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trasgos son una raza de seres muy pequeños. Algunos son malignos,
rehuyen el trabajo y sólo quieren divertirse, y otros en cambio
son muy diligentes, industriosos y colaboran con los mineros. Algunos
son domésticos y otros viven en contacto con la naturaleza
dedicados a sus tareas.
Cuando los trasgos son malignos, son realmente de temer: ladrones
y desconsiderados, algunas veces toman la forma de algún animal
para
destruir el trabajo y las propiedades de los humanos. La noche del
primero de noviembre, víspera del día de los Difuntos,
suelen acompañar a los muertos en sus lúgubres huestes
de espectros que salen de las tumbas.
Pero no todos son así, los trasgos domésticos se suelen
acomodar a la vida de la casa en la que viven, aunque les encanta
asustar a los habitantes, sobre todo a los niños, con ruidos
extraños, silbidos y golpes.
No les gusta demasiado el trabajo y prefieren la vida regalada y
el jolgorio. Algunos viven en casas abandonadas, muy apropiadas para
sus correrías y travesuras nocturnas, donde los humanos no
van a importunarlos y pueden alborotar con sus gritos y entregarse
al ruido y a la bulla sin límites. Duermen y descansan por
el día, para recuperar fuerzas para el jolgorio nocturno. Se
desvanecen antes de las primeras claridades del día, ya que
la luz del sol es fatal para ellos.