:.Orígenes y
Primeros Aprendizajes
La
Tierra hace 4 600 millones de años necesariamente tuvo que ser un
gigantesco reactor en
cuyo seno se producían una multitud de conversiones físico - químicas.
El
proceso de formación de la estructura sólida del planeta debió
acompañarse de complejísimas transformaciones de fases. Hacia el núcleo
precipitarían los elementos más pesados y sus combinaciones; un
estrato intermedio debió formarse a partir de las sustancias que
entraran en la categoría medio pesadas, mientras su superficie se
concentraría en los elementos relativamente más livianos. Una
envoltura de gases quedó atrapada como resultado del campo
gravitacional de la Tierra.
La
mezcla de sustancias simples inorgánicas, constituyentes de la atmósfera
primitiva del planeta, expuestas presumiblemente a la acción de
intensas "sacudidas" energéticas produjo el caldo de
aminoácidos que en mares bajos, fue el ambiente propicio para el
origen de la vida. Este temprano período que puede haber durado
unos 1500 millones de años o sea una tercera parte de la historia
de la tierra se ha llamado período de la evolución química.
Se
cree, según la tesis adelantada en 1924 por el científico ruso
Oparin, que estos primeros sillares de construcción
experimentaron una condensación abiótica formando los primitivos
polipéptidos, polinucleótidos, polisacáridos y lípidos, a partir
de cuyo caldo se formaron los primeros organismos vivos.
Casi
30 años después de formulada la hipótesis de Oparin, un joven
norteamericano, Stanley Miller, demostró en un experimento clásico
que a partir de una atmósfera reductora compuesta por vapor de
agua, amoníaco, dihidrógeno y metano y simulando condiciones que
pudieron darse en la atmósfera de nuestro planeta hace miles de
millones de años, en particular mediante la acción de descargas eléctricas,
se obtenía una mezcla de aminoácidos.
La
aparición de la vida en nuestro planeta estuvo precedida por la
formación de las proteínas (proteus: lo primero en griego), que
comprende un proceso de condensación de aminoácidos en
la superficie estereoespecífica de arcillas metálicas, y la
síntesis de los ácidos nucleicos, principales portadores del código
genético, que implicara la condensación de fosfatos con las
ribosas y las bases heterocíclicas correspondientes.
De
coacervados o esferas protenoides bajo la acción replicante y
orientada de los ácidos nucleicos surgieron las primeras
manifestaciones de vida unicelular.
Los
océanos de entonces albergaron las primeras células que se piensa
fueron heterótrofos anaeróbicos consumiendo los compuestos orgánicos
disueltos en los mares. Con la proliferación de esas antiguas células
el océano se fue empobreciendo de aquellos compuestos orgánicos y
debieron surgir aquellas células que utilizaran compuestos orgánicos
sencillos como el dióxido de carbono y como fuente de energía la
luz solar. Surgieron así las primeras células fotosintéticas hace
unos 3000 millones de años.
Bacterias
y algas durante millones de años aportaron dioxígeno a los mares y
a la atmósfera primitiva posibilitando la aparición y desarrollo,
unos 570 millones de años atrás, de formas marinas de vida que
obtuvieran energía mediante la respiración.
Más
de 170 millones de años debieron pasar aún para que se formara una
capa de ozono estratosférica que absorbiera la radiación
ultravioleta dura de los rayos solares. Gracias a esta capa
protectora y al establecimiento en el planeta de condiciones climáticas
favorables aparecieron en tierra firme las primeras arañas y ácaros
y luego, unas decenas de millones de años más tarde los anfibios
invadirían la tierra.
Recientemente
para la escala de los tiempos geológicos, hace un par de millones
de años se inaugura la era del género homo que en su evolución da
lugar, unos miles de años atrás, a la especie humana (homo sapiens
sapiens). La historia del género humano respecto a la del planeta
representa las últimas 4 horas de un año terrestre.
Durante
estos dos millones de años, los antecesores directos del hombre
moderno, en un proceso repleto de obstáculos, debieron transformar
como primer material la piedra, de manera que le sirviera como
herramientas y utensilios.
La
selección de la piedra para estos fines tuvo que basarse en la
comparación de las propiedades de los materiales disponibles:
madera, hueso, pieles. Pero no sólo la piedra debió ser trabajada,
si bien la naturaleza pétrea del utilaje lítico permite que llegue
a nuestros días, en yacimientos fechados entre 2 y 1,5 millones de
años se han encontrado también huesos de animales con marcas
grabadas, y varias investigaciones sugieren que muchos de las
herramientas de piedra fueron precisamente empleadas para trabajar
materiales orgánicos como la madera.
Paralelamente
con la práctica impulsada por la necesidad de transformar
ventajosamente las formas de los materiales, estos antepasados del
hombre debieron reparar en las numerosas transformaciones que
alteran la naturaleza de los materiales en su entorno: los volcanes
producen lava y gases que afectan lo vivo y transforman el panorama
natural, los rayos desatan incendios forestales, la carne cazada y
los cadáveres se descomponen, los jugos de frutas se agrian o
eventualmente se convierten en bebidas extrañamente estimulantes.
Con
la conquista del fuego, su conservación y posterior producción,
asistimos tal vez a la primera transformación química resultante
de la actividad humana. La producción del fuego implicaba siempre
la transformación de un material vegetal seco en cenizas y la
liberación de humos. Existen las evidencias de que el fuego fue
empleado por el hombre de Pekín (un Homo Erectus) hace 1,5 millones
de años.
El
fuego representó fuente de calor y luz, y medio de protección
frente a los depredadores. Su utilización posterior para cocer los
alimentos les produjo importantes transformaciones anatómicas –
fisiológicas que aumentaran la capacidad del cerebro y
contribuyeran al desarrollo de los órganos del lenguaje.
Así,
a través de una práctica condicionada por la amalgama de
casualidad y necesidad, el hombre primitivo aprendió que al
calentar con ayuda del fuego ciertos materiales, estos se
transformaban en otros que exhibían nuevas y atractivas
propiedades.
Mucho
tiempo después, hace unos 40 000 años, en período
que se clasifica como el paleolítico superior, el fuego se utiliza
para calentar la piedra a fin de facilitar su trabajo, y para
alterar el color de los pigmentos naturales que eran luego
utilizados para pintar las paredes de las cuevas.
Se
inicia así un matrimonio de las transformaciones químicas con el
arte que llega hasta nuestros días. Pero las obras del arte
rupestre demuestran dos cosas más:
·
La
búsqueda de los ocres minerales, el óxido de hierro (III) y los óxidos
del manganeso constituyó la primera actividad minera.
·
La
penetración en lo profundo de las cavernas y el trabajo en su
interior exigen de una iluminación artificial. Unos cuantos
candiles de piedra encontrados, en cuyo interior ardieron grasas
animales, así lo atestiguan.
El
ancestral interés del hombre por las figuras geométricas, la
regularidad espacial y el sentido geométrico de las cosas ha
quedado plasmado en el arte parietal. Esta inclinación natural
queda reflejada no sólo en pinturas rupestres sino también en diseños
prehistóricos de cerámica y tejidos.
El
arte primitivo también reveló, el reflejo enajenado del
comportamiento de los astros en la mente humana, en primer lugar del
astro rey de nuestro sistema planetario. La bóveda y el movimiento
de los cuerpos celestes imponían un bioritmo y una regularidad
espacio temporal que desarrollaba el sentido del tiempo en la
actividad del hombre.
Con
seguridad, el uso y mantenimiento del fuego significó un
catalizador importante en el fin del nomadismo y en el desarrollo de
los primeros asentamientos humanos estables.
No
es extraño que la adoración del fuego sea un denominador común de
mitologías aparecidas en diferentes culturas y distantes escenarios
geográficos.
La
combustión, esa bendita reacción que a la vez mantiene vivo el
infierno, fue pues fuente de progreso y de conocimiento para el
hombre desde los primeros tiempos.
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