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Mensaje
de la Santísima Virgen María, recibido
a través de José-Luis Manzano García,
en Talavera de la Reina (Toledo).
El día 25 de Julio de 1990.
EL HERMANO: La Paz del Señor está con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
EL HERMANO: Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
SANTIAGO APOSTOL: ”Rabí, ¿cómo podría agradar Yo
más al Padre?”
EL MAESTRO: ”En verdad te digo Boanergue que por mucho que intentes
agradar al Padre, nunca es lo suficiente, porque el Padre se merece mucho
más de lo que un sólo hombre pueda darle. En
verdad te digo que por mucho que quisieras que una siembra saliera en un
día, no podría, porque todo está hecho según Dios lo quiere, y según así él
lo ha previsto.”
LA MADRE: Así es, hijo mío. Hace mucho tiempo estas palabras resonaron en
aquellas tierras lejanas a éstas.
Unas tierras, unas paredes y techos que guardan secretos para algunos
incríbles, para otros posibles, y para otros simples leyendas. Todo está
ahí, hijo mío, todo, tú conoces esa historia.
Algunos de ellos la oyeron, pero nadie puede conocerla mejor que tú; así es,
hijo mío. En tu interior todo está cerrado y todo es un recuerdo; y para tí
es como si hubiese sucedido hace pocos días, y han pasado muchos años y
muchas lágrimas desde entonces, y muchas alegrías, pero muchas más
tristezas: "Nació para servir al Hijo de Dios y
para servir a Dios a la vez. fiel, sencillo, humilde
y bueno."
Se entregó en cuerpo y alma: "Dejadlo
todo y seguidme sin pensarlo".
EL y su hermano se embarcaron en aquel barco que se dirigía hasta Dios.
Dejaron su familia, todos ellos sus esposas, sus hijos, sus madres y
padres y decidieron seguir la verdad.
SANTIAGO Apóstol, el primero en morir de todos ellos,
se entregó con valor, sufrió con dolor, pero no tenía ningún miedo, sabía
que todo aquel sufrimiento sería recompensado a donde
se iba a dirigir.
Cuántas veces, hijo mío, oí a aquella voz decir:
"Madre, ya me he de marchar junto a vosotros, y con vosotros. Reina:
Intercede Tú ante el Todopoderoso y tu Hijo, no para que me quites la pena,
y tampoco para que me retires la hora de mi muerte, solo te pido que Tú
intercedas ante el Padre y ante el Hijo por todos éstos que dejo aquí, a mi
hermano, a mi esposa, mis hijos. ¡Ayúdales!, porque Yo ya no estaré con
ellos en cuerpo, para aliviar sus penas."
Estas palabras, hijo mío, están grabadas en mi interior, unas palabras que
tampoco puedes olvidar, porque dentro de tí viven y perduran, hijo mío. Esas
palabras son como una llama para tí. Una llama que ningún agua podrá apagar.
Una llama permanente.
Murió en honor a Dios, entregó su vida por Dios;
así le dijeron:
"Si tú quieres no morir, deja de hablar de ese que hablas y entonces
vivirás".
Y Él con palabras respondió:
"Si quieres vivir, pero no aquí, habla
la verdad, como yo hago, y entrégate a El como Yo hago, entonces vivirás
para siempre, no en intervalo."
Mucha tristeza, hijo mío, mucho dolor y mucha alegría; pero todo esto está
encerrado, y muchas cosas que el hombre ha tapado para que no se sepan, y
aquí estamos nosotros para descubrirlo. Así será, hijo mío.
SANTIAGO APOSTOL: La Paz está con vosotros. PUBLICO: Y con tu
Espíritu Hermano.
SANTIAGO APOSTOL: Ave María purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
SANTIAGO APOSTOL: Toda una vida de sufrimiento y dolor ofrecida a mi Padre,
y al cual Yo serví en la tierra a Dios Hijo, aquel
hombre que murió en la Cruz, que tuvo el valor de perdonar a todos con un
sufrimiento extremo.
¡Sí!, muchos saben quién soy Yo, tú también.
Yo vivo dentro de tí; y tu interior está
gravado por una herida eterna: La cobardía de no ayudar al Hijo de Dios. Muchos
no comprenden, otros aparentan que sí, pero no es así.
Recuerda: "Yo soy
Yo y tú eres tú: somo iguales. Porque YO SOY TÚ
y tú eres yo."
La vida de entonces pasada, se va a repetir en muchas etapas:
"Tu carne es mi carne; mi alma es tu alma, el sufrimiento y
la alegría, y tus ojos mis ojos, Mi sabiduría tu conciencia.
Tendrás tanto como Yo tuve. Tus pies mis pies; mi corazón tu
corazón. Lucharás por Dios y por el hombre; tu valor
mi valor. Mi escudo tu escudo."
Dejarás a tu familia y seguirás el camino guiando a tu familia y a todos
aquéllos que quieran seguirte. Tu cuerpo mi cuerpo; tu alma mi alma; todo
está dicho por Mí, que ellos recuerden:
Vivo en tu interior, y ahora en esta etapa de esta vida que Dios
me ha entregado de nuevo, tengo que agradarle mucho, porque hace mucho por
Mí, Yo también haré por EL.
EL MAESTRO: La Paz esté con vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Maestro.
EL MAESTRO: Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
EL MAESTRO:
Es tu corazón el que habla, hijo mío. Recuerda:
"Tú eres él, y él
eres tú. Sois los mismos."
Que nadie lo confunda. Y recuerda:
"Tu cuerpo su cuerpo, y su alma tu alma".
Hijo mío: Lo dejaste todo con una simple palabra:
"Ven, sígueme si quieres llegar hasta el Padre, tu hermano y tú."
Así lo hicísteis dejando una esposa, dos hijos y él, a tus padres en aquel
entonces, El también ha vuelto y está muy cerca, muy cerca de tí, porque El,
en aquel entonces, nunca se apartó de su hermano, y tampoco de aquella
esposa que dejó su hermano y ahora permanece cercano a su hermano.
Yo también estuve cercano entonces y ahora lo estoy, hijo mío; tú no nos has
abandonado, nosotros tampoco a tí; tu alma es grande, y ahora has de
hablarles a ellos como tú quieras y así deseas.
PADRE ETERNO:
Recuerda: Hace un año Yo dije algo en este lugar, y nadie lo escuchó; lo que
dije entonces voy a repetir hoy, y siempre lo diré: "Aunque
el hombre quiera cambiar mis planes... Yo
soy el que soy."
Tu vida de entonces será repetida en algunas partes. Sufriste mucho y Yo te
entregué un alma, y un alma preparé, y digo entonces: "aquél que tenga
que decir algo, ya pudo hace un año, el que ahora habla...
LA MADRE:
Habla sin decisión y por ofenderse a sí
mismo." Dicho está...
PADRE ETERNO: ...Y escrito está.
LA MADRE:
Pero ten cuidado, hijo mío; aparecerán muchas almas que dirán ser elegidas
por Dios para ayudarte. Ten cuidado:
Para ayudarte sólo hay una, y siete: Un alma
especial para tí, y SIETE apóstoles de entonces.
Tú conoces ese alma y es suficiente, ya el hombre sabrá después y pronto.
Hijo mío, no sufras en tu interior:
"Una espada cayó sobre su cuello acabando con su
vida; aquella cabeza rodó hasta el lugar donde estaba su hija quedando sin
hablar." Para algunos una historia, para tí una realidad. En ellos queda el
creer o no creer, pero dicho está todo".
Pedidme hijos míos.
PUBLICO: (Piden varios a la vez, no se entiende.)
LA MADRE:
Llegó la hora de marcharnos hijo mío. Recuerda: hace un año, tú hablaste;
ahora te toca otra vez. No te olvides, hijo mío, que aún quedan días
especiales en este año, y que Dios cambiará tu vida.
Y vosotros sed fuertes y luchad como lo hizo el Apóstol
entonces y ahora. Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Madre.
EL HERMANO: Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
EL MAESTRO: Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Maestro.
PADRE ETERNO: Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Padre.
EL HERMANO: Adiós Hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.-
EL HERMANO: Que la Paz del Señor-Yahvé, y la fuerza
del príncipe de las almas quede con vosotros.
PUBLICO: Que así sea, Hermano.
EL HERMANO: Te toca pués hermano. Ave maría purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
EL HERMANO:
Una vida pasada, dolorosa y cruel; se volverá a repetir en muchas ocasiones.
Soy tu Angel de la Esperanza;
(1) no te olvides
que el Angel Luchador
(2) está
contigo, y contigo todos tus Angeles, y lo que te hagan a tí, nos hacen a
Nosotros. Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.__
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(1)
19.4.1990
- Mensaje del Angel de la Esperanza.
(1)
El Arcángel San Miguel.
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