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Magia tiene que ver con la sabiduría, pero no con la sabiduría
del entendimiento, sino con todo aquello que los seres humanos perciben
acerca de los secretos de la vida, de la naturaleza en medio de la
cual han vivido los pueblos casi de forma exclusiva hasta que empezaron
a formarse y a crecer las grandes ciudades, y de la inmensidad estremecedora
del cosmos que nos rodea con su misterioso silencio.
Hubo tiempos en que el ser humano estaba vinculado a la naturaleza
hasta tal punto que sabía descifrar multitud de mensajes, porque
conocía el lenguaje de la tierra y sus criaturas, del viento,
de la lluvia, del cielo. Sin embargo, había algo en esos mensajes
que escapaba a toda explicación. Entonces se buscan respuestas
mágicas. Los sentidos se abren a lo inexplicable, y captan
e interpretan voces, sonidos, perfumes, formas que emanan de los árboles
y las flores, de las fuentes y ríos, de las montañas
y las cuevas, del canto de los pájaros o de los grillos, de
la noche sembrada de constelaciones.
Es
entonces cuando estas realidades adquieren sustancia simbólica
y dan lugar al nacimiento de personajes, formas de vida, ciclos, nombres,
celebraciones: todo un mundo de seres elementales que respiran y evolucionan
paralelamente al mundo de los humanos, cuya fantasía los ha
concebido confiriéndoles entidad y vida propia, y que después
han continuado en contacto con ellos o han sido tocados por sus poderes
inefables.
Esa
multitud de seres elementales se nos aparecen en íntima correspondencia
con las cosas que nos rodean dándoles a éstas un sentido
mágico que se esconde en su aparente realidad: hadas, duendes,
gnomos,
silfos, genios, hechiceros...
Muchos lugares se hallan impregnados de un clima de extrañeza
y misterio, y todo lo que perciben los sentidos está connotado
de significaciones diferentes: las cosas no parecen otras, lo son.
El sonido del viento marino es el canto de una sirena, los raigones
abandonados junto a los caminos solitarios son el sombrero de un trasgo
a punto de salir a sus correrías nocturnas, el brillo iridiscente
en la roca sombría es el espejo de un hada que con los reflejos
violáceos del atardecer vendrá a contemplar su belleza.
Este
mundo mágico no está en ninguna geografía localizable
y a la vez está en todas partes, mientras pervivan bosques,
fuentes, montañas y mares, y es conocido, entre otros, con
los nombres de País
de la Gente Menuda o
Reino de las Hadas.