:.El dominio de
los materiales por el Mundo Antiguo
Las
primeras grandes civilizaciones tenían ante sí diversos problemas
de supervivencia que los sabios de la época debieron abordar y
contribuir a resolver desde la luz que ofrece la teoría. Investidos
generalmente de atributos religiosos, en las primitivas formas que
adoptó la división social del trabajo, sus conocimientos eran
mantenidos y transmitidos en comunidades cerradas,
comprendidos como un instrumento más de poder.
De
cualquier modo, la obra pionera de babilonios y egipcios en el
desarrollo de disciplinas matrices como las Matemáticas y la
Astronomía causa una inmensa admiración.
Las
colosales pirámides egipcias, una de las maravillas del mundo
antiguo, comenzadas a construirse hace más de 2 500 años a.C.
indican la necesidad del dominio de un saber matemático que según
se recoge en el papiro de Rhind, escrito unos 3 600 años atrás,
llegó a abarcar desde mediciones de superficies y volúmenes hasta
las reglas para cálculos aritméticos con fracciones, el cálculo
de áreas, y la resolución de ecuaciones simples de primer grado.
Se afirma que los egipcios debieron dominar el llamado teorema de
Pitágoras para el trazado de líneas perpendiculares.
Cuando
recordamos que tanto Babilonia como Egipto crecieron en los valles
de grandes ríos y que el éxito en la programación de plantaciones
y colectas de sus productos agrícolas constituía una necesidad
social básica, comprendemos mejor que los hombres encargados de la
reflexión especulativa (originalmente mística pero preteórica en
fin) pronto asociaran ambos problemas con el estado de la cúpula
celeste y del movimiento de los astros sobre sus cabezas.
No
constituye pues mera veleidad del pensar los esfuerzos por penetrar
en la descripción primitiva de mapas estelares, registrar el
movimiento de los astros, construir el concepto del tiempo.
Los
conocimientos en el área de las transformaciones físico - químicas
de las sustancias que constituyeron conquistas de las civilizaciones
del mundo antiguo no estuvieron acompañadas de una reflexión teórica,
sino más bien de una práctica iluminada por el ensayo-error y no
pocas veces asistidas por la casualidad. Esto no niega la existencia
de una práctica intencional dirigida a aprovechar todos los
elementos naturales o sus modificaciones para bien de la comunidad.
La
inauguración hace unos diez mil años de la cultura de la cerámica,
supuso el dominio de la arcilla, mineral complejo formado por un
silicato de aluminio que posee una cierta naturaleza plástica y que
al secar o ser sometido a calentamiento endurece.
Al
aprender el hombre a trabajar el barro, se inicia la producción de
ladrillos y el desarrollo del arte alfarero, que coincide en
ciertas civilizaciones con el desarrollo de la agricultura y
la edificación de los primeros asentamientos humanos.
La
ciudad antigua de Jericó, una de las primeras comunidades agrícolas,
muestra en su segundo nivel de ocupación, que data del milenio VIII
a.C., un gran número de casas redondas de ladrillo de adobe.
Las
técnicas involucradas en el reconocimiento de los minerales, el
proceso de reducción a metales y su fundición, la forja y el
templado de los metales han tenido tal repercusión en el progreso
social que los historiadores han periodizado etapas de desarrollo
como Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro.
El
dominio de los metales se inicia por el cobre, elemento 25 en
abundancia relativa en la corteza terrestre, pero que puede
encontrarse en estado nativo y se reduce de sus óxidos con relativa
facilidad.
Precisamente
la génesis de la metalurgia se presenta cuando los hombres
aprendieron que un calentamiento enérgico de una mena azulada con
fuego de leña, producía un nuevo material rojizo, resistente, y
que poseía una propiedad no exhibida por la piedra, su carácter
maleable. Este material permitía la fabricación de instrumentos más
efectivos y duraderos.
Asistimos
al inicio de la Edad del Cobre en dos regiones tan distantes como el
Medio Oriente y la actual Serbia, unos 4 000 años a.C.
Sorprende
que descubrimientos arqueológicos demuestren la entrada en escena
de un nuevo material más duro que el cobre, unos 500 años antes
del inicio de la Edad del Cobre. En el sudeste asiático, en la
tierra de los Thai, debieron practicar la reducción de una mezcla
de minerales que diera origen a la primera aleación trabajada por
el hombre: el bronce.
El
bronce, una aleación constituida por cobre y estaño (y en menor
proporción otros metales), es más duro y resistente que cualquier
otra aleación común, excepto el acero, y presenta un punto de fusión
relativamente bajo.
El
desarrollo desigual que experimentaron las civilizaciones antiguas,
erigidas en distintos escenarios naturales, hace que el dominio de
un material y el arte o técnica de elaboración de objetos con él
aparezca en fechas bien distintas. Un milenio más tarde, según lo
demuestran hallazgos en la tumba del faraón Itetis, los egipcios
fabricaban el bronce.
Uruk
(la Erech bíblica), una de las primeras ciudades mesopotámicas
levantadas en el milenio III a. C., presenta templos de adobe
decorados con fina metalurgia y una ornamentación de ladrillos
vidriados.
Existen
los testimonios sobre la existencia de instrumentos de un nuevo
material ya por el año 1 500 a. C. Los hititas, pueblo que se
instala en el Asia Menor durante siglos, debieron vencer las
dificultades prácticas que supone aislar el hierro de sus óxidos
minerales. Se necesita ahora el fuego del carbón vegetal y una
buena ventilación. Estos obstáculos debieron ser superados porque
el dominio del hierro suponía herramientas y armas más fuertes y
duraderas y además porque el hierro aventajaba al cobre en algo muy
importante: los yacimientos de sus minerales eran más abundantes.
De
cualquier forma, la tecnología del hierro no se implanta en Europa
hasta el siglo VII a.C., en China se inicia un siglo después, y en
el África subsahariana hacia el 500 - 400 a. C.
El
avance de la civilización no sólo exigió trabajar la piedra, la
arcilla y los metales. Otros desarrollos fueron indispensables para
el alcance de un bienestar deseado por las clases dominantes de una
colectividad que ya había conocido la división social del trabajo.
También
aparecerían aquellos materiales que como la resina fósil
amarillenta y quebradiza llamada ámbar, presentaban propiedades
incomprendidas y eran considerados preciosos. La acción a distancia
observada desde los primeros tiempos con la caída de los objetos
hacia la tierra, ahora se apreciaba como una atracción ejercida
sobre los cuerpos ligeros que aparecía cuando se frotaba el ámbar.
Los griegos le conocieron y lo nombraron electrón; de ahí
procede el término actual de electricidad.
Según
una leyenda transmitida por Plinio, las propiedades del imán fueron
descubiertas por el pastor Magnesos. Del nombre del pastor deriva
según Plinio la palabra “magnetita” pero es más justo suponer
que la palabra magnetita procede del nombre de Magnesia, ciudad de
la antigua Lidia cerca de la cual se hallaban grandes yacimientos de
mineral de hierro imantado.
Fueron
los chinos, sin dudas, los primeros que intentaron describir y
explicar la acción del imán. En el diccionario “Sho –veñ”
elaborado cerca del año 120 por el sabio Jiu Chin, se define la
palabra tseu (imán) como nombre “de una piedra por medio de la
cual se da orientación a una aguja”. Otras denominaciones chinas
llaman al imán “piedra que orienta”. Por lo visto, los chinos
empezaron a usar la brújula desde tiempos remotos, primero para
orientarse en las expediciones por tierra y para el trazado de
planos en los terrenos de construcción sólo después en la
navegación marina. Pero penetrar en la naturaleza del
electromagnetismo exigió de todo un complejo desarrollo iniciado
justamente con el nacimiento del siglo XVII.
Paradójicamente,
ciertos ritos y creencias sobrenaturales, reflejos de diversas
enajenaciones terrenales, impulsaron el desarrollo del
conocimiento en áreas como la elaboración de medicinas, perfumes y
cosméticos, tintes y colorantes.
Durante
la civilización babilónica (siglo XVIII - VI a.C.), que tuvo como
herencia el desarrollo técnico alcanzado por los sumerios, se
lograron avances en los procesos de blanqueo y tinte, y en la
preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y perfumes.
Una
tablilla sumeria escrita algunos siglos antes del reinado de
Hammurabi, siglo XVIII a.C. revela el desarrollo de la farmacopea.
La
propia piedra, una tablilla, fueron los primeros materiales sobre
los cuales el hombre inscribiría sus memorias. El papiro egipcio
vendría a representar una revolución en los procedimientos para
perpetuar una escritura. Pero el papel producido a partir de la
celulosa de la madera, por una técnica similar a la que la Europa
conociera más de mil años después a través de los árabes, se
adjudica a los chinos. El papel chino más antiguo data del
siglo II y fue descubierto en el pueblo de Lou – Lan del Turquistán
chino.
El
término perfume tiene su origen en el latín "per fumo"
(por el humo) pero se sabe que los egipcios saturaban la atmósfera
de tumbas y templos sagrados con fragancias agradables procedentes
de preparados perfumados. También se sabe que tanto sus hombres
como mujeres se aplicaban ciertos aceites aromatizados sobre la cara
para aminorar el efecto deshidratante del clima cálido y seco que
debían soportar; y que gustaban decorarse los párpados con un
pigmento verde y otro oscuro preparado con Antimonio y hollín.
En
relación con los colorantes orgánicos se conoce de su utilización
a través del Talmud, libro religioso de los antiguos judíos, donde
se prohíbe el corte del añil de menos de tres años. Hace dos mil
años que los judíos extraían de esta planta procedente de la
antigua India, un colorante azul: el índigo o añil. El índigo
ocupa por su belleza y estabilidad, uno de los primeros lugares
entre los colorantes.
En
otro momento de la Historia, Publio Ovidio (47 a.C. – 17), al
caracterizar en los Fastos el cortejo de los cónsules romanos
describe sus vestidos del exclusivo color púrpura. Los antiguos
fenicios dominaron ya la técnica de extracción del púrpura de los
moluscos (múrices) que en grandes colonias poblaban las aguas
frente a las costas de Tiro. La extracción del púrpura suponía el
tratamiento de miles de estos moluscos pues este colorante se
encontraba en pequeñísimas cantidades en una glándula junto al hígado
de los múrices.
Los
egipcios no sólo conocieron y trabajaron los metales más
importantes de la época: el oro, la plata, el cobre, el hierro, el
plomo y otros, sino que aprendieron a preparar pigmentos naturales,
jugos e infusiones vegetales.
En
otra dirección, los egipcios desarrollaron métodos de conservación
de cadáveres cuyos resultados sorprendieron milenios después al
mundo occidental. Para ello debieron estudiar las sustancias con
propiedades balsamáticas, los antisépticos y algunos elementos de
la farmacopea como el conocido empleo que le dieron al ácido tánico
en el tratamiento de las quemaduras.
Este
cúmulo de conocimientos que se fue acopiando y transmitiendo sobre
las propiedades y las transformaciones de las sustancias químicas
constituyó el núcleo de lo que llamaron la khemeia egipcia.
Estos
conocimientos por lo visto eran recibidos y transmitidos por
artesanos y técnicos mediante la tradición, pero ignoramos las
reflexiones que acompañaban a sus prácticas de instrucción. Esto
significa que si entendemos la ciencia no sólo como el saber hacer
(arte y técnica), sino además como el conocer y poder explicar las
razones por las cuales se hace así y no de otra manera, debemos
admitir que ella comienza cuando ya la técnica en la cual se apoya
y a la cual soporta, hace mucho tiempo ha sido establecida.
El
momento en que puede considerarse se inicia la evolución de un
pensamiento teórico precientifíco data del siglo VI a.C. y tiene
como escenario “clásico”, en la Historia de la cultura
occidental, la sociedad esclavista de la Grecia Antigua. La definición
de este momento se avala por ser entonces cuando se inicia una
reflexión teórica, metódica y productiva sobre la naturaleza. Es
significativo que en la base de los sistemas filosóficos aparecidos
por entonces en muy distantes escenarios culturales, con Confucio y
Lao Tse en China; Buda, en la India; y Zoroastro en Persia; se
aprecian ideas generales que evidencian una cierta unidad en la
concepción del mundo de los pueblos de aquella época. De cualquier
modo, se hace obligado la referencia específica al mundo greco-
romano en el cual se alcanza la expresión más completa de la
doctrina acerca de la sustancia y sus componentes.
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