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http://www.sancta.org/rosary/joy_s.html
El
Padre Pío escribió:
"cuando tengas distracciones no te distraigas aún más deteniéndote
a considerar el porqué y el cómo y el dónde.
Así como un viajero que yerra su camino vuelve al correcto tan pronto
como se da cuenta de ello, así también tú debes continuar meditando sin
detenerte en las distracciones que tuviste.
El más hermoso credo es el que viene de
tus labios en sequedad, en sacrificio, en dolor, en el supremo esfuerzo de una
voluntad que no se dobla para siempre. Es éste el que como relámpago penetra en
la oscuridad del alma; es éste el que como golpe de tempestad te levanta y te
lleva hacia Dios".
La
Santísima Virgen, que tiene unos 120 títulos o quizás más, en Fátima eligió
este: "Yo soy la Señora del
Rosario". San Francisco de Sales
decía que el método más grande de oración es: rezar el Rosario. Santo Tomás de Aquino predicó en Roma,
durante 40 días corridos, sólo sobre el Ave María. San Juan María Vianney, patrono de los
párrocos, siempre tenía el rosario en la mano.
El Papa Adriano VI decía que "el Rosario es el látigo para el
demonio". "El Rosario es un
tesoro de gracias" (Papa Pablo V).
El Beato y estigmatizado Padre Pío decía: "El Rosario es EL
ARMA". El Papa León XIII escribió
9 encíclicas sobre el Rosario. El Papa
Juan XXIII habló, como Sumo Pontífice, en 38 ocasiones acerca de Nuestra Señora
y el Rosario. Él rezaba diariamente el Rosario completo, los 15 misterios. San Luis María Grignon de Montfort escribió:
"El Rosario es el arma más poderosa para tocar el Corazón de Jesús,
Nuestro Redentor, quien ama a Su Madre.
"El día tiene 1440 minutos. ¿Le darías el 1% de eso a Dios? El Rosario completo, los 15 misterios de
gozo, de dolor y de gloria meditados, representa sólo 1 hora y media de nuestro
tiempo, y rezados con el corazón; la Eternidad.
"Queridos hijos, también hoy deseo
invitarlos a la oración y al abandono total a Dios. Sepan que los amo y que
vengo acá con amor para mostrarles el camino de la paz y de la salvación de sus
almas. Deseo que me obedezcan y que no le permitan a Satanás que los seduzca.
Queridos hijos, Satanás es fuerte y es
por esto que pido sus oraciones y que me las ofrezcan por aquellos que están
bajo su influjo, para que ellos se salven. Den testimonio con sus vidas y
sacrifiquen sus vidas por la salvación del mundo. Estoy con ustedes y les doy
gracias. Luego, en el Cielo, recibirán del Padre la recompensa que les ha
prometido.
Por eso, hijitos, no se preocupen. Si
oran, Satanás ni siquiera mínimamente puede enredarlos, porque ustedes son
hijos de Dios y Él tiene Su Mirada puesta en ustedes. ¡Oren!, que el Rosario esté siempre en
sus manos y sea señal para Satanás de que me pertenecen. Gracias por haber respondido a mi
llamado."
"Queridos hijos, hoy -como nunca
antes de ahora- los invito a la oración. Que la oración sea oración por la paz.
Satanás es fuerte y quiere destruir no sólo la vida humana sino también la
naturaleza y el planeta en el que viven. Por ello, hijitos queridos, oren para
poder estar protegidos, por medio de la oración, con la bendición de Dios.
Dios me ha enviado a ustedes para que
los ayude. Si así lo quieren, aférrense
al Rosario que es el que puede hacer milagros en el mundo y en sus
vidas. Los bendigo y permanezco con ustedes hasta que Dios lo quiera.
Gracias porque ustedes no traicionarán mi presencia aquí. Gracias porque sus
respuestas sirven al bien y a la paz. Gracias por haber respondido a mi
llamado."
"Queridos hijos, Dios me concede
este tiempo cual don para ustedes, para que pueda instruirlos y conducirlos en
el camino de la salvación. Ahora, hijos queridos, ustedes no comprenden esta
gracia pero pronto ha de venir el momento en el que añorarán estos mensajes.
Por ello, hijitos, vivan todas las palabras que les he dado en este período de
gracia y hagan revivir la oración hasta cuando ella se vuelva alegría. Invito
de manera particular a todos los que se han CONSAGRADO a mi Corazón Inmaculado
a que sean ejemplo para los otros. Invito a todos los sacerdotes, religiosos
y religiosas a rezar el Rosario y a enseñar a los otros a orar. Hijitos, el
Rosario es particularmente importante para mí. Por medio del Rosario es que
ustedes me abren sus corazones y yo puedo ayudarlos. Gracias por haber
respondido a mi llamado."
Entre sus muchísimos títulos o
advocaciones (hay quien los contó y dice que son 117, pero seguramente son
muchos más) la Santísima Virgen eligió en Fátima este título: "Yo soy la
Señora del Rosario". En
Lourdes apareció con un gran rosario en su mano. En Medjugorje nos pide rezar el Rosario
completo cada día. En San Nicolás
también se dio a conocer como Nuestra Señora o Virgen del Rosario.
El Santo Rosario es don del Cielo, de
la Madre de Dios, que a través de Santo Domingo de Guzmán nos llega a los
cristianos. Este santo, que fundó la Orden de los Predicadores, enseñó a sus
frailes también la prédica del Rosario junto a la de los Evangelios. San Francisco de Sales decía que el mayor
método de oración es rezar el Rosario.
Pablo V encontraba en el Santo Rosario "un tesoro de gracias ". San
Pío V convocó a una cruzada del Rosario ante el asedio turco a Europa. El 7 de
octubre de 1571 los cristianos milagrosamente derrotaban a las fuerzas turcas
en Lepanto. Como acción de gracias y en reconocimiento que el triunfo se debía
a la oración a María, el Papa dominico instauró la fiesta del Santo Rosario el
7 de Octubre. Y ¿qué no decir de nuestro actual Papa, Juan Pablo II, hijo
predilecto de María?
El Padre Pío rezaba el Rosario cada vez
que tenía un momento disponible. Para él era una devoción muy importante sin la
cual consideraba que la vida del cristiano era incompleta. Cada vez que tenía
un poco de tiempo, en el corredor del convento, en las escaleras, aún yendo o
viniendo del confesionario, se lo podía ver haciendo pasar las cuentas entre
sus dedos. Una vez le dijo a uno de sus superiores que él decía más de treinta
rosarios por día. Y a menudo en su vejez, cuando no podía encontrar su rosario
preguntaba: "¿dónde está mi arma?". E insistía que sus hijos
espirituales hiciesen del Rosario parte de sus devociones diarias.
1. Quien fielmente
me sirva rezando el Rosario ha de recibir signos de gracia.
2. Prometo mi
protección especial y las mayores gracias a todos aquellos que recen el
Rosario.
3. El Rosario ha de
ser una coraza poderosa contra el infierno. Destruye los vicios, disminuye el
pecado y derrota las herejías.
4. Hará que la
virtud y las buenas obras florezcan y obtendrá para las almas la abundancia de la
misericordia de Dios.
5. Liberará los
corazones de los hombres del amor a las cosas del mundo y sus vanidades, y los
elevará hacia el deseo de las cosas eternas. ¡Cuántas almas han de santificarse
por este medio!
6. El alma que a mí
se encomiende por el rezo del Rosario no perecerá. Todo aquel que lo rece con
devoción meditando los sagrados misterios, no será alcanzado por la desgracia.
Dios no lo castigará en su Justicia y no morirá de muerte imprevista si él
permanece en gracia de Dios y se vuelve merecedor de la vida eterna.
7. Quien tenga una
verdadera devoción por el Rosario no ha de morir sin los Sacramentos de la
Iglesia.
8. Aquellos que sean
fieles en el rezo del Rosario han de tener durante su vida y en el momento de
su muerte, la luz de Dios y la plenitud de sus gracias. En el momento de la
muerte participarán de los méritos de los santos en el Paraíso.
9. A aquellos que
han sido devotos del Rosario yo los libraré del Purgatorio.
10.Los hijos fieles del Rosario merecerán un alto grado de gloria
en el Cielo.
11.Por el rezo del Rosario serán escuchados en sus peticiones.
12.Todos aquellos que propagan el Santo Rosario serán por mí
ayudados en sus necesidades.
13.Para todos los abogados del Rosario, he obtenido de mi Divino
Hijo que la entera corte celestial sea sus intercesores durante sus vidas y a
la hora de la muerte.
14.Todos los que rezan el Rosario son mis hijos y hermanos de mi
único Hijo Jesucristo.
15.La devoción de mi Rosario es gran signo de predestinación.
(Promesas hechas al Beato dominico Alain
de la Roche)
La oración del
Santo Rosario es la devoción mariana más popular. El Santo Rosario ha sido
llamado "el Evangelio de los pobres" por la síntesis evangélica de
sus misterios. Los que quieren a la Virgen rezan a menudo el Santo Rosario, que
consiste en recorrer los momentos más importantes de la vida de Jesús
acompañados de la Virgen María, Madre del Redentor, desde el "sí"
de la Anunciación hasta su Coronación como Reina de cielos y tierra,
recordando, en la Letanía, los dones que Dios le ha dado como Madre de todas
las criaturas.
A comienzos del
siglo XII en los monasterios empezó a rezarse, por analogía con el salterio
compuesto de 150 salmos, el salterio mariano formado por 3 grupos de 50
Avemarías, denominándose a cada uno de estos grupos Rosario. En el siglo XIV se
divide el salterio mariano en 15 decenas intercaladas por el rezo del
Padrenuestro. Se difunde la leyenda de que Santo Domingo de Guzmán había
instituido el Rosario. En el siglo XV se introduce la meditación de los
misterios a la recitación de las Avemarías, reduciéndose a 50 Avemarías. En el
siglo XVI el papa Pio VI, en la bula Consueverunt Romani Pontifices, establece la
forma del Rosario que ha llegado hasta nuestros días.
En España, el
jesuita Arias en el S. XVII, hace mención a la jaculatoria final y el gloria
por su relación lógica con la recitación de los salmos, y más tarde comienzan a
añadirse al Rosario las letanías lauretanas, conformándose así el Rosario que
conocemos actualmente, que consta de 15 misterios y la letanía a la Santísima
Virgen. En cada misterio se rezan un Padrenuestro y 10 veces el Avemaría, por
lo que es una oración repetitiva y rítmica que nos hace centrarnos y meditar
sobre el Evangelio. Muchas veces, para rezarlo, se utiliza una cadena de
cuentas (bolitas) que nos permite seguir el desarrollo de la oración. El
desgranar las cuentas del Rosario tiene además un gran valor psicológico.
El Santo Rosario
es una síntesis del Evangelio. Cada una de las oraciones que lo componen están
fundamentadas en las Sagradas Escrituras, y cada uno de los misterios que
comprende nos cuenta una situación sobresaliente de la vida de Jesús y María
según el Evangelio; cada cuenta grande representa un Sagrado Misterio. Cada
cuenta pequeña del Rosario representa un Salmo; la Biblia contiene 150 salmos.
La señal de la
Santa Cruz, con la que comienza el Rosario, es la señal del cristiano; en la
Cruz murió Jesús para salvar a la humanidad de sus pecados. La Cruz era un
suplicio muy frecuente entre los romanos, usado con siervos, ladrones y sediciosos;
la Cruz, escándalo para los infieles y consuelo para los cristianos: Gál 5,11;
6,12.14; Flp 3,18; Heb 12,2.
El Acto de
Contrición es una oración para decirle al Señor que estamos arrepentidos de
haber pecado: "¡Señor mío Jesucristo!, Dios y Hombre verdadero, Creador,
Padre y Redentor mío ...". Todas las frases que
componen esta oración están totalmente fundamentadas en la Santa Biblia.
El Gloria es un
canto de alabanza a la Santísima Trinidad. El Dios uno y trino presente en el
bautismo de Jesús: Mt, 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,12s. La Trinidad principio de
los carismas: 1 Cor 12,4-6; 2 Cor 13,13; Ap 1,4. La Trinidad en la corte
celestial: Ap 5,1-6.
Después de
recordar el misterio correspondiente se reza la oración del Padrenuestro,
oración fundamental de la religión Católica, pues es enseñanza del propio
Jesucristo: Mt 6,9-13.
El Ave María se
reza en cada una de las cuentas pequeñas del Rosario, y es el reconocimiento
del creyente católico para con la Madre de Dios: Lc
1,28.30; Lc 1,31s; Mt 1,18.21s; ...
La Letanía es
una síntesis del pensamiento del pueblo de Dios sobre la Virgen María, al cual
le gusta repetir las alabanzas de aquella a la que es poderosa mediadora ante
su Hijo. En la Letanía se repite constantemente la frase "ruega por
nosotros" reconociendo así a Maria como intercesora, reconocimiento que no
es compartido por algunos cristianos no católicos. La primera intercesión de la
Virgen María en la Biblia es en las bodas de Canaán, en la transformación del
agua en vino, el primer milagro de Cristo en publico (Jn 2,1-11). Nosotros
podemos interceder por otros al orar a Dios por ellos; Él mismo lo dijo:
"donde estén dos reunidos en mi presencia estaré con ellos"; la
Virgen María es Madre de Jesucristo y es obvio que su intercesión es aceptada
por Él.
Por otra parte,
la tradición oral tiene relevancia en el Evangelio: San Pablo recibe su
evangelio por tradición (1 Cor,11,2.24; 15,1s; 2 Tim
2,15; 3,6) y exhorta a guardar el depósito de la tradición (2 Tim 1,13; 1 Jn
2,24). Por ello, para los católicos la tradición oral también es muy
importante, por ejemplo, la tradición oral cristiana dice que la Virgen María
cuando murió fue velada por los apóstoles y que Jesucristo vino a por Ella y se
la llevó, y que se la llevo viva, pues es Dios de vivos y no de muertos (Lc
20,38). Además de la tradición oral, para los católicos es importante la
revelación. La Virgen María, ha tenido revelaciones a muchos, tanto católicos
como no católicos, pues la revelación mariana es muy abundante.
La Virgen María
vivió con humildad su unión a Jesús, mediante su fidelidad a la voluntad de
Dios. Nos sentimos más cerca de María porque es la Virgen Madre, que obedeciendo
y acogiendo la Palabra de Dios engendra al mismo Hijo del Padre. María puede
ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro
tiempo.
Es una costumbre
muy antigua en la Iglesia dedicar el mes de mayo a la Virgen. Mayo es llamado
el mes de las flores, porque se ofrecen flores a María; esto significa tratar y
querer de una manera especial a María durante este mes. Una de las
mejores muestras de cariño a nuestra Madre la Virgen María es rezar el Santo
Rosario, y Ella de su mano nos llevará a Jesús.
Que María es
Madre de Dios es dogma de fe. Fue definido por el Concilio de Éfeso en el año
431. Jesús fue concebido, no por obra de varón, sino milagrosamente, por virtud
del Espíritu Santo.
La Santísima
Virgen es nuestra Madre del cielo. María es nuestra madre, pues es madre de
Jesucristo, que es cabeza del Cuerpo Místico de Cristo. La madre de la cabeza,
es también madre de todos los miembros del mismo cuerpo. Y nosotros somos los
miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Por eso María es Madre de la Iglesia.
Así fue proclamada en el año 1964 en el discurso de clausura de la 3 Sesión del
Concilio Vaticano II. Que Jesús encargue a Juan que se ocupe de su Madre es
perfectamente normal; lo que no es normal es el encargo paralelo a María
diciéndole que cuide con cariño de Juan. Esto parece innecesario. Si Juan se va
a encargar de María la correspondencia de ella era evidente. Insistir en ello
parece superfluo y poco delicado. Toda mujer normal no necesita que se lo
digan. Lo hace espontáneamente. El encargo de Jesús supone un contenido
teológico trascendental. En Juan estamos todos representados. Además, allí
presente estaba la madre de Juan. Encargar Juan a María sería ofensivo para su
madre María Salomé. No hay duda de que en las palabras de Jesús hay un sentido
más profundo de lo que parecen indicar: Jesús entrega una MADRE a la HUMANIDAD.
Debemos acudir a
la Santísima Virgen en todas nuestras penas y tentaciones. Ella lo puede todo,
pues Dios todo se lo concede, porque es la Madre de Cristo, y porque nunca tuvo
pecado, ni siquiera el original. Por eso San Lucas la llama «llena de gracia».
El dogma de la Concepción Inmaculada de María fue definido, el 8 de diciembre
de 1854, por el Papa Pío IX. La redención de María fue preventiva en atención a
que iba a ser Madre de Dios. Dios pudo haber hecho que Jesucristo apareciese en
el mundo en edad adulta, pero no quiso. Se lo entregó a María. Lo puso en sus
manos. Dios ha querido servirse de ella en la encarnación, en la redención y en
la salvación de todos los hombres. Cristo nos lleva al Padre: «Nadie va al
Padre sino por Mí».
En las iglesias
suele haber muchas imágenes de la Virgen: del Carmen, del Rosario, de los
Dolores, de las Angustias, de los Remedios, del Socorro, de la Consolación, de
la Misericordia, de la Paz, etc. Es que María Santísima tiene muchos títulos y
prerrogativas. Cada pueblo tiene su Virgen, su Patrona. Pero todas son imágenes
o retratos de la única y verdadera Virgen María, que está en el cielo en cuerpo
y alma. Esta elevación de María al cielo en cuerpo y alma se llama Asunción. La
Asunción fue declarada dogma de fe, por el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de
1950. Pero la fiesta de la Asunción se celebraba ya el 15 de agosto por los
años 500 después de Cristo.
La devoción
mariana se refleja también en el anhelo por el restablecimiento de la unidad de
los cristianos. Los fieles de la Iglesia Católica se unen a los de la Iglesia
Ortodoxa en su devoción a la Virgen a la que veneran con un profundo amor.
También se unen a los anglicanos y a los hermanos de las iglesias Reformadas
que destacan la importancia de la Virgen en la vida de los cristianos. Así,
muchos cristianos, piden frecuentemente a María que interceda ante su Hijo por
la unión de todos los bautizados en un solo pueblo de Dios. Curiosamente en el
Corán se habla también de la Virgen María y hay musulmanes que la veneran y
visitan sus Santuarios.
La Virgen María,
maestra de vida espiritual, hace de su propia vida una ofrenda a Dios y nos
ofrece a su Hijo. Dios Padre la eligió y la dotó con dones del Espíritu Santo,
dotó a María de la fe, la esperanza y la plenitud de gracia que animaron a
María a no desfallecer en los momentos de gran sufrimiento. Por esa misteriosa
relación entre el Espíritu Santo y la Santísima Virgen María se atribuye la
santidad de María a la acción del Espíritu Santo, que habla por boca de María
en el maravilloso canto profético del magníficat (Lc 1, 46-56).
María acompaña y
nos da a su Hijo en la obra de la redención hasta el final junto a la Cruz
cuando Jesús se ofrece como víctima en el Calvario. Ya hizo referencia Simeón,
en la presentación de Jesús en el Templo, a la unión del Hijo, el Mesías, con
la Madre a quien la espada habría de traspasar el alma, por esto es también
modelo de caridad.
La Virgen, que
por su fe y obediencia engendra al Hijo de Dios cubierta por la sombra del
Espíritu Santo, se convierte así en Madre de la Iglesia, y así fue proclamada
en el Concilio Vaticano II.
También, María
es una Virgen orante. Recordemos el magníficat o cuando estaba junto a los
apóstoles orando la noche de Pentecostés.
Y, por supuesto,
María es una Virgen oyente de la palabra de Dios, a la que acoge con fe.
Estas actitudes de escucha, oración,
maternidad y ofrecimiento, son el espejo donde han de mirarse las iglesias
cristianas, cuyos fieles, con devoción, le rinden culto.
No son preguntas para luego sólo
enumerar pecados, sino que debemos revisar nuestras actitudes ante la luz de
las virtudes.
VIRTUDES TEOLOGALES
¿Agradezco a Dios
el don de la Fe?
¿La alimento con
la oración personal y comunitaria?
¿Leo y escucho
asiduamente la Palabra de Dios? ¿Dejo
que ella cambie mi mentalidad?
¿Me preocupo por
contagiar a los demás la fe que Dios me regala?
¿Estoy
comprometido en algún trabajo de evangelización para que los demás puedan
conocer a Cristo e intensificar su fe?
¿Me ha guiado en
todo momento la certeza de que Dios es Padre y cuida de nosotros con amor, o
caí en la tentación de sentirme lejos o abandonado por Dios?
¿En qué pongo
habitualmente mi esperanza? ¿En el
Señor o en cosas humanas?
¿Me dejo apoderar
por el desánimo, la angustia o el abatimiento?
¿Transmito a los demás alegría y paz con mis palabras y actitudes?
¿Amo realmente a
Dios por sobre todas las cosas, manifestando ese amor a cada uno de mis
hermanos?
¿Estoy
disgustado, separado o alejado de alguien?
¿Estoy dispuesto
a conciliarme y perdonar para poder ser perdonado?
¿He defendido la
fama y el honor de los demás conforme a la verdad?
¿Dedico mi
tiempo, mis capacidades y mis bienes para aliviar la situación de los pobres,
los inmigrantes, los desocupados, los perseguidos y los enfermos?
VIRTUDES MORALES
¿He sido fuerte
ante los problemas y las dificultades cotidianas o me dejo arrastrar por el
derrotismo y el pesimismo?
¿Estoy abierto y
disponible a las exigencias del Evangelio o prefiero refugiarme en mis
costumbres de cómoda mediocridad?
¿He tenido
coraje para decir siempre la verdad?
Cuando el Señor
me muestra una exigencia de su Evangelio, ¿he sido fiel, o tengo miedo al que
dirán?
¿Busco vivir en
la disponibilidad y la sencillez, creciendo en humildad?
¿Cuál es mi
actitud frente a la soledad y el silencio?
¿Los aprovecho para crecer en sabiduría o escapo atragantándome de ruido
y evasión?
¿Cómo distribuyo
mi tiempo? ¿Busco un permanente equilibrio
entre el cumplimiento responsable de mis deberes de estado, la oración, la
evangelización de mis hermanos, el descanso y el cuidado de la salud?
¿He aceptado mis
límites de criatura o me he sentido omnipotente?
¿He trabajado
para que toda mi persona - cuerpo y espíritu - fuera creciendo y desarrollando
los dones recibidos por Dios, o me he dejado caer en la pereza y el descuido?
¿Hago esfuerzo
para que mi sexualidad y genitalidad se integren armónicamente en mi ser para así poder brindar a los demás la espontánea
calidez de mi afecto?
¿Me he dejado
llevar por el egoísmo o la violencia o el lenguaje sexual?
¿He estado
atento respecto de la bebida, el cigarrillo o me he dejado arrastrar por la
inmoderación?
¿Recuerdo que mi
cuerpo es templo del Espíritu?
¿He dado a Dios
el culto que le es debido?
¿Trato de llegar
puntualmente a Misa o ya me acostumbré a llegar tarde?
¿Me preocupo para
que cada hermano tenga lo que necesita, o mi generosidad está frenada por el
apego al dinero, a la comodidad, a la seguridad?
¿Tengo
conciencia de que la paz es fruto de la justicia y el amor?
¿Qué hago para
lograr una mayor justicia social en mi patria?
¿Veo con
simpatía y doy todo mi apoyo a los que tienen hambre y sed de justicia, o
siento rechazo hacia ellos por que me hacen tomar conciencia de mi infidelidad
al Evangelio?
¿He cometido
injusticias con robos, calumnias o difamaciones?
¿He tratado de
ser fiel a las inspiraciones del Espíritu Santo o me dejo llevar por mi
"modo de ver", propio del "hombre viejo"?
¿He hablado y
actuado siempre que es necesario o me dejo dominar por la timidez, el miedo y
el "no te metas"?
¿Cuáles son mis
pecados de omisión?
¿Realizo la
corrección fraterna con delicadeza o lo hago subido al trono del orgullo y la
soberbia?
En el ejercicio
del diálogo, ¿he sabido escuchar y
hablar buscando el bien común o trato de imponer mis opiniones?
¿Respeto las
autoridades legítimamente constituidas?
El 22/6/85 la Sma. Virgen dictó a Jelena
Vasilj esta oración por un enfermo. A este propósito la Virgen ha dicho: “Queridos hijos: ¡La oración más hermosa que podéis rezar por
un enfermo es precisamente ésta!”. La
Virgen ha añadido a Jelena que el mismo Jesús se la ha aconsejado. Jesús quiere
que durante el rezo de esta plegaria, tanto el enfermo como quien intercede por
él, se abandonen con confianza en las manos de Dios. “¡Oh, Dios mío! El enfermo que se encuentra ante Ti ha venido
ha exponerte su voluntad, pidiéndote lo que juzga ser para él la cosa más
importante. Dios mío, infunde Tú en su
corazón este convencimiento: ¡Lo
importante es que gocemos de salud en el alma!. ¡Qué
se cumpla en todo, Señor, sobre él tu santa Voluntad! Si quieres su curación, que se cure, pero si
Tu voluntad es otra, que siga llevando su cruz. También te pido por cuántos intercedemos por
él: purifica nuestros corazones para hacernos dignos de transmitir, por nuestro
medio, Tu divina misericordia. Señor, protégelo y alivia sus penas. Que se cumpla
en él Tu santa voluntad. Que sea revelado por su medio Tu Santo Nombre. Ayúdale
a llevar con valentía su cruz".
(Se recita tres veces el “Gloria”)
1.- Veladora y agua bendita.
2.- Santo Rosario.
3.- Por
las intenciones del Santo Padre:
Padrenuestro. AveMaría. Gloria.
4.- Por el Reverendo P. Stefano Gobbi:
Dios te salve María...
5.- Leer
un Mensaje del libro del M.S.M.
6.- Lectio
Divina.
Personal
- annotar cita, silencio.
Comunitaria
- Evvangelio, resumen, apoyo.
7.- Fraternidad. ( plenario )
8.- Consagración
al Inmaculado Corazón de María.
Reina
de la Paz, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, Refugio de
los pecadores, nos consagramos de modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.
Con este acto de consagración intentamos vivir contigo y por medio de Ti
todos los compromisos aceptados con nuestra consagración bautismal.
Nos
comprometemos además, a realizar en nosotros aquella conversión interior tan
requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a
los fáciles compromisos con el mundo, para estar como Tú, siempre dispuestos a
cumplir la voluntad del Padre.
Y
mientras nos disponemos a confiarte, Madre Dulcísima y Misericordiosa, nuestra
existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ella para tus planes
de Salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo; nos comprometemos a
vivirla según tus deseos, particularmente a un renovado espíritu de Oración y
Penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y
al Apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y a un austero modo de vida
conforme al Evangelio que sirva a todos de buen ejemplo en la observancia de la
ley de Dios y en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente la de
la Pureza.
Te
prometemos también estar unidos al Santo Padre Juan Pablo II, a la jerarquía a
él unida y a nuestros sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de
oposición al magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.
Bajo
tu protección queremos ser también los apóstoles de esta hoy tan necesaria
Unidad de Oración y de amor con el Papa, para quien te suplicamos una
protección especial.
Finalmente
te prometemos conducir a las almas con las que entremos en contacto a una
renovada devoción hacia Ti.
Conscientes
de que el ateísmo ha hecho naufragar en la Fe a un gran número de fieles, que
la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, que el mal y el
pecado invaden cada vez más el mundo, osamos alzar confiados los ojos a Ti,
Madre de Jesús y Madre nuestra, Misericordiosa y Poderosa e invocarte también
hoy y esperar de Ti la Salvación para todos tus hijos, oh Clemente, oh Piadosa,
oh Dulce Virgen María.