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Son trasgos de alemania, que en tiempos remotos eran genios de los
árboles o de las plantas y arbustos como la mandrágora
o el boj. Con la madera de éstos vegetales se hacían
figuritas talladas dentro de las cuales vivian los Kobolds. Estas
figuritas se guardaban en cajas cerradas con llave y se llevaban a
las casas. Nadie más que el dueño podía abrir
la caja del Kobold, pues si lo hacía cualquier otra persona
éste escapaba y producía toda clase de desmanes.
En la actualidad, liberados de esas estatuillas, son elfos muy pequeños
con la piel oscura y visten ropas rojas o verdes.
Disfrutan de la vida hogareña y buscan para instalarse los
rincones más oscuros y silenciosos de la casa, como la buhardilla,
la chimenea, el sótano y, en los días templados, se
aposentan bajo los árboles que dan sombra a la casa. Su ocupación
favorita es hacer ruido, golpeando puertas, arañando paredes...
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Son
trasgos que viven en las minas, y son trabajadores y benignos con
los humanos. Su tarea consiste en hacer sonar los aldabones cuando
encuentran las vetas minerales. De ahí el nombre de Aldaboneros
o Knockers en Inglaterra.
Se extienden por toda Europa, y se considera un buen augurio oír
sus golpes, porque gracias a estos golpes algunos mineros han descubierto
tesoros subterráneos de gran valor. Como premio se les suele
dejar una ofrenda de alimentos, en especial buñuelos, a la
entrada de sus rincones favoritos. Son pequeños y feos, visten
con ropas de minero y nunca se desprenden de sus herramientas de trabajo.
Son personajes benévolos y pacíficos, pero cuando algo
les molesta, por ejemplo que los humanos silben o que pronuncien insultos
o palabras groseras, pueden llegar a producir hundimientos y lluvias
de piedra en las minas. En cambio les agrada oír cantar y reír
a los mineros. Cuando golpean con fuerza en distintos lugares de un
modo errático, están anunciando alguna catástrofe:
derrumbamientos, muertes...
Pero a veces los aldaboneros son traviesos, no hay que olvidar su
condición de trasgos. Son juguetones, enredadores... Se divierten
haciendo muecas horribles con sus caras o haciendo bailes estrambóticos
para asustar a los mineros o reírse de ellos.
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El trasgu es muy pequeño, de no más de 80cm de altura,
tiene la piel negra u oscura, las piernas torcidas, con grandes uñas
en las manos, la boca descomunal, la nariz aplastada, los ojos brillantes,
coronado con pequeños cuernos y en posesión de rabo.
Su rostro tiene una expresión burlona, que puede transformarse
en colérica cuando algo le ofende o incomoda.
En Asturias, cada aldea puede llegar a albergar hasta una decena de
trasgos, lo que demuestra lo ampliamente extendidos que se encuentran.
En cuanto a sus costumbres tienen una característica obsesión:
no soportan que el fuego del hogar en que se asientan esté
apagado. Sus lugares favoritos son el desván, la cuadra o la
cocina, pero eso no quiere decir que vivan en ellos, sino que es allí
donde más se les suele ver, por ser el “campo de operaciones”
favorito de sus trastadas.
No siempre se le llama trasgu, dependiendo tal consideración
de los lugares donde sea visto. En Galicia se le llama trasno y en
otras poblaciones se le conoce con los nombres de “Diablu burlón”
o “gorros coloraus”, porque llevan una caperuza o gorro
rojo.
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Corría el rumor hace tiempo, que en una casa de Salamanca,
donde vivía una anciana con cuatro o cinco mujeres de servicio
a su cargo, andaba un trasgo que hacía muchas burlas y, entre
otras, había una que de los techos de la casa caían
tantas piedras que parecía que las llovía, y que esto
era tan continuo que a todos los de la casa y aun a los que entraban
de fuera les daba un gran trabajo, aunque las piedras no les hacían
mal alguno.
La casa producía tan extraños fenómenos que avisaron
al corregidor y otros veinte hombres para registrar la misma, pero
nada más poner el pie en ella, empezaron a lanzarles piedras,
obligándoles a dar saltos, aunque sin hacerles nunca daño,
lo que dejaba ver una intencionalidad más o menos inteligente
por parte de los trasgos que estaban detrás de esa misteriosa
lluvia de piedras.
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Algunas
imágenes son propiedad de Brian Froud, para visitar su página
web: www.worldoffroud.com,
otras son propiedad de Ricardo Sánchez.
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