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«Yo
veo al Padre Celestial, pero ningún humano puede verlo.
... Porque ÉL es Luz inmensa.»
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Mensaje
del cuarto Angel
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MENSAJE
DE LA SANTÍSIMA VIRGEN, RECIBIDO A TRAVÉS
DE JOSÉ LUÍS MANZANO GARCÍA, EN TALAVERA (Toledo).
EL DIA 6 DE JULIO DE
1989.
El
Hermano:
La Paz esté con vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El
Hermano: Ave
María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
El
Hermano:
Yo soy el último que ya queda
por venir. El último que ha de hablar de los
cuatro, y el último que
está con vosotros. Yo también soy el último de tus Angeles: el
cuarto. (1)
Y he venido porque también a Mí, Dios me ha enviado diciendo: «Ves tú
también, y háblales a mis hijos.»; y Yo dije al Señor: "Como tú
mandes."
Y aquí estoy para hablaros de cosas que ya sabéis, cosas
que siempre las habéis oido de nuestra Madre, de la Reina. Es tan
triste ver lo que ocurre y después contarlo..., pero es más triste el que no
te escuchen, y el que no te crean. Es tan triste el poder mirar al mundo y ver lo que en él ocurre, para que
todos te digan que eres incierto, que no existes.
Dios siempre ha existido
hermanos, y ha estado en el mismo sitio, desde el cual a Mí me ha enviado. Dios siempre ha sido el mismo y siempre será
igual. El no ha cambiado para nada. ¡Qué triste es ver la maldad que
ha entrado en el mundo! Muchos de vosotros..., todos, no habíais nacido
y Yo estaba al lado de Dios viendo
como el mundo cambiaba e iba a peor.
Yo he estado con Dios y he visto lo que
ha ocurrido en el mundo: La maldad...,
la falsedad..., las
guerras que han pasado por el mundo. Y
guerras porque ellos han querido, porque no se han amado como hermanos y
han preferido escuchar la palabra del enemigo antes que la de Dios.
Y es tan triste ver cómo una madre lloraba ante un madero por su Hijo.
También es triste ver cómo muchas madres lloran por sus hijos..., porque ya
no les volverán a ver jamás. Para esas madres su vida ya no tiene sentido,
solo recuerdan a sus pequeños hijos, que por culpa de una guerra o de una
traición..., ya jamás volverán a verles.
También es triste ver cómo a aquéllos, que eran
Apóstoles de Cristo Jesus, el Maestro, les perseguían las mismas almas
consagradas, los sacerdotes de entonces, cómo a ellos les perseguían; como
a tí hermano: Les perseguían porque llevaban una verdad, y la verdad no
puede estar callada, ¡ha de hablarse! Por eso les perseguían, porque era la verdad.
¡Cuánto he visto en el mundo!, de almas que se llamaban buenos y luego
eran malos...; de muchos que se llamaban malos y luego eran buenos. De
almas que se mataban entre sí, de almas que no ayudaban a su prójimo.
Pero
ahora ha llegado el momento en el cual he visto que ya no solo lo veo en un
lugar, sino en todo el mundo. En todo el mundo ocurre lo que Yo os he dicho.
Y es triste, muy triste el contarlo, porque Yo lo he visto, y vosotros si
os fijáis a vuestros alrededores, también veréis que la maldad anda por ahí.
Es tan triste ver cómo al Dios Hijo lo azotaban en una columna y EL
daba mil gritos al aire. Y quién..., ¿quién escuchaba esos gritos?
Sólo Dios,
su Padre y Nosotros los Angeles. Es tan triste ver sus caidas, y triste ver cómo las almas le odiaban, le
ponían los piés para que cayera. Esa es la maldad, la maldad que empezó y
sigue aún; y nadie, nadie ha sabido retenerla.
Por eso Dios envía a
un Guerrero, un alma que sabe luchar
contra el mal y defender el bien. ¿Que ocurrió con Moisés? Lo mismo que ocurre ahora: A él querían
encerrarlo, porque su palabra era la verdad.
Y, ¿qué te ocurre a tí
hermano? Lo mismo, porque tu palabra es verdad.
La Palabra de Dios es grande..., muy grande, nadie puede hundirla. La de Satán,
o hecha por las almas, se hunde rápidamente.
Pero tú no tengas miedo por lo que oigas o lo que digan. Tú solo
escucha a tu Dios hermano, que EL es sólo y el
único REY del mundo, el que hace y deshace. Y no temas por este lugar,
porque Dios está aquí, y cuando Dios
está en un lugar, nada hay que temer.
Tú, predica la palabra..., una palabra
que la Madre te ha dado para que tú prediques. Sigue y no tengas miedo. ¡Pedidme hermanos!
PUBLICO: ¡Hermano!
El Hermano: ¡Díme!
PUBLICO:
¿Podemos dar testimonio, Hermano, de la Nueva Jerusalén que se
acerca al planeta Tierra? ¿Podemos decirlo
Hermano?
El
Hermano:
La NUEVA JERUSALEN está muy cerca, y eso ya se sabe. Cuando la
Madre lo ha dicho, se puede dar testimonio. Si la Madre o Nosotros no lo
hubiésemos dicho, no se podría dar testimonio. ¡Seguid pidiendo!
PUBLICO:
Hermano, tú sabes más que los humanos. Yo te pediría que nos digas
cómo podemos amar a nuestro Dios... ¿Qué podemos hacer para glorificarlo más
rápidamente?
El
Hermano:
Para amar más a Dios, hay que seguir amándole más, y no olvidarle en ningún momento, y olvidar las cosas terrenas que tanto dañan al
corazón.
¡Seguid pidiendo!
PUBLICO: ¡Hermano!
El
Hermano: ¡Díme!
PUBLICO:
Yo te quiero pedir ayuda y protección, y alerta siempre como has
estado con Jesucristo, para el Gran Guerrero, Hermano...
El
Hermano:
Al
Gran Guerrero nadie, nadie le va a dañar. Solo le perseguirán e intentarán
dañarle, pero delante de él hay una barrera puesta por Dios que
rechaza el mal perturbante de las almas..., de Satán.
¡Seguid pidiendo!
PUBLICO: ¡Hermano!
El
Hermano: ¡Díme!
PUBLICO:
Yo te doy las gracias como a los TRES anteriores Angeles, con la
protección que habéis hecho a mi hijo, y todo lo que le habéis enseñado, y
la protección que tenéis en nosotros y en todos los que a esta Tierra Santa
venimos, porque aquí se nota Hermano, vuestra protección.
El
Hermano:
Lo que a él le hemos enseñado Nosotros, los
cuatro Angeles
(1), es algo que él ha de usar cuando se vea en necesidad. Si él no se
puede defender, aquí estamos Nosotros, porque aunque él esté lejos de
aquí, Nosotros estamos con él, y aquí a la vez con vosotros.
Lo que Yo
quiero es que no temáis nada. ¡No tengáis miedo al hombre!,
porque el
hombre puede hablar mucho y actuar poco, pero vuestro Dios, lo que habla,
así actúa. ¡Seguid pidiendo!
PUBLICO: ¡Hermano!
El
Hermano: ¡Díme!
PUBLICO:
Hermano, si tenemos aquí a Dios y a vosotros... ¿Qué podemos temer
Hermano?
El
Hermano:
Hay muchos..., muchos hermanos vuestros y míos, que
temen al ser humano, que temen que dañen a su cuerpo, por eso Yo hablo. Si no, no hablaría. Pero sé que muchos de vosotros no teméis al hombre;
teméis a Dios, y con amor; y eso es lo que cuenta. ¡Seguid
pidiendo!
PUBLICO: ¡Hermano!
El
Hermano:
¡Díme!
PUBLICO:
Yo quisiera saber si vosotros véis al Padre Celestial..., ¿lo
podéis ver Vosotros?
El
Hermano:
Yo
veo al Padre Celestial, pero ningún humano puede verlo. Cuando un
alma muere y Dios le llama, ese alma ha pasado a otra vida, ya ve a su Dios, pero Yo no
te diré cómo es ÉL, porque ÉL es Luz inmensa.
¡Seguid pidiendo!
PUBLICO: ¡Hermano!
El
Hermano: ¡Díme!
PUBLICO:
Yo te voy a preguntar... Si un alma sale a la calle y no vuelve a su casa
porque otra alma ha acabado con él... ¿Cómo son esas almas ante EL, cómo
van, llegan hasta el Padre?
El
Hermano: Porque
han sido engañadas, pueden llegar hasta Dios. Cuando un alma engaña a otra
alma, y esa alma es buena..., la que ha sido engañada, al final llega a
Dios. ¡Seguid pidiendo!
PUBLICO: ¡Hermano!
El
Hermano: ¡Díme!
PUBLICO:
Hermano, tengo mucho interés por una pregunta que la he puesto en práctica y
creo que es buena, pero quiero que me la confirmes Hermano:
«Si un alma de los que no creen en Dios, que desgraciadamente son muchos, se
atreviese a ofrecer su vida a cambio de salvar su alma, aunque sea un alma
pecadora, ¿Dios
Padre concedería ese cambio, de ofrecer su vida a cambio de su alma?»
El
Hermano:
Yo
ahí ya no te he de decir nada. Cuando oigas hablar a la Reina..., pregúntale
a Ella. ¡Seguid pidiendo!
PUBLICO: ¡Hermano!
El
Hermano: ¡Díme!
PUBLICO: (Piden varios a la vez; no se entiende.)
El
Hermano: Yo
os voy a pedir a vosotros ahora:
-Que
no os alejéis nunca de este lugar, porque vienen momentos difíciles en los
cuales muchos seréis perseguidos.
-Que
no os olvidéis de lo que Yo, y estos tres Hermanos
(1) vuestros
y míos os hemos hablado en esta semana.
-Que no os olvidéis de lo dicho porque todo es importante. Oidlo una y otra
vez y recordadlo siempre, ¡siempre!
-Nunca os olvidéis de nuestra palabra y de nuestros Nombres.
Que el Señor quede con vosotros
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El
Hermano: Adiós
hermanos.
PUBLICO: Adiós hermano.
El
Hermano: Adiós
hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
Padre Eterno:
Adiós
hijos.
PUBLICO: Adiós Padre.
La Madre:
Adiós
hijos.
PUBLICO: Adiós Madre.
El Maestro: Adiós
hijos.
PUBLICO: Adiós Maestro.
El
Hermano: Adiós
hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
El
Hermano:
Que la Paz del Señor Yahvé, la fuerza del Guerrero y
la voluntad nuestra, de los Angeles quede con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El
Hermano: ¡Ave
María Purísima!
PUBLICO: Sin pecado con cebida.
El
Hermano:
¡No os olvidéis nunca de Nosotros! Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
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(1)
Los
cuatro Angeles que protegían al vidente daban periódicamente
mensajes relacionados. Esta vez fueron
3.7.1989;
4.7.1989;
5.7.1989; y
6.7.1989.
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«Aquél que con devoción rece mi
plegaria hijo mío, Yo le acompañaré,
como bien tengo prometido, en los momentos de soledad, y Yo vendré a
recoger su alma en el momento de su muerte.»
-22.7.1991
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