Son las más antiguas y se extienden por casi toda Europa. Habitan cuevas cerca de antiguos castillos y de pequeñas aldeas, o en árboles y arbustos sagrados, como el tilo. Protegen a las mujeres que están de parto, ayudan a los caminantes perdidos y predicen el futuro.
En Baleares éstas hadas son muy distintas: aparecen envueltas en túnicas blancas en noches de luna llena y se las identifica con presagios de muerte o con la muerte misma.

 

 

Viven en los bosques y tienen un hálito húmedo, impregnado de sensaciones terrestres. Exhalan vida y verdor, como cuando el viento tibio de la primavera deshiela la escarcha y favorece la floración. Son altas, bellas y gráciles. Viven sobre todo al este de Francia, y tienen su morada en los bosques lindantes con los prados, junto al agua de los manantiales y salen especialmente en los días de lluvia.

 

 

Se visten enteramente de musgo, volviéndose irreconocibles entre la vegetación. Se dedican a hilar y tejer sus propios vestidos con el musgo de los bosques, que nunca se acaba. Protegen los árboles, conocen las propiedades curativas de plantas y arbustos, transmiten su sabiduría a los humanos y ayudan a hacer crecer las cosechas danzando sobre los campos sembrados.

 

Habitan en las fuentes, los ríos, los lagos y en los mares y constituyen una de las especies más extendidas por todos los pueblos. Hay gran variedad de ellas, y dependiendo del lugar en el que habiten tienen una u otras características. Así, nos encontramos con las lamias, korrigans, xanas, donas d'aigua...


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