Leyenda del sol, padre de los brujos.
Para esta leyenda, el sol fue un brujo, el más
sabio, el más poderoso y el más completo de todos.
Con la ciencia mágica de su brujería, creó los
mundos y edificó los cielos, lo que por su aspecto
redondeado se asemejan a las piedras mágicas; el
mar, a la mesa del sacrificio; los astros; a las
diferentes clases de imanes: las culebras maceradas,
los cometas, las yerbas del conocimiento y el sopor
que producen, representan la noche; y la “macana”,
la vara mágica del poder.
El sol en su calidad de brujo, trabajaba siempre de
noche, para engañar a los dioses, ya que si éstos se
dan cuenta de que abandona sus huestes celestiales,
les despojarían de sus atributos del poder.
Símbolo de su poder mágico, es la “macana”, especie
de cetro, que por su semejanza, ostentan todos los
dioses de las más diversas mitologías y todas las
autoridades, desfigurándolas o simbolizándola, pero
siempre bajo el mismo tipo y con idóneo objetivo.
La “macana” es en realidad una especie de calabaza
que representa el poder mágico, que la autoridad, la
fuerza invisible, las piedras que dentro contiene y
que al ser agitada producen un crepitar especial que
tiene por objeto, alejar con su ruido, a los poderes
maléficos, llamando a las fuerzas del bien, para
evitar el “daño” de los burjos y hacerlas propicias
para el sacrificio sagrado.
Los brujos, para seguir las primitivas enseñanzas
del sol, trabajan sólo de noche, en reserva; cortan
los malos vientos con una espada enmohecida y mocha,
cogen las yerbas del conocimiento a la media noche,
en los sitios más abruptos de los cerros para este
fin deberán ir solos descalzos y caminando sobre los
dedos de los pies.
Siendo pues, la brujería primitiva, que según la
leyenda estableció el propio sol, tuvo su máxima
representación en las costas yungas y continúa
existiendo, como lado representativo de la forma
sacerdotal de una religión y como degeneración de
las primitivas prácticas.
LA VENGANZA DE LA LUNA
La luna enamorada de un indio mochica, que era un
hechicero, para lo cual se convirtió en mujer, pero
fue desdeñada por él, a pesar de los constantes
requerimientos de aquella, debido a que él quería
dedicarse por entero, a las actividades de su
oficio.
Sin embargo, fue tal la paciencia y la constancia de
la luma, cuya condición desconocía el hechicero, que
éste PATRA deshacerse de ella engañarla, fingió
aceptar sus amores, llegando a realizarse la
ceremonia matrimonial.
Para sancionar el acto, como era ritual, se colocó
entre ambos novios una vasija nueva, de barro,
contendiendo harina de maíz. En seguida fue
encendida la hoguera, que ambos novios avivaron
soplando, y una vez que el fuego había cocido la
torta, el más anciano de los concurrentes a la
ceremonia, que debería ser presenciada por todos los
habitantes de la comarca, dijo, actualizando el
acto: “ya estáis casados y formáis una sola pareja,
estáis obligados al mismos cariño y a compartir, por
igual, penas y alegrías; tal como habéis atizado,
los dos juntos, esa hoguera, que refleja vuestro
amor, no se holgará el uno cuando el otro no lo
haga, ni se mostrará indiferente el uno cuando el
otro encienda en las llamas del amor de esta
higuera, porque entre vosotros habrá la ligadura de
un solo efecto”.
Y el ritual matrimonial estaba terminado,
esperándose solamente que la torta de maíz se
enfriara para ser dividida y repartida entre ambos
novios y el padrino. Pero como quiera que el
hechicero mochica había asistido al acto con el
deliberado propósito de no cumplirlo, hizo que la
torta conservara su calor y que no pudiera ser
repartida, por cuyo inconveniente el matrimonio en
realidad no tenía legalidad requerida.
Cuando la luna se dio cuenta del hechizo que sufría
la torta de maíz y leyó en la mente su consorte sus
pensamientos más recónditos, castigó al mochica como
a un ladrón, por haberle robado su amor y lo colocó
en el cielo, en la constelación de las tres Marías.
De las tres estrellas que adornan esta constelación
la de en medios representa al hechicero mochica,
quién la luna, para poder castigar, hizo prender de
los extremos, las cuales no lo dejan escapar. Pero
previendo que pudieran evadirse, colocó cuatro
guardianes más, que son las otras cuatro estrellas,
las que se encuentran al sur de dicha constelación y
que en realidad son cuatro buitres con la misión de
devorar al desgraciado hechicero, en caso de que
pudiera evadirse de sus guardianes.
Estas siete estrellas fueron colocadas en el
firmamento por la luna, que escribió así
permanentemente este suceso en el cielo para que se
tuviera un constante recuerdo del hecho, que
perpetuara el robo y simboliza el castigo.
Y desde entonces más la luna se convirtió en mujer;
y desde entonces nunca más la luna se volvió a
enamorar; y desde entonces la luna se tomó en
perseguidora de ladrones y en castigadora de
malhechores.
CORAZÓN QUE LLORA
Los “Mu” eran trabajadores y respetuosos, pero con
el tiempo renegaron de sus virtudes, siendo
castigados por su dios, el sol, con un diluvio que
destruyó ciudades, cultivos y oratorios, quedando
sólo pocas personas y algunos templos.
Pasaron muchos años y sobresalió un señor llamado
Chaparrí, que estaba desposado con la hermosa
Colllique y tenía como discípulos a Patazo,
Yacatapuy, Nietos, Cyntuapu y Sayapu. Tenía también
un hermano llamado Yanahuanca.
Estos personajes realizaban hechos extraordinarios,
curaban los males físicos y espirituales, adivinaban
utilizando piedras o el agua de vasijas negras o de
sus fuentes naturales. De todos ellos, Chaparri era
el mejor casi igualaba al Dios Sol.
Pero nuevamente se hizo presente el mal, practicando
esta vez por yanahuanca, a quién Chaparrí no lora
corregir a pesar de sus esfuerzos. La situación
empeoro porque Yanahuanca enamoraba a la esposa de
Chaparrí, quien tuvo que expulsarlo de sus dominios
que quedaban cerca del mar.
Yanahuanca se fue entonces más allá por Cajamarca, y
con su capacidad logró convertirse en jefe de sus
habitantes, a quienes les enseño a preparar chicha
con yerbas raras, que convertía los bebederos en
“supayhuahuas” (hijos del demonio).
Chaparrí, en tanto, utilizaba el ejemplo y la
persuasión para enseñar a sus súbditos. Ambos jefes
preparaban a su gente.
Cuando Yanhuanca que sus hombres estaban
suficientemente preparados, se lanzó al ataque
robándole a Chaparrí su esposa, la hermosa Collique.
Chaparrí se enfermó de pena, situación que aprovechó
su traidor hermano para darle muerte.
Triunfante, Yanahuanca venció a Cyntiapu, quién
luego de una sangrienta resistencia se retiró a
Nancho cerca de Chepen. Al continuar por Lambayeque,
el invasor tuvo numerosas bajas.
Al llegar a Motupe, Yanahunca apresó al cacique de
ese lugar, torturándolo también, pero sin lograr
encontrar e tesoro.
Lleno de ira, el invasor decidió regresar a sus
dominios llevándose yerbas costeñas para cultivarlas
y utilizarlas en su brujería. Al irse, fue también
destruyendo todo lo que encontraba a su paso.
Llegando a la sierra, Yanahuanca se dedicó a
reforzar sus tropas y a celebrar su triunfo.
Pero el sol, escuchando las oraciones de su pueblo,
resucitó a Chaparri, quien sorprendió a Yanahuanca
en plenas celebraciones derrotando, convirtiendo a
él y a sus vasallos en moles de piedra.
En seguida, Chappari regreso a la costa llevándose a
su esposa y hierbas serranas para usos medicinales.
Atormentad Chaparrí por haber conversito a su
hermano en piedra, ordenó a sus discípulos que le
sacasen el corazón y, luego de lavarlo en el río
Chancay, se lo colocasen sobre su cabeza, quedando
así también convertido en piedra (De aquí proviene
el nombre de Chongoyape o “corazón que llora”).
Las hierbas que llevó Yanahuanca, a pesar de ser de
clima cálido, aún florecen en las faldas de aquel
cerro.
Se dice que en las noches serenas los dos hermanos
conversan, insistiendo Chaparrí en reeducar a
Yanahuanca. El día que lo logre, volverán los dos
juntos.
LOS CERROS LAMBAYECANOS CHALPÓN Y RAYADO
Cuenta la tradición, que los cerros Chalpón de
Motupe y Rayado, en Túcume, fueron dos hermanos
gemelos que tuvieron la misma creación y objeto: ser
centinelas avanzados del cielo, guardianes de la ley
divina y anunciadores del triunfo del bien. El carro
de Chalpón, tuvo el privilegio de haber sido
dedicado a Dios, mientras que su hermano, el Rayado,
había sido dedicado al servicio del diablo. En la
falda del cerro Chalpón existe un manantial; allí
viven las cañas de guayaquil que sembraron los
ángeles para dar sombra; privilegio que no tiene el
cerro rayado; los ángeles, para vivir en el cerro
Chalpón construyeron una gruta y un jardín; en la
cueva colocaron una cruz como símbolo de su triunfo;
mientras el cerro rayado por haberse dedicado al
diablo es oscuro, tétrico, negro y el agua de su
pozo es pestilente; en la rajadura también tenía una
cruz.
El cerro rayado, lleva ese nombre por tener un surco
ancho; producto de un sablazo que pretendió darle el
arcángel Gabriel al diablo, esquivando el golpe en
la lucha eterna que sostienen. Respecto al arcángel
Gabriel, se ha tomado la referencia que hace el
autor Víctor Sueiro en su libro El ángel publicado
en 1996, en el que se ha reproducido en parte por
considerarla de interés para los lectores. El
arcángel Gabriel, pertenece a la tercera jerarquía
de los ángeles que son por miradas; esta medida sin
medida ya que significa algo así como millones de
millones; tanto que no se les puede determinar; son
inmortales, no necesitan reproducirse pro van
aumentando de acuerdo a la decisión divina son el
verdadero ejército de Dios. Un ángel, cuando iba a
nacer el Salvador, llegó, a Belén y le dijo a María
que el niño que iba a alumbrar concebido sin pecado
por obra y gracia del Espíritu Santo se llamaría
Jesús.
Las tres jerarquías de ángeles son:
1ra. Jerarquía: Son tres coros: los serafines, los
querubines y los promos. En esta jerarquía están los
ángeles que permanecen más cerca de Dios y su
función principal es alabarlo; son los que tienen la
comunicación directa con Dios y los que tienen a su
cargo el cuidado de los planetas que forman el
universo.
2da Jerarquía: También son tres coros: De las
Dominaciones, las virtudes y las potestades; los
tres están dedicados a conservar el equilibrio de,
lo material con los espiritual, tarea que no es
fácil, ya que todo aquello lo sintetizan en el bien
y el mal; existió hace muchos siglos una religión,
“los maniqueos”, carente de términos medios;
actuando en forma fanática; bien o mal. Los ángeles
de esta jerarquía interceden ante el creador,
diciéndole “trata de entender a esta gente que goza
de los espiritual pero está atada a tantas cosas
materiales”, También se dedican a obtener gracias
divinas, no se sabe cuando ni por que, lo que
llamamos “milagros”.
Y la tercera jerarquía de ángeles son tres coros:
Los principados; los Arcángeles y el Ángel de la
guardia.
En esta jerarquía los principados tienen a su cargo
los grandes grupos humanos: los países, las
ciudades, incluso las religiones; cuando el
fanatismo en cualquiera de estos grupos significa
que los principados está perdiendo la batalla o cual
no quiere decir que la abandonen, porque la lucha
sigue. El coro de los Arcángeles es una categoría
extraordinaria: son los mensajeros que cumplen
mandato determinado y específico de Dios a los
hombres. Tiene una fuerte presencia en las
creencias; su número es diferente según las
religiones; en el Cristianismo a Biblia señala solo
tres: Miguel, Gabriel y Rafael; son pues, mensajeros
divinos. No hay que confundir y tomar a estos
arcángeles como dioses; a ellos no se les adora; se
adora sólo a Dos, ni tampoco a la Virgen y a los
santos que tan sólo se les venera; eso es devoción.
Hay que advertir e los arcángeles que todos sus
nombres terminan en sílaba “él”; esto tiene su
motivo; el vocablo “Él” significa Dios, siendo un
apócope de la palabra Eloi que designa al creador,
en hebreo.
El último coro de la tierra de la tercera Jerarquía,
es el ángel de la Guarda; es el que te rodea, está
siempre dentro de ti, según la Biblia: existe, forma
parte de cada persona, de una manera que ni siquiera
se puede imaginar. Yo no emitiría si él y él no
existiría sin mi. Son los verdaderos ángeles
guardianes de cada individuo y pueden ser más de uno
por persona.
Como el cerro Chalpón se había dedicado a Dios, su
cruz fue objeto de adoración; en cambio la cruz del
cerro Rayado representaba al mal estaba decretado
que cuando los hombres encontraban la cruz, se
convertiría en tierra, y así fue; cuando unos
campesinos descubrieron, la cruz se hizo polvo en
sus manos.
Así mismo como el cerro Chalpón y el Cerro rayado
son el bien. Dios, y el mal, Diablo, en la zona de
Lambayeque, en el otro extremo hay dos cerros que
son antagónicos: El cerro Rupay que es el Dios, el
sol el bien, y el cerro Rupay, que es el mal, la
oscuridad, el demonio, cerca al cerro Rayado también
se encuentra en Túcume, el cerro Purgatorio; tiene
un camino de subida hasta dos miradores naturales,
ubicados en la cima del cerro y desde donde los
visitantes pueden apreciar a lo lejos los bosques de
algarrobo de Pomac y, la huaca loro, casi destruida
por el Fenómeno Pluviométrico del Niño.
LEYENDA DEL DILUVIO
Como
siempre y como too, existían en la tierra dos clases
de seres: los buenos y los malos. Los dos grupos
vivían en perenne lucha. Un grupo sabe que el
triunfo de uno es la muerte segura y eterna para él,
y por esto cada uno de aquellos grupos de hombres
fuerzas pretende su supervivencia y el
aniquilamiento completo del contrario.
Las buenas acciones de los unos van al cielo, a la
altura, son las nubes; los malos actos de los otros
se quedan en la tierra, son los cerros y montañas,
que irguiéndose tratan de alcanzar a sus contrarios
para destruirlos, mientras que las nubes,
convirtiéndose en lluvia pretenden las
desmembraciones de las montañas.
Como las lluvias no pudieron acabar con sus
contrarios, se produjeron abundantemente y cubrieron
en su totalidad a las montañas, tratando de
ahogarla, englobarlas o sujetarlas, única manera de
destruirlas, en forma tal que todo el planeta se
convirtió en una sola masa de agua. De esta manera
los buenos, las nubes, convertidas en lluvias
derrotaron a los malos, las montañas de la tierra, y
fue el agua elemento de triunfo para los unos y
medio de destrucción para los otros.
Sólo se salvó una pareja, hombre y mujer, porque no
vivían ni en los cielos ni en la tierra, sino en la
atmósfera. Aquella fue la primera pareja humana. El
hombre se dirigió al Occidente y la mujer al
Oriente, separándose en el otro punto más elevado de
los Andes, convirtiéndose cada uno en un Océano
Pacífico y Atlántico, cuyas aguas se juntaron en
ambos polos, es decir en los extremos, para tomar
nuevamente sus formas humanas primitivas. Pero como
quiera que había agua dulce y crearse los seres
buenos y los seres malos, fruto de idénticos
pensamientos y de los mismos deseos, hasta que un
nuevo diluvio, de una sola especie de agua, termine
con los malos y dé el triunfo definitivo y eterno al
bien.
LA MISHA DE LOS SIETE COLORES
En la hacienda llamada “palambe”, en el
lindero entre Lambayeque y Cajamarca, existe un
cerro aislado y abrupto, célere por la furia de sus
vientos, que casi lo hacen asiento de una laguna
misteriosa, donde habita una serpiente de plata.
Antes de que el sol fuera duelo de las
esferas, señor de los espacios y amo de los cielos,
era un simple mortal casado con su hermana la luna,
ser humano como él.
Cuando ambos consortes recorrían los
mundos, tratando de encontrar un lugar que le
sirviera de albergue y sitio que pudiera convertir
en hogar permanente, llegaron a la cima de aquel
cerro, que era bello, tranquilo, alegre y accesible
y encantados de la paz que se disfrutaba en él se
establecieron allí.
La luna, aún cuando era un ser femenino,
no disponía de los lujos ni de la necesidades de la
moda o los collares, las pulseras, los afeites o las
pinturas, y el que matrimonio vivía feliz y dichoso.
Pero una mañana en que la luna se bañaba en la
laguna, que en lo más alto de ese cerro existía, un
bejuco de color verde pálido le rodeó el cuello y
las hojas azules, rojas y violetas de la misha de
los siete colores le cubrieron la cara.
Tranquilizada la superficie de las aguas, la luna se
miró así misma, convirtiendo a aquellas laguna en el
primer espejo de la humanidad, se vio bella,
adornada con el primer collar y las primeras
pinturas de la mujer y enamorándose de sí misma se
negó abandonar la laguna, a pesar de sus
requerimientos del sol, su esposo.
Ante las constantes negativas de la
consorte, el marido poniendo en práctica sus artes
mágicas procede el encantamiento del cerro y de sus
contornos e hizo que sus aguas tranquilas se
volviera brava, para que no rompiéndose el
encantamiento, su esposa volviera a sus poder: hizo
que el bejuco se convirtiera en serpiente de plata,
ala cual le dio el encargo de velar y cuidar del
agua de la laguna: hizo que la planta que adornó los
labios y las mejillas de la luna fueran desde
entonces yerba de los magos o de los brujos y que
tuviera los siete colores, puesto que se los había
dado a al luna de los demás seres no turbaran el
respeto de su hogar y para que otros dioses no
pretendiera arrebatar sus encantos.
Desde entonces las aguas de aquella
laguna se volvieron bravas; en sus orillas y
rodeándola nació y creció la misha de los siete
colores, como una prueba palpable de que ese lugar
pertenecía a la familia del sol; fue creada la
serpiente de plata, para que vigilara su hogar, y
por último hizo que sus gritos se convirtieran en
vientos rápidos y aires vertiginosos, probando así
que la voz amo de los cielos se extienden y se oyen
por todos los ámbitos de la tierra.
Inaccesible es el cerro, porque la voz
espanta; el que mire las aguas se convertirá en
bejuco; el que toque la misha se volverá una planta
y quien vea la serpiente de plata morirá espantado.
LA LEYENDA DE
FERREÑAFE VIEJO
Este Ferreñafe es nuevo. El Ferreñafe
está encantado ceca del cerro llamado Chaparrí. Se
encantó por la mucha riqueza que tenía. El encanto
ocurrió cuando un sacerdote hacía misa; en el
momento de la elevación, entró un perro corriendo y
gritando, entonces el sacerdote volteó la cara al
público por haber desatinado a Dios.
Los hombres encantados de Ferreñafe
ofrecen dinero (a la gente) y le dan carbón; éste se
vuelve plata, pero es condición que al recibirla
tienen que dejar a una criatura..
Y nadie puede ir a estas tierras, porque
se encantan y se quedan para siempre.
EL RÍO LA LECHE
Tributo de sal, ají y algodón.- En las
tierras de Mórroope, distrito de la provincia de
Lambayeque, sus habitantes y ganado acallan uso del
agua del pozo único que existía e el mismo pueblo,
pues, no había en realidad, agua de regadío.
Siendo cura de Mórrope y Pacora, en vía
de encomienda, el antiguo Inter de aquel pueblo, D.
Luis Quijano, reunió a todos los naturales del lugar
y procedió a abrir un cauce que nací de los cerros
de Penacho y Salas y que recorriendo veintisiete
leguas llegaba hasta el pueblo de Mórrope. Este
trabajo tuvo una duración de cuatro años, haciendo
colaborado en él todos naturales del lugar,
personalmente y con dinero, víveres y vestuario.
El trabajo que se verificó consistía en
Desviar las aguas naturales de las altas sierras,
para llevarlas a la costa por el cauce abierto, lo
que se realizo con la única obligación de pagar a un
tributo al cacique de Penacho, consistente en sal,
ají y algodón.
Obligaciones para con el cielo-
terminando el trabajo y pagado el tributo, los
Morropanos esperaron ansiosamente tan deseado
elemento, para observar sus ganados y fecundar sus
tierras, pero, a pesar del trabajo, de las lluvias y
vertientes, apenas llegaba agua a las entecas
tierras. No pudiendo entender la razón por la que el
agua no discurría abundantemente, los dirigentes del
pueblo consultaron con su párroco, quien sostuvo que
si se había terminado la obra de los hombres, no se
habían cumplido las obligaciones para con el cielo y
que, por lo tanto, era preciso realizar una
procesión por todo el cauce desde su nacimiento, a
manera de bautismo.
Baño de santos y morales-
Aceptado el consejo, el 12 de Junio de 1570, el
pueblo en pleno presidio por su Párroco D. Luis
Quijano y sus ayudantes Luis Solórzano de l Torre,
Toribio Castañeda y el religioso Franciscano
Ambrosio Tasón, salió solamente comitiva desde la
misma Iglesia de Mórrope, portando a San Pedro,
patrón del pueblo y a San Pablo, patrón de Pacora,
cada una en sus respectivas andas, haciendo legado
al nacimiento del cauce, en la serranías de Penacho
el 21 del mismo mes. Inmediatamente re realizaron
las consiguientes ceremonias de consagración,
dedicación, bendición y bautismo, lo que produjo
inmediatamente un gran aumento del caudal.
Sin embargo la cantidad de agua no era
suficientemente abundante, como para que llegara
hasta Mórrope, resolviéndose, por eso efectuar
regreso por el mismo camino, es decir por el cauce,
bendiciendo las aguas corrientes y las tierras
colindantes; hasta que llegando al pueblo, el 29 de
Junio, Fiesta de San Pedro, todos los componentes de
la comitiva y moradores del pueblo, en arrebato de
fervor religioso y de entusiasmo personal, se
sumergieron en el agua junto con las andas y las
efigies.
Primeramente se introdujo la imagen de
San Pedro, tanto porque era el patrón el pueblo,
cuanto porque era el día de su fiesta; pero ya no
fue posible hacer lo mismo con la de San Pablo,
porque fue tal la avalancha de agua que se produjo y
la impetuosidad del canal que fueron retirados
prontamente, temiéndose ser arrastrados por la
fuerza incontenible del líquido elemento.
EL CASTIGO DE LOS DIOSES
Se cuenta que paciente y prolongada fue
la espera del Dios sol, con la esperanza que sus
hijos los indios sañeros recordaran de él y de los
dioses menores. Como esto no ocurrió, convocó a los
aukis a meditar en tal ingratitud.
Acuerdo tomado, obras en ejecución. Los
aukis hincharon el caudal de quebradas y torrentes
que confluyen el río Saña convirtiéndolo en una
arrolladora fuerza, que corría arrastrando barro,
piedras, derribando árboles; que a su paso emitía un
espantoso y ensordecedor ruido.
Un cristiano sacerdote que logró
enterarse de la eminente tragedia, hincado en la
cumbre del cerro La Horca, clamaba al supremo Dios
Cristiano calmara al río y salvara gente.
El Corpacho, encariñado con la obra que
dejaron pasadas generaciones bramaba de dolor, al
ver que de su propio corazón manaban torrentes que
rompían y derribaban las huacas dejando al
descubierto huesos, objetos de tierra, otro, plata y
bronce.
LEYENDA DEL CHIRIOQUE Y LA CHILALA
Ambos pájaros eran hijos del sol, de
ascendencia real y disfrutaban, por igual, de los
derechos y perrogativas de su rango. Por eso, tienen
un color amarillo en su plumaje.
El Chiroque amoroso quería a su padre, en
tanto que el chilalá quiso usurparle el poder, u
aunque los dos estaban de acuerdo e que debido a su
vejez le precisaba descansar, la diferencia
estribaba en la idea altruista del uno y en la
ambición desmedida del otro.
Cuando el padre sol se enteró de este
proyecto, y teniendo en cuenta la intención de cada
cual dio este veredicto: que ambos; mientras
pretendieran el trono del sol, su padre, deberían
alejarse del Cielo para añorar a la Tierra, el poder
y el amor perdidos, hasta la total purificación de
su culpa. Estableció, como una diferencia de grado,
en el castigo de cada uno, que el chiroque tuviera
el plumaje de color más semejnte al del otro que el
chilalá, por haber amado más; que el chiroque
ostentara plumas negras en recuerde del dolor que le
produjo su desgracia; que hiciera sus nidos en forma
de hamaca y con ramas y hojas, como probanza de la
bondad de sus hermosura interior y que su santo
fuese constante, por su fe, y melodioso en recuerdo
a su felicidad perdida.
En cambio, la chilalá lo condenó a tener
un plumaje de color amarillento pálido, ya que había
amado por interés; a hacer nidos sólidos y
resistentes, para ampararse del miedo y de sus
propias maldades, a que su canto no tuviera
armoniosa belleza, debiendo producirse,
especialmente, a la salida y a la puesta del sol, su
padre, como prueba de reverencia y disciplinado
respeto.
LA ARDILLA Y
EL CARBUNCLO
Ambos animales habían sido importantes
sacerdotes de culto solar. Cuando se realizó l
conquista, la ardilla, temerosa y creyente, se
convirtió al cristianismo y el carbunclo, constante
y valiente, continúo en su fe primitiva.
Ante la situación, abiertamente opuesta,
una misma ley n podía ser aplicada a los dos, al
mismo tiempo, en casos tan contrarios. Por eso, el
sol, siempre justiciero, dictó sentencia
convirtiendo a los dos sacerdotes en dos animales
diferentes, con las siguientes características.
A la ardilla le dio por atributo la
vivacidad y la curiosidad; la hizo de un color
semejante al de la tierra y quiso que en forma casi
gráfica remedara el acto de persignarse; que se
volviera domesticable y que viviera en contacto con
los hombres, por sugestionable, por haber aceptado
las cosas de los hombres y seguir las mismas ideas
de éstos.
En cambio, al carbunclo. Le dio la fuerza
de lo invisible, de los corpóreo, de lo ideal, le
concedió como máximo atributo el que caminara de
noche, solamente es decir, cuando falta la luz del
sol, como para que le sirviera de reemplazo y como
prueba de su devoto respeto por su culto; que
ostentara, sobre su lomo, un sol en miniatura, con
lis propia y que fuera su color enteramente negro,
para que se notara más la refulgencia. Todo esto por
haber permanecido firme y constante en su culto
primitivo.
Por eso la ardilla hace el ademán
ridículo de persignarse, tiene color de tierra y es
fácilmente domesticable, mientras que el carbunco no
se le puede ver de día, es de color negro, jamás ha
sido domesticado y alumbra por las noches.
LA TORTUGA
Es un festín de los dioses hizo falta
comida y no era fácil ni inmediato el conseguirla.
La tortuga, antiguo dios, participante de
la fiesta, se había encargado de preparar el festín
sobre ella recayó naturalmente, la abierta censura y
la responsabilidad íntegra. Todos los dioses se
difirieron a ella pidiéndole explicaciones y
alimentos, pero ni unos ni otros pudieron ser
ofrecidos.
La honda crítica de los dioses y la
profunda desesperación de la tortuga hicieron que
esta se sacrificara a sí misma, en aras al hombre de
sus congénes del cielo y por un acto de magia
inmediato y supremo, ya convertida de Dios en
animal, se dejó comer. Mas, para que todos los
dioses pudieran disfrutar de su alimento predilecto,
hizo que su carne, en algún otro banquete de los
dioses, le pusieron sobre esa misma carne una coraza
del todo invulnerable.
Sin embargo, no pudieron olvidar su
sacrificio en beneficio de ellos y por esto le
permitieron que siguiera dando las mismas carnes
diferentes que les había ofrecido a ellos, en un
mágico festín, realizando el milagro, por haber sido
dios, de poseer la carne del animal que vuela, del
animal que corre y del animal que nada, símbolo de
los tres elementos que se hallan sobre la superficie
de la tierra, aire, tierra y agua.
LEYENDA DEL CERRO LA VIEJA DE MOTUE
Nuestro señor Jesucristo llegó al sitio
descampado y arenoso cercano a Motupe, en donde hoy
se encuentra situado el cerro llamado la vieja.
El señor venía cansado, sudoroso,
fatigado y sediento y habiendo divisado una lejana
“choza” se encamonó hacia ella, encontrando en la
puerta a un matrimonio formado por dos ancianos.
Jesús le dijo a la mujer: “dame un poco de agua,
para calmar mi sed”, pero la vieja le repuso de lama
manera: “no tengo nada que darte”. Entones el Señor
le pidió al marido que le vendiera una hermosa
sandia, de las que en abigarrado montón se
encontraban en uno de los ángulos de la posada, pero
el viejo negó tenerlas. El señor dijo, señalando las
sandia: “y estas ¿qué son?, “son piedras” dijeron al
unísono ambos viejos.
El Señor meditó brevemente y produjo su
maldición, diciendo: “pues si son piedras, en
piedras se convertirán y ustedes también”. Y
súbitamente el montón de sandias se convirtió en un
montón de piedras, que son las que forman el centro
mismo del cerro; la vieja tornó en la piedra más
grande, que de lejos da el aspecto de una anciana y
el viejo se volvió la piedra más pequeña, que
ostenta las características de su edad.
Y para que se pueda producir el
desencantamiento, se precisa que nuevamente es Señor
Jesucristo llegue a ese mismo sitio, en el mismo
estado de cansancio y de sed, para que se repita de
nuevo exactamente la escena primitiva y que los
viejos ofrezcan al viajero el agua lustral de la
caridad, que borre su falta.
El cerro de la vieja, llamado también
cerro de Errepón, se encuentra situado al suroeste
de Motupe, a cosa de 8 kilómetros de este pueblo. Es
un cerro aislado, solo, único en la pampa, hacia la
margen izquierda del río de Motupe. La pampa es
árida, escuela, escueta sin más vegetación, en las
épocas de lluvias, que algunos árboles de zapote y
unos cuantos arbustos de bichayo.
LA MANO
PELUDA DE LAMBAYEQUE
Cuenta la tradición que en la calle
llamada de Santa Catalina, hoy San Martín, cuadra
comprendida entre las calles Real y San Roque, que
se conocía como calle de la mano peluda, toda las
noches una mano velluda y grasosa, llamaba
insistentemente que por ella transitara, llamado
que después se convertía en signo de amenaza. Esa
mano aparecía primeramente en una de las dos
ventanas de la antigua Escuela de la Patria, que por
tanto tiempo dirigiera el maestrp Chanamé, y después
recorría toda esa cuadra, actitud de búsqueda y en
además desafiante.
Indagando sobre las causales de esta
visión, que era aceptada por los hombres, temida por
las mujeres y terrorífica para los muchachos, la
tradición nos cuenta los siguientes hechos: Fray
Francisco Días de Cabrera fue el primer obispo de
Trujillo, pero debido al terremoto de San Valentín,
se trasladó a Lambayeque, estableciendo su sede en
esta ciudad. A pesar de la orden dada por el Virrey
del Perú, el príncipe de Esquilache, para que
regresara a Trujillo por algo de dos meses.
Según parece, al Obispo Cabrera, que
había instalado su oficina en la indicada escuela de
la Patria, seguramente para estar más cerca de la
iglesia y de la casa parroquial. Le había
mortificado profundamente la orden y no sólo la
había desobedecido, sino que le había enviado
algunos recados y misivas poco afectuosas al Virrey,
quien exasperado por tales hechos le mandó decir que
ya tendría “oportunidad de agarrarlo”. En cambio, el
obispo, que contaba únicamente con sus prerrogativas
canónicas se contentó con responder: “primero lo
agarraré yo” y pretendió formular un remedo de
excomunión, haciendo el signo condenatorio, pero la
muerte piadosa se la llevó a la tumba, junto con su
cólera y sus deseos.
De aquí resulta claramente explicado por
qué el obispo, no habiendo podido “agarrar”, en vida
al vicario pretendía hacerlo ya muerto, y por cuya
causa todas las noches alrededor de las diez, hora
en que falleció el Obispo Cabrera, su mano peluda y
gordiflona vaga en búsqueda afanosa del príncipe de
Esquilazhe, quizás para darle algunos mojicones o
tal vez para hacerle el signo del anatema.
Con el fin de contrariar, hasta el mayor
extremo al Virrey del Perú, el obispo Cabrera, no
sólo no quiso regresar de obispo a Trujillo, sino
que tampoco quiso entrar allí en calidad de cadáver
y, para este fin, dio instrucciones precisas para
que se le sepultara en la iglesia de Lambayeque.
Y en efecto, el obispo de Trujillo, Fray
Francisco Díaz de Cabrera, encuentra sepultado en el
altar del Rosario, como religioso dominico que era,
entre la pared maestra que sostiene el retablo y el
camarín de la virgen Rubiños y de Andrade en 1777,
después de más de un siglo, hizo cambiarel retablo
antiguo por el nuevo, encontró el cadáver, con su
mitra de cartón dorado y el ataúd las letras
siguientes: Y.R.D.F.E.-C.E.I., que tradujo así:
“Ilustrisiísimo y reverendísimo Señor doctor don
Fray Francisco Cabrera, obispo de Trujillo.
"CUENTOS"
LOS AUKIS HABLAN
Dicen que en noches tormentosas y oscuras, cuando
los vientos silban y relampaguean los cielos, los
aukis Racarrumi y Mulato conversan recordando los
lejanos y pasados años cuando eran admirados y
halagados por indios cazadores, agricultores y
artesanos de tez cobriza. Con gran satisfacción
comentaban las soberbias fiestas, numerosos
sacrificios y singulares competencias que hacían en
su nombre, valerosos hombres.
Se le ha escuchado al Mulato, decir con cierto
orgullo: ¡No me han olvidado del todo los hombres!,
reconocen mi fama y admiran mis grabados.
El Racarrumi sin alterarse responde, de que vale
eso, si es hipocresía, la gente de hoy se olvidó de
su origen. A aquellos que nos hicieron aukis
murieron, la gente de hoy se sientes blancos de
origen extranjero.
El mulato nuevamente habla: seguimos siendo aukis,
porque guardamos la obra de nuestros hijos quienes
vivieron y se alimentaron de nuestra materia.
Llegarán los tiempos en que los pirkas, los ruinosos
andenes, las tumbas ocultas que están en tus cumbres
y ladera, hablen entonces surgirán nuevas
generaciones y vendrán tiempos mejores, resucitarán
de las piedras nuevos hombres que harán una nueva
sociedad.
El viento se calma, se disipa la tormenta y se
callan voces.
.
LOS DOS PUEBLOS
Se cuenta que hace muchos años, gente muy laboriosa
formaron dos parcialidades una llamada Cintu y la
otra Coique o Collique.
Ambas ocupaban el valle Lambayeque, con la
diferencia que los Cintu estaban al lado derecho del
Río Lambayeque y los Colliques estaban al izquierdo.
Aunque había diferencias de nivel social en cada
parcialidad, cada cual mantenía unidad interna. La
gente de ambas poblaciones rivalizaban por prosperar
y alcanzar un mayor bienestar para sus integrantes;
ejecutaban entusiasmadamente obras pequeñas y
grandes, ya para sus jefes o para todos; ya de
utilidad presente o para el futuro.
En una ocasión uno de los jefes arengó a su pueblo a
emprender la conquista del otro, pero dice, que
sacerdotes y los llactaruna ataron de pies y manos
de común acuerdo decidieron construir grandes
templos, palacios y centros recreativos. Los Cintu
lo hicieron en lo que hoy se conoce como Huaca Santa
Rosa y los Collique en Huaca Rajada o Sipán;
disipándose así la guerra.
La competencia movilizó a decenas de expertos
técnicos en construcciones y a miles de laboriosos
trabajadores, en una complicada competencia que duró
muchas generaciones sin lograr concluirse. Se
frustró con la llegada de hombres de larga barba,
ojos azules y piel blanca.