Contacto (1997). Película de Robert Zemeckis, con Jodie Foster. Basada en un libro de Carl Sagan.

Aló, Dra. Arroway, ¿me escucha?



jodie fosterJodie con los audífonos



Mirando y escuchando el comienzo de Contacto (Robert Zemeckis, 1997), se llega al convencimiento de que el ruido universal, desde hoy hasta el primigenio silencio interestelar, tiene dueño y que, si no, lo busca y encuentra. Es fácil reparar en esta secuencia introductoria que para Zemeckis el «ruido universal» se limita al que han producido los Estados Unidos, no tanto allende sus fronteras, sino dentro de ellas y en la historia de los medias.

Este collage coloca a Contacto en un ambiente preferido por Zemeckis, el de la historia de la cultura popular en los Estados Unidos. Recuérdese, por ejemplo, Forrest Gump y su itinerario por los tics, contraculturas y presidentes de varias décadas.

Pero, a diferencia de la conciencia itinerante de Forrest..., Contacto se fija en el presente. De ahí la insistencia en las aparición virtual del Presidente Clinton. Si Forrest Gump demostró la «inocencia» (rayana en la bobería) de una cultura popular masificada, Contacto vuelve por las tesis autoriales que tal vez no quedaron tan claras en aquella otra película.

Al fin y al cabo, Forrest llevó a Zemeckis a la celebridad cuando le dio un Oscar. Ahora de la mano de otro hombre célebre, Carl Sagan, el famoso científico espacial, autor de la novela sobre la que se basa el filme, Zemeckis revela la trascendencia humano-norteamericana al establecer un contacto con seres extraterrestres (aunque el «contacto» se limita a un circuito cerrado, como se verá después). La medium de esta revelación es Jodie Foster, que redondea el trío de alto coeficiente intelectual de esta película.

La Dra Eleanor Arroway (Jodie Foster) establece el primer contacto humano con inteligencia extraterrestre. La vida de la Dra Arroway ha sido dramática. Madre y padre muertos cuando era niña, lucha denodada por alcanzar un lugar entre los selectos científicos del espacio, tropiezos en su labor de búsqueda de algún ruido interestelar inteligente.

Asertiva pero a la vez muy impulsiva, la Dra. Arroway conduce Contacto por la inesperada senda del melodrama femenino, el viejo género de la mujer que lucha, esta vez un poco menos aderezado de lágrimas.

Tenía que ser Jodie Foster la que encarnara un papel de tan alto riesgo. Largos primeros planos en su rostro de treinta años que hubieran destruido la carrera de alguna actriz menos dotada. Viaje interespacial por «agujeros de gusano» en los que la actriz, sentada en una silla de una nave que parece extraída del clásico de Fritz Lang Metrópolis, no hace más que lamentarse de lo valiente que es. Aunque sus lamentos llevan algo de una irónica evocación erótica, en manos de Foster la caricatura ha sido distraída lo suficiente.

Zemeckis ha optado por el melodrama femenino quizá para evidenciar su preferencia por los sectores de la humanidad que conservan algo del primigenio candor y trascendencia. En Forrest Gump era un retrasado mental, en Contacto una mujer. Fijado además en la tipología de Jodie Foster, Zemeckis sabía que con ella podía jugarse la derrota tradicional de la mujer o su triunfo relativo amparado por la autoridad de los hombres.

Si se recuerda El silencio de los corderos (Demme, 1991) la self made woman en proceso, estudiante para agente de FBI, recibía el amparo de por lo menos dos hombres mayores. El criminal Dr. Lecter (Anthony Hopking) y el de su profesor y gurú. En Contacto, Jodie como Dra. Arroway recibe el apoyo del Reverendo Palmer Joss (Mathew McConaughey) y del misterioso, poderoso y excéntrico Sr. Hadden (John Hurt). Esta simetría debió resultar definitoria para que Foster aceptara este papel.

En Contacto Jodie Foster está lista para pasar de self made woman a medium entre humanos e inteligencia interestelar. Los tropiezos no son pocos. La comunidad científica, en su mayoría hombres, se le oponen. Es criticada por su ateísmo confeso. Y por último relativizan su «viaje interestelar» considerándolo algo mental. He ahí la derrota de la Dra. Arroway. O su relativa victoria, si se cuenta con la simpatía del argumento, y tal vez del público.

Pero más al fondo del melodrama femenino, en Contacto subyacen preocupaciones de la cultura norteamericana en este solitario decenio de los noventa. Solitario no sólo por la pregunta «universal» de si estamos solos en el universo, sino también de si mandan solos en el mundo los Estados Unidos como primera potencia. ¿O habrá alguien más allá?

En los últimos años hay una neurosis cinematográfica en Hollywood con los Presidentes norteamericanos (JFK, Nixon, Forrest Gump, Mi querido presidente, Avión Presidencial, El quinto elemento), es decir, el poder de los Estados Unidos en el nuevo mundo post-Guerra fría. Es la soledad del poder en el vacío de los espacios interestelares.

Precedente obvio de Contacto es Encuentros cercanos del tercer tipo (Steven Spielber, 1977). En los 70 la neurosis familiar y social de la sociedad de bienestar se resolvía con misticismo.

Veinte años después Zemeckis parece recomendar una alianza estratégica de religión, ciencia y poder, ante las exacerbaciones producidas (probables o presentes) por las nuevas condiciones. No es la familia la que está en crisis, sino el sentido trascendente del ser humano, que debe pasar por saldar cuentas con la familia (el encuentro interestelar de la Dra. Arroway es con su padre).

Estos planteamientos son propuestos por Zemeckis de una forma hipnótica. Una «demostración» virtual, «documental» de los hechos, con la presencia de Clinton, la CNN y demás canales televisivos, así como diversos grupos sociales que se movilizan en el espectáculo, sobre todo, y esto es clave en la visión del director, de grupos fundamentalistas religiosos y políticos (nazis por ejemplo).

Contacto es la visión virtual de la democracia «de punta» (norteamericana). Omnipresencia de la T.V. y los medios. Poder centralizado en la ciencia, el estado y la religión. Masas pintorescas que llenan los espectáculos, especialmente el espectáculo del poder, pero que a la vez lo amenazan con sus fundamentalismos.

La puesta en escena de Zemeckis no es tanto hábil en la dirección de los actores como en el diseño paranoico de estas «realidades». Si la Dra. Arroway es derrotada oficialmente es para salvaguardar el orden.

El primer mensaje que la constelacion de Vega manda de rebote a la tierra es el discurso de Hitler en la inauguración de los Juegos Olímpicos. La inteligencia interestelar lo manda de regreso de forma inocente. O no tanto, no se trata del significado de la imagen (Hitler, el terror del nazismo, los campos de concentración) sino de un subtexto científico que da la pista para construir una nave espacial para que el primer humano viaje a Vega.

La presencia de Hitler puede volver ambiguas las interpretaciones sobre Contacto. Es posible barajar desde un humanismo explícito hasta una simpatía soterrada por el nacionalsocialismo. Sin embargo, más allá de precisiones ideológicas, Contacto decididamente derrota a la Dra. Arroway para librarse del «terror» de la presencia del Otro, que puede ser fascista, terrorista, superior, tercermundista, crédulo, controlable, pero también peligroso.

Por eso en la derrota de la Dra. Arroway, que no se ha encontrado en realidad con otro ser extraterrestre más que con su padre, se puede leer el deseo subconciente de no encontrarse más que consigo mismo. Es decir, lo deseable es, dice Zemeckis, que si los norteamericanos van a encontrarse con seres de inteligencia superior en las galaxias, es mejor que sea consigo mismos.

Contacto corona la trayectoria de un realizador que ha descrito a su modo grandes trozos de la cultura norteamericana. En Regreso al futuro, ¿Quién engañó a Roger Rabbitt? o Forrest Gump están las claves virtuales de los mundos que Zemeckis se encarga de diseñar. Fiel a la tecnología y los grandes estudios, sus posiciones neoconservadoras no pueden obviar sus habilidades de realizador, sobre todo como «mediatizador», con tecnología de punta, de la historia de los Estados Unidos.

Zemeckis es como el anverso de Oliver Stone, su compañero de generación. Si la obsesión «izquierdista» de Stone es mediatizada por su paranoia cinematográfica, el «derechismo» de Zemeckis, más inteligente y fiel a sus postulados, penetra con la baja intensidad de la tecnología.

En Contacto, sugestiva y de gran habilidad audiovisual y narrativa, ha querido tal vez tomar el tono y el gesto autorial que le hacía falta. Como siempre no hay tales extraterrestres sino sólo norteamericanos preocupados. No será extraño ver nominaciones al Oscar para Contacto y verla ganar exclusivamente en banda sonora. Al menos que Hollywood responda la plegaria de Zemeckis y se convenza de que es mejor tener el poder solos que mal acompañados.

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