BREVE HISTORIA DE PIURA  -  TOMO II

LA CONQUISTA EN PIURA

Reynaldo Moya Espinoza

Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPÍTULO XI

El Traslado a Pirhúa

 

01.- Alvarado y Almagro en San Miguel.

02.- Juicio secreto contra Alvarado.

03.- La fundación de puerto Viejo.

04.- El traslado de la gobernación a Piura.

05.- De San Miguel a Piura, según don Víctor Eguiguren.

06.- El ocaso de un imperio.

07.- El proceso de afianzamiento.

08.- Pizarro y Alvarado.

09.- La gobernación de Nueva Toledo.

10.- Trágica muerte de Felipillo.

 

01.- Alvarado y Almagro en San Miguel

Para sellar el acuerdo amistoso, Almagro perdonó la deslealtad de Felipillo y logró también que Alvarado perdonase a Picado. Pocos años más tarde, mal iban a pagar ambos al generoso don Diego, haberles salvado la vida.

Almagro era sin duda un hombre impulsivo y violento pero generoso en extremo, lo cual le hizo muy querido por sus soldados y le permitió ganar adeptos.

En Quito dejó Almagro una fuerte guarnición al mandato de Benalcázar. La ciudad serrana iba a progresar rápidamente, a la inversa de lo que sucedió con San Miguel.

Con tan poderosas fuerzas, creyeron Almagro y Alvarado que el camino de retorno a San Miguel estaba libre, pero no contaron con el otro general indio, el infatigable Quizquiz, que negándose a darse por vencido, les cerraba el paso, presentando nuevas batallas con nuevas fuerzas que había logrado rehacer al sur de Riobamba.

El ejercitó español se dividió en dos grupos. Uno de vanguardia al mando de Alvarado y el otro dirigido por Almagro.

Grupos de indios hacían guerra de guerrillas y de hostigamiento. Quizquiz había sacado la mayor parte de sus fuerzas de la región de Huancabamba y del norte de Cajamarca, reuniendo a los dispersos del otrora poderoso ejército de Atahualpa. Con esos contingentes se dirigió al reino de Quito pasando por el territorio hostil de los cañaris. Su intención era unirse a Rumiñahui, para dominar el reino de Quito; pero la derrota del otro general indio, lo obligó a cambiar totalmente sus planes y sin acobardarse insistió en buscar a los españoles para darles batalla. Uno de sus lugartenientes, el general Socta-Urco, trató de cortar el camino a la vanguardia de Alvarado en la localidad de Caparra, pero fue vencido y capturado, y luego ejecutado. Ante ese descalabro Quizquiz cambió de táctica y en lugar de dar grandes batallas frontales, inició contra los invasores una guerra de desgaste y de hostigamiento, logrando matar 14 españoles al Mariscal, mientras otros agrupamientos indios al mando de Huayna Poicón, atacaron a Almagro ocasionándole también numerosas pérdidas. Los españoles decidieron reiniciar la ofensiva y con la caballería perseguían a los indios apreciables distancias, los cuales tras de cruzar un río lograron ganar las alturas de la cordillera desde donde lanzaban galgas a los españoles matando a 53 de ellos así como una gran cantidad de caballos. Esto fue sin duda un grave descalabro para los españoles, pero los ejércitos de Quizquiz tuvieron que enfrentar también a los vengativos indios cañaris, que sí operaban con soltura en ciertos terrenos donde los peninsulares tenían dificultades. Eso dio como resultado que las huestes de Quizquiz se vieran grandemente mermadas. El infatigable guerrero indio se retiró con su maltrecho ejército a un lugar donde suponía podía reorganizarlo, porque además llegó a conocer que las fuerzas españolas estaban evacuando la región y creyó más prudente dejarlas salir sin desgastarse, para luego atacar a Benalcázar que contaba con pocos hombres y estaba casi aislado en Quito.

No fue del mismo parecer Huayna Poicón, que deseaba seguir atacando a los españoles. Esta discrepancia dio origen a una reyerta entre los dos jefes indios como consecuencia de la cual Quizquiz fue atravesado con un dardo. De esta forma murió el último de los grandes generales de Atahualpa, es decir que en poco tiempo fueron desapareciendo los principales protagonistas de la lucha fratricida del imperio.

Podríamos decir que Quizquiz muere cuando las posibilidades de triunfar se le presentaban inmejorables. En realidad Huayna Poicón no representó mayor obstáculo para los españoles.

No teniendo ya ningún problema por delante, las fuerzas de Almagro y Alvarado prosiguieron su marcha a San Miguel a donde llegaron a fines de setiembre de 1534.
El arribo de tan numerosos contingentes causó verdadera conmoción en la pequeña ciudad. Jamás se había visto en ella tan gran cantidad de soldados y caballos, ni a tantos y tan brillantes capitanes. Entre ellos venía Garcilaso de la Vega que posteriormente se casó con una princesa india y fuera padre del cronista Garcilaso Inca de la Vega. También llegó el capitán Juan Saavedra que años más tarde tomaría parte en la última fundación de Piura. Otros más que hicieron su arribo a Piura serían Juan de Rada que sería amigo fiel de Almagro hasta la muerte y participaría en el asesinato de Francisco Pizarro; García Holguín, Gómez de Estacio que tuvieron participación destacada en la guerra civil. Los hermanos Gómez, Diego de Alvarado, Lope de Idiáquez, Juan Enrique de Guzmán, Alonso de Alvarado, Luis de Moscoso, Mateo Lescano, Pedro Añazco, Francisco Morales, Antonio Ruiz de Guevara; Rodrigo Chávez, Francisco Calderón, Miguel de la Serna, Juan de Ampudia, Sancho Carrera, Diego Pacheco y otros más.

Almagro envió desde San Miguel una carta a Francisco Pizarro con Diego de Aguero haciéndole conocer el feliz acuerdo logrado con Alvarado, y le pedía que tuviera listo el dinero o mejor dicho el oro para hacer el pago. Pizarro había estado en Jauja y ante el peligro de la expedición de Alvarado, dejó todo y bajó a la costa, ubicándose en Pachacamac en espera de los acontecimientos y preparándose para actuar si fuese necesario. Cuando Pizarro supo el epílogo, se alegró enormemente y aprobó todo lo hecho por su socio.

Algunos ex-oficiales de Alvarado, aseguraron a Almagro que la escuadra y bastimentos que habían sido transferidos por 100,000 ducados de oro, sólo valían en realidad 30,000.
Eso sin duda, mortificó mucho a Almagro, y se sintió un tanto estafado y que había sido aprovechado, pero se serenó al pensar que bien valía pagar esa suma para evitar una guerra desastrosa y de graves consecuencias entre los españoles. Pero en realidad no se trató solo de los barcos, sino que tras ellos se sumó todo el ejercito de Alvarado que no tenía más alternativa que seguir con Almagro.

Por lo tanto y en vista de que todo había sido legalmente hecho, no cabía volverse atrás, ni pedir rebajas a la hora undécima, resolviendo seguir adelante y con tal fin comisionó el 3 de octubre de 1534 a los capitanes García Holguín, Diego de Mora y Hernando de Cobra, para que se trasladasen a puerto Viejo en donde estaba anclada la escuadra de Alvarado y asumir el comando de ella, trayendo los barcos a Paita, en donde debían esperar nuevas órdenes. Esta disposición se dio en San Miguel.

Todo esto se hizo sin ningún contratiempo, pero el piloto Juan Fernández no quiso enfrentarse a Almagro, que como se recordará había dispuesto su ejecución por traición, y prefirió dirigirse a Pachacamac a solicitar directamente a Pizarro el perdón, como ya lo hemos dicho antes, lo cual obtuvo, porque el conquistador se sentía de muy buen talante con los resultados obtenidos.
Mientras tanto don Pedro de Alvarado y don Diego de Almagro en San Miguel, mataban el tiempo jugando a la baraja, vicio que estaba muy arraigado entre los conquistadores venidos a América.
El adelantado don Diego que era un hombre más diestro en los naipes ganaba siempre a su contrincante sin que eso le sirviera de escarmiento al Mariscal. Hay cronistas que aseguran que Almagro llegó a ganarle a Alvarado nada menos que 50,000 castellanos de los que iba a recibir por la venta de la armada.

En ese tiempo las deudas de juego eran muy respetadas, y los españoles llegaban con frecuencia a jugar y perder en una sola noche grandes fortunas, logradas en las acciones de guerra, como ocurrió con el ex vecino de San Miguel, Mancio Sierra Leguízamo que perdió el Sol de Coricancha que le había tocado en el reparto de los tesoros del Cuzco y que aún no se lo habían entregado. De ahí nació el refrán de “jugar el Sol por salir”. Así también Alvarado jugó y perdió casi la mitad de la enorme suma que recién debía recibir en Pachacamac.

Si este episodio de las ganancias de juego de Almagro, fuera rigurosamente cierto, él hubiese resultado el más beneficiado con la expedición de Alvarado, pero era bien conocida su costumbre de perdonar o rebajar las deudas de juego; porque posteriormente no se pudo apreciar en Almagro, lo que ahora se llaman signos exteriores de riqueza.

Don Diego de Almagro en los dos meses de permanencia en San Miguel, se mostró muy activo en preparar todo lo relacionado con el traslado del Gobierno de la ciudad, al sitio indígena denominado Pirhúa. Almagro envió a ese lugar a 150 soldados muchos de ellos hijosdalgo. Con eso, disminuyó el exceso que por el momento tenía de soldados San Miguel.

En realidad, parece que esa labor de transferencia de San Miguel a Pirhúa fue un proceso gradual que se inició desde el momento en que Almagro arribó enviado por Pizarro para resolver el problema creado por la partida de Benalcázar al reino de Quito sin autorización.

En efecto, cuado Almagro llegó en abril de 1534 a San Miguel, el cabildo envió una carta al rey en donde le decía: “Queda la tierra pacificada y el gobernador poblando y para reformar esta ciudad y provincias comarcanas ha venido Almagro, ahora nuevamente aquí”

Esta carta del 20 de abril ya se hablaba que Almagro va a reformar la ciudad, porque en realidad los mismos vecinos se lo habían pedido.

Pero como se recordará, Almagro que había tenido la audacia de pretender ingresar al reino de Quito casi solo, tuvo que retornar ante la resistencia que le hacían los indios que obedecían a Rumiñahui. Fue así como el 8 de mayo escribía el adelantado al rey, haciéndole conocer que partía para Quito por disposición de Pizarro.

Es posible que el viaje a Quito lo hiciera Almagro dos días más tarde de enviar esta carta, pero a fines de mayo ya estaba retornando, viéndose entonces obligado a actuar con mayor cuidado, lo que fue facilitado a causa de que estaba llegando más gente de Panamá a San Miguel, lo que le permitió formar pronto una fuerza expedicionaria.

      Batalla de Riobamba

        Que el general indio Quizquiz perdió contra Almagro

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