto de señoras, sino la celda del diablo: la celda fría del diablo. Luego salía a la calle. Silbaba. Añoraba el Ser Superproductivo. Sabía en el fondo, en el rescoldo de sus aventuras, que todo era inútil: que había que decretarse en cuarentena.




CHOCOLAT (Chocolate, 2000). Película de Lasse Hallstrom. Con Juliette Binoche y Johnny Depp


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CHOCOLATE (Chocolat, 2000) Lasse Hallström insiste: hay en la hipermodernidad, islas algo perversas, algo cómicas. El año pasado encontró un hospicio en Maine, en el que un patriarca drogadicto (Michael Caine) corregía el absurdo con el aborto y la crianza de huérfanos (THE CIDER HOUSE RULES, 1999). En CHOCOLAT, se traslada a un pueblito de Francia intocado por la modernidad. Allá llegan, con un viento herencia del realismo mágico, dos caperucitas rojas que traen una memoria colonial bastante bien molida. Ellas son madre e hija (Juliette Binoche y Victoire Thivisol) y traen un secreto expropiado a los mayas de Centroamérica: la fabricación del chocolate como medio para mejorar la vida, curar las injusticias y modernizar las costumbres. Por supuesto, Binoche y compañía instalan una chocolatería que provoca todo tipo de "bellos" conflictos, al desestabilizar el conservadurismo encarnado en el Comte de Reynaud (Alfred Molina). CHOCOLAT, es optimista y bien portada. Disimula el naturalismo y ensalza la vida errante: Johnny Depp llega con los gitanos y la guitarra en una barca, el mundo del Gabo en manos de la novelista Joanne Harris, que seguramente no ha despreciado la lectura de Isabel Allende y Laura Esquivel. Vital pero disimulada equivale casi a decir mojigata, pero Hallstrom, obsesionado con sus islas perversas se dedica a hacer sonreír a las estatuas. Es una travesura bien medida, con su porcentaje de encanto funcional, y un optimismo que el amargado de la cuarentena buscará como mediatizar: diciendo por ejemplo que el refinamiento del chocolate, y el de la isla que sobrevive a la modernidad, ha buscado como esconder y asimilar el horrendo colonialismo. ¿O acaso sabe Ud cuánta memoria de la infamia guarda esa barra de chocolate que disfrutó en el cine?




THE BROKEN HEARTS CLUB: A ROMANTIC COMEDY (2000). Película de Greg Berlanti. Con Tymothy Oliphant, Zach Braf, Dean Cain y Andrew Keegan.


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CORAZONES ROTOS (The Broken Hearts Club, 2000) THE BROKEN HEARTS CLUB es ese tipo de películas que proclaman una imposibilidad. No, no es posible hacer una comedia romántica con hombres gay, parece decir el director Greg Berlanti, antes de hacer alguna risita. Comedia romántica: la pareja está alejada por varios obstáculos y al final acaban juntándose, generalmente con un beso y un te quiero, en una secuencia final que debe ser memorable. En THE BROKEN... asistimos al ciclo de un año en la vida del fotógrafo aficionado Dennis (Timothy Olyphant) que es asimismo el ciclo de un año en la vida de sus amigos, todos gay y algo magullados sentimentalmente. Gay: en el sentido más estricto, habitantes de las comunidades homosexuales de West Hollywood. Dennis, la noche de su cumpleaños rechaza a un hombre poco romántico (no le gustan las canciones de Los Carpenters), y decide cambiar de vida. El siguiente año, la fecha de su cumpleaños, todo está sublimado: los amigos le montan una exposición de sus fotos. La objetivación sentimental es sublimada por medio del arte técnico. A pesar de que en este período Dennis ha consolado y se ha consolado eróticamente con Kevin (Andrew Keegan), un newbie en la comunidad, lo único que sobrevive y se consolida es el grupo de amigos en ese nivel utópico tan desesperanzado o sectario.

Por otra parte, THE BROKEN HEARTS CLUB se destaca por el cálculo con que es concebida: como si fuera un producto de TV más, está sembrada aquí y allá con elementos cómicos, eróticos, románticos, informativos (los códigos comunicativos de las comunidades gay). Tan funcional y "bien pensada" que no se puede dejar de ver como un mensaje en duplicación para la ontología gay: repite, duplica, reproduce imágenes con excelencia técnica, no temas la deshumanización que te respalda una comunidad disciplinada y fuerte. THE BROKEN HEARTS CLUB no parece notar (por razones de mercado seguramente), las debilidades y huecos sectarios de esta argumentación: en esa comunidad existe la alegría, la disipación y el nuevo erotismo, pero es tan edulcorada o sublimada que no alcanzan ni el SIDA ni la economía sexual real de los homosexuales (como otros y subalternos).




CAST AWAY (2000). Película de Robert Zemeckis. Con Tom Hanks y Helen Hunt


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NUEVOS NAUFRAGIOS (Cast Away, 2000) Cast away (Náufrago) tiene un aire desubicado que la excelencia de muchas de sus secuencias no hace más que remarcar. No sabemos a dónde iba Robert Zemeckis (el director de Forrest Gump y Contacto) con este náufrago (Tom Hanks) que se ve obligado a reinventar la civilización, del fuego a la navegación. El sitio amplio de esta argumentación es el mundo global y neocolonial. Hanks es un ejecutivo de FED-EX en Rusia (una Rusia que otra vez, hay que repetirlo Sr Zemeckis, se deshace del fantasma del comunismo), obsesionado por lograr la efectividad global del correo. En esta hazaña colonial (desde los ojos de ciertos Estados Unidos, por supuesto), Hanks deviene en náufrago, con un resultado incuestionable: su relación con la civilización se ha dañado irremediablemente y ha perdido a su mujer (Helen Hunt). Tal vez la pregunta de la película por el efecto de esta pérdida, pero en cambio este desgaste no constituye el centro de la película. La médula del argumento es la sobrevivencia de Hanks en una isla rocosa, en donde se ve obligado a inventar desde zapatos hasta fetiches. Como se sabe, al menos desde Saving Private Ryan, Hanks y su iconicidad se las ven de mejor forma en estos papeles tan autosatisfactorios y narcisistas. No vale la pena, por tanto, insistir en que él le da calidez a las larguísimas secuencias del naufragio, casi todas sin música.

CAST AWAY parece homenajear las películas de aventuras de los 50s (y tal vez también de los 70s) cuando el Cinemascope en exteriores era ya un ambiente de por sí y la fijación en la efectividad de las secuencias ablandaba el resultado final. Eso es lo que mayormente pasa con CAST AWAY, ni Zemeckis ni nosotros sabemos a dónde va este conquistador de las neocolonias. Sólo sabemos que sufrió una especie de lobotomía existencial debida a un naufragio y que nos ha intrigado muy bien durante su etapa de sobrevivencia. Tal vez habría que remarcar que Zemeckis ya dirigió Forrest Gump señalando la trascendencia de los idiotas: servir al neoconservadurismo sin detenerse a pensar demasiado.


LO QUE QUIEREN LAS MUJERES (What women want,2000). Película de Nancy Meyers. Con Mel Gibson y Helen Hunt


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LO QUE QUIEREN ALGUNOS HOMBRES.- What Women Want (Nancy Meyers, 2000) es una comedia chocarrera en las que se echa de menos a alguien como Ben Stiller o James Carey. En cambio, Mel Gibson no tiene la ligereza patética ni la ductilidad para el absurdo de los susodichos. Mel Gibson ha parido por tanto otra criatura: un caballero vividor, muy poco simpático, vulgar en gran medida, mujeriego, que tiene la gran suerte de adquirir poderes para escuchar los pensamientos de las mujeres. Tabla de salvación para un publicista en franca decadencia gracias a su disipación. Gibson pasa, por tanto, a robarle todas las ideas creativas a Helen Hunt, quien es además su jefa, y de quien acaba enamorándose.

No se trata precisamente de una "comedia ligera", sino de una amalgama de chistes, que desembocan en comedia romántica. Ensalza la frivolidad las más veces y reincide en el pecado de tanta comedia "neoyorkina": canciones y cancioncitas, hasta parecer una "Cuando Gibson encontró a Helen" en un escenario vulgarmente urbano (tampoco "Cuando Harry encontró a Sally" supera el provincialismo neoyorkino). Desde hace 20 años y después de Woody Allen, New York se rebaja cada vez más. Ya no es una ciudad sino un prejuicio: el del apartamento de alta categoría. Por supuesto, Meyers, la realizadora, también tiene sus impulsos David Fincher y sus recursos Riddley Scott. Hay lluvia en la ciudad (como en Se7en, hay barrio chino en la ciudad, como en Blade Runner, aunque no era NY la ciudad de los replicantes). Pero aún así la ciudad se materializa en vulgaridad, ahí donde sus secretos plásticos son degradados hasta el cansancio.

Gibson se trasviste, danza, electrocuta, sonríe, besa, fornica y enamora en esta película. Todo sin perder la llaneza. Ciudadano de una sola cara, poco meticuloso y mediocre, habría estado mejor representado por otro actor. Y Carey o Stiller le habrían dado la calidez absurda que Gibson, ya en su nicho de aventurero, no puede brindar. "Ah lo de las mujeres es mera asimilación", parece decir la película. En efecto, las mujeres son ese territorio exterior y remoto que los conquistadores recorren. Algunas ni siquiera piensan.

Como "laboratorio" la película no deja de ser interesantemente fraudulenta. Desde el reto técnico: es decir, sobreponer las voces a las criaturas femeniles que piensan y Gibson escucha. Hasta la mezcla de géneros: chocarrería romántica, donde se acumulan montón de microhistorias. Pero acumulación es una mala palabra para esta película porque alude también a su técnica de hora laboral y resultado B.

En últimas What Women Want le da prestigio a la reciente comedia de Robert Altman, Dr T and the Women (2000)-- donde está también Helen Hunt. Como en ésta, en What Women... las mujeres son casi siempre incompetentes, horriblemente alienadas por la división social, y necesitadas impenitentes de la autoridad fálica. (Helen Hunt finge, en What Women... que algo ha entrado a su ojo cuando mira impulsivamente la portañuela de Gibson). En fin: son cuentos sobre el psicoanálisis y el histerismo. Pero si Altman es corrosivo, sutil y entretenido, Meyers es llana, repetitiva y basta. En un esquema tan fatalmente clínico, nunca se sabrá qué quieren en realidad las mujeres.

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