OLLAS DE ALUMINIO:

El aluminio se corroe progresivamente por el contacto con el calor, la sal y los ácidos. Es muy eficaz porque su conductividad térmica reduce los tiempos de cocción, pero la gran cantidad de energía que requiere la extracción y fabricación del aluminio hace negativo su balance energético. La contaminación de los alimentos con aluminio está asociado con el Mal de Alzheimer, la destrucción de vitaminas, la retención de metales pesados y otros problemas. El aluminio favorece la destrucción de vitamina C. Investigadores rusos han comparado la cantidad de vitamina C del bortsch y de la compota cocida en recipientes de aluminio y de acero inoxidable. A igual cantidad inicial de vitamina C, la cantidad final era hasta 3 veces inferior en el aluminio que en el acero inoxidable.

El alumino favorece la formación de sustancias mutágenas de las carnes asadas. Desde este punto de vista, el acero inoxidable es mucho peor, es preferible asar con cualquier otro material.

Se cree que el aluminio retiene plomo. Si el agua potable contiene este metal, las paredes de las ollas aluminio lo retienen y lo liberan al añadir alimentos o líquidos ácidos. Si se deja agua acidificada durante 1/4 de hora a 60 ºC en una olla en la que antes se habrá hervido agua (sola o con verdura) que contenía plomo, entonces el agua acidificada y hervida en el recipiente de aluminio contiene de 2 a 12 veces más cantidad de plomo que si se hierve en uno de vidrio. El hecho de limpiar bien la olla antes de poner el agua acidulada no mejora el resultado: todo lo contrario, ya que después de limpiar una olla de aluminio ésta libera aún más cantidad de plomo. En cambio, con el vidrio se observa el fenómeno inverso.

Hace tiempo que se vislumbra una conexión entre la ingestión de aluminio y la enfermedad de Alzheimer: una ráoida degeneración mental que aumenta con la edad. Los estudios que rechazan esta teoría se basan en que los intestinos no absorben el aluminio y aunque lo hicieran, el metal sería repelido por las barreras naturales que protegen el cerebro contra las sustancias perjudiciales procedentes de la sangre. Pero también la teoría opuesta posee argumentos de peso: parece ser que pacientes tratados con hemodiálisis sufrieron casos de demencia similar al Alzheimer desencadenada por restos de aluminio presentes en el líquido de diálisis. Además, en el cerebro de los pacientes de Alzheimer se detectan proporciones de aluminio cuya procedencia es hasta el momento un misterio.

La primera pista la proporciona el agua potable, aunque algunos toxicólogos consideran que el contenido de aluminio en el agua es irrelevante en comparación al que contienen otros alimentos.

El agua potable rica en aluminio contiene muy poco silicio y al revés: poco aluminio en el agua equivale a mucho silicio y esto inhibe la retención del aluminio procedente de la alimentación habitual o impide los efectos perjuciciales de este metal en el organismo. En este sentido se encaminan las investigaciones del investigador británico J.D. Bitchal, quien observó que los pacientes tratados con hemodiálisis que padecían demencia sufrían al mismo tiempo osteomalacia, un cuadro clínico que puede producirse por una carencia de silicato

El organismo utiliza el silicato como elemento de contención en los lugares en los que puede incidir el aluminio perjudicial. Además, el silicio regenera enzimas que han sido "intoxicadas" por el aluminio. Así se explicarían los resultados nocivos atribuídos al agua: no es su elevado contenido de aluminio lo que propicia la enfermedad de Alzheimer, sino la carencia de silicatos relacionada con dicho elemento.

El aluminio puede entrar en nuestro organismo de las maneras más sutiles, por lo que hay que tener en cuenta una serie de consejos:

Si el agua con flúor se hierve en ollas de aluminio se disuelve diez veces más cantidad de ese metal que en al agua sin flúor.
El flúor en contacto con el aluminio forma trifluoruro de aluminio, una sustancia que se infiltra ligeramente a través de las paredes intestinales y de las protecciones naturales del cerebro.
Los edulcorantes como el glutamato, así como el ácido cítrico, fijan el aluminio y lo transportan al organismo.
Los productos ácidos como la salsa de soja, las confituras o el jugo de tomate, disuelven en ocasiones el metal de las ollas y lo hacen acceder al organismo.
Leches artificiales para bebés de venta en Australia y Estados Unidos han presentado una concentración de aluminio hasta cien veces más alta que en la leche materna y algunos niños han mostrado síntomas de demencia.
En Alemania se han encontrado cantidades importantes de aluminio en algunos alimentos de repostería. Algunos pasteleros colocan las pastas sobre una hoja de papel de aluminio y las sumergen por completo en un baño de lejía de sosa para que adquieran una tonalidad tostada. Esto ataca la hoja y disuelve el aluminio que en parte se infiltra en el alimento.
Se ha estudiado una conexión entre la frecuencia y la duración del empleo de desodorantes con contenido de aluminio y la aparición de la enfermedad de Alzheimer. Esta suposición se basa en que las uniones de aluminio, que se suelen utilizar en la elaboración de los aerosoles, al ser respiradas se almacenan sobre todo en las zonas de la nariz y la faringe pudiendo alcanzar por esta vía el sistema nervioso e incidir en el cerebro.

 

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