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CAPÍTULO XI
El Traslado a Pirhúa
01.- Alvarado y Almagro
en San Miguel.
02.- Juicio secreto contra Alvarado.
03.- La fundación de puerto Viejo.
04.- El traslado de la gobernación a Piura.
05.- De San Miguel a Piura, según don Víctor Eguiguren.
06.- El ocaso de un imperio.
07.- El proceso de afianzamiento.
08.- Pizarro y Alvarado.
09.- La gobernación de Nueva Toledo.
10.- Trágica muerte de Felipillo.
02.-
Juicio secreto contra Alvarado
Don Raúl Porras Barrenechea por el notorio afán de destacar la
figura de don Francisco Pizarro por el cual sentía realmente
devoción, no desperdicia la oportunidad para denigrar siempre en la
peor forma a Almagro.
Con ocasión del juicio secreto que el adelantado siguió contra
Alvarado en San Miguel a lo que llama doble juego; hace resaltar la
perfidia y doblez de Almagro mientras que en forma ostensible
Almagro mostraba amistad a su huésped, al que al mismo tiempo
indisponía ante el rey.
Sin pretender justificar lo injustificable como era la conducta
verdaderamente criticable que estaba siguiendo Almagro, podíamos
decir que eran males de la época y que en su oportunidad hicieron lo
mismo Alvarado y Pizarro.
Por otra parte y como se podrá apreciar se prestaron a ese juego
poco noble, capitanes de mucho prestigio y seriedad y también
religiosos.
No faltaron personas que indispusieron a Almagro ante Pizarro,
haciéndole creer en la posibilidad de un entendimiento secreto con
Alvarado y aunque Pizarro en forma pública rechazó tales
acusaciones, no cabe duda que en su interior volvió a renacer la
sospecha. Mientras tanto desde San Miguel, Almagro escribía al
emperador Carlos V el 15 de octubre, haciendo una serie de
acusaciones contra Alvarado. La chismografía, es sin duda un vicio
nacional de España, que como maldita herencia se trasmitió a quienes
somos descendientes de la madre patria con el mestizaje
iberoamericano.
Parece que en el trayecto de Riobamba a San Miguel, algunos de los
oficiales de Alvarado contaron a Almagro, las primeras intenciones
que había tenido don Pedro, lo cual hizo nacer recelos en el ánimo
de Almagro y también temor de que su nuevo socio en cualquier
momento pudiera dar un golpe de mano.
Felizmente para Almagro, los oficiales de Alvarado no eran muy
devotos de su jefe por ser éste un hombre atrabiliario, abusivo y
muy difícil de tratar. Por otra parte, a un buen número de ellos se
les había incorporado casi a la fuerza, pues originalmente
pertenecieron a las expediciones que para Pizarro preparaban los
capitanes Gabriel Rojas y Luis Dávila.
Don Ricardo Vegas García, en el Prólogo del “Libro del
cabildo de la
ciudad de san Miguel de Piura”, hace conocer que ante el teniente
gobernador don Juan de Soto, declararon, contestando 29 preguntas,
los siguientes conquistadores:
Blas de Atienza, el bachiller Pedro Bravo, Antonio de Picado,
Vicente Béjar, Bernardo Ramírez, Diego de Biedna, el clérigo
Bartolomé Segovia, Juan Gonzáles de la Cueva Alonso Téllez Girón,
Francisco Luis de Alcántara, Juan Martín, Inar del Valle, Hernando
Valera, Alvaro Alonso, Francisco de Villacastín, Juan de Avendaño,
Juan del Valle y el alcalde Andrés Durand.
El acta fue redactada con el fin de ser enviada al rey de España, lo
que en efecto hizo Almagro tres días más tarde. Por lo tanto resulta
un poco difícil creer, lo que supone Ricardo Vegas García, que
“Almagro deslealmente manda a levantar una información en esta
ciudad contra Alvarado, con el avieso fin de evadir el pago de la
indemnización prometida solemnemente en el convenio de Riobamba. Si
tal cosa hubiera deseado en realidad Almagro, no hubiera perdonado
al Mariscal la cuantiosa deuda de juego que le tenía, ni hubiera
puesto posteriormente tanto interés en que Pizarro cumpliera con el
pago.
Los testigos llamados para declarar fueron 18, pero lo hicieron sólo
14, no sabiéndose el motivo por el cual no se tomó testimonio a los
otros cuatro que se encontraban en San Miguel. Entre el 12 y el 15
de octubre se cumplió el proceso de información, y de inmediato
Almagro solicitó copia autenticada del mismo y lo envió al rey de
España. Lo que más llama la atención es que en una localidad tan
pequeña como San Miguel, y en un proceso en que en total intervenían
mas de 20 personas entre testigos y actuarios, pudiera mantenerse
tanta reserva como para que el asunto no llegase a conocimiento de
Alvarado o de alguno de sus fieles, sobre todo en un pueblo en donde
los rumores estaban a la orden del día.
Don Raúl Porras Barrenechea asegura que Almagro con el pretexto de
disponer todo lo necesario para el traslado de la ciudad, se llevó
una gran cantidad de soldados al otro valle y también a don Pedro de
Alvarado al cual distraía jugando a los naipes.
El interrogatorio constaba de 29 preguntas, pero era una la
principal y seguramente destinada a justificar ante Pizarro, la suma
tan elevada, que Almagro había pagado por la escuadra surta en
puerto Viejo, La pregunta insinuaba también la respuesta y se
refería a la forma como Almagro accedió en pagar a Alvarado por
pacto firmado en Riobamba, la cantidad de 100,000 castellanos, no
obstante saber que la escuadra que era el motivo de la venta sólo
valía entre 20,000 o 30,000 castellanos, pues de lo que se trataba
era de evitar un enfrentamiento y comprar la Paz.
De la docena de barcos con que inicialmente partió la fuerza de
Alvarado, sólo habían en puerto Viejo la mitad, o sea un galeón y
cinco embarcaciones diversas, pues las otras habían retornado a
Panamá para ser totalmente reparadas o se habían perdido.
Hay que hacer hincapié que en el documento de Riobamba se habla de
castellanos, pero que al momento del pago se hablará más bien de
pesos en oro.
Don Juan Paz en “Piura en la Conquista” se ocupa ampliamente de este
juicio secreto.
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