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Benito
Mussolini (1883-1945), político italiano, jefe de gobierno y
dictador (1922-1943), fundador del fascismo, llevó a Italia a su
desastrosa intervención en
la II
Guerra Mundial junto al III Reich.
Nació
en Dovia di Predappio (provincia de Forlì) el 29 de julio de
1883, y era hijo de un herrero que le vinculó desde su juventud
al socialismo. Militante del Partido Socialista Italiano (PSI) a
partir de 1900, un año después obtuvo el título de maestro de
escuela, pero en 1902 huyó a Suiza para evitar cumplir el
servicio militar. Regresó a su país en 1904 y se dedicó a la
enseñanza durante cinco años, periodo tras el cual se instaló
en Trento para trabajar como periodista, llegando a dirigir un
semanario (L'avvenire del Lavoratore). Contrajo matrimonio
con Rachele Guidi en 1910, unión de la cual nacerían cinco
hijos. De regreso a su provincia natal, en concreto a la capital,
Forlì, pasó a dirigir la federación socialista provincial, así
como el semanario
La Lotta
di Classe.
En
1911 sufrió cinco meses de cárcel acusado de encabezar en la
región de Emilia-Romaña una violenta protesta contra
la Guerra
Ítalo-turca por la posesión de Libia. Convertido en uno de los
principales dirigentes del ala revolucionaria socialista, en
diciembre de 1912 fue nombrado director de Avanti!, el
diario oficial del PSI con sede en Milán. En los momentos previos
al estallido de
la I
Guerra Mundial en 1914, la reacción inicial de Mussolini
fue denunciar el carácter imperialista del conflicto desde una
posición neutralista, pero no tardó en cambiar de opinión y
reclamar la intervención de Italia en apoyo de los aliados.
Fue
expulsado del PSI y de la dirección de Avanti! por su
defensa de la participación italiana en la guerra y fundó en
octubre de 1914 su propio diario en Milán, IL Popolo d'Italia,
desde el cual defendió su postura respecto al conflicto mundial.
Una vez que Italia declaró la guerra a los Imperios Centrales a
partir de mayo de 1915, se enroló en septiembre de ese año como
voluntario y combatió en
la I Guerra
Mundial hasta que en febrero de 1917 resultó herido.
El
ascenso al poder del Fascismo
En
el turbulento ambiente del Milán de la posguerra, Mussolini fundó
los Fascios Italianos de Combate en marzo de 1919. Este movimiento
de carácter nacionalista, antiliberal y antisocialista consiguió
el apoyo de amplias capas de la sociedad al defender determinadas
exigencias obreras, como la jornada laboral de ocho horas. Tomó
su nombre de las fasces, un símbolo de la autoridad en la antigua
Roma. Su actividad se extendió por las zonas rurales, donde los
miembros de las paramilitares Milicias Voluntarias para
la Seguridad Nacional
, más conocidos como Camisas negras, conseguían el respaldo de
los terratenientes mientras atacaban a las ligas de campesinos y a
las asociaciones socialistas. En un alarde de oportunismo, el
fascismo abandonó su talante republicano para ganarse la
confianza no sólo de los grandes propietarios agrarios e
industriales sino también del Ejército y de la propia monarquía.
El
7 de noviembre de 1921 fundó el Partido Nacional Fascista, que
supuso de alguna manera la sustitución del programa social como
elemento fundamental de su ideario político para poner en el
centro de éste la oposición radical al socialismo y al sistema
parlamentario. Tras su fracaso electoral de 1919, Mussolini se
presentó candidato a las elecciones parlamentarias de 1921 y
resultó elegido diputado.
El
29 de octubre de 1922, un día después de que los fascistas
realizaran la denominada marcha sobre Roma, el rey Víctor Manuel
III encargó a Mussolini la formación de un nuevo gobierno al
nombrarle primer ministro (presidente del Consejo de Ministros).
En 1925, el Duce (voz italiana que, en español, significa
"jefe", y título adoptado por Mussolini hacia 1924)
había transformado el país en un régimen totalitario de partido
único basado en el poder del Gran Consejo Fascista (órgano
creado en diciembre de 1922 pero institucionalizado seis años más
tarde), respaldado por las Milicias Voluntarias para
la Seguridad Nacional.
El
nuevo entramado político culminó con la definitiva supresión
del sistema liberal parlamentario, y la creación en enero de 1939
de
la Cámara
de los Fascios y de las Corporaciones, con un mero carácter
consultivo. Dentro del nuevo Estado corporativo, los empresarios y
los trabajadores se organizaban en grupos controlados por el
partido que representaban a los distintos sectores de la economía.
Se mantuvo el sistema capitalista y se incrementaron los servicios
sociales, pero se abolieron los sindicatos independientes y el
derecho a la huelga. Uno de los legados perdurables del fascismo
fue la creación de un sistema de holdings industriales financiado
por el Estado. De otro lado, los Pactos de Letrán, firmados con
el Papado en febrero de 1929, terminaron con el conflicto que había
enfrentado a
la Iglesia
y al reino de Italia desde 1870 y supusieron la creación de un
nuevo Estado,
la Ciudad
del Vaticano.
Mussolini
adoptó una política exterior agresiva ya desde 1923, cuando envió
sin éxito fuerzas militares para invadir la isla griega de Corfú.
Años después contravino las recomendaciones de
la Sociedad
de Naciones e inició la conquista de Abisinia (en términos
generales, la actual Etiopía) en octubre de 1935, ganándose así
la aclamación de casi todos los sectores de la sociedad italiana,
especialmente cuando sus tropas entraron en la capital de aquélla,
Addis Abeba, el 5 de mayo del año siguiente. El dictador culminó
el colonialismo italiano, iniciado a finales del siglo XIX,
mediante la instauración en mayo de 1936 del África Oriental
Italiana, que significó la proclamación imperial del rey Víctor
Manuel III. No obstante, la popularidad del Duce disminuyó cuando
adoptó una serie de medidas, entre las que cabe destacar las
siguientes: el envío de tropas para apoyar al general Francisco
Franco durante
la Guerra Civil
española (1936-1939); la alianza con el dictador
nacionalsocialista alemán Adolf Hitler mediante la formación en
1936 del Eje Roma-Berlín, que culminó con el denominado Pacto de
Acero entre ambos estados, acordado en mayo de 1939; la promulgación
de leyes contra los judíos y la invasión de Albania, que,
llevada a cabo en abril de ese último año, supuso la entronización
de Víctor Manuel III como rey de ese país.
Ejerció
una notable influencia sobre los políticos españoles más
conservadores. En 1923, al llegar al poder tras un golpe de
Estado, el general y dictador Miguel Primo de Rivera trató de
imitar a Mussolini e implantó soluciones e instituciones de carácter
fascista hasta su caída en 1930. Posteriormente, partidos políticos
de derechas, una vez implantada
la II República
española, enviaron emisarios al dictador italiano para buscar su
apoyo en los planes que estaban preparando con el objeto de
levantarse contra el régimen republicano. La subsiguiente
sublevación encabezada por el general Francisco Franco se inició
en julio de 1936 y Mussolini apoyó decisivamente a los rebeldes,
enviando poco después a España tropas en su ayuda.
La II
Guerra Mundial
Mussolini
consideró que el Ejército italiano no estaba preparado cuando
tuvo lugar el inicio de
la II Guerra
Mundial en septiembre de 1939. Hasta que las tropas alemanas
invadieron Francia en junio de 1940, no se decidió a entrar en el
conflicto y hacer cumplir los acuerdos a que le obligaba su
pertenencia al Eje. Italia luchó contra los británicos en África,
invadió Grecia, se unió a los ejércitos alemanes en el reparto
de las áreas de influencia en el territorio yugoslavo y en la
invasión de
la Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y, finalmente, en
diciembre de 1941 declaró la guerra a Estados Unidos.
Tras
el incremento del control alemán sobre el régimen fascista
italiano y las múltiples derrotas que sufrieron los ejércitos
del Duce en dichas operaciones bélicas, el Gran Consejo Fascista
le retiró su confianza y destituyó el 25 de julio de 1943. Víctor
Manuel III, que nombró en su lugar al mariscal Pietro Badoglio,
ordenó su detención al día siguiente. En el mes de septiembre
el nuevo primer ministro firmó un armisticio con los aliados, que
habían invadido el sur de Italia. Sin embargo, los alemanes
liberaron ese mismo mes a Mussolini, que proclamó
la República Social
Italiana, efímero régimen colaboracionista radicado en Salò (en
la orilla occidental del lago de Garda, situado en el norte
italiano) y que sólo subsistió por la protección alemana.
Durante
los últimos días de la guerra en Europa, el ex dictador intentó
huir a Suiza con su amante, Clara Petacci, pero ambos fueron
capturados en Dongo por partisanos italianos, quienes les
fusilaron en Giulino di Mezzegra (en las proximidades del lago
de Como, en la provincia de Como) el 28 de abril de 1945 por
orden del Comité de Liberación Nacional. Los cadáveres de ambos
fueron expuestos públicamente a continuación en las calles de
Milán.
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