os gnomos son espíritus de la tierra y de las montañas. Son pequeñas criaturas dedicadas al trabajo en las minas y al cuidado de los tesoros escondidos. Pertenecen sobre todo al folclore nórdico, aunque se han extendido por toda Europa.

No pueden salir a la luz del sol, porque se convierten en piedras. Si el amanecer los encuentra a la intemperie, buscan rápidamente lugares a la sombra, donde permanecen aterrados durante todo el día, ya que no temen sólo a la claridad, sino también a los humanos.

Por las noches andan libres y ligeros por las pendientes de los riscos y por las hendiduras de las rocas, corriendo, brincando y cantando como pequeños grillos, en busca de pepitas de oro, que suelen acumular a la entrada de la cueva en cuyo interior tienen su morada.

A quienes quieren acercarse a los gnomos, éstos se les presentan como enanos viejecitos, apariencia típica de los elementales vinculados a la tierra. Se puede llegar a establecer con ellos una relación amistosa, pero teniendo muy en cuenta algunas sencillas normas de convivencia. Por ejemplo, siendo los gnomos muy cuidadosos con sus cosas, si alguien, voluntaria o involuntariamente, se queda con algo que les pertenece, una herramienta, una prenda, un cayado, sin duda ellos recuperarán inmediatamente el objeto perdido o robado, y convertirán a quien lo tenga en carbón o en piedra.


Con frecuencia a los trows se les ve ejecutando una extraña danza sesgada llamada Henking.


En Shetland, hay un gnomo al que se le denomina trow. Las gentes no quieren hablar de ellos y evitan verlos, porque trae mala suerte. En cambio, oir sus voces es un buen augurio. Se cuenta que, como otros genios, descienden de los antiguos trolls germánicos, que eran gigantes horribles y maléficos. Con el tiempo se fueron empequeñeciendo hasta convertirse en lo que después llegaron a ser: enanos feos, vestidos de gris, que huyen de la luz solar. Parece, según dicen algunos, que estos gnomos tienen un gusto especial por la música, y la disfrutan como intérpretes y oyentes.

Aunque la gente les tiene miedo, cuando alguien logra hacer amistad con ellos, son afectuosos y serviciales. Se cuenta que un gnomo, llamado Broonie, cuidaba los campos y rebaños de una región. Era muy servicial, atendía cultivos y animales y repartía bondades entre todos. Las mujeres del pueblo, viendo que todo el día estaba expuesto al aire frío, sólo cubierto con unos harapos grises, le regalaron una capa y una capucha, y el gnomo, ofendido, desapareció para siempre. Es que a los gnomos, como a los trasgos y a algunos duendes, no les gusta que les regalen ropa. Tienen sus costumbres, sus ideas, y hay que respetarlas...



Algunas imágenes son propiedad de Brian Froud, para visitar su página web: www.worldoffroud.com, otras son propiedad de Manuel Díez.
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