EL HERMANO: La Paz del Señor habita entre
vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
LA MADRE: Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
EL HERMANO:
María, ¿eres Tú la Luz de cada alma?
María, ¿eres Tú la Luz que luce en el
Universo resplandeciendo en cada corazón? Y ayudando a cada pensamiento y alma.
María, ¿eres Tú sonrisa del Padre Celestial?
María, ¿eres Tú pura en el mundo y pura en el
Cielo?
María, ¿eres Tú la única que soporta el brazo
pesado del Dios Elohim-Jahwé.
María, ¿eres Tú la que sufre todos los errores de
tus hijos amados?
María, ¿eres Tú la que
sonríes cuando hay que sonreir?
¿Y eres Tú la que lloras cuando hay que llorar?
María, ¿eres Tú la que soporta cada
burla? ¿Eres tú la Inmaculada Virgen María, elegida entre
tantas y tantas mujeres?
Elegida por Dios.
¡Sí!, es cierto que
Ella es inmaculada por la Voluntad de Dios, y porque Ella
hizo sus méritos para serlo.
Cuando vosotros hermanos, no queréis nada que os pueda
dañar, lo rechazáis, y no os daña. Y es porque vosotros habéis querido, poniendo vuestra voluntad. Y
porque Dios os ha ayudado.
María, Madre de Jesús, siendo
niña de cuatro años en adelante, se postraba en el Templo
mirando al Cielo, y rezaba a su Dios con dulzura. Y rezaba
a su Dios con amor. María, con cuatro años les hablaba a sus padres de cosas que una
niña no podía hablar.
Era el Espíritu Santo el que la estaba
iluminando desde niña. Cuando su edad fué avanzando llegó el
momento de concebir a Jesús en su seno. Ella
no rechazó la palabra del Dios Yahwé, ni la del mensajero,
que fuí Yo.
Ella solo dijo:
"Heme aquí ante Tí, mi Señor, hágase en Mí
según tu palabra."
Esas palabras son así: "Qué se cumpla en Mí todo lo que tú
dices, porque lo que tú dices viene de Dios, y Dios es
bueno." Y así fué, se cumplió:
«El Espíritu Santo penetró
en el Vientre de María
como un rayo de luz penetra por un cristal sin
dañarlo, sin romperlo, sin quemarlo.»
Así lo hizo el Espíritu Santo, y todo dentro de su seno. Una
creatura bella y hermosa: Jesús de Nazareth. Y Ella
contenta, porque sabía que ése era el Hijo de Dios, el cual
Ella debía de cuidar como Madre, y al cual debía de escuchar
como hijo. Y Ella no se negó para nada en recibir todo
eso.
Y después tristeza por otro lado, porque sabía que su Hijo
iba a morir. Pero Yo sé todo sobre Ella, porque Yo también
sé todo sobre vosotros. Pero Yo, Yo no soy nadie para
contar cosas de una Reina bella, y tan grande.
Yo no soy nadie para deciros cómo Ella se sintió, y para
explicaros cómo fué su niñez. Ellos lo pueden contar mucho
mejor, por eso llega el momento en que vamos a llamar a
María...
¡Ay hermano!, ¡cuántas
risas, cuántas
ofensas! (1)
Para muchos parece imposible, pero
también a la vez ya llamaremos al Dios Yahwé.
Pero quiero
decir que las risas a Mí no me ofenden. Delante de Mí hay
un escudo protector que es la Voluntad de Dios, la que
rechaza vuestras ofensas. Pero que Dios os perdone.
¡María!, Madre de Jesús, Madre de todo
ser humano, aquí estamo en el lugar de cada cita y cada
palabra tuya, y de cada lágrima caida sobre esta habitación.
¡María!, Reina sonriente, aquí estamos semblantes, esperando
tu palabra que también se cumplirá sobre Mí y sobre ellos.
Sobre ellos como Madre, y sobre Mí como mi Reina.
Y a Tí, Padre Celestial, Tú que elegiste a María entre tantas
mujeres, a Tí te aclamamos desde aquí, desde la Tierra todos
tus hijos, y Yo, mensajero tuyo te pido hoy, pido en este
día reluciente en el corazón de vuestra Reina y Madre,
que acudas a la llamada de éste tu
mensajero. Y que acudas a la llamada de éstos, tus hijos.
¡María, ven a
nosotros! He aquí a tus hijos, Padre Celestial, he aquí tus
esclavos, tus hijos. Ellos sabrán cumplir, porque Tú eres
Padre.
En algunos de ellos, ¡oh Madre Santa!, habita
tu palabra, tus consejos, tus sonrisas y tus lágrimas. ¡María!, Madre del Universo,
tengo aquí conmigo a
tu Guerrero amado. (2)
En él sí que están de verdad tus lágrimas, tu sonrisa y
tantos secretos como Tú les dejas.
Y tantas cosas como Tú
le das, por medio del Padre Celestial.
¡María!, aquí Yo, tu mensajero, aquí tu
Guerrero amado, Yomin-Lemin. Aquí tus hijos te
aclaman: ¡ven a nosotros Reina y Madre!
LA MADRE: La Paz del Señor
esté con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.
LA MADRE: Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
LA MADRE:
Vengo reluciente hjo mío, hoy puedo
sonreir; hoy me puedes ver que no estoy apenada. Hoy es mi
día, y aquí estoy a la llamada de este mi mensajero, de
vosotros mis hijos, y de tí, mi Guerrero. Aquí estoy como
Madre un día más, vengo a mis hijos de este mundo.
Aquí
estoy sobre tí y sobre ellos, soportando las burlas de este
mundo. Y todo lo que hacen en contra de Dios. Es cierto hijo mío, con cuatro años, arrodillada ante el Templo,
alzaba mis ojos al Cielo, y ya sabía decir: "Lo
que tú quieras que haga Padre Santo, dímelo y lo haré."
Y a mi lado un Angel constestaba:
"Lo que él quiere que tú hagas, es lo que hoy haces. Orarle y
respetarle, porque hoy eres niña, pero a la vez llegarás a
ser mujer, y Dios quiere algo de tí. Dios quiere que tú seas
algo en su plan. Dios quiere, María, que tú seas la madre
de su Hijo, el Mesías."
Más adelante fuí anunciada de todo cuanto llegaría a Mí:
"No temas
María, porque en tí mora Dios. No temas María, solo vengo a
avisarte y a darte una buena nueva, de la cual tú ya
sabes: Llena de Gracia, el Señor está contigo, darás a luz
un hijo y le pondrás por nombre Emmanuel, será grande en
todo el mundo, y sus palabras darán mucho de que hablar.
Sufrirás, sufrirás con él, María, lo que él sufrirá."
LA MADRE:
Palabras hijo mío, que están dentro de
Mí guardadas, como tú guardas las que Yo te digo. Es
cierto hijo mío: todo lo que soy es porque Yo hice motivo
para serlo, puse mi pequeña parte en el plan, y Dios, mi
Padre, puso su parte más grande en el plan.
Y aquí estoy: Madre de todo ser humano. Madre del más ladrón, madre
del más asesino, pero que nadie se tenga como bueno, hijos
míos, porque dentro de cada uno, hay un pequeño error que
ensucia vuestras almas.
Mucho sufrimiento hijo mío, siguiendo a mi hijo hacía el
monte Calvario. Mucha alegría cuando mi amado esposo, el
Espíritu Santo, traspasó mi vientre llevando la luz de mis
sueños hasta mis entrañas. ( ... )
el cual nacería y solo con sus palabras
revolucionaría al mundo.
Con doce años perdido, perdido fué a hablar con aquellos doctores.
¡Doce años! Y ellos se preguntaban, ¿de quién eres hijo?
El con sonrisa dulce decía:
"Soy hijo de María de Galilea, y de
José el carpintero, y soy hijo de aquél que nos ilumina, y
nos hace caminar, del Dios Yahwé, Padre de Abraham, de
Moisés y de Jakob, Isaac, Padre vuestro mis señores, y
padre mío."
Aquellos doctores decían: "¿Cómo puedes tú hablar de
estas cosas? ¿Quién te ha enseñado?" El con dulzura
respondía: "Nadie me ha enseñado, dentro de mí es como
una llama, como si me quemase. Y tengo que expulsar lo
que hay dentro de mí. Y son palabras de vida eterna."
LA MADRE:
"Hijo, Hijo, nos tenías preocupado.
Hemos estado buscándote por toda la ciudad, y no te
hemos encontrado, pero he oido tus palabras, y he
dicho: "¿Quién sino el Hijo de Dios podría hablar de
tales cosas?"
Y he entrado hasta aquí.
EL MAESTRO: "¡Madre, padre!, ¿porqué
os preocupáis por mí? No temáis, no me ocurrirá nada.
El ya se ocupa de mí."
LA MADRE:
Palabras inolvidables para Mí, el
cual Dios Padre entregó a José, mi esposo amado, al
cual respeté, y al cual me respetó, el cual Dios me
entregó para así poderme ayudar en todo lo que me
iba a suceder a Mí, a mi amado Hijo y a él.
EL ANGEL:
"José, José, marchaos de la ciudad, a la mañana Herodes mandará a
matar a todos los niños nacidos. ¡Marchaos de la
ciudad!"
LA MADRE:
Dios se ocupaba de nosotros, Dios siempre nos ayudaba, si en un
sitio corríamos peligro mandaba a sus mensajeros y
nosotros nos marchábamos.
Por eso hijo mío nadie comprende como a Mí,
María,
Virgen y pura,
me fué entregada a José. Hijo mío, en aquel
tiempo todo era así, pero él fué bueno, y padre
a la vez. Supo comprenderme en los momentos que
la tristeza invadía mi ser, y me decía:
"María, amada esposa, ¿porqué sufres?"
Yo le decía: "José, amado
esposo, ahora puedes sonreir, porque es niño, pero
pienso en cuando él sea mayor, todo cambiará, José
amado." Y él decía: "María, amada esposa,
palabras que sufrir, eso es lo que el Padre, el
Dios Yahvé, quiere. No sufras más."
Y Yo, ¿qué más pude pedir del
Padre Celestial, hijos míos? El me lo dió todo:
Un esposo amado, un hijo amado, El sabrá
comprender tan dulzura y tan tesoro. El saber
sufrir y en saber llevar un sacrificio extremo
hasta el final.
No le pude pedir más al Señor, y tú tampoco hijo mío. Porque ya te
lo ha dado todo. Pedidme hijos míos.
PUBLICO: ¡Madre!
LA MADRE: ¡Dime! (No se entiende lo que
dice.)
LA MADRE: Dádselas a El, que es el
que obra sobre vosotros, igual que lo hizo sobre
Mí. ¡Seguid pidiendo hijos míos! <
PUBLICO: ¡Madre!
LA MADRE: ¡Dime!
PUBLICO:
Yo te voy a pedir
el Triunfo de tu
Inmaculado Corazón, que lo
veamos Madre mía,
que Tú nos
dices que está cerca.
LA MADRE:
¿Y
acaso no lo creéis, hijos míos?
Son once mis Apóstoles, los que hay en la
tierra, con ellos sus familiares; cada uno está
haciendo su labor en cada pais donde quedó, y
ellos harán que mi Inmaculado Corazón triunfe.
Ya lo están haciendo. Ya no sufro tanto, porque ellos con sabiduría
y amor, saben enseñar todo lo que aprenden.
Seguid pidiendo hijos míos.
PUBLICO: ¡Madre!
LA MADRE: ¡Dime!
PUBLICO:
Te voy a preguntar esas profecías sobre el gran Guerrero que han
llegado a nuestras manos, de siglos anteriores,
como el Siglo V y el X, y ahora últimamente el
XX, ¿podemos hacer fotocopias y repartirlas?
LA MADRE:
¡Sí hija mía! Lo
del Guerrero ya no es un secreto.
(2) Lo del Guerrero todo está dicho
en parte, pero queda la parte final, la más dura
para tí hijo mío.
En la que más sufrirás. Con esas profecías, hija mía, del
gran
Guerrero, muchos de los que tanto y tan mal
hablan, esas malas lenguas que critican cerrarán
sus bocas para siempre, porque
el
gran
Guerrero tiene el apoyo, el más grande
que nadie haya podido tener.
Y con esto, hijos, os entrego mi Paz. Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Madre.
PADRE ETERNO: Adiós
hijos.
PUBLICO: Adiós Padre.
EL HERMANO: Adiós
hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
EL HERMANO:
Que la Paz del Señor Yahwé, la
fuerza del Guerrero y el amor y dulzura de esta
Santa Madre y Reina habite en vuestros
corazones. Así sea.
PUBLICO: Que así sea Hermano.
EL HERMANO: Ave María
Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
EL HERMANO:
Sonríe hermano, llegan los momentos grandes para tí. Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.__
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(1) Algunos asistentes
al mensaje se reían, iban allí
solo para
ridiculizarlo.
(2) Se refiere al
vidente, José-Luis Manzano -
www.joseluismanzano.net
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