Feliciano
Feliciano Silverio Martínez Nava, es mi hermano inmediato mayor; el cuarto de los hermanos Martínez Nava. Nació en la Ciudad de México el 9 de junio de 1955.
Como todos los hermanos es buena persona. Tal vez sea el más introvertido, pero cuando se explaya no hay quien lo pare de contar pues su emoción de convivir es enorme. No obstante, es el más separado de los hermanos y se pierde por periodos largos de tiempo. Vive cerca de nosotros, pero no participa casi nunca en las reuniones familiares ni en los convivios de cumpleaños.
Terminó apenas su escuela secundaria pues no le gustaba estudiar o, tal vez, no le gustaba estar encerrado en una aula escuchando conocimientos del que nunca se interesaba. Pero sus virtudes es que es un estupendo dibujante y tiene los dones para los trabajos manuales, mecánicos y prácticos, en general. Puede hacer un gran dibujo caricaturizado o bien construir una cabina para remolque de auto.
Actualmente se dedica a la venta de herramientas en los mercados de la zona, pero también vende sus trabajos artesanales con la madera. De pequeños él y yo fuimos casi inseparables siendo que él me convencía para hacer cualquier travesura posible; aunque debo reconocer que siempre lo miraba puesto que construía los artefactos para los juegos.
Se casó con Ana María Rodríguez, a quien primero yo conocí y estuvimos a punto de ser novios, pero él me hizo que se la presentara y terminó en el altar con ella. Procrearon a dos hijos: Ana Edith Martínez Rodríguez a quien hace unos 15 años no vemos; y a César Alejandro Martínez Rodríguez que ya radica en alguna otra parte del país y se casó en este año de 2007, del que tampoco ya volvimos a saber mucho. Mi sobrina Ana Edith, nació el 6 de septiembre de 1987 y César Alejandro el 8 de diciembre de 1978.
Se separó de Ana María por innumerables problemas, y muy penosos, y ahora vive o convive o sufre (no se sabe) con otra mujer de la cual ni el nombre sabemos. Adoptó o aceptó a una actual adolescente como hija suya, misma que alguien le "regaló" a la mujer en cuestión.
Esporádicamente suele ir a visitar a mi madre, y a veces nos encontramos y charlamos apasionadamente de varios temas de su interés. Ahora ya es un poco diferente a lo que era antes, pues ya la madurez lo hizo recapacitar, me imagino, de sus comportamientos con muchos de nosotros.
Por lo pronto él y yo compartimos muchos golpes que nos propiciaba nuestro padre en esos ayeres olvidados de dios... Te quiero mi hermano...



