Un soplo de eternidad

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Mi familia

José C. Martínez Nava

David

Es uno de los grandes amores de mi vida, David (nacido el 18 de agosto de 1986). Es mi pequeñito, mi enano, Tatit, mi vidita, corazoncito, a quien yo cambiaba de pañales y me encantaba tanto compartir con él.

David, a los seis meses de edad

Un día, cuando el tenía 6 meses de nacido llegué del trabajo ya ansioso de que creciera y saliera a recibirme a la puerta diciendo "¡Papppppiiiiii!", nada, ese día llegué y pasé la recámara preguntando, ¿dónde está?; "está dormido, no lo despiertes"; pero fui, ¡nada!, no estaba dormido, estaba manoteando al aire. Llegué y me puse frente de él para que no buscara ni mi voz ni mi rostro. Hola, mi amor, cómo estás, -buuuu, bbbbuuuu, baaaa-, qué tal mi vida, ¿cómo te trató mami? - ahhh, ggrrr, gggarr bbbuuu-, y, entonces comprendí que nos íbamos a llevar bien, pues nos entendíamos de maravilla.

David, cuando cumplió tres años de edad.

Otro día, mientras él jugaba al boliche en el pasillo del departamento, ya teniendo él unos cuatro años, se cansa y toma una pistola verde de plástico. En eso yo voy a traer unos papeles para seguir con mi trabajo y me dispara. Caí herido de muerte, ruedo por el piso estrepitosamente. Él no se la cree, pero yo sigo jugando, me hago el occiso, no me muevo. Acerca sus manitas tomando mis brazos y no hay respuesta, toca mi rostro una y otra vez, no pasa nada; toma una de mis piernas y me dice papi, papi. Nada, me había "asesinado". Entonces va a la sala de lavado a ver a su mamá: "Mami, papi, maaaaaaaa", mientras le señala el lugar del atentado; su mamá no le hace caso, y regresa al lugar de los hechos, pero no consigue revivirme... Comienza a llorar.... mi bebé tan lindo....

David cuando cumplió un año, apagando las velitas del pastel, el cual no le gusta; jamás come pastel (igual a su padre, o por lo menos a mí).

Tendría unos seis meses un día, un domingo, a las 7 de la mañana, despierta y comienza, en su cuna a gritar, más bien a balbucear. Me despierta, nos despierta con tanto grito. A la vez, los dos papás volteamos a ver qué le pasa, nos mira y nos dice; "Holaaaaaaa". Juro, lo juro que habló, sé que no me creerán, pero yo quería que eso dijera y desde entonces, siempre le decía: "hola carambola", y le gustaba.

David a los diez años de edad.

Tendría 4 años, iba ya al jardín de niños, donde su maestra se dio a la tarea de enseñarles una letra diariamente; ya sabía reconocer las letras; entonces a él le gustaban ver por televisor la lucha libre; no sé por qué, pues yo no la veía, ni la veo. Un día en el autobús mira el periódico deportivo de un lector asiduo y ve la contraportada, donde aparece un luchador en pose; me pregunta, qué dice ahí; leo y le contesto; ese día llegamos a casa y como ya sabía las letras le enseñé a leer; desde los cuatro años ya sabía leer y escribir; me pareció increíble que aprendiera con unas cuantas lecciones: "el interés cognoscitivo hace maravillas".

Y seguía creciendo.

Uh, qué tantos recuerdos de ese pequeñito que ahora mide un poco menos que 1.90 metros y cuando lo abrazo no abrazo su torso sino su cintura; bueno, no tanto... Gracias por vivir mi amor.Todo un rebelde (con causa).

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