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Capítulo III. |
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Los Visitantes de las Estrellas |
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Samka miró a Nungma con inquietud, la enorme nave estaba en medio de un claro, rodeada por unos extraños metales cilíndricos, de ella sobresalían extraños brazos de un metal igualmente extraño, parecía que no había nada vivo a su alrededor, los smelas más cercanos estaban a veinte jornadas, la nave se había posado en uno de los lugares más yermos del entorno, Samka miraba como los extraños brazos cavaban la tierra de Numsii en busca probablemente de mineral, la inquietud de Nungma era tal que le habían tenido que atar debido a que nada más vio la nave quiso atacarla, no obstante Samka había decidido mirar primero, y es lo que estaban haciendo Kulma miró de nuevo por los cristales de uno de las rampas de acceso de la nave, en aquél planeta no había un ápice de vida, una lágrima le rodó mejilla abajo, su tristeza era semejante a su angustia, no sabía qué hacer, �descender y buscar a los Waldi o por el contrario permanecer allí y esperar a que ellos se quisieran poner en contacto con él? Por fin había conseguido encontrar su planeta de origen, Numsii, el planeta que en todas las crónicas de la Comunidad se ponía como ejemplo para mostrar qué no se debía hacer cuándo se desembarcaba en un planeta con vida, por muy pequeña que esta fuera. Numsii que una vez fue verde, poblado por ciento cincuenta especies inteligentes diferentes, y por grandes cantidades de especies de fauna y flora, miles de millones, su biodiversidad era tan abundante y compleja que cuándo los humanos tocaron un sólo grupo todo se fue al garete. Hacía siglos que los humanos habían desaparecido como especie, su propia Tierra se volvió contra ellos y ahora él estaba allí, con su compañera, descendiente de esclavos, como él, y ambos dispuestos a enterrar a sus ascendientes en el sagrado y vivo planeta Numsii Las máquinas terminaron de cavar los agujeros en los que descansarían sus antepasados, Mygná entró en el habitáculo en el que se encontraba Kulma, su sonrisa le hizo presagiar que tenía buenas noticias...
Kulma no pudo dejar de mirar hacia dónde su compañera le había dicho que se encontraban los waldis, levantó el cristal de protección de la nave, y se asomó con curiosidad Samka se frotó los ojos con un gesto rabioso, aquél ser era un waldi, miró de nuevo, sí, allí estaba, asomado a la ventana de la nave espacial, se levantó de golpe para saludarlo a pesar de que Snogmel intentó detenerlo
Nungma se levantó hecho una furia, desplazó a Samka a un lado, lo sujetó por sus lanudas ropas y lo movió con tal fuerza que sus compañeros de expedición temieron que acabaría matándolo, pero acabó dejándolo con suavidad en el suelo y enseñándole los dientes antes de comenzar a andar hacia la nave con paso firme y resuelto Cuándo Kulma vio al enorme Nungma dirigirse hacia la nave temió lo peor, buscó como un energúmeno su diccionario estelar recién comprado antes de salir de Treska,1 el planeta que había acogido a los waldis que sobrevivieron a la esclavitud de los humanos, pero antes de que pudiera darse cuenta Mygná había descendido de la nave e intentaba conversar con aquél gigante en la lengua que habían aprendido de sus antepasados, sujetó el paralizador que había comprado de contrabando, y bajó al terreno a defender a su compañera si era necesario Nungma miró con atención a Mygná, sopesó la situación antes de dirigirse a sus compañeros y gritarles que podían acercarse sin temor, acto seguido sonrió a aquella hembra que intentaba hablarle en un dialecto que pocos hablaban ya, pero que él gracias a TnKaka entendía debido a que era también el lenguaje que hablaban los Nergsuí Nungma acercó una de sus grandes manos a la nuca de Mygná en señal de amistad, acercó su cara a la de ella y rozó su nariz con la de ella, notó la tensión de los músculos de la hembra, entonces se retiró, volvió a sonreir, y comenzó a hablar
Nungma tradujo las palabras de Mygná a sus compañeros de expedición y se dispuso a hacer de intérprete si era necesario, pero ninguno de sus acompañantes quiso preguntar, todos estaban demasiado interesados en Mygná como hembra, nada más y nada menos, de hecho Snogmel la olisqueaba con tanto descaro que Mygná acabó empujándolo para quitárselo de encima
Tanto Kulma como Mygná miraban con curiosidad a los que parecían coetaneos de sus antepasados esclavizados, sus vestiduras hechas con una lana que podía ser el smela del que le hablaran sus antepasados, sus arcos, lanzadores, flechas y su aspecto tosco, demasiado verdoso tirando a tierra, así como su comportamiento para con Mygná les hacían ver que desde que los humanos habían abandonado Numsii, los waldis se habían ocupado sólo en sobrevivir, pero no en evolucionar hacia un tipo de sociedad más adelantada, quizá su contacto con los humanos había hecho que se plantearan hasta qué punto la civilización era buena o mala... Samka dio un paso adelante, miró los negros nubarrones que se estaban agrupando y decidió con rapidez que debían ir a la cueva más cercana para protegerse del hielo, dio las órdenes precisas a Nungma para que tradujera lo que iba a ocurrir a aquellos dos waldis tan extraños, y se dispuso a comenzar la marcha hacia la entrada de la ciudad de los Nergsuí para evitar el pedrisco mortal... Kulma miró intrigado la enorme ciudad que bajo la tierra habían construido los Nergsuí para protegerse de la adversa climatología de Numsii, por más que había viajado por el espacio en post de información sobre el planeta de sus antepasados, jamás había visto una ciudad que pudiera compararse en belleza y calidad de vida a aquella que estaba observando con ojos ávidos en aquél momento, las calles eran doradas, sus edificios de cristal eran de tantas formas que parecía que hubieran sido construídos con moldes en vez de levantados desde los cimientos, había torres en espiral, casas de dos, tres y diez plantas, una luz iridiscente lo inundaba todo, una luz que provenía del techo de la mayor bóveda que había sido construida jamás, unos extraños animales tiraban de carruajes de dos ruedas, carruajes que servían para desplazarse a los Nergsuí, o para llevar cosas de un lado a otro, se mirara como se mirara aquella ciudad parecía una ciudad de cuento ideada por hadas, gnomos y algún mago con sentido del humor y una imaginación desbordante...
La cara de Smigmogk se tornó más lívida que de costumbre, comenzó a temblar con virulencia, Smigmogk era de los pocos seres de Numsii que vivía cuándo los humanos de las estrellas llegaron a Numsii la primera vez, había vivido todo el proceso de instalación, negociación y explotación por parte de los humanos de Numsii, fue el primero en advertir de las consecuencias que una explotación del planeta tendría para el frágil sistema, tuvo que soportar el encarcelamiento en una jaula de exposición por parte de sus propios congéneres, las burlas de los que querían hacer negocios con los humanos, y la posterior guerra, desde luego tenía muchos motivos para temblar, y los conocía de primera mano.
Suimel sonrió, y como para querer asombrar más aún a los visitantes de las estrellas, se giró y comenzó a hablar en un lenguaje que sólo Smigmogk entendió, parecía haberse vuelto loco, sobre todo porque hablaba mirándose a la palma de la mano, como si allí hubiera alguien que le escuchara, posteriormente abrió una pequeña trampilla en la pared, extrajo una especie de botecito, abrió una puertecita minúscula, acercó la mano allí y después de un momento dejó el botecito de nuevo en la pared. Cuándo se volvió todos excepto Smigmogk le miraban con cara de burla total y absoluta, les sonrió, pidió paciencia y poco después apareció en la pared una puerta aún mayor, Suimel se volvió, la abrió, y junto a la trampilla todos pudieron divisar un enorme chendgal4 de al menos cien teclos. La expectación era grande en la sala, todos esperaban, todos habían oído hablar de los chendgal, pero jamás nadie había visto uno vivo...
Los waldis allí reunidos se pusieron nerviosos, sobre todo Kulma y Mygná, a los que se veía especialmente intranquilos, no obstante pronto, tanto Samka como sus compañeros de expedición se relajaron, y se dispusieron a escuchar
"Hace algunos teclos, más de los que recuerdo, me encontré con un viejo congénere de más de mil teclos, él había visto, como el amigo Smigmogk lo que ocurrió cuándo los hombres de las estrellas llegaron, e incluso recordaba cosas de cien teclos antes, de cuándo en Numsii la paz reinaba sobre todas las cosas" - comenzaró el Chendgal a transmitir - "Entonces me pasó imágenes que he guardado, imágenes de la tecnología arquitectónica de los waldi, de sus grandes construcciones, de su secreto, un secreto que jamás dudaron en compartir con especies de otros mundos, e incluso del nuestro..." Mientras el Chendgal iba hablándoles los waldi entraron en una especie de éxtasis, sus enormes cuerpos comenzaron a levitar, sus mentes se abrieron por entero a un pasado glorioso, en el que vieron cómo Numsii era verde, y entre ese verdor, como si se tratara de islas aparecían de vez en cuándo algunas ciudades que sólo se diferenciaban del entorno por el tono de verde y por estar ocupadas por toda clase de seres de Numsii, los había casi tan altos como los waldis, bajitos, cuadrúpedos, alados, todas las ciudades eran verdes, y todas tenían en el centro un gran edificio en el que los Chendgals se movían de un lado a otro, trayendo y llevando información, averiguando cosas, discutiendo con serenidad sobre miles de temas en la única lengua que todos, sin excepción hablaban, y que era una mezcla de todas. Pudieron ver una competición de adivinanzas, otra de cuentos, otra más de historias, otra de ciencia, otra de arquitectura... Era la Knogsis, en ella todos compartían sus conocimientos, entre todos buscaban soluciones a problemas, se veía un mundo muy feliz, a pesar de que de vez en cuándo los smelas cazaban algún ser de aquél mundo, después de la pérdida, se hacía un ritual en el que se le daba las gracias a Numsii por permitirles disfrutar de los beneficios que les aportaba, entendían que de vez en cuándo debían rendir un tributo de sangre, e incluso en alguna ciudad había más de un smela refinado estudiando o compartiendo su saber... |
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