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CAPÍTULO XI
El Traslado a Pirhúa
01.- Alvarado y Almagro
en San Miguel.
02.-
Juicio secreto contra Alvarado.
03.-
La fundación de puerto Viejo.
04.-
El traslado de la gobernación a Piura.
05.-
De San Miguel a Piura, según don Víctor Eguiguren.
06.- El ocaso de un imperio.
07.-
El proceso de afianzamiento.
08.-
Pizarro y Alvarado.
09.-
La gobernación de Nueva Toledo.
10.-
Trágica muerte de Felipillo.
08.-
Pizarro y Alvarado
A fines de diciembre de 1534 se habían reunido en Pachacamac,
Pizarro, Almagro y Alvarado. El encuentro entre los dos grandes
conquistadores fue, cuando menos en apariencia, muy cordial Pizarro
cumplió con dar a Alvarado el monto al cual se había comprometido en
Riobamba su socio Almagro.
El 1ro. de enero de 1535, en el pueblo y puerto de Lima, se suscribe
la carta de pago en favor de Alvarado. En ella se expresa que se
vende la armada de navíos que había hecho para el mar del Sur; y hay
que recalcar que la venta se hace al “muy magnífico señor, el
comendador don Francisco Pizarro, gobernador y capitán general de
esta provincia de la Nueva Castilla y al señor mariscal don Diego de
Almagro, su compañero”.
Esta aclaración es necesaria por que don Raúl Porras Barrenechea, al
tratar de ese asunto no desaprovecha la oportunidad para denigrar a
Almagro o poner a Pizarro como víctima, diciendo que comprometió en
forma personal su hacienda y la de sus descendientes al tener que
pagar él, la exorbitante suma, mientras que su socio Almagro se
quedaba con la mitad de todo lo pagado, por haber ganado en el naipe
a Alvarado.
Lo cierto es que fueron los dos socios, los que resultaron
comprometidos con el pago, y eso como era lógico lo iban a financiar
con los mismos hechos de la conquista, es decir que en última
instancia era el Perú incaico el que pagaría. Manifiesta el
historiador Raúl Porras que se tuvo que tomar en préstamo 30,000
pesos destinados al rey, y que años más tarde la corona cobraría a
la hija de Pizarro esa suma, tras acusar al conquistador por robo.
Culpa de Pizarro fue sin duda el no reponer esa suma, porque él era
el gobernador de Nueva Castilla, y posteriormente al pago hecho en
Lima, tuvo muchas oportunidades Pizarro de reponer de las arcas del
tesoro de Nueva Castilla y no de su propio peculio, la suma
prestada, pues el Perú siguió siendo una fuente de envío de oro a
España por muchísimos años. Tampoco hubo diferencia entre lo que era
la economía pública de la gobernación de Nueva Castilla y la
economía privada de Pizarro.
En cuanto a las grandes ganancias que se dice logró Almagro en el
juego de naipes con Alvarado, es sólo un decir, pues todos los
historiadores están de acuerdo en que al ser ajusticiado el socio de
Pizarro estaba pobre, y su hijo quedó en la mayor miseria.
Algo que hay que precisar, es que el pago que se hizo en Lima no fue
de 100,000 castellanos como estaba estipulado en el acuerdo de
Riobamba, sino de “cien mil pesos de buen oro” de 510 maravedis cada
peso.
Como hemos dicho antes, las monedas antiguas tenían valores
cambiantes al igual que ahora cuando se hace el cambio con monedas
fuertes. Normalmente el castellano equivalía a 490 maravedíes y el
peso de oro a 510 maravedisis. Fue por lo tanto necesario que en la
carta de pago se precisara que la cotización era de 450 maravedíes,
lo que era un caso especial.
La venta era por la armada y si nos atenemos a los barcos de
Porto Viejo era sin duda mucho dinero; pero es que tras esa venta
venía la renunciación de Alvarado a seguir actuando en el teatro de
operaciones que se habían reservado Pizarro y Almagro, también
significó la transferencia de cerca de 400 soldados y 200 caballos y
aunque eso no se dijo en la carta de pago, por cuanto los soldados
eran libres de ir donde quisieran, a la postre se quedaron con
Pizarro.
Pizarro en ningún momento creyó que Almagro se había excedido en el
pago ofrecido, como lo dice el Dr. Porras, porque al contrario,
estuvo tan contento que “indemnizó” a Alvarado por los gastos hechos
en el sostén de su tropa y le entregó adicionalmente 20,000 pesos, y
una buena cantidad de esmeraldas turquesas y vasijas de oro.
Se suponía que los soldados y sus armas y caballos no podían entrar
en los cálculos de venta, porque eran libres de ir donde quisieran y
por eso se escogió lo único que era vendible: los navíos. Pero la
tropa, sin los navíos, sin el jefe que los comandaba y con muchos de
los capitanes ganados por Almagro en Riobamba, no tenían otra salida
que plegarse a los nuevos jefes, es decir Almagro y Benalcázar.
Por eso, la tropa no participó de los beneficios de la venta, pero
no pudo librarse del mote de “vendidos” que le endilgaron los
españoles que antes ya se encontraban en el Perú.
Alvarado en cierto momento hizo conocer a Pizarro que en la
transferencia no estaba el ejército y pidió que le fuera devuelto
para ir a conquistar los territorios ubicados al sur de la
gobernación de Nueva Castilla.
Por entonces no se conocía que el rey había otorgado esa concesión a
Almagro con el nombre de Gobernación de Nueva Toledo, pero sí se
sabía que, la estaba gestionando y había que suponer que lo
lograría.
Dice el Dr. Raúl Porras, que la “lealtad de Pizarro hacia su turbio
socio de Panamá, predominó en todo” y rechazó el pedido demandando
que se cumpliera fielmente lo pactado en Riobamba.
Lo cierto era que Pizarro temía la tremenda ambición y el gran
prestigio de don Pedro de Alvarado, por cuyo motivo, tan pronto como
cumplió con pagarle lo invitó muy cortésmente a dejar su gobernación
a la brevedad posible. Fue así como dio instrucciones al piloto de
la nave para que regresase a Alvarado a su sitio de partida, con
instrucciones de no permitirle desembarcar ni siquiera en Panamá, ni
que lo acompañase un séquito que pudiera ser la base de la formación
de un nuevo ejército dentro del territorio de Nueva Castilla o en
sus proximidades.
Sin embargo, no se sabe si fue a causa que la nave tuvo necesidad de
algún abastecimiento, pero lo concreto es que Alvarado estuvo en San
Miguel el 15 de enero de 1535.
Hay quien dice, pero no es creíble, que Alvarado viajó de Lima a San
Miguel por tierra y desde allí tomar un navío, porque en Lima no los
había. Posiblemente recién entonces se enteró, del juicio secreto
que le había instaurado Almagro. Movido Alvarado por una buena dosis
de rencor, desde esta ciudad, escribió al rey quejándose de Almagro
y de Pizarro y asegurando que en la empresa para conquistar Quito
había tenido 600 muertos, lo que sin duda alguna es una gran
exageración, el Dr. Raúl Porras da la cifra de 85.
Esta carta la envió a España con López de Idiáquez que iba llevando
mensajes de Pizarro y Almagro al rey, relacionados precisamente con
los pagos hechos a Alvarado.
La disposición dada por Pizarro de que no tocase en ningún punto de
su gobernación, no fue obedecida pues de San Miguel de Tangarará
pasó Alvarado a puerto Viejo en Marzo, según una carta que envió al
rey desde Nicaragua el 12 de mayo, en donde le cuenta haber estado
nada menos que dos meses por aquellos lugares, es decir hasta
comienzos de marzo de 1535. Puerto Viejo en esa fecha estaba bajo el
control del capitán Francisco Pacheco. |