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las hadas que habitan en las aguas corrientes, en las fuentes, manantiales,
cascadas...
Todas ellas tienen algunas características comunes: viven en
palacios maravillosos donde guardan soberbios tesoros, sumergidos
en el fondo de las fuentes, de los lagos o de los ríos, y,
a veces, ocultos en las grutas, siempre en lugares bañados
por el agua
clara
o contiguos a ellos; tienen el aspecto de jóvenes doncellas
de extraordinaria belleza, larga cabellera flotante que peinan con
sus peines de oro, grandes ojos rasgados, con una mirada cautivadora,
a veces maléfica; visten largas y vaporosas túnicas
o van desnudas; ostentan poderes especiales: los humanos a veces son
beneficiados con sus prodigiosas ayudas, pero también a veces
pueden ahogarlo en sus aguas; algunas poseen el don de las profecías;
entre sus ocupaciones habituales están la de lavar la ropa
en los torrentes o en las cascadas, también hilar, tejer y
bordar; en algunos casos enamoran a los mortales y, o los atraen a
sus reinos invisibles donde desaparecen para siempre, o si el mortal
logra romper el encanto de una de ellas, se casan, con la condición
de que el esposo no revele jamás la índole élfica
de su esposa, pues de lo contrario, ésta desaparecería
para siempre.
El momento más favorable para verlas es la madrugada de San
Juan, cuando entregadas a sus tareas o a sus danzas se dejan admirar
por los humanos.
Reciben distintos nombres y presentan aspectos diferentes según
el paisaje de donde procedan: korrigans, lamias, xanas, dones d'aigua...