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Harvey Weinstein y otras cloacas de Hollywood

Uno de los productores más poderosos y, ejem, respetados de la industria es denunciado por su comportamiento reprobable con las mujeres. Aquí se abren dos vertientes; que la casa de los sueños empiece a sacar su propia pus o tratar de seguir tapando el asunto con ayuda de sus colegas progres. Como sea, las cosas ahí ya no serán las mismas después de este escándalo

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OCTUBRE, 2017. Una actriz que apenas iniciaba su carrera recibió la invitación para visitar a uno de los hombres más poderosos de Hollywood. La chica era Ashley Judd, hija de la cantante country Naomi Judd. Luego de un rato de charla, el productor se levantó, se colocó detrás de la actriz y le acarició lascivamente los hombros. Luego hubo otras insinuaciones sexuales de las cuales, según Judd, "pude zafarme cuando le dije que accedería a ello hasta después que ganara un Óscar".

Meses después ese mismo productor tocó a la puerta del hotel donde se hospedaba Judd durante la filmación de la cinta Kiss the Girl en 1997. El productor le ofreció darle un masaje a la actriz y le preguntó si le gustaría observarlo mientras él se daba un baño. "¿Cómo reaccionas a una situación como esa sin hacer enojar a un productor al que le debes tu trabajo?", se preguntó Judd.

Hay dos temas que a Hollywood le encanta abordar con frecuencia. Uno es la pederastia. Los estudios han realizado varias cintas donde denuncian a los sacerdotes católicos que tocan a los menores de edad, entre ellas Spotlight, nominada al Óscar en el 2015.

Otra cloaca a la que Hollywood exhibe con fruición es el acoso sexual y del que frecuentemente da cuenta con villanos que suelen ser empresarios, jefes, sureños ignorantes o dueños de corruptos corporativos.

Sin embargo Hollywood nunca se ha asomado a sus propias cloacas y reacciona con violencia al percibir que se insinúa destaparlas. Cuando el actor Elijah Wood denunció que "no era necesario buscar mucho" para encontrar a los pederastas en Hollywood, a los pocos días Wood se retractó en un tuit de una manera tan incongruente como cobarde y que solo puede interpretarse como presión de más arriba.

Igualmente esa industria no solo calla sino que celebra a un pederasta como Roman Polanski, a quien se aplaudió de pie en una ceremonia del Óscar en el 2012 donde recibió la presea a Mejor Director.

Pero ahora que Ashley Judd y Rose McGowan, entre otras, han denunciado los avances sexuales de un pervertido sexual como Harvey Weinstein, Hollywood se verá obligado a enfrentar y a destapar la cloaca del acoso sexual, algo difícil dada la hipocresía y doble moral que tienen ahorcada a la que alguna vez se consideró la fábrica de sueños.

De acuerdo a un artículo publicado por The New York Times, Weinstein solía desnudarse frente a esas actrices, abrazarlas e incluso levantarle la falda y quererle bajar la ropa interior a una actriz durante el Festival de Cannes.

Harvey Weinstein no es un productor cualquiera ni un nombre menor en Hollywood. Junto con su hermano Bob, Weinstein fundó los estudios Miramax en 1996. De ahí han salido cintas como Pulp Fiction, Spy Kids, Django, El Diario de Bridget Jones, Serendipity, Kill Bill, Scary Movie, Hellboy, Hechizada, el musical Chicago --ganador del Óscar a mejor película-- Jackie Brown, Good Will Hunting, Chocolat y decenas más.

Las acusaciones sobre abuso sexual se remontan prácticamente al nacimiento de los estudios Miramax. "El ambiente ahí era bastante tóxico para las mujeres", recordó la exempleada Lauren O'Donell, según el New York Times. Asimismo una reportera de una televisora aseguró al diario New York Post que Weinstein se plantó frente a ella cerca de los baños de un restaurante en esa ciudad "y cuando me negué a sus avances sexuales, él sencillamente comenzó a masturbarse enfrente de mí".

Inevitablemente, la nota provocó un escándalo, excepto en Hollywood, que con algunas excepciones ha mantenido un silencio total en torno a la repugnante conducta del productor. Y en contraste con lo sucedido a Bill Cosby, a quien nunca se le dio oportunidad de defenderse en los medios, el New York Times le dio a Weinstein un espacio para defenderse y donde el productor asegura "estar profundamente avergonzado" y dijo que abandonaría su trabajo por un tiempo "para concentrarme en mi familia y consultar un terapeuta".

Por supuesto que Weinstein no podía dejar pasar la oportunidad de manifestar que, si bien es un enfermo sexual, un pervertido y un misógino, sin embargo está a favor de la prohibición de la venta de armas al agregar que "me comprometo a canalizar esta rabia para combatir a la NRA". (Organización Nacional del Rifle, por sus siglas en inglés).

Dentro de la muy personal perspectiva de Weinstein, su comportamiento sexista es grave, pero no tanto como el derecho que poseen los norteamericanos para poseer armas. Eso sí es una falla imperdonable, la peor atrocidad que alguien puede cometer.

Se trata de otra muestra, la enésima, de doble moral que provoca náuseas. Cualquier vistazo a las películas de Miramax deja en claro que el uso de armas de fuego es glorificado. ¿Cómo puede alguien como Weinstein asumirse como amante de la paz y acusar a la RFA de la reciente masacre en Las Vegas si en sus filmes se hace apología descarada de la violencia en películas como Pulp Fiction, Kill Bill y Unglorious Basterds?

Por cierto, la ex empleada O'Connor relató en su testimonio cómo Weinstein le advirtió que ella "debería casarse con un gordo judío" porque ella solo servía "para ser una esposa y tener muchos hijos".

Esa nota apareció en el periódico que mas leen los liberales en Estados Unidos. ¿Dónde está la indignación de las feministas ante esa declaración abiertamente sexista y discriminatoria?

Weinstein ha erogado hasta 300 mil dólares para llegar un acuerdo y evitar que las víctimas de acoso sexual desistieran de denunciarlo. Pero eso no compra su inocencia.

La del acoso y el chantaje sexual es una de las tantas cloacas de Hollywood que están a punto de desparramarse. Faltan otras más, y seguramente pronto sabremos de ellas.

 

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