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La Comunidad Cenáculo es una asociación cristiana que acoge a
jóvenes insatisfechos, desilusionados, desesperados, que desean encontrarse
nuevamente a sí mismos, y hallar el gozo y el sentido de su vida.
La primera fue fundada en el mes de julio
de 1983 gracias a la intuición de una mujer, sor Elvira Petrozzi, que quiso
donar su propia vida en favor de los adictos y de las personas abandonadas.
Hoy la Comunidad cuenta ya con 27
hermandades distribuidas en Italia y en el mundo (Francia, Croacia,
Bosnia-Herzegovina, Brasil, Austria, República Dominicana, E.E.U.U., México), y
alberga alrededor de 600 muchachos y muchachas.
Ella desea ser una luz en las
tinieblas, un signo de Esperanza, y testimonio de que la muerte no tiene la
última palabra. Se propone a los jóvenes un estilo de vida simple, familiar,
que hace descubrir de nuevo los dones del trabajo, de la amistad y de la Fe en
la Palabra de Dios, encarnada en Jesús, el cual murió y resucitó por nosotros.
Creemos que únicamente en Jesús, el
hombre se encuentra nueva y plenamente a sí mismo y que nadie más que Aquél que
lo ha creado, Dios Padre, está en condición de reconstruir el corazón herido y
perdido en una vida sin sentido. Nuestra fuerza desea ser el Amor, aquel amor
que nace de la Cruz de Cristo y que da vida a los muertos, libera a los
prisioneros, dona la vista a los ciegos...
Por tanto, vivimos siempre
agradeciendo al Senor porque nos hace espectadores cotidianos de Resurrección, gracias a la cual vemos cada día
retornar la sonrisa al rostro de aquél que había perdido toda Esperanza.
En realidad, todo se concretizó cuando
pedimos una casa en Italia, en la provincia de Cuneo, en el pueblo de Saluzzo,
donde había una casa de campo abandonada desde hacía tiempo. Pregunté al pueblo
y al alcalde al respecto y me dieron la bienvenida. Me entregaron una casa
totalmente desmantelada, pero inmediatamente vi que todo sería transformado.
(Actualmente es la Casa Madre)
Nunca sabremos cuál es el misterio del
hombre ni siquiera nosotros mismos, sólo de rodillas podemos comprender la
necesidad del hombre de dar una respuesta a su ser más profundo. “Señor Jesús, sálvalos a todos cualquier
costo; Señor Jesús condúcenos al reino celestial en cualquier situación en que
nos encontremos en el futuro”.
Nos sucedieron algunas cosas, por ejemplo, los jóvenes, luego de quince,
veinte días, un mes, se escapaban; después que se habían sacado uno poco la
carencia física, que habían puesto un poco en orden sus cosas, sus ideas, se
iban. Entonces nos pusimos a reflexionar el porqué de esto, y nos dimos cuenta
de que un joven cuando entra en la comunidad no confía, y su confianza está
puesta en sí mismo y posiblemente en la última dosis de droga que tiene
escondida.
Entendimos que el joven también tenía que ser ayudado
revisándolo, como ya nos lo habían dicho otros jóvenes, los más maduros. En
determinado momento, y recuerdo bien ese día, con mucha angustia en mi corazón
y con mucho sufrimiento, me arrodillé en frente de ellos en un momento de
oración y les pedí perdón, diciéndoles que ellos habían venido a nosotros para
que los ayudáramos a liberarse completamente, de aquello que los saca de sí
mismos.
Noté que de los cuarenta y cinco
jóvenes que había en la comunidad, todos renunciaron a los cigarrillos, al
alcohol, a la droga, decidiéndose por la vida, y esto me hizo comprender cómo
los jóvenes quieren actuar seriamente, ellos creen en sus vidas y saben cómo
renunciar a las cosas imposibles, sabiendo al mismo tiempo que son posibles,
porque dentro de la comunidad existe una comunión, una amistad, el amor y el
sacrificio.
El objetivo era abrir una comunidad con treinta, cuarenta o cincuenta
jóvenes. Mis posibilidades llegaban hasta allí, pero luego comprendí que no se
puede detener la vida, porque los jóvenes después de cincuenta seguían
llegando. También estaban los otros y la providencia venía a nuestro encuentro
mostrándonos otras posibilidades, otras casas, y seguíamos diciendo que sí.
Después de la segunda casa, la tercera y después la cuarta y luego la quinta, y
día a día los jóvenes que llegaban, sentimos la presencia fuerte de María que
guiaba nuestros pasos por el camino de Dios.
En primer lugar quiero decirles que
como mujer, quizás nunca me hubiera arriesgado a comenzar la aventura de vivir
las 24 horas del día con drogadictos y abandonados porque conozco muy bien mis
limitaciones. También soy consciente de mi incapacidad en cuanto a la
competencia, pero como persona consagrada, debo reconocer que Dios obra sobre
nuestras debilidades, nuestras fragilidades y sobre nuestros pecados.
Hace mucho tiempo, nació en mí el
impulso de mirar a mí alrededor y de interpretar los signos de los tiempos.
Noté que los tiempos estaban cambiando muy rápidamente, me di cuenta que había
mucha gente abandonada y eran empujados fuera de esta sociedad de consumo. Eran
abandonados por la familia cuando ella se lanzaba a trabajar sin limitaciones.
Me di cuenta de que en las familias ya
no hay más diálogo, ni comunicación, ni confianza entre los padres o entre los
padres y los hijos. Comprendí esto antes de empezar este trabajo. Soy miembro
de la Congregación de las Hermanas de la Caridad, por lo tanto siempre me ocupé
de los marginados en la sociedad.
Posteriormente vino el llamado. ¿Qué
llamado? El llamado a abrir las puertas a las personas que se encuentran en el
camino equivocado, a los que están más solos, a aquellos que se encuentran en
las estaciones, en la calle o en los trenes. En nuestro convento religioso no
hay lugar para ellos por la estructura que se necesita para vivir la vida
religiosa.
Finalmente, todo surgió. ¿Cómo? Es un
misterio porque es un llamado que proviene de Dios, que te hace capaz de hacer
cosas y creer en cosas que nunca hubieras pensado ni imaginado. Me decía: “No estás preparada, no tienes la
cultura suficiente”, todas cosas muy ciertas. Yo asentía diciendo que era
verdad, pero ya no podía dormir tranquila. Dentro de mí había estallado un
volcán. Sentía que debía dar una respuesta a Dios, que me había dado un don que
debía devolver a los demás. Si no lo hacía, me sentiría como un ladrón.
La fe, más que el entusiasmo,
transformaría todo en algo hermoso, alegre, y feliz. De este modo comencé mi
aventura. Así comprendo
que mi relación con el otro es una relación interpersonal, de corazón, de alma,
de espíritu, de la memoria, de acordarse de todo lo que ellos han vivido antes
de iniciarse en el camino de la muerte. Y tienen que contarlo, y yo mientras
pueda, mientras mi salud me lo permita, pero sobre todo mientras me lo permita
la voluntad de Dios, iré a su encuentro. La resurrección que las personas
quieren ver hoy es nuestra sonrisa, nuestra alegría, nuestro canto, nuestro
baile, nuestra libertad, nuestro asombro.
Miren, yo soy una mujer que se
sorprende mucho cada día, parte porque contemplo la obra de Dios en los
corazones y en mi corazón. Y como dije
al principio, me convierto cada día porque veo a Dios actuar claramente, en
forma transparente, en el alma, en la mente de los jóvenes que antes estaban
muertos, tristes, solos, enojados, con violencia. Hoy en cambio son integrantes
serenos de una familia.
Todos ellos saben que si están muertos,
tristes, en lo mas profundo de su ser aún brilla una luz de ESPERANZA, que
puede, que debe ser un motivo para vivir, que vale la pena vivir y esta
esperanza la encuentran a través de Jesucristo resucitado.
“No muchos saben que la resurrección
debe experimentarse a través de la donación de la propia vida hacia los demás”.
En nuestras fraternidades no existen
fármacos o tratamientos substitutivos a base de psicofármacos, también la
crisis de abstinencia de un muchacho nuevo que entra no es curada con medicinas
de algún tipo, nuestra “medicina” se llama
“Ángel Custodio”, que es concretamente un muchacho que vive en la
Comunidad desde hace varios meses y que se encarga de otro y lo cuida.
El tiene la tarea de transmitir al
recién llegado el estilo de vida de la Comunidad, de vivir a su lado las
veinticuatro horas del día, de trabajar con él y para él - ya que al principio
no se tiene voluntad de nada-, sufrir y llorar con él, que se halla luchando
contra el llamado del mal y de la droga.
Es un momento importante para la vida
de ambos; para el ángel custodio, que en el sufrimiento aprende a amar, y para
el recién llegado, que quizás por primera vez encuentra un amigo sincero y
alguien que se ocupa de él sin algún interés.
La Comunidad nos enseña cosas esenciales de la vida que anteriormente no
habíamos querido aprender, ni nadie nos las había querido enseñar. Para
nosotros era normal confundir el placer con el gozo y en nuestra vida habíamos
siempre perseguido los placeres más inmediatos, no pensabamos que el gozo
pudiera nacer del sufrimiento, que significa ser débiles, frágiles, inferiores,
mientras que ahora estamos aprendiendo que detrás de cada sufrimiento está el
gozo. Solamente aquél
que ha sufrido puede entender, puede amar, ayudar a otro que se se encuentra
mal.
Nuestro camino en la Comunidad dura
alrededor de tres o cuatro años, aunque no existe un período definitivo. Sor
Elvira dice que podemos considerarnos ya listos y preparados cuando hayamos
acogido la oración como parte de la vida misma.
La vida en la Comunidad es
verdaderamente muy simple, pero también muy rica, se vive la oración en concreto
basada en una amistad libre sin algún interés, las cosas materiales influyen
poco, aprendemos que las personas son más importantes que las cosas futiles o
superficiales, el dinero, una carrera, nos enfrentamos con nuestras debilidades
pidiendo ayuda a Jesús que se manifiesta también en los hermanos que nos
rodean. Aprendemos a amar y a vivir la vida en la gran escuela del Cenáculo.
Nuestra Comunidad no es terapéutica,
sino una escuela de vida. El problema de la droga tiene sus raíces en la
familia porque sólo esta última tiene la posibilidad de prevenir el problema. A
menudo una cosa común en muchos de nosotros, ha sido la ausencia de una
verdadera familia educadora, que transmitiera o buscara el diálogo, la ternura,
la amistad. Todo lo que un hijo necesita.
Las familias que rechazan a Dios están
desechas desde el comienzo, porque creen poder substituir los valores
esenciales con cosas superfluas y así, en vez del amor se cultiva la ambigüedad
y el tener todo e inmediatamente.
Frecuentemente sucede que, cuando se
llega a saber que se tiene un hijo rebelde, los padres son los últimos en
aceptar lo acaecido, muchos justifican y protegen a su propio hijo solamente
por el temor al juicio de los vecinos, de los amigos y de los parientes.
La familia debe encontrar de nuevo la
unidad sin reprochar las culpas de uno o de los otros, y a continuación, buscar
un lugar o a alguien a quien poder pedir ayuda. Por eso es necesaria y muy
importante la confianza dentro de la Comunidad. Esto es para que se tome
conciencia del problema y se comience, a fin de bien, hacerse la vida por fin
vida.
No más dinero, no se sale más de casa,
nada de teléfono y si el hijo no acepta estos sacrificios, los padres deben
dejarlo fuera de casa; pero sólo de esta forma, lo que se hallará será la
verdadera realidad de la calle. La
soledad, la marginación, el temor, frío y hambre, es como ayudarlo a quitarse
la vida.
Si alguien es acogido en casa
nuevamente, no puede regresar a la Comunidad. Pues la verdadera famillia es
primero. Únicamente si se presenta de nuevo a la Comunidad, porque no tiene
adónde ir, se le acepta nuevamente. No se pide dinero, pero nos sentimos muy
agradecidos con Dios cuando una familia se deja comprometer en la actividad y
en el desarrollo de la Comunidad.
Lo que se pide es confianza y una
conversión sincera basada en la verdad, procurando que todos pongan la oración
en primer lugar en sus vidas. El objetivo de la Comunidad es renovar el valor
de la familia, hacer que ésta encuentre a Jesucristo, Salvador y Redentor.
Los vicios pueden ser cruz que asesina
o cruz que salva. Nosotros amamos la vida y creemos en ella con todo el corazón
así como creemos que la sonrisa de un alguien que “vive” vale más que todo el
oro del mundo.
Es normal que todo el que entra a la Comunidad, siente inmediatamente
el deseo de orar. En principio se ora porque la Comunidad propone de manera
resuelta la curación de nuestros corazones por medio de la oración poniéndose
de rodillas todos los días, si esto para un buen cristiano y para una persona
normal es difícil aceptarlo, imaginémonos para un recién ingresado.
Casi todos entramos de manera forzada
porque ya no teníamos casa, muchos teníamos problemas con la ley y de cualquier
modo, nos encontrabamos en situaciones desesperadas. Llegamos a tal punto que
nadie quería saber de nosotros, descartados por todos, sin futuro ni esperanza,
despreciábamos la vida, el único destello de luz vino de una comunidad
cenáculo.
En esta situación es difícil creer en la oración, decir que sí a
la oración, o incluso creer en Dios. Sin embargo, la única “terapia” que se
aplica allí, es la Cristoterapia.
Al final del camino recorrido en la
Comunidad, en la mayoría de las personas nace el deseo de formar una familia.
Para conocer experiencias más profundas de amor y de darse a sí mismos. Sin la gracia de Dios, sin la salvación que proviene de Dios, se volverá
a caer, se volverá a depender de algo y así se creará otra dependencia, otra
esclavitud. Mientras que si encontrando a Jesucristo, la situación existencial
es equilibrada y se sabe acoger el amor, se aprende como enfrentar las cosas
con esa libertad interior que nos trajo Jesús.
Creo y vuelvo a decir que la verdadera
sanación está en el servir a los demás, en el donarse a los demás porque se
habrá encontrado el sentido de la vida. La vocación de servicio significa salir
de uno mismo, abandonar su propio egoísmo, liberarse de la pereza, de la
esclavitud, de la dependencia, de tantas cosas que nos hacen pequeños.
En esta vocación de servicio se nos
revela una gran terapia, al estar con los niños, con los adolescentes,
educándose y educándolos, con coherencia, entre lo que decimos y lo que
hacemos.
La médula del éxito de la Comunidad
Cenáculo, es el enamoramiento profundo, el encuentro con Jesús Eucarístico; sea
en la Santa Misa o en adoración constante, durante el día e incluso hasta
durante la noche. Estar en comunión permanente con él.
Los momentos de recogimiento, de
silencio, de permanencia bajo la Santa Cruz, transforman y fortalecen los
sentimientos más profundos. Esto debe ser en forma personal y comunitaria.
El rezo del Santo Rosario, que es el arma que puede detener
guerras y hasta suspender las leyes naturales, dice la Santísima Virgen María,
es otro de los ingredientes de la Comunidad.
El Ayuno a pan y agua, el sacrificio o
penitencia, permite forjar el temple del hombre, dominándose a sí mismos,
dominando los excesos, además de poner el alma en una frecuencia tal, que pueda
tener acceso al diálogo misterioso y magnífico de Dios. Esto también permite el
desprendimiento y los apegos, enseñándonos a compartir.
Las Sagradas Escrituras se convierten
en la principal Regla de Vida.
La Alabanza al Creador del universo
asemeja la Comunidad al estilo de los primeros cristianos, al origen de la
Iglesia.
El Trabajo, que dignifica al hombre al
estar al servicio de sus hermanos y da mayor Gloria a Dios, formando comisiones
y equipos aumenta la confraternidad.
El Aprendizaje, es primordial para
tener ilusiones, metas, y estar bien integrados dentro y fuera de la Comunidad.
La Recreación y el Descanso, forman
parte del itinerario de los seguidores de Cristo.
La Libertad (bien entendida), el Orden,
y la Gratitud, deben ir de la mano para poder crecer.
La Revisión de Vida es un aspecto
fundamental junto con la Confesión Sacramental para experimentar una
transformación verdadera.
La Consagración al Inmaculado Corazón
de María vigoriza la pertenencia, la posesión permanente y definitiva que tiene
el Cielo de las almas. De esta manera,
en obediencia a las peticiones de la Siempre Virgen Madre de Dios y Madre
nuestra, refugiados en el Arca de su Corazón, Arca de la nueva alianza, unidos
como hermanos, como un solo Ser, se podrá estar prestos al retorno Glorioso de
nuestro Señor Jesús en un Nuevo Pentecostés, por medio de la Llama de Amor del
Espíritu Santo, naciendo así, una Nueva Humanidad a los pies de Jesucristo, el
Hijo de Dios Altísimo, el Hijo del verdadero Dios por quien se VIVE.
El camino de la Conversión, el camino
de la Felicidad, el camino de la Paz, únicamente podrá encontrarse de la mano
de la Medianera de todas las Gracias, La Reina de la Paz; advocación que
culmina y encierra el Mensaje de Dios, el mensaje del Evangelio de Jesús, su
Hijo Amado.
En varias ocasiones Ella viene
repitiendo que en Su Obra, desea actuar Personalmente, pero no Directamente.
Nos invita maternalmente a colaborar en el Plan de Salvación, a vivir en un
eterno OASIS DE PAZ.
I celibi interni condividono l’esperienza di vita
comunitaria, mentre i consacrati secolari vivono la nostra spiritualità rimanendo
nel loro ambiente di vita e professione. Così le coppie di sposi vivono
la nostra stessa spiritualità nelle loro famiglie, con ritmi di vita adatti
allo stato matrimoniale.
A scandire
il ritmo della nostra giornata comunitaria è la preghiera comunitaria (S.
Messa, Canto dell’Ufficio Divino, S. Rosario intero, preghiera spontanea di
lode, adorazione della Croce) e personale, nell’Adorazione al SS.
Sacramento che nelle nostre case è sempre esposto giorno e notte.
Nelle
nostre Comunità è importante la custodia del clima di silenzio e di
raccoglimento per favorire lo spirito di preghiera continua e come atto di adorazione
perpetua al SS. Sacramento. Consideriamo, infatti, le nostre Oasi di Pace
come un grande Tabernacolo Eucaristico.
Ogni
giorno non mancano i momenti di ricreazione comunitaria e di sollievo.
Come ci
chiede Maria e come già lo facevano i primi cristiani, amiamo il digiuno a
pane e acqua il mercoledì e il venerdì di ogni settimana, salvo circostanze
festive particolari.
Non
svolgiamo attività lavorative e retribuite esterne alla Comunità, ma,
vivendo evangelicamente in totale fede e fiducia nella Divina Provvidenza,
amiamo nelle nostre case il lavoro, materiale ed intellettuale, come estensione
della preghiera e del clima contemplativo. Oltre al lavoro di conduzione
ordinaria della vita di casa, dell’agricoltura, dell’artigianato (musica,
iconografia, ecc.) il compito principale richiesto dal carisma della nostra
vocazione è l’accoglienza, cioè l’accompagnamento in un cammino di pace e di
guarigione di quanti vengono a noi afflitti da varie povertà spirituali.
PROGRAMMA DI
UNA GIORNATA TIPO
Alzata alle ore 5. 00. Alle 5.20 inizia la preghiera, che può
consistere o nella celebrazione dell'Eucarestia con il canto delle Lodi
inserite, oppure nella recita dell'Ufficio delle Letture seguita dal canto
delle Lodi secondo il breviario monastico. Segue una mezz'ora di meditazione
personale o lectio divina comunitaria e la successiva recita della prima parte
del S. Rosario.
La
preghiera si conclude alle 8. 00 con il canto dell'Ora di Terza per invocare il
dono dello Spirito su tutta la giornata.
Dopo
colazione la mattinata di lavoro si protrae fino alle 12. 45, interrotta
alle 12.00 dalla recita dell'Angelus, tutti insieme davanti alla statua della
Regina della Pace. Alle 12.45 la comunità radunata in chiesa canta l'ora di
Sesta, cui seguono una decina di minuti di lettura spirituale in comune e la
recita della seconda parte del S. Rosario.
Il pranzo
è alle 13.30, consumato solitamente in silenzio e nell'ascolto della lettura
del quotidiano o di qualche testo agiografico o di cultura spirituale in
genere. In refettorio si parla solo il giovedì e la domenica e nei giorni
festivi, o in particolari circostanze. Al termine del pasto si ritorna processionalmente
in chiesa recitando il Magnificat, dove si ringrazia il Signore per avere
elargito la sua Divina Provvidenza anche in quella giornata. Il momento di
ringraziamento è completato dal canto dell'Ora Nona.
Dopo una
mezz'oretta di ricreazione comunitaria, la Comunità torna nel silenzio.
Il pomeriggio è dedicato per tutti allo studio, alla vita personale,
con un po' di riposo per chi ne avvertisse il bisogno. I fratelli e le
sorelle non sacerdoti o non impegnati negli studi teologici sono tenuti ad
un'ora di studio del Catechismo della Chiesa Cattolica.
Alle 18.00
riprende la preghiera comunitaria con il canto dell'Ufficio delle
Letture o la celebrazione dell'Eucarestia, qualora non sia avvenuta al mattino.
Alle 19.00 il canto del Vespro, seguito dalla recita della terza parte del S.
Rosario.
Alle 20.00
la cena, seguita di nuovo da un breve momento di ringraziamento in
chiesa per la Divina Provvidenza.
Segue una
mezz'oretta di ricreazione comunitaria, che consiste poi nel condividere
familiarmente la pulizia del refettorio e della cucina, finché solitamente alle
21.10 il canto di Compieta conclude la giornata.
Nelle
comunità non si fa uso di radio e di televisione. Le notizie sono
desunte dai quotidiani e lette in refettorio.
I turni
dell'adorazione eucaristica si susseguono per tutto l'arco della giornata,
mentre un solo fratello o sorella a turno veglia per tutti durante la notte
e intercede per la pace della Chiesa e dell'umanità.
Per
i ragazzi:
agricoltura,
muratura, falegnameria, tipografia, impagliatura sedie, laboratorio icone,
altre espressioni artigianali, lavorazione del pane, custodia animali, lavori
di lavanderia, cucina e pulizia giornaliera degli ambienti.
Per
le ragazze:
cucito,
pittura, decoupage, cartonaggio, stencil, artigianato vario.
Per
chi non ha terminato gli studi, c'é la possibilità
di conseguire i diplomi di:
scuola media
scuola di saldo-carpenteria.
Oltre il lavoro quotidiano, si vivono altri momenti di insieme:
- la preghiera
- il confronto con la parola di Dio
> - la riflessione
- la revisione di vita
- il dialogo e l'amicizia
Ogni
settimana i giovani si riuniscono in piccoli gruppi, animati da due volontari preparati
dai responsabili, per fare la "revisione di vita".
Il clima di amicizia e di stima che si instaura all'interno del gruppo facilita
il giovane a sentirsi accettato, ad esternare i propri problemi ed a lasciarsi
aiutare dagli altri. Non riceviamo, per nostra scelta, rette dalle famiglie dei
ragazzi, ne' da nessun ente pubblico; viviamo del nostro lavoro e dell'aiuto di
tante persone sensibili alle nostre necessita'.
All'interno
della vita comunitaria i giovani si alternano
nelle varie responsabilità:
·'Lic.·
gruppo lavori: organizza settimanalmente i vari
settori di lavoro.
·'Lic.·
gruppo sportivo: decide per la ginnastica,
per le corse, gli allenamenti, le partite di calcio in Comunità e fuori.
·'Lic.·
gruppo ricreativo: organizza giochi, momenti di
ricreazione, feste. gruppo culturale: si occupa della biblioteca,
videoteca, corsi di formazione di base.
·'Lic.·
gruppo recital: si occupa della
organizzazione di spettacoli, testimonianze, composizione di canti,
musiche e balletti.
·'Lic.·
gruppo giornalino: prepara gli articoli,
l'impaginazione ed esecuzione del giornalino della Comunità.
La Comunità tiene rapporti con l'esterno
attraverso:
·'Lic.·
partecipazione a congressi sul disagio giovanile,
organizzazione di incontri per i giovani
·'Lic.·
collaborazione informativa e preventiva
attraverso i mass-media, tavole rotonde, interviste sui quotidiani, riviste,
ecc...
·'Lic.·
rappresentazione del recital "DALLE TENEBRE ALLA LUCE" che viene portato
ovunque venga richiesto, in cui i ragazzi, attraverso canti, mimi,
testimonianze, raccontano la loro rinascita alla vita
·'Lic.·
collaborazione con i servizi sociali, tribunali,
carceri, forze di polizia.
Esperienza di gratitudine
L'esperienza comunitaria di vita consacrata con voti è concepita
come esperienza di ringraziamento e di gratitudine verso il Signore, che per
mezzo della Vergine Santa, la Regina della Pace, ha cambiato il corso della
vita di questi uomini e di queste donne; tale cambiamento di vita è coinciso
con il dono della pace.
Esperienza contemplativa
La pace è stata ritrovata perché è stato ritrovato Dio. La Pace è
Dio nel cuore dell'uomo. La Pace è Dio in tutto. Questa è la rinuncia
all'ateismo che impregna la cultura contemporanea, per assumere uno stile di
vita che privilegia la contemplazione, stabilendo il primato logico e
cronologico della preghiera su tutte le altre scelte. Ad un mondo che vive come
se Dio non ci fosse si risponde con una vita vissuta in una relazione
essenziale e determinante con Dio: tutto questo si chiama vita contemplativa,
vita di preghiera continua, nell'ambito della quale il lavoro stesso,
essenziale per la realizzazione di una vita secondo Dio che esige la
collaborazione dell'uomo, è considerato strettamente come continuazione e
irradiazione della preghiera stessa.
Esperienza di progressiva conversione
L'esperienza di vita consacrata vissuta nella Comunità
Mariana-Oasi della Pace, oltre che proporsi come un continuo gesto e atto di
ringraziamento per il dono della conversione, si traduce in un cammino di progressiva
conversione: la pace coincide con il dono della conversione, che deve essere
continua perché questa pace non venga meno ma cresca, in una costante tensione
verso la santità, che è la pienezza della conversione e della pace.
Esperienza di mariana di
collaborazione con la Regina della Pace
Il cammino di conversione, l'anelito ad una santità intesa come
pienezza della pace, lo stile di vita di una famiglia costituita da uomini e
donne, fratelli e sorelle che vivono insieme come "famiglia" la reciprocità
del maschile e del femminile, il clima contemplativo di silenzio che predispone
alla preghiera, il senso profondo del Mistero che si fa educazione, la
liturgia, celebrata e partecipata nel profondo rispetto del Mistero, con la
scelta preferenziale del canto gregoriano, l'adorazione eucaristica perpetua,
sono elementi che predispongono i membri della Comunità ad essere collaboratori
di Maria Regina della Pace, la quale desidera estendere il dono della pace a
tutti i suoi figli.
Collaborare con Maria significa essere consacrati alla causa del
Trionfo del suo Cuore Immacolato, lasciarsi guidare, plasmare da una profonda,
tenerissima, continua e determinante relazione filiale con la Madonna, perché
Essa continui a comunicare il dono della pace ai fratelli e sorelle chiamati
dal mondo alla vita di consacrazione, giungendo ad estendere il medesimo dono a
tanti altri, desiderosi per ciò stesso di conoscere l'esperienza delle Oasi
della Pace.
La collaborazione con Maria assume allora le caratteristiche proprie
di un ministero dell'Accoglienza, rivolta a quanti accusano sul piano umano e
spirituale gli effetti desolanti delle povertà spirituali provocate da una
cultura atea e materialista. Le Oasi di Pace sono aperte a tutti, più
specificamente a quanti dichiarano la propria disponibilità a partecipare alla
vita dei fratelli e delle sorelle consacrate, nella condivisione della
preghiera, del lavoro, dello stile di vita comunitario semplice e fraterno, in
una progressiva immersione nell'esperienza delle Oasi di Pace che produce la
guarigione e il recupero nel Signore della propria umanità.
Ogniqualvolta se ne presenti la necessità, fratelli e sorelle
incaricati dell'accoglienza accompagnano con colloqui di guarigione ed una
preghiera specifica quanti sono accolti in Comunità nella totale gratuità.
Tale accoglienza si esprime anche all'esterno in forma di
apostolato ogni volta che i fratelli e le sorelle si impegnano in testimonianze
di vario genere e in gesti di missione popolare.
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ETIKA
E |
L.A.U.T. |
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0T5 |
LA
REGLA DE LA ORDEN DE LA MADRE DE DIOS PARA LOS APÓSTOLES DE LOS ÚLTIMOS
TIEMPOS |
19-9-1846,
La Salette, Mélanie Calvat |
El 19 de
septiembre de 1846, en la Montaña de la Salette, la Santísima Virgen apareció a
dos jóvenes pastores, Mélanie Calvat y Maximin Giraud. Ella les confió en
primer lugar un mensaje público; después, a Maximin solo, un secreto; enseguida
a Mélanie un mensaje que podría publicar en 1858.
Después dirigiéndose todavía a la joven pastora, la Santa
Virgen le dijo: "Mélanie, lo que voy a deciros ahora no será secreto: es
la Regla que, cuando sea aprobada por los superiores, hareis observar
exactamente a mis hijas que aquí estén. Mis Misioneros seguirán la misma Regla.
1. Los miembros de la Orden de la Madre de Dios amarán a Dios por
encima de todas las cosas y a su prójimo como a ellos mismos por el puro amor
de Dios.
2. El Espíritu de esta Orden no es otro que el espíritu de Jesucristo
en sí y el espíritu de Jesucristo en las almas.
3. Los miembros de esta Orden se aplicarán a estudiar a Jesucristo y
a imitarle, y cuanto más conocido sea Jesucristo más se humillarán a la vista
de su nulidad, de su debilidad, de su incapacidad para hacer un bien real en
las almas sin la gracia divina.
4. Serán de una obediencia perfecta en todo y por todo.
5. Cada uno de ellos conservará una gran castidad de cuerpo y
espíritu a fin de que Jesucristo fije en ellos su morada.
6. Los miembros de esta Orden tendrán su corazón y su alma sólo en el
amor a Jesucristo.
7. Ninguno tendrá nada propio para él, sino que todo será común, sin
ambicionar la menor de las cosas pasajeras; quiero que mis hijos estén
desnudos, despojados de todo.
8. Tendrán una gran caridad, sin límites; sufrirán todo de todo el
mundo, a ejemplo de su Divino Maestro y no harán sufrir a nadie.
9. Los miembros de la Orden obedecerán a sus superiores y les
rendirán el honor y el respeto que les es debido, con una gran sencillez de
corazón.
10.La superior vigilará con dulzura la observancia de la regla; cada
cierto tiempo consultará con el padre Misionero que cuidará de vuestras almas,
a fin de ser ayudada en el buen gobierno de la casa; será la más humilde y será
más severa con ella misma que con las demás. Corregirá las faltas de sus hijas
con gran dulzura y prudencia; elevará siempre su alma a Dios antes de hacer una
corrección.
11.Estará en el santuario el Santo Sacramento expuesto día y noche,
durante los meses de septiembre, febrero y mayo (19
de septiembre de 1846: aparición de Nuestra Señora en La Salette; 11 de febrero
de 1858, en Lourdes; 13 de mayo de 1917, en Fátima), donde los miembros de la Orden tendrán la dicha de pasar felices
horas cuando la caridad o la salvación de las almas no les retengan en otra
parte.
12.Llevarán una buena vida interior, aunque laboriosa, uniendo la
vida contemplativa a la vida activa: se sacrificarán y se harán todos víctimas
de Jesús y de Jesús crucificado.
13.Recibirán todos los días, con verdadera piedad el Pan de Vida; podréis
sin embargo suprimir la comunión a aquellos miembros en los que veáis que no
siguen las huellas de Jesús crucificado.
14.Aparte de los ayunos mandados por la Iglesia, ayunarán también
durante los meses de septiembre, febrero y mayo. Utilizarán algunos
instrumentos de penitencia; los que sean demasiado débiles y no puedan hacer
las obras de expiación, ofrecerán con humildad y dulzura su minusvalía a
Jesucristo.
15.Ayunarán todos los viernes y harán alguna penitencia. Todas estas
obras serán ofrecidas para las almas del Purgatorio, en favor de la conversión
de los pecadores y para su propio avance en el amor a Dios.
16.Los miembros de la Orden serán muy humildes y dulces con los
seglares y los recibirán con mucha bondad: los más humildes ocuparán el primer
lugar tanto en el corazón de Jesús como en el mío.
17.Los miembros sólo tendrán un corazón y un alma; ninguno se atendrá
a su propia voluntad.
18.Serán de una pureza angelical, observarán una gran modestia en
todo y por todo.
19.Todos guardarán un gran silencio, evitando con cuidado las
conversaciones inútiles con los extraños.
20.Las personas que quieran ser recibidos lo serán con la disposición
bien sincera de darse enteramente a Dios y de sacrificarse por su amor. Se
atendrán con esmero a la obediencia, que les conducirá al cielo.
21.No serán admitidos al número de los postulantes sino tras haber
hecho un retiro de 12 días, durante el cual harán una confesión general al
Padre Misionero, confesor de la comunidad; si ellos están dispuestos a trabajar
con todas sus fuerzas para santificarse y adquirir las virtudes propias de una
Víctima que quiere inmolarse cada día por el Dios del cielo y de la tierra,
serán recibidos en el Noviciado y estarán tres meses antes de tomar el hábito
de la Orden; recordarán que no han sido recibidos en la casa de la Madre de
Dios sino para trabajar en su santificación mediante la oración, la penitencia
y por medio de todas las obras que miran a la gloria de Dios y a la salvación
de las almas.
22.Mis Misioneros serán los Apóstoles de los últimos tiempos;
predicarán el Evangelio de Jesucristo en toda su pureza por toda la tierra.
23.Tendrán un celo infatigable, predicarán la reforma de los
corazones, la penitencia y la observancia de la Ley de Dios; predicarán
respecto a la necesidad de la oración, sobre el desprecio de las cosas de la
tierra, sobre la muerte, el juicio, el paraíso y el infierno, sobre la vida, la
muerte y la resurrección de Jesucristo. Fortalecerán a los hombres en la fé, a
fin de que cuando llegue el demonio, un gran número de éstos no sea engañado.
24.Se formará bien a los nuevos aspirantes en las virtudes cristianas
y en la práctica de la humildad, la caridad, la obediencia, la renunciación y
la dulzura.
25.El Noviciado será de seis años;
los que hayan dado prueba de sólidas virtudes y quieran colocarse en el número
de los combatientes de Jesucristo en esta Orden, pedirán esta gracia de
rodillas a la Superiora, y tras hacerles conocer sus obligaciones con la Regla
que os doy, si os prometen observarla fielmente, les recibiréis.
26.La oración se hará en común en el santuario, a la hora que sea
conveniente y se establezca.
27.Se comerá en el refectorio común lo que se necesite para sostener
la vida y para trabajar en la gloria de Dios; al mismo tiempo que se dará al
cuerpo lo que le conviene, el alma se fortificará mediante una santa lectura
que se hará durante la comida.
28.Se tendrá el mayor cuidado de los miembros achacosos y enfermos.
29.Si un miembro ofendiera a otro mediante palabra u obra, que repare
su falta lo más pronto posible.
30.Todos los miembros de esta Orden harán la genuflexión cada vez que
pasen ante el Tabernáculo donde esté Jesucristo.
31.Cada vez que los aspirantes se encuentren, el uno dirá: "¡Que
Jesús sea amado por todos los corazones!", el otro responderá "Así
sea".
32.Los religiosos dirán el oficio, como las religiosas de Corenc
cerca de Grenoble; los capítulos y otras prácticas se harán igual.
33.Todos los miembros llevarán una cruz como la mía. Observad bien mi
Regla".
Así habló la Madre de Dios. Y escuchándola, Mélanie contempló
en una visión profética la vida y las obras futuras de los hijos e hijas de la
Orden de la Madre de Dios, religiosos misioneros, religiosas misioneras y
discípulos laicos, esparcidos por todas las partes del mundo. Los religiosos y
religiosas harán los votos; los discípulos laicos, la consagración a la Santa
Virgen. Mélanie veía también a otras diversas Ordenes religiosas venir a unirse
con esta Orden y las otras encontrar a su contacto su fervor primitivo.
Bajo orden del Papa León XIII, Mélanie presentó esta Regla
a examen de la Sagrada Congregación de los Obispos y religiosos que dió su
aprobación el 27 de mayo de 1879. Al mismo tiempo fueron aprobadas las
Constituciones que Mélanie había compuesto para la Orden de la Madre de Dios, a
petición de León XIII, según su "visión" profética de 1846.
La Regla fue de nuevo aprobada verbalmente el 7 de abril de
1922 por el Cardinal Mercier para su diócesis de Malines y el 26 de abril de
1935 por Monseñor Heylen para la diócesis de Namur.
Mélanie murió en olor de santidad el 15 de diciembre de
1904, a la edad de 73 años. En 1922 el R. Padre Lépidi, O.P., Señor del Sacro
Palacio, aprobó una solicitud para obtener su beatificación.
Nihil
obstat: Saint-Marie de la Pierre-qui-Vire, 22 de agosto de 1952.
Dom Denis HUERRE, Abad.
Imprimátur:
Sens, en la fiesta de Cristo Rey, 26 de octubre de 1952.
Frédéric LAMY, Arzobispo.
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