«El Espíritu Santo penetró en el vientre de María
como un rayo
   de luz
penetra por un cristal sin dañarlo
, sin romperlo, sin quemarlo
  

                                      

    

                                La Inmaculada Concepción

  
Mensaje de la Stma. Virgen María, recibido en Talavera de la Reina,
  
   a través de José-Luis Manzano García - el 8 de Diciembre, de 1989. 
 

EL HERMANO: La Paz del Señor habita entre vosotros.
PUBLICO:  Y con tu Espíritu Hermano.
 
LA MADRE: Ave María Purísima.        
PUBLICO: Sin pecado concebida.
 
EL HERMANO: 
María, ¿eres Tú la Luz de cada alma? 
María, ¿eres Tú la Luz que luce en el Universo resplandeciendo en cada corazón?  Y ayudando a cada pensamiento y alma.
   
María, ¿eres Tú sonrisa del Padre Celestial?
María, ¿eres Tú pura en el mundo y pura en el Cielo? 
María, ¿eres Tú la única que soporta el brazo pesado del Dios Elohim-Jahwé.

María, ¿eres Tú la que sufre todos los errores de tus hijos amados?

María, ¿eres Tú la que sonríes cuando hay que sonreir?
   ¿Y eres Tú la que lloras cuando hay que llorar?

    María,  ¿eres Tú la que soporta cada burla? ¿Eres tú la Inmaculada Virgen María, elegida entre tantas y tantas mujeres?

   Elegida por Dios. 
¡Sí!, es cierto que Ella es inmaculada por la Voluntad de Dios, y porque Ella hizo sus méritos para serlo. 

   Cuando vosotros hermanos, no queréis nada que os pueda dañar, lo rechazáis, y no os daña.  Y es porque vosotros habéis querido, poniendo vuestra voluntad.  Y porque Dios os ha ayudado. 

   María, Madre de Jesús, siendo niña de cuatro años en adelante, se postraba en el Templo mirando al Cielo, y rezaba a su Dios con dulzura.  Y rezaba a su Dios con amor.   María, con cuatro años les hablaba a sus padres de cosas que una niña no podía hablar.

   Era el Espíritu Santo el que la estaba iluminando desde niña. Cuando su edad fué avanzando llegó el momento de concebir a Jesús en su seno. Ella no rechazó la palabra del Dios Yahwé, ni la del mensajero, que fuí Yo

   Ella solo dijo: 
"Heme aquí ante Tí,  mi Señor,  hágase en Mí según tu palabra."
  

 
Esas palabras son así: "Qué se cumpla en Mí todo lo que tú dices, porque lo que tú dices viene de Dios, y Dios es bueno."  Y así fué, se cumplió:


   «
El Espíritu Santo penetró en el Vientre de María como un rayo de luz penetra por un cristal sin dañarlo, sin romperlo, sin quemarlo.»

    Así lo hizo el Espíritu Santo, y  todo dentro de su seno. Una creatura bella y hermosa:  Jesús de Nazareth.  Y Ella contenta, porque sabía que ése era el Hijo de Dios, el cual Ella debía de cuidar como Madre, y al cual debía de escuchar como hijo.  Y Ella no se negó para nada en recibir todo eso. 

    Y después tristeza por otro lado, porque sabía que su Hijo iba a morir.  Pero Yo sé todo sobre Ella, porque Yo también sé todo sobre vosotros.  Pero Yo, Yo no soy nadie para contar cosas de una Reina bella, y tan grande. 

    Yo no soy nadie para deciros cómo Ella se sintió, y para explicaros cómo fué su niñez.  Ellos lo pueden contar mucho mejor, por eso llega el momento en que vamos a llamar a María...

   ¡Ay hermano!, ¡cuántas risas, cuántas ofensas
(1)  Para muchos parece imposible, pero también a la vez ya llamaremos al Dios Yahwé.

   Pero quiero decir que las risas a Mí no me ofenden.  Delante de Mí hay un escudo protector que es la Voluntad de Dios, la que rechaza vuestras ofensas. Pero que Dios os perdone.  
 
   ¡María!,  Madre de Jesús, Madre de todo ser humano, aquí estamo en el lugar de cada cita y cada palabra tuya, y de cada lágrima caida sobre esta habitación.
   
    ¡María!, Reina sonriente, aquí estamos semblantes, esperando tu palabra que también se cumplirá sobre Mí y sobre ellos.  Sobre ellos como Madre, y sobre Mí como  mi Reina.

    Y a Tí, Padre Celestial, Tú que elegiste a María entre tantas mujeres, a Tí te aclamamos desde aquí, desde la Tierra todos tus hijos, y Yo, mensajero tuyo te pido hoy,  pido en este día reluciente en el corazón de vuestra Reina y Madre, que acudas a la llamada  de éste tu mensajero. Y que acudas a la llamada de éstos, tus hijos.

  
 ¡María, ven a nosotros! He aquí a tus hijos, Padre Celestial, he aquí tus esclavos, tus hijos.  Ellos sabrán cumplir, porque Tú eres Padre.  

   En algunos de ellos, ¡oh Madre Santa!, habita tu palabra, tus consejos, tus sonrisas y tus lágrimas.  ¡María!, Madre del Universo, tengo aquí conmigo a tu Guerrero amado
(2)  En él sí que están de verdad tus lágrimas, tu sonrisa y tantos secretos como Tú les dejas. 

   Y tantas cosas como Tú le das, por medio del Padre Celestial. 
 
   ¡María!, aquí Yo, tu mensajero, aquí tu Guerrero amado, Yomin-Lemin. Aquí tus hijos te aclaman:  ¡ven a nosotros Reina y Madre!  

LA MADRE:  La Paz del Señor esté con todos vosotros.
PUBLICO:  Y con tu Espíritu Madre.

LA MADRE: Ave María Purísima.        
PUBLICO: Sin pecado concebida.
 
LA MADRE:
    Vengo reluciente hjo mío, hoy puedo sonreir; hoy me puedes ver que no estoy apenada.  Hoy es mi día, y aquí estoy a la llamada de este mi mensajero, de vosotros mis hijos, y de tí, mi Guerrero. Aquí estoy como Madre un día más, vengo a mis hijos de este mundo.

   Aquí estoy sobre tí y sobre ellos, soportando las burlas de este mundo. Y todo lo que hacen en contra de Dios.  Es cierto hijo mío, con cuatro años, arrodillada ante el Templo, alzaba mis ojos al Cielo, y ya sabía decir:  "Lo que tú quieras que haga Padre Santo, dímelo y lo haré." 

   Y a mi lado un Angel constestaba: 
    "Lo que él quiere que tú hagas, es lo que hoy haces. Orarle y respetarle, porque hoy eres niña, pero a la vez llegarás a ser mujer, y Dios quiere algo de tí. Dios quiere que tú seas algo en su plan. Dios quiere, María, que tú seas la  madre de su Hijo, el Mesías." 

    Más adelante fuí anunciada de todo cuanto llegaría a Mí: 
 
 
    "No temas María, porque en tí mora Dios.  No temas María, solo vengo a avisarte y a darte una buena nueva, de la cual tú ya sabes:  Llena de Gracia, el Señor está contigo, darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Emmanuel, será grande en todo el mundo, y sus palabras darán mucho de que hablar.  Sufrirás, sufrirás con él, María, lo que él sufrirá."
 
LA MADRE:
    Palabras hijo mío, que están dentro de Mí guardadas, como tú guardas las que Yo te digo. Es cierto hijo mío: todo lo que soy  es porque Yo hice motivo para serlo, puse mi pequeña parte en el plan, y Dios, mi Padre, puso su parte más grande en el plan. 

   Y aquí estoy: Madre de todo ser humano. Madre del más ladrón, madre del más asesino, pero que nadie se tenga como bueno, hijos míos, porque dentro de cada uno, hay un pequeño error que ensucia vuestras almas.

    Mucho sufrimiento hijo mío, siguiendo a mi hijo hacía el monte Calvario. Mucha alegría cuando mi amado esposo, el Espíritu Santo, traspasó mi vientre llevando la luz de mis sueños hasta mis entrañas.
  ( ... ) el cual nacería y solo con sus palabras revolucionaría al mundo.

   Con doce años perdido, perdido fué a hablar con aquellos doctores.  ¡Doce años!  Y ellos se preguntaban,  ¿de quién eres hijo? El con sonrisa dulce decía:
    
    "Soy hijo de María de Galilea, y de José el carpintero, y soy hijo de aquél que nos ilumina, y nos hace caminar, del Dios Yahwé, Padre de Abraham, de Moisés y de Jakob, Isaac, Padre vuestro mis señores, y padre mío." 

    Aquellos doctores decían:   "¿Cómo puedes tú hablar de estas cosas? ¿Quién te ha enseñado?"   El con dulzura respondía:  "Nadie me ha enseñado, dentro de mí es como una llama, como si me quemase.  Y tengo que expulsar lo que hay dentro de mí. Y son palabras de vida eterna."  
 
LA MADRE:
    "Hijo, Hijo, nos tenías preocupado.  Hemos estado buscándote por toda la ciudad, y no te hemos encontrado, pero he oido tus palabras, y he dicho:  "¿Quién sino el Hijo de Dios podría hablar de tales cosas?" 

    Y he entrado hasta aquí.
 
EL MAESTRO:  "¡Madre, padre!, ¿porqué os preocupáis por mí?  No temáis, no me ocurrirá nada. El ya se ocupa de mí."
 
LA MADRE:
    Palabras inolvidables para Mí, el cual Dios Padre entregó a José, mi esposo amado, al cual respeté, y al cual me respetó, el cual Dios me entregó para así poderme ayudar en todo lo que me iba a suceder a Mí, a mi amado Hijo y a él.
 
EL  ANGEL: 
   "José, José, marchaos de la ciudad, a la mañana Herodes mandará a matar a todos los niños nacidos.  ¡Marchaos de la ciudad!" 
 
LA MADRE:  
   Dios se ocupaba de nosotros, Dios siempre nos ayudaba, si en un sitio corríamos peligro mandaba a sus mensajeros y nosotros nos marchábamos.

    Por eso hijo mío nadie comprende como a Mí,  María, Virgen y pura, me fué entregada a José.  Hijo mío, en aquel tiempo todo era así, pero él fué bueno, y padre a la vez.  Supo comprenderme en los momentos que la tristeza invadía mi ser, y me decía:  "María, amada esposa, ¿porqué sufres?"  
 
    Yo le decía:  "José, amado esposo, ahora puedes sonreir, porque es niño, pero pienso en cuando él sea mayor, todo cambiará, José amado."  Y él decía:  "María, amada esposa, palabras que sufrir, eso es lo que el Padre, el Dios Yahvé, quiere. No sufras más."

   
Y Yo, ¿qué más pude pedir del Padre Celestial, hijos míos?  El me lo dió todo: Un esposo amado, un hijo amado, El sabrá comprender tan dulzura y tan tesoro. El saber sufrir y en saber llevar un sacrificio extremo hasta el final. 

   No le pude pedir más al Señor, y tú tampoco hijo mío.  Porque ya te lo ha dado todo.  Pedidme hijos míos.
 
PUBLICO:  ¡Madre!         
LA MADRE:  ¡Dime!
(No se entiende lo que dice.)
 
LA MADRE:  Dádselas a El, que es el que obra sobre vosotros, igual que lo hizo sobre Mí. ¡Seguid pidiendo hijos míos!   <

PUBLICO:  ¡Madre!         
LA MADRE:  ¡Dime!   
 
PUBLICO:  
   Yo te voy a pedir el Triunfo de tu Inmaculado Corazón, que lo veamos Madre mía, que Tú nos dices que está cerca.     
 
LA MADRE:  
    ¿Y acaso no lo creéis, hijos míos?  Son once mis Apóstoles, los que hay en la tierra, con ellos sus familiares; cada uno está haciendo su labor en cada pais donde quedó, y ellos harán que mi Inmaculado Corazón triunfe. 

   Ya lo están haciendo. Ya no sufro tanto, porque ellos con sabiduría y amor, saben enseñar todo lo que aprenden. Seguid pidiendo hijos míos.

PUBLICO:  ¡Madre!       
LA MADRE:  ¡Dime! 
  
PUBLICO:  
   Te voy a preguntar esas profecías sobre el gran Guerrero que han llegado a nuestras manos, de siglos anteriores, como el Siglo V y el X, y ahora últimamente el XX, ¿podemos hacer fotocopias y repartirlas?  
 
LA MADRE: 
   ¡Sí hija mía! Lo del Guerrero ya no es un secreto.
(2)  Lo del Guerrero todo está dicho en parte, pero queda la parte final, la más dura para tí hijo mío. 

   En la que más sufrirás. Con esas profecías, hija mía, del gran Guerrero, muchos de los que tanto y tan mal hablan, esas malas lenguas que critican cerrarán sus bocas para siempre, porque el gran Guerrero tiene el apoyo, el más grande que nadie haya podido tener. 

   Y con esto, hijos, os entrego mi Paz. Adiós hijos.   

PUBLICO: Adiós Madre. 
 
PADRE ETERNO: Adiós hijos.                           
PUBLICO: Adiós Padre.

EL HERMANO: Adiós hermanos.                      
PUBLICO: Adiós Hermano.

EL HERMANO:
 Que la Paz del Señor Yahwé,  la fuerza del Guerrero y el amor y dulzura de esta Santa Madre y Reina habite en vuestros corazones. Así sea.    

PUBLICO: Que así sea Hermano.
 
EL HERMANO: Ave María Purísima.                
PUBLICO: Sin pecado concebida.
 
EL HERMANO:
  Sonríe hermano, llegan los momentos grandes para tí. Adiós hermanos.
 
PUBLICO: Adiós Hermano.__ 
    
 
   __________________________
  (1Algunos asistentes al mensaje se reían, iban allí solo para ridiculizarlo.
 
(2)   Se refiere al vidente, José-Luis Manzano - www.joseluismanzano.net
  


 
 «El Señor Yahwé  traspasó tu corazón al igual que un rayo de luz traspasa un cristal, dejando así en tu corazón un alma.  Antes de que Yo viniese a tí, tú ya sabías que en tí ya había algo, porque eras diferente a los demás. (...)  Hijo mío:  Santiago Apóstol entró en tu corazón llenándote de sabiduría, de amor.» 
     -Mensaje 20-7-1989.

  


  
 
«Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y con mentira digan contra vosotros todo género de mal, por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque grande será vuestra  recompensa en los Cielos.»  -Mt. 5, 11-12  
 

 


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