Carta a mis hijos
Hijos de mi vida; David, Rita Elena:
Hoy, pensando en ustedes, en lo que han constituido en mi vida, lo tanto que representan para mí, y por todo el amor que les tengo, quiero expresar, con palabras, lo que los amo y, en la práctica, lo que los he amado y amaré siempre...
Cuando suena mi despertador, aún con sueño, con ganas de renunciar a todo y convertirme en un paria, vienen a mi mente, viene a mi mente su futuro, e incluso, pienso en sus familias futuras, en sus hijos, sus nietos, y me levanto, con pesadumbre, pero lo hago porque sé que un día me comprometí con ustedes aunque no lo sepan; me comprometí a hacerlos personas de bien, y contribuir un poco a que sus vidas sean mejores, siempre mejores; me ducho, me pongo presentable y me voy al trabajo. Siempre pienso en ustedes porque son una linda razón para seguir. Cuando camino hacia el trabajo, cuando escalo un calle empinada, respirando agitado por el esfuerzo, me digo: bien vale la pena, por ellos, por mí, por los que nos quieren y nos querrán. Y, sigo; no lo notan, pero los amo con ejemplos y sé que algún día eso lo valorarán como yo valoro sus esfuerzos por ayudarse, por ser mejores cada día. Ahora se los digo porque ustedes lo vivirán y sabrán entonces lo hermoso que es amar y, sobre todo, amar sin esperar nada, y muchas veces, sin recibir nada, sólo por el hecho de que existen las personas que amamos.
Tienen que saber que el amor es amar a alguien, a una persona; es una especie de agradecimiento al universo y a la historia de nuestras generaciones pasadas que trabajaron duro para nosotros, para hacernos existir, para darnos y legarnos su mundo. En el acto de amar a alguien, de algún modo, resuminos todo el cosmos, y damos todo en un acto sublime, en una serie de esfuerzos, de pensamientos y sentimientos a alguien, al ser amado. Amar -bebés- no es esperar nada a cambio, como cree mucha gente. Amar es, de alguna manera, haber entendido que somos seres humanos que tenemos un fin en la vida, y ese fin no es cualquiera, pues ya que estamos aquí, seguramente será más bien de bondad, de contribuir a que los humanos, que comparten nuestro mundo, o que lo compartirán con sus hijos, vivan felices un día que llegará seguramente.
Amar -David, Rita-, son ustedes, por existir, por el simple hecho de ser, de ser humanos. No crean que el amor se compra ni se logra ni se gana en base a convencimientos interminables, como tampoco se mide en base al recibimiento del amor; el amor se da, con ese tremendo gusto de, simplemente, dar, entregar, poner en el mundo del ser amado, lo mejor para nosotros. Esto no nos asegura jamás ni siquiera tener el privilegio de ser amados pero, por lo menos, nuestras conciencias quedan limpias sabiendo que, lo que somos por nuestros esfuerzos, lo pusimos al servicio de alguien, quien si es un ser que nos ama, pondrá lo suyo para nosotros y, entonces, podríamos estar muy cerca de ser felices.
El mundo que nos tocó vivir es el más pobre de la historia humana. Se los digo porque, desafortunadamente, predomina, aún, ese afán de lucro, de ganancia, de estúpido egocentrismo; él que no toma en cuenta que todos los habitantes de la Tierra, viajamos en ella, por el universo, juntos; sin darse cuenta que juntos somos, que no avisora que separados y estúpidos no lograremos más que indignidad, desgracia, guerras y toda una serie de lacras que impiden, impidieron e impedirán nuestro desarrollo y nuestra felicidad.
Efectivamente, vivimos aún, ahora que estuvimos y estamos juntos, en algo que en la ciencia se llama capitalismo. El capitalismo es una organización económica y social que sólo asegura el bien material para unos cuantos, dejándonos a casi todos los demás quienes, por cierto, somos miles de millones, en el trabajo de soportar, con pobreza, con mal vivir y mediante mucho trabajo, sólo un poco de lo que queda de la riqueza social. Pero, además, es una organización nefasta que un día tendrá que desaparecer por detener el avence ineludible de todos en conjunto pero que, mientras tanto, nos coarta las oportunidades de ser los representantes dignos de nuestro cosmos. Por eso, cada acto, así sea el más mínimo en nuestras vidas, debe ser, no obstante lo difícil, un acto de buscar lo mejor para todos, intentando poner ese grano de arena de la playa que algún día será para todos, por todos, y mediante todos.
Tienen una obligación con ustedes, para ustedes, para los suyos y para los demás seres de la sociedad que les rodea, de la que forman parte. Esta obligación consiste en no olvidar que sus esfuerzos personales, sus logros y el cumplimiento de sus objetivos personales no son sólo para ustedes mismos sino para todos, sobre todo, para los amigos, los amores, los cariños, los hombres y mujeres que están muy cerca de ustedes; sólo así trascenderán, pues, en caso contrario, no serán más que unos seres adaptados a los gustos de los burgueses que hoy dominan nuestra sociedad.
Pueden ustedes preguntarse qué pasó conmigo, por qué con tanto potencial de mi inteligencia no concreté eso en bienes materiales, de los cuales los privé por ser como soy; pero les diré algo, no es fácil, nunca será fácil ver más allá de lo que nuestros ojos miran; no es fácil una vida llevada con dignidad, con honestidad. Pero, ni siquiera es fácil nada. Uno tiene que tener en la vida los objetivos claros y tener un código de principios y valores con los cuales regir la vida; en caso contrario, pienso, sólo seremos humanos que bien no pudieron existir sin dejar huella genuina. No se trata sólo de dejar una huella, se trata, en realidad, de haber vivido y ser feliz del modo más limpio, más honesto. Un día, espero, que entiendan que mis vivencias y experiencias, a pesar de ser pocas y no ligadas a cosas materiales, son tan bellas, tan felices, que puedo decir que he sido feliz en ese aspecto; y siempre he pensado que la felicidad así es hermosa.
Luchen en contra de las estupideces de nuesta época y de la suya, ustedes sabrán cómo hacerlo, sólo basta con tener la vista del camino muy clara: mirar al frente, mirar detrás, mirar a los lados, arriba y abajo. No pierdan de vista que la felicidad no existe como tal, como la democracia, como la libertad, sino que la felicidad, la democracia y la libertad consiste en buscarla, en luchar por ellas para todos.
Pero, sobre todo, amen, den, sientan el priveligo de vivir, de ser mejores. El ser humano no vale por lo que dice que vale sino por lo que demuestra en la realidad, en la interacción con los demás. No dejen de luchar jamás porque ninguna edad es vieja cuando hay lucha; así, nos encontramos con jóvenes en fisiología corportal y viejos torpes en la realidad, o viceversa. La lucha es la base para los logros, no particulares, no ególatras, sino ese logro que tiene alcances enormes. Combatan lo torpe, la ignorancia y la prepotencia, igual, combatan la idiotez de personas que sienten que lo mejor, y lo único, es el dinero, o el dominio, material o espiritual, de otra persona.
Por el momento me despido de ustedes. Quiero hacerles saber que los amo tanto que no caí en la cursilería de hablarles de un amor inexistente; ustedes perdonen si les hablé de que odien la guerra por un lado, y que hagan su guerra por el otro, ¿qué significa esto? Sencillamente que para lograr la paz habrá que hacer la guerra real, la de los seres humanos, no la guerra rapaz de un puñado de estúpidos hombres que hacen guerras y asesinan por el dominio económico y político. ¡No! La guerrra que les corresponde es por la paz, luchando por no permitir más esas barbaridades de nuestra época.
Confío en que un día sabrán, ustedes mismos, hacerse de sus propios intereses. Lego mi punto de vista por si acaso sirve de algo. Pueden ustedes ser, libremente, lo que deseen, sólo les prevengo que no pierdan jamás sus principios, no los míos, sino los de la mayoría de los hombres y mujeres del mundo, que me he atrevido a interpretar para ustedes. Puede ser que no valgan nada mis palabras en un futuro; aún así, hay valores que jamás cambiarán, debido a que siempre serás los más universales, los más importantes para ser mejores en el mundo. Esos, espero, ustedes los busquen y los interpreten; ojalá los siguieran.
Bebés, me despido por esta vez. Cada caricia, cada sonrisa, cada palabra que yo les he dado son por mi amor por ustedes. Disculpen si he sido injusto una o muchas veces, es, de algún modo un sentir que tal vez sea muy personal, pero que demuestra que yo quisiera lo mejor para ustedes, y lo mejor no está en cosas materiales, sino en cuestiones relativas a que somos una raza que un día habitó un planeta que llamamos "Tierra". Yo sé, que mi amor por ustedes un día rendirá frutos. No sé cuáles serían esos frutos, pero yo espero que no pierdan de vista, jamás, que el amor es nuestro máximo logro, el mejor invento que haya existido; y ese no es patrimonio de nadie, todos podemos ser capaces de darlo, y, si es posible, de vivirlo... Vívanlo, es mi mejor deseo; sean felices con el amor... Los amo.
José, 2005





