:.La alquimia árabe
del Medioevo y el Renacimiento europeo
Noche
medieval europea y resplandor de la cultura árabe
La
inestabilidad política en el mundo romano condujo a que en el año
395 se produjera su división en una región occidental y otra
oriental. Este proceso de desintegración se corona casi un siglo más
tarde con la ascensión al poder de Odoacro
(476), bárbaro romanizado, que disuelve el imperio occidental dando
paso al imperio medieval de los Papas y Patriarcas cristianos.
La
influencia del cristianismo sobre el lento desarrollo del
conocimiento científico en todo este período se explica atendiendo
a los nuevos esquemas de pensamiento que esta religión portaba y a
los intereses que defendía la nueva estructura del poder eclesiástico.
Las principales preguntas y cuestionamientos que se hicieron los
pensadores anteriores quedarían encadenadas por un dogma: sólo hay
conocimiento en Dios y genuina vida en la fe. Se pretendió que el
hombre cristiano se preocupara más por su alma eterna que por sus
relaciones con los fenómenos naturales y la posible penetración en
la esencia de los mismos mediante el estudio y el razonamiento.
Agustín (354 – 430) es uno de los principales exponentes de esta
corriente filosófica.
Hasta
el cierre definitivo de la Academia en el siglo VI por el emperador
Justiniano,
la pálida producción del conocimiento filosófico de la época se
asocia a la traducción de clásicos y al replanteamiento de las
ideas contenidas en los sistemas de Platón y Aristóteles.
Boecio
(47? – 525) aborda un problema con el cual se cierra un estadio en
el desarrollo del pensamiento occidental que se reabriría al debate
con el renacimiento de la cultura: se trata de examinar el grado de
realidad o significación atribuible a “los géneros y las
especies”, a los conceptos más generales. Tal cuestionamiento
apunta hacia la prefiguración de dos corrientes epistemológicas:
el realismo y el nominalismo.
De
cualquier modo, paralela a la noche medieval europea, resplandeció
la cultura árabe, y en el Oriente tuvieron lugar desarrollos
notables. En el propio contexto europeo tuvieron lugar determinados
avances y en la segunda etapa de este período, Europa occidental
comenzó a recuperar el liderazgo científico.
La
expansión del dominio árabe a la altura del siglo VI por el oeste
de Asia y el norte de África; los contactos con restos
de la herencia cultural griega en Persia y
Egipto; y los intercambios con la India y China, fueron elementos
que conformaron una asimilación multicultural de la cual emergen
numerosos logros en particular en las Matemáticas, la Astronomía y
la Alquimia.
El
rescate por los árabes de la Khemeia
conservada por la secta de los Nestorianos en Persia, se transforma
en un importante florecimiento de la Al-Kimia
que potencia la fundación de una Farmacopea en Arabia.
Del
contexto chino conocen los árabes el invento de la porcelana y el
propósito de obtener oro para elaborar un elíxir de "larga
vida". Vuelve a ser el oro fuente impulsora del conocimiento prequímico
pero ahora en otra dirección: la búsqueda de un elíxir de
la eterna juventud. También los árabes conocieron el
descubrimiento chino de los materiales pirotécnicos y la pólvora,
razón por la cual llamaron a las luces de bengala "flechas
chinas".
A
partir del 750 y hasta el siglo XIII la Escuela de Farmacia de
Arabia produce notables avances. El primer
trabajo de este período, universalmente reconocido como un resumen
de los conocimientos alquímicos acopiados
en la época, es la obra de Abu
Musa Jabir al-Sufi,
llamado Geber
en Occidente (760 – 815). A través de él conocemos que los
alquimistas árabes trabajaron fundamentalmente con los metales oro
y mercurio, con los elementos no metálicos arsénico
y azufre, y con los compuestos formados
por sales y ácidos.
Los
alquimistas árabes concebían los metales y en general la
diversidad de la sustancias como el resultado de la combinación de
dos principios representados por el azufre
(sólido, combustible y amarillo) y el mercurio
(líquido, metálico, y volátil). Confiaban en la transmutación de
las sustancias y aunque sus hipótesis de partida fueran falsas iban
desarrollando procedimientos experimentales para el tratamiento de
las sustancias y descubrían nuevos productos, entre los que cabe
mencionar el cloruro de amonio y el carbonato de plomo así como la
destilación del vinagre para obtener el ácido acético
concentrado, el ácido más empleado a partir de entonces en las
recetas y digestiones alquimistas.
Abu
Bakr Muhammed
Ibn Zakariya
Al-Rhazi (Rhazes,
850 – 925) escribió una verdadera
enciclopedia médica. Es el primero que inicia
las aplicaciones de las sustancias químicas en la medicina despojada
de todo sentido místico al emplear el yeso,
de acuerdo con sus propiedades, en la
inmovilización de los huesos fracturados. Se le atribuye
además el descubrimiento del
antimonio metálico.
Abu
Ali Al-Hussaín Ibn
Sena (Avicena,
979 – 1037), es
considerado por muchos como el médico más
importante en el período que media entre el Imperio Romano y los orígenes
de la ciencia moderna. En su famosa obra Kitab
ash-Shifa
(El libro de las Curaciones) proclama como el
principal objetivo de la Alquimia la
preparación de sustancias para combatir las enfermedades y
declara estéril el estudio de la transmutación de los metales en
Oro.
Después
de Avicena vendría el ocaso del mundo
árabe, como resultado de las invasiones de turcos y mongoles.
A
finales del siglo VIII el emperador Carlo
Magno (742 – 814), ordena
la creación de escuelas destinadas a enseñar
rudimentos de lectura, aritmética y gramática. Se abren escuelas
anexas a las catedrales e iglesias de las poblaciones más
importantes, gestándose para la época
una verdadera revolución educativa. Si embargo hasta bien entrado
el siglo XI no existía una educación que pudiera salir de un nivel
elemental.
En
los siglos XI – XIV corre la época del florecimiento del
feudalismo. Crecen las ciudades y se desarrollan las relaciones
monetario mercantiles. En este período, el siglo XII marca un
reencuentro con el saber antiguo. Se advierte una reactivación de
los viajes y el florecimiento de relaciones comerciales estrechas
entre el occidente y el oriente.
En
la transmisión hacia Europa de la cultura grecolatina conservada
por los árabes, un papel muy destacado desempeñó el filósofo y
“físico” árabe del al-andalús medieval, Abul Waled Muhammad
ibn Rusd, conocido como Averroes (1126 – 1198). En filosofía fue
defensor de la doctrina de la doble verdad, la verdad de la filosofía
natural y la verdad de la teología que más tarde se abrirá paso
en Europa.
A
partir de la reconquista en 1085 de la ciudad de Toledo por el rey
Alfonso VI, se desarrolla un movimiento de traducción gracias
al cual son recuperadas para el saber occidental numerosas obras del
mundo clásico greco latino. Un destacado exponente de este
movimiento fue Gerardo de Cremona (1114 – 1187)
quien instalado en Toledo durante buena parte de su vida, contribuyó
a la traducción de más de noventa tratados árabes. Así, el interés
por las ciencias despertado a partir de entonces no puede ser
separado del encontronazo entre dos culturas.
La
naturaleza de los contactos con el Oriente tiene otra expresión en
las Cruzadas que se iniciaran con la proclama
lanzada por el papa Urbano II en 1095 y en la reconquista que
llevan a cabo los cristianos españoles de los territorios perdidos
ante el Islam.
Es
en este contexto histórico
que se fundan las primeras universidades
europeas con el propósito de servir de
instrumento para la expansión de los nuevos conocimientos y transmitir
la herencia cultural a
las nuevas generaciones. En el trivium
de Teología, Derecho
y Medicina que dominara el currículo
universitario, la Medicina se erigía como la disciplina que
demandaba el desarrollo de estudios experimentales. Pronto, célebres
" "Doctores" serían los impulsores de la alquimia
europea.
Alberto
Magno (1200 – 1280) es
considerado el primer alquimista europeo. A sus
trabajos se debe el descubrimiento del arsénico
en forma casi pura y algunos le atribuyen, de forma
compartida, los estudios sobre la mezcla explosiva de nitrato de
potasio, carbón vegetal y azufre (pólvora). En realidad los chinos
desde el siglo VI conocían de la formulación de un explosivo del
tipo de la pólvora con el cual construían cohetes que los árabes
conocieron en el siglo VII.
Se
le reconoce a Alberto Magno, ser uno de los artífices de la
doctrina de "la doble verdad". La solución al debate
entre la razón y la fe debió pasar por el filtro ideológico que
admitiera al hombre la posibilidad y capacidad de estudiar el
escenario natural creado por Dios, abriendo un espacio a la
"filosofía de la naturaleza". De cualquier manera, no
cesaría la censura del poder eclesiástico que obstaculizó el
desarrollo y en ocasiones condujo a sanciones de prisión y
horrendos crímenes.
Roger
Bacon (1212 - 1294) fue como Alberto
sacerdote, y como a él se le atribuyó también resultados con
mezclas explosivas del tipo de la pólvora. Poco después, apenas
iniciado el siglo XIV otro monje, Berthold
Schwarz, describió el método de
utilizar la pólvora para impulsar un proyectil con lo cual se
inicia su negra aplicación en la guerra. Bacon
no sólo sobresale por sus estudios alquímicos sino también aborda
problemas de la Óptica y la Astronomía. Pero Bacon no corrió
igual suerte que su contemporáneo Alberto. En 1278 el que fuera más
tarde Papa Nicolás IV prohibió la lectura de sus libros y ordenó
su encarcelamiento que se extendió durante 10 años. Su obra mayor Opus
Malus se editó y publicó en el siglo
XVIII.
El
más importante de los alquimistas europeos
que firmaba sus documentos como Geber
(el famoso alquimista árabe que viviera dos siglos antes) fue el
primero en describir, hacia el año 1300, la forma de preparar dos
ácidos fuertes minerales: el ácido sulfúrico y el ácido nítrico.
Poco tiempo después de Geber el estudio
de la alquimia, por segunda vez en la historia, sería prohibido. En
esta ocasión corresponde al Papa Juan XXII (Papa de 1316 al 1334)
declararlo anatema. Sobrevendrían largos años de silencio o
acaso de clandestinidad de la Alquimia que impidiera llegar hasta
nosotros cualquier conocimiento producido.
Europa
recupera el liderazgo científico.
Los
tres procesos más trascendentes
de los siglos XV y XVI fueron:
· El
Renacimiento que representó un redescubrimiento del saber griego y
alentó un espíritu de confrontación con las viejas ideas.
· El
descubrimiento de nuevas rutas marítimas que
lograron la expansión de un comercio
creciente condicionado por el surgimiento de la economía
capitalista, y la conquista de "un nuevo
mundo".
· El
desarrollo de los intereses nacionales que diera origen al
nacimiento de los estados. Estos intereses económicos se
reflejaron en el movimiento de las reformas
religiosas (siglo XVI) que condujo a una flexibilización del
control de la Iglesia sobre el proceso de construcción del
conocimiento.
Además,
fueron acontecimientos importantes:
- La
toma de Constantinopla por los turcos (1453) que significa la caída
del último reducto de la herencia cultural grecorromana y el éxodo
de los eruditos que trasladan consigo hacia Europa numerosas
fuentes del antiguo saber griego.
- La
inauguración de la primera imprenta
práctica por Johan Gutenberg
(1397 – 1468) con lo cual se alcanza una reproducción y
difusión del conocimiento escrito no imaginado en épocas
anteriores.
En
este telón de fondo social, corresponde al siglo XVI el
inicio de una revolución en la historia de la Astronomía
como fruto de las aportaciones del astrónomo polaco Nicolás Copérnico
(1473 – 1543). Copérnico dedicó la mayor parte de su vida a la
Astronomía y realizó un nuevo catálogo de estrellas a partir de
observaciones personales. Debe gran parte de su fama a su obra De
revolutionibus orbium caelestium (Sobre las revoluciones de
los cuerpos celestes, 1543), donde analiza críticamente la teoría
de Tolomeo de un Universo geocéntrico y muestra que los movimientos
planetarios se pueden explicar atribuyendo una posición central al
Sol.
Sin
embargo estas ideas fueron rechazadas durante su siglo y el
siguiente debido a la ortodoxia católica, luterana (en la persona
del propio Lutero) y calvinista. Estas
ideas de Copérnico solo fueron
aceptadas sin reservas por los neoplatónicos representados por Giordano
Bruno (1548 – 1600) y Johannes Kepler
(1571 - 1630). Precisamente
fue Kepler, copernicano convencido,
quien llevara la Astronomía a un nivel bien fundamentado al
enunciar sus famosas leyes del movimiento de los cuerpos celestes.
Al
tiempo que la Astronomía ahora en Europa sufre un despegue, el
siglo XVI representa un despertar en el desarrollo del
pensamiento matemático, y para la Alquimia un momento de
consolidación en la búsqueda de sustancias para
fines medicinales.
Después
de siglos de predominio de las ideas aristotélicas sobre la simpatía
de los cuerpos cargados eléctricamente y entre los atraídos por un
imán y este, la obra de William Gilbert (1544 - 1603) "De
Magnete", publicada en el mismo 1600 representa un punto de
inflexión en los estudios sobre los fenómenos electromagnéticos.
Gilbert, perteneciente a esa legión de egresados de Medicina según
el currículo medieval que se ganan la vida cómo médicos (William
sirvió en la corte de Isabel I), pero sienten la necesidad de
investigar en otros campos, desarrolla las ideas primarias sobre el
carácter sustancial de la electricidad al atribuirle
propiedades semejantes a la de los fluidos, nociones que encajan
bien con las primeras hipótesis sobre las diferentes formas de la
energía que serían refinadas más de un siglo después. También
se le atribuye el descubrimiento del magnetismo terrestre.
Los
médicos continuaron siendo en esta época los aliados del
desarrollo de la Alquimia. Los más sobresalientes representantes de
este nuevo movimiento europeo, que tiene sus
antecedentes en la Farmacia Árabe,
fueron el alemán,
G. Bauer (conocido como Georgius
Agrícola, 1494 – 1555)
y el suizo, T. Bombastus (Paracelso,
1493 – 1541).
Agrícola
escribió un tratado, "De Re Metallica"
que recoge los principales aportes de los alquimistas en el estudio
de las transformaciones de los minerales y
constituye un compendio de la Alquimia
aplicada en el campo de la mineralogía. Supo lidiar el
trabajo investigativo con la política y al morir era alcalde de su
ciudad, Chemnitz.
Paracelso,
funda una escuela que pretende estudiar los métodos de preparación
de minerales con fines medicinales y niega la posibilidad de la
transmutación de los metales. La piedra filosofal es reconceptualizada
como el elíxir de la vida. Utilizó el azufre y el mercurio
en la elaboración de preparados para combatir la sífilis y el
bocio. Se considera por algunos un precursor de la homeopatía al
aplicar en sus remedios el precepto de que "lo similar cura lo
similar". Se afirma que sus encendidas críticas a la práctica
médica de la época le trajeron el rechazo de la comunidad médica.
Una aportación concreta de Paracelso
al desarrollo de la Alquimia viene dado
por su descubrimiento del zinc metálico.
El
médico y metalurgo sajón Andreas Libavius
(1540? – 1616) cierra el siglo XVI con la publicación de su libro
“Alchemia”.
Este libro viene a representar el primer manual de Química de la
Historia, constituyendo un texto, durante muchos años para la enseñanza
de la Química a médicos y farmacéuticos. Fue el primero en
describir la forma de preparar el tercer ácido fuerte mineral, el
ácido clorhídrico y la mezcla que atacaría al oro
y recibiría el nombre de agua regia. Libavius
compartía el criterio de Paracelso
sobre la función principal de la alquimia, pero reconocía la
posibilidad de la transmutación de los metales.
Mientras
la Matemática avanza, la Alquimia agoniza para dar paso a una
ciencia experimental, y la Física, luego de generar un cambio
de paradigma en la Astronomía que se mantuvo vigente durante más
de mil años, profundiza en la modelación del movimiento mecánico
de los cuerpos. Se fertiliza así el terreno para cristalizar la
obra de Newton en el siglo XVII. Toda la Ciencia posterior iba a
recibir su impacto...
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