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Samka miró de nuevo hacia el cielo, movió intranquilo la cabeza, y como si hubiera sido una señal, un tremendo trueno retumbó en el silencio de la turgka, poco después comenzó a llover con fuerza, las gotas eran enormes, el frío reinante hacía presagiar que quizá aquellas gotas se convertirían en rocas de hielo, como las que habían matado a TnKaKa el verano anterior, mientras se dirigía desde el templo a la ciudad de los Nergsuí2 "Tienes boca de cabra grotesca" - le habría dicho Naka, si hubiera podido oír sus pensamientos, ya que nada más pensar en el pedrisco, comenzaron a caer unos trozos de hielo del tamaño del puño de un Waldi adulto Las hembras descubrieron rápidamente las trampillas que daban acceso a los huecos que bajo el piso de las cabañas les daban cobijo cuándo el tiempo se ponía especialmente agresivo, Samka cubrió los platos y vasos con smela3, una especie de lana dura del animal del mismo nombre que les servía de comida, posteriormente bajó al hueco, cerró la trampilla sobre su cabeza y miró en su derredor... Los ancianos machos del poblado intentaban calmar a los más pequeños contándoles viejas leyendas sobre los hombres de las estrellas, sobre cómo habían llegado y cómo se fueron poco tiempo después, dejándoles como legado una tierra yerma dónde antes había corrido el agua, los árboles habían sido abundantes y nadie conocía las propiedades del mineral rojo por el que en su mundo había comenzado la gran guerra que duró setecientos negs4 y, de la que les había intentado hacer participes, sin éxito alguno Samka miró con preocupación a su grupo, contó con la mirada a cada uno de ellos, y entonces se dio cuenta de que faltaba uno, volvió a repasar la cuenta, "efectivamente, falta uno. Una pena ya debe estar muerto", se dijo, olvidó pronto el detalle, y se centró en la más joven de las esposas de Nungma, el macho que faltaba, ¿a quién se la daría?, vaya, un nuevo problema a añadir a los que ya tenían... Fue a sentarse al fondo de la cavidad, a su lugar, miró a Snogmel con actitud preocupada, su amigo levantó una ceja, y entonces los dos se acercaron para hablar sin que nadie les oyese
Samka sabía que su amigo estaba en lo cierto, lo miró y miró a la joven viuda, su piel verdosa resplandecía incluso con la tenue luz de la cavidad, era hermosa como pocas hembras Waldi lo eran, no parecía afectarle de la misma forma que a los demás la brutalidad con que el sol pegaba en verano en semtra,5 nombre que recibía el lugar a dónde se desplazaban cuándo llegaba el temible bragsá que hacía que todos a excepción de unos pocos waldi que soportaban los rayos de los dos soles, tuvieran que vivir bajo tierra por temor a morir deshidratados... Llevaba tanto tiempo pensando en qué hacer con la joven, que Samka no se dio cuenta de que la tormenta había pasado hasta que se encontró completamente solo en la cavidad, subió y vio que cada vez menos la lanuda smela servía para defender los ajuares de la brutalidad del pedrisco, miró su cabaña, el techo había desaparecido casi entero, agujereado por los proyectiles de hielo. Estaba ensimismado recogiendo sus pocas pertenencias cuándo se topó con los enormes pies de Numgma, se levantó y abrazó con efusividad a su amigo de la niñez, hasta ese momento no se había dado cuenta de lo que le había importado que se hubiera podido quedar fuera
Samka miró a su amigo con preocupación, últimamente había dejado de salir a cazar, casi no comía y ahora llegaba con aquello, pensó que quizá habría comido sgmala y estaba envenenado, tendría que hablar muy seriamente con él, cuándo se dio cuenta Nungma lo había llevado a una de las zonas dónde el hielo caía con más virulencia, en medio del prado aquél había una pequeña cabaña, Nungma lo empujó a su interior, le hizo mirar hacia arriba, y lo que Samka vio lo dejó estupefacto, el techo estaba intacto, en el interior de la cabaña había varias piezas de barro muy frágiles, y también estaban intactas, el fuego en vez de alumbrar el centro de la cabaña estaba a un lado entre paredes más pequeñas, miró pensativo aquél nuevo diseño circular de la cabaña, pensó que por una vez su amigo había dado en el clavo, aunque se preocupó al ver que en aquella cabaña no había trampilla que condujera a cavidad alguna.
Nungma miró a Samka con tristeza, nunca entendería que había que correr ciertos riesgos para avanzar, para no estar siempre pendientes de si granizaba o los soles se acercaban demasiado a Numsii para poder vivir en paz, sin que los elementos del clima les perjudicaran ni las hembras waldi tuvieran que tener sólo un crío porque según la tradición los hombres de las estrellas volverían para llevarse a la segunda de las crías de cada hembra. Por vez primera pensó en dejar el grupo a su suerte, tenía claro que no aceptaría que le quitaran a su joven hembra, la mejor de sus pertenencias, porque él no la considraba una pertenencia, aunque la tratara como a tal, sino una igual, superior en inteligencia a muchos de los machos de su especie, ¿pero cómo salir de aquella situación tan engorrosa sin enfrentarse?
Samka miró a Nungma, era dos veces más grande que él, si se ponía tozudo no había nadie en el grupo que pudiera detenerlo, tenía demasiada fuerza e inteligencia, era el único capaz de matar un smela con sus propias manos y arrastrarlo hasta la aldea tirando de él sin ayuda de nadie. Sopesó la situación por un momento, entendía perfectamente la actitud de su amigo, al fin y al cabo cada vez que intentaba hacer algo por el bien del grupo, se le castigaba, pero no podía hacer concesiones, la ley era la ley, para todos debía ser igual
Samka miró a su amigo con preocupación, los ancianos lo tenían apuntado en su lista de waldies no demasiado gratos, si por alguna estúpida razón Nungma les contrariaba, le condenarían a muerte sin pensarlo demasiado, y lo peor de todo era que Snogmel deseaba a la joven hembra de Nungma, por lo que metería cizaña para que Nungma saltara, lo sabía perfectamente, había visto la mirada de celo que Snogmel había dedicado a Sagna en la cavidad...
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