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CAPÍTULO VIII
LA PARTIDA
01.-
El primer hospital
02.-
La partida.
03.-
La marcha hacia Cajamarca.
04.-
La ruta según el Dr. Miró Quesada.
05.-
Los españoles en Pabur.
06.-
La misión de Soto a Caxas.
07.-
La ciudad de Caxas.
08.-
Soto en
Huancabamba
09.-
Los obsequios de Atahualpa.
10.-
La ubicación de Caxas.
11.-
Pizarro en Lambayeque.
12.-
El dilema de Pizarro.
13.-
¿Quién fue Maizabilca?
14.-
Martinillo y Maicabilca
11.-
Pizarro en Lambayeque
Pizarro y sus huestes salieron de Serrán y durante tres días
marcharon por el despoblado de Olmos padeciendo por la sed.
Sin embargo, por esta época del año, la temperatura era más fresca,
los ríos tenían poco caudal y no había lluvias en la costa, con
frecuencia. Por eso llama la atención que los españoles dijeran que
tuvieron que atravesar un río caudaloso.
De acuerdo con la versión que da el historiador Juan J. Vega,
acompañaban a Pizarro, Huacha Puru, uno de los más importantes
caciques tallanes, lo mismo que Xancol Chumbi, curaca de Reque, que
había ido hasta San Miguel para ponerse a las órdenes de Pizarro,
pero que poco después sería asesinado por indios partidarios de
Atahualpa. Esta aseveración del Dr. Vega es contradicha por otros
historiadores, que aseguran que el asesinado fue el curaca de
Collique.
El tropel mandado por Pizarro, era bastante numeroso, pues no sólo
lo formaban españoles y negros esclavos, sino también indios
nicaraguas, cañaris y una gran cantidad de tallanes, estos últimos
llevando a sus señores en hamacas.
Al fin llegan a Copis que según Raimondi corresponde al actual
pueblo de Olmos, al que encuentran casi desierto. El curaca no
estaba y la fortaleza se encontraba abandonada. Los españoles no
pudieron conseguir víveres y lograron muy poca agua. Tras de
descansar algunas horas, reanudaron la marcha por la noche. Recién
Pizarro sale del territorio tallán, ingresando a lo que en el pasado
fue territorio mochica.
Llegaron a Motux o Motupe, valle muy fértil en donde permanecieron
cuatro días. El curaca con 300 hombres estaba como rehén de las
fuerzas de Atahualpa en Huamachuco. El arribo se produjo el 23 de
octubre, Pizarro fue bien recibido por los naturales, en cuyo pueblo
había signos de destrucción causada por las tropas del inca invasor,
que había recorrido el valle castigando a los naturales por su
adhesión inicial prestada a Huáscar. En un templo ubicado en parte
alta y rodeado por una muralla, los españoles llegaron a comprobar
con horror, que se hacían sacrificios de niños.
Pizarro había estado avanzando con suma prudencia. Se podía decir
que antes de dar un paso, obtenía información anticipada del
territorio donde iba a llegar en forma inmediata y también de la
exacta ubicación y poderío del ejército de Atahualpa. Para evitar
cualquier sorpresa, dividió a su pequeña fuerza en dos partes y él
tomó el mando de la vanguardia. El capitán Salcedo asumió el mando
de la retaguardia, como maese de campo
Siguieron por el camino del inca que recorría la costa por esos
valles. Todo era exacto como años más tarde lo narraría Cieza de
León. Es decir que los caminos eran amplios y cómodos, flaqueados
por tapiales y con mucha sombra a causa de los árboles que habían
plantado a cada lado del mismo. Más tarde los españoles estuvieron
pasando por valles llenos de verdor y muy productivos.
El próximo lugar al cual arribaron fue Callanca (Jayanca), cuya
población presentaba también mucha destrucción. Fueron recibidos muy
cordialmente por el curaca Cauxusoli. En este lugar, hasta los
templos estaban en ruinas y con toda franqueza el viejo jefe se
declaró enemigo de Atahualpa. Contó también a Pizarro que estaba en
camino el principal curaca de la región, el señor de Collique, que
era Xecfuin Pisan, el que sin embargo jamás llegó a encontrarse con
Pizarro por haber sido asesinado en el viaje.
En Collique que es el actual Lambayeque Pizarro se enteró que
Xecfuin Pisan había sido un decidido partidario de Huáscar, por cuyo
motivo fue muy maltratado por las huestes de Atahualpa en tal forma
que con los huesos quebrantados, no podía caminar. Al conocer la
proximidad de los españoles y que los mismos pregonaban su adhesión
a Huáscar, decidió salir a su encuentro no obstante lo postrado en
que estaba y se hizo transportar en una litera, pero en pleno viaje
y cuando había hecho un alto para descansar, irrumpió en su
campamento un grupo de indios enemigos, prendiendo fuego a su tienda
de campaña dentro de la que murió quemado vivo.
El historiador Juan José Vega, llama a este curaca Chestan Xecfuin,
pero ese nombre corresponde más bien a la madre del curaca
asesinado. Así se puede apreciar en la fuente de información, que es
el cronista Cabello de Valboa.
Es en este lugar y no se ha podido precisar bien si antes de
ingresar a Collique fue que Pizarro se detuvo ante un río que según
los cronistas tenía abundante agua. Se supone que haya sido el río
Lambayeque, pero en setiembre y octubre no tiene apreciable caudal.
Lo que más alarmó a los españoles, fue que al otro lado del río
habían nutridos grupos de indios, que no se sabía si estaban en
actitud hostil o de simple curiosidad. Por la noche, Hernando
Pizarro pasó con un piquete el río a nado y se posesionó de una
cabecera de playa. Pero los indios tan pronto vieron acercarse a los
españoles huyeron. A la mañana siguiente se hizo un puente de
pontones con árboles de la región y todos pasaron sin novedad.
Hernando dio una batida contra los indios y capturó a uno que
parecía destacar entre los demás, sometiéndolo a interrogatorio,
pero se negó a responder, por lo que le aplicó tormento. Gracias a
eso se pudo conocer que Atahualpa había estado en la ciudad
fortificada de Huamachuco, pero que al conocer el avance de Pizarro,
había retrocedido nuevamente a Cajamarca. Sin embargo, otros
indígenas afirmaban que el inca aún se encontraba en Huamachuco. Eso
hizo entrar en dudas a Pizarro, que resolvió conocer con precisión
donde se encontraba Atahualpa.
Llegaron luego los españoles a Cinto, en la actual Chiclayo, en
donde Pizarro descansó cuatro días. La destrucción de esta población
era casi total y se notaba que hubo ensañamiento de parte de los
soldados de Atahualpa. El curaca que había estado escondido,
apareció al saber la llegada de Pizarro y se presentó donde él.
El 80% de la población había desaparecido en la lucha, y en los
traslados en masa a Cajamarca para servir de mitimaes y las mujeres
como concubinas de los soldados del Inca invasor. |