Dr. T and the Women (2000).
Película de Robert Altman.
Con Richard Gere, Helen Hunt, Kate Hudson, Farrah Fawcett.

El Dr. T y las mujeres

poster

Corrosiva, cínica en cierto sentido, y misógina. Es como se puede interpretar Dr. T and the Women el último trabajo de Robert Altman (1929), posiblemente el creador de cine, norteamericano, vivo y activo, más experimentado, incisivo frente a la vida cotidiana de los Estados Unidos, y con los puntos de vista más independientes e insólitos en una industria que pondera el conformismo. Esta vez para ser más controversial va de la mano de una guionista (Anne Rapp). Y "abusa" de gastados y nuevos iconos: rescata a Farra Fawcett para enloquecerla, desarma la "independencia" de Helen Hunt, y llena de ambigüedad la sensualidad de la reciente niña del erotismo: Kate Hudson.

Algunos críticos están denostando la misoginia de Dr. T... Peor: la ven como una "culminación lógica" en una carrera sostenida de odio a las mujeres (sostenida en las 72 películas, cortos, y programas de televisión que Altman ha hecho entre 1951 y 2000). Esto último es falso de raíz: las mujeres en la filmografía altmaniana son mucho más que "objetos deseados", a veces son excesivamente activas y programáticas como en una de sus cumbres Tres Mujeres (1977, con Shelley Duval y Sissy Spacek).

Tantas otras veces Altman desubica lo consabido femenino para propagar una alteridad lírica, en los que la ternura embebe los filmes: posiblemente sea la Duval el ícono en el que Altman artículo más sorprendentemente este cometido (en Mc Cabe y la Sra Miller, Brewster McCloud, Ladrones como nosotros, Popeye).

La "misoginia" (como no la creo del todo la prefiero entrecomillada) de Dr. T..., es más controversial. El Dr. Travis (Richard Gere) es un ginecólogo que pasa por las siguientes eventualidades: su mujer (Farra Fawcett) enloquece, descubre que su hija casamentera (Kate Hudson) es lesbiana, tiene un desafortunado encuentro erótico con Bree (Helen Hunt) una mujer independiente, y vive atareado por la histeria de su consultorio, es decir, la histeria, llena de connotaciones eróticas, de las enfermas y las enfermeras. La vida "masculina" del Dr. T es por demás ordinaria y prosaica: va de caza con sus amigos, con los que nunca caza nada.

El humor seco e hiriente de Altman va "demasiado lejos" en esta película, aunque este ir demasiado lejos es su costumbre: es un humor de situaciones recargadas, poco amables, cargadas de ironía. El blanco esta vez esta bien definido: las mujeres de la clase alta de la ciudad de Dallas. El Dr. T es aquí la "víctima" (Altman no se preocupó por disimularlo), pero es también y con mucho más sentido el eje del poder patriarcal. ¿Cómo explicar la persistencia masculinista sin enfocar los tics, vicios y enmascaramientos de las mujeres ante el poder?

El poder "ginecológico" del Dr. T. ordena el espacio social y "carga con los resultados". Le ha dado "demasiado amor" a su mujer y por eso ésta enloquece, admite la posibilidad de permitir la doble moral de su hija al casarse conociendo sus inclinaciones; cree en la posibilidad del amor con Bree. Pero todas estas características no esconden la complacencia del Dr. T con el espacio social que mantiene: no se trata de un crítico sino de un comparsa más en la comedia de la unidad familiar.

Esta unidad, dice Altman en la película, es sólo una hipótesis, un buen deseo: cada uno vive en un mundo particular (Bree seduce a sus amantes, Peggy, Laura Dern, cuñada del Dr., madre soltera de tres niñas, es una alcohólica, etc.). Dallas, y esto lo reafirma la película, es la ciudad del asesinato de Kennedy (la otra hija del Dr. T. trabaja precisamente como guía que explica de manera frívola el asesinato). La muerte del presidente prefigura la muerte (o el entumecimiento, la discordancia) del poder patriarcal. Si éste persiste es por los buenos deseos (y la histeria) de las mujeres, y la candidez crédula del Dr. T.

Dr. T. no tiene la soltura de otros trabajos de Altman (por ejemplo la vívida The Player). Pero en su interrogación del "subconsciente" de las situaciones y estratos sociales es una película típica suya. Por una parte parece una reescritura de Una boda (1978), en su tránsito de la ironía al sarcasmo. Por otra parte, investiga la vida cotidiana con la fuerza incisiva de Tres mujeres. El consumo de la alta clase no acaba en sí mismo, no se enuncia como "gran vida". Más bien posee subtextos que llevan a la paranoia, y de los que es mejor protegerse con cacerías anodinas, alcoholismo, ritualización matrimonial, neurosis, y por supuesto, idolatría de "lo masculino".

El cierre de Dr. T... es por demás controversial y poco satisfactorio. Arrebatado por un tornado, el Dr. Travis da con una comunidad indígena, campesina, que habla español en la que atiende el parto de un bebé (un niño), que lo llega de alegría, y parece el símbolo que lo aleja de las "perniciosas" mujeres. En primer lugar, hay que protestar por la hipótesis sobre los "buenos salvajes". En segundo lugar hay que preguntarse por las alternativas reales de Travis en un medio que no es el suyo. En tercer lugar hay que echar de ver que el nacimiento de un varón, así sea en otra cultura, puede significar el reinicio del ciclo patriarcal. En ese caso estaríamos otra vez de frente al "eterno retorno".

Más películas
Más películas Otros artículos Correo
Hosted by www.Geocities.ws

1