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El "Papa
Bueno" Juan XXIII, siendo Cardenal Patriarca de Venecia, pronunció en
Fátima las siguientes palabras durante la homilía del 13 de mayo de 1956:
" . . . al morir Jesús y dejarnos, en testamento, a su
propia Madre, parece que le concedió la misión de visitarnos, aún en forma
visible, apareciéndose aquí y ahí en forma de mujer, de Madre. Esta es la
explicación de sus manifestaciones a través de la historia de la Iglesia y del
mundo . . . María es la misma Madre de Dios y Madre Nuestra . . . "
Así como
Dios, para darnos y conservarnos la vida maternal se sirvió de nuestras madres,
que por amor aceptaron todos los sacrificios, de la misma manera, en el orden
sobrenatural, Dios ha querido darnos y conservarnos la vida del alma por
intervención de la Santísima siempre Virgen María; pues Él la asoció como
Corredentora y Medianera.
Este triple
oficio de la Reina del Universo, proclamado entonces por Paulo VI y por el
Concilio Vaticano II como "Madre de la Iglesia", se lo confirió
solamente Jesucristo, el Hijo de Dios, cuando se estaba consumando su obra
redentora en la cruz:
"Habiendo mirado Jesús a su Madre y al Discípulo que Él amaba, el
cual estaba ahí de pie; dice a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu Hijo. Después
dice al Discípulo: Ahí tienes a tu Madre" (Juan 19, 26-27).
La actual
labor mariana en el mundo se encuentra perfectamente definida en el primero y
último de los libros sagrados; nos referimos al Génesis y al Apocalipsis. En el
Génesis se dice " . . . y pondré enemistades entre ti y la mujer, entre
tus descendientes y los ella. Y ella te aplastará la cabeza y tú la asecharás
el carcañal o talón" (3, 15). Con estas palabras se anuncia la enemistad
entre el espíritu del mal y la Mujer, Madre de Dios, que al final logrará
aplastar la cabeza de la serpiente.
Por otra
parte, en el Apocalipsis se alude al desarrollo de esta lucha tan singular. Se
habla de la aparición en el Cielo de un portento maravilloso: "Una mujer
revestida de sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce
estrellas. . . y vióse otra señal en el Cielo y he aquí a un gran dragón de
color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete
diademas . . . " (12, 1-3).
Esta eterna
lucha que se inició en el paraíso se ha intensificado a través de los siglos,
adquiriendo mucha mayor fuerza precisamente al final de los tiempos, sabedor el
enemigo que le queda ya poco tiempo. Por eso se representa primero como una
serpiente en el Génesis, y después, en el Apocalipsis, aparece como un dragón
infernal. Pero Dios no ha suscitado una enemistad en lo singular, sino en lo
plural, es decir, no sólo entre María y el demonio, sino entre la descendencia
espiritual de María y la del diablo.
El Santo Luis
María Grignon de Montfort, nacido en el siglo XVII en el año 73, fue un
fervorosísimo devoto de la Virgen María y que escribió, entre otros, dos libros
que hoy en día constituyen verdaderas joyas de la Mariología y que son:
"La Verdadera Devoción a la Santísima Virgen" y "El Secreto de
María". El primero es un tratado que recomendó Pío X, el 27 de diciembre
de 1908, concediendo la bendición apostólica para todos los que lo leyeran.
En dicho
tratado se desprende claramente LA MISIÓN Y OBRA MARIANA EN ESTOS ÚLTIMOS
TIEMPOS; dice el Santo Luis María que: "Se debe tributar un honor más
grande, y se ha de conocer más extensamente y se ha de amar más intensamente a
la Santísima Madre, y que este incremento de devoción a María guarda íntima
relación con la Parusía de su Hijo".
Mas adelante
señala: "Consolémonos con la pronta venida de aquella época de la Iglesia,
que será la época de María . . ."
"Jesucristo vino al mundo por medio de la Santísima Virgen y por
Ella debe también reinar en el mundo".
Y sobre la
misma idea el Santo ahonda lo siguiente: "la Divina María ha permanecido
desconocida hasta el presente y esta es una de las razones por las que
Jesucristo no es todavía conocido, como debe serlo. Y si, pues, es cierto que
el conocimiento y reinado de Jesucristo en el mundo debe llegar, no lo es menos
que sólo se realizará esto como consecuencia del conocimiento y del reinado de
la Santísima Virgen, quien es la que nos lo trajo por primera vez y la que nos
lo dará a conocer y triunfar en la segunda".
Y luego
completa esta idea afirmando: "María fue muy poco conocida en el primer
advenimiento de su Hijo; pero debe serlo mucho más en el segundo. Si estuvo
oculta durante la primera venida fue por deseo expreso de Dios, a fin de que su
Hijo Jesús fuera conocido. La revelación de María será en el segundo
advenimiento para lograr el conocimiento más perfecto de su Hijo y hacer que su
reinado llegue a la Tierra".
Sin embargo,
hay quienes piensan que es incorrecto conceder demasiada importancia a la
Virgen, ya que se da la impresión de olvidar a Dios y de relegarlo a un segundo
plano menoscabando su debida adoración. Esta afirmación es falsa, y sólo denota
ignorancia sobre el papel trascendental que juega la Santísima Virgen en la
salvación de todos y cada uno de los hombres.
Sabemos bien
que para poder ser perfectos se necesita de humildad de corazón, oración
continua, espíritu de penitencia y conformidad absoluta con la voluntad de
Dios. Pero para poner en práctica estas medidas de salvación y santificación es
necesario como elemento esencial, lo que teológicamente se llama "Gracia
de Dios". Sin esa gracia todos nuestros esfuerzos son estériles, "sin
Mí nada podéis hacer" dice el Señor.
Pues bien,
para hallar esa gracia que enamorará el corazón del hombre al corazón de Dios,
no hay camino más seguro que: ENCONTRAR A MARIA. Porque sólo María es la que
consiguió gracia a los ojos de Dios para sí y para cada uno de los hombres, sus
hijos. Las palabras del ángel en la Anunciación son contundentes: ". . . Salve,
llena de gracia, el Señor está contigo . . . no temas María, porque has hallado
la gracia de Dios" (Lucas 1, 28-30)
Si pensamos
que Dios la eligió como Madre, comprendemos que en aquel mismo momento volcó
sobre Ella toda su gracia. Si el hombre que escoge para sí una criatura porque
se ha enamorado de ella, la vuelca con su amor todo lo que tiene, ¡Qué no habrá
hecho Dios al elegir a la más excelsa de las criaturas humanas!, seleccionada
desde toda la eternidad. No cabe duda que elección tan excepcional llevaba todo
consigo; implicaba la cesión de la voluntad de Dios en manos de una mujer;
suponía en designarla como Tesorera, Administradora y Dispensadora de todas las
gracias. Por eso, Ella las reparte en el momento y en las cantidades que
quiera. Así, las gracias del Padre, las virtudes de Cristo y los dones del
Espíritu Santo están en manos de María, Nuestra Madre.
De todo lo
anterior podemos decir entonces que si buscamos y encontramos a María, damos
con la abundancia de todas las gracias, pues Dios, como Todopoderoso, no quiere
comunicar nada que no sea a través de éste instrumento que tiene tanto de
divino como de humano y por ello más accesible a nuestra naturaleza de hombres.
Como dice Santo Tomás de Aquino: "Dios no se comunica ordinariamente a los
hombres, en orden a la gracia, sino por María". En cierto modo es lógico,
porque así como no se puede subir al tercer escalón sin poner antes el pie en
el segundo, de la misma manera nadie llega a Dios si no es a través de Cristo,
y a El no se llega sino por medio de María. A través de Ella se inició la
salvación del mundo, y será también por María que se habrá de consumar.
En estos
momentos de confusión e inquietud en el mundo, necesitamos más que nunca de la
ayuda de Nuestra Madre Celestial. Tengamos la certeza moral que Ella atenderá
todas nuestras peticiones y las hará llegar hasta el Trono de Dios, pues en su
condición de Hija, Madre y Esposa de la Santísima Trinidad, sus súplicas son
siempre escuchadas y nuestras obras serán dignas del Padre.
¿Pero cuáles
son los motivos de esta extraordinaria intervención de la Virgen María en estos
últimos tiempos? El oficio de María podríamos decir que es múltiple:
PRECURSORA DE CRISTO. María fue el primer sagrario del mundo al
llevar en su seno virginal al Hijo de Dios vivo; ahora, Nuestra Madre, al igual
que Juan el Bautista preparó los caminos del Señor, Ella quiere preparar las
almas de todos sus hijos a través de la oración y la penitencia para que
engendremos a Cristo en nuestras vidas, y sea así nuestra conducta, modestia y
mortificación, modelo exacto de la vida de Jesucristo.
REFUGIO DE PECADORES. Ella
quiere que todos lleguen a la salvación eterna a través de su Corazón Doloroso
e Inmaculado, que brilla hoy más que nunca en misericordia para atraer y
recibir amorosamente a los pobres pecadores y desviados de la verdad para que
se conviertan a Dios.
REINA DE LOS APÓSTOLES. La Virgen en sus apariciones viene también
a formar a un cúmulo de Apóstoles. ¿A cuáles Apóstoles? A los Apóstoles de los
Últimos Tiempos. El talón de la Señora al que hace alusión el Apocalipsis,
constituye los humildes seguidores y pobres hijos, que Ella suscitará para
luchar por la causa de Dios y de María. En otras palabras, los Apóstoles de los
últimos tiempos dice Grignon de Montfort: “serán pobres según el mundo;
rebajados y humildes ante los otros miembros como el talón; hollados y
oprimidos como éste, pero ricos de las gracias de Dios que María distribuirá
copiosamente entre ellos, grandes y excelsos en santidad ante el Señor; los
cuales, apoyados por el socorro divino, en unión con María y humildes cual otro
talón, aplastarán al demonio con todas sus huestes y harán triunfar la causa de
Dios". La Santísima Virgen María en sus mensajes por todo el mundo hace un
llamado urgente a los apóstoles de los últimos tiempos, mismos que en su
mayoría serán SEGLARES, y que llevarán en su boca la palabra de Dios; en
la mano derecha el Crucifijo, en la izquierda el Rosario; en su corazón los
nombres de Jesús y de María; y en su conducta la modestia y mortificación de
Jesucristo.
REINA DE LOS
PROFETAS. Dice el Profeta Amós que
"Dios no hace nada sin revelar sus secretos a sus siervos los
profetas" (3, 7). Y así es, DIOS AVISA SIEMPRE; todos los acontecimientos
de importancia para la humanidad han sido previamente anunciados por el Cielo a
través de sus videntes y profetas. En el Antiguo Testamento se esboza la manera
y significación del advenimiento del Mesías, y en los libros sagrados también
se nos habla de lo que precederá a la manifestación de la Parusía del Señor. Y
así como se cumplió todo lo referente a la primera venida, así también se habrá
de cumplir a la letra todo lo concerniente al retorno de Cristo al mundo.
Pues bien, la Virgen viene como Reina de los Profetas al
manifestarnos abiertamente lo que va a suceder para que estemos preparados y
velemos en oración. Nos clarifica "puntos oscuros" contenidos en las
Sagradas Escrituras, especialmente en el libro del Apocalipsis, que hasta ahora
eran de difícil comprensión; nos habla de la inminente aparición y reinado del
Anticristo en que Satanás libra su última y decisiva batalla; señala la venida
de los testigos Enoc y Elías (Apocalipsis 11), llenos del espíritu de Dios,
para condenar los errores diabólicos del anticristo. Asimismo, nos advierte de
un próximo AVISO al mundo, un MILAGRO y un segundo aviso previos al Día del
Señor o Juicio de las Naciones.
Por último, y tras la purificación del
mundo, nos anuncia la manifestación de Cristo para instaurar su Reino de paz y
misericordia por mediación de su Corazón Inmaculado. ¿Y quienes son los profetas de la Virgen? Los profetas de hoy (y
que en sus mensajes repiten lo dicho por los Profetas del Antiguo Testamento),
son los innumerables videntes que se encuentran actualmente repartidos por todo
el mundo, y que a pesar de su diversidad de lugar, raza, cultura, época y
formación, sin conocimiento unos de otros ni de las visiones respectivas,
coinciden insistentemente, hasta las idénticas palabras, lo que implica sin
duda que la fuente es la misma.
Los videntes ante todo son instrumentos
de Dios, sencillos y humildes y que han sido elegidos por el Cielo para
confundir a los sabios y poderosos del mundo, para que se vea más claramente
que la obra es divina. Pero no hay que dejar de hacer notar que si los videntes
tienen o tuvieron la gracia de ver a la Virgen, ello no supone necesariamente una
vida de santidad, ni santifica necesariamente a quien se le dan aunque ello
esté ordenado a tal fin. En la mayoría de los casos la "videncia" es
fruto de un carisma o "gracia gratuita" que el Cielo concede
libremente a determinadas personas. Caso distinto resulta de aquellas almas que
producto de una vida ascética y mística, de expiación, iluminación y unión con
Dios se colocan en posibilidad de tener coloquio sobrenatural por su santidad
en vida, como podría ser el caso, por citar un ejemplo, de Santa Teresa de
Jesús.
Así pues, los videntes son almas
normales, comunes y corrientes y como humanos están sujetos a iguales o peores
tentaciones que nosotros y que son instrumentos de Dios para dar a conocer una
serie de mensajes encaminados a recordarnos algo que tenemos un mucho olvidado;
La salvación eterna. Por lo mismo, es preciso que se rece por los videntes para
que sean instrumentos idóneos en los que Dios pueda actuar; esto lo decimos, ya
que en determinadas ocasiones, cuando los videntes caen en soberbia, el demonio
se encarga de hacerlos creer que ven a la Virgen y de que reciben mensajes
supuestamente celestiales con objeto de confundirlos a ellos y a sus
seguidores, y los frutos no se harán esperar.
Y esto es lógico que así sea, pues donde
Dios actúa el diablo acude para tratar de desbaratar su obra, por eso es
necesario tener el don de discernimiento de espíritu, para probar si realmente
una determinada aparición o un mensaje particular viene o no de Dios.
Por último, la razón de la existencia
de un gran número de videntes en ésta época, nos viene explicada por las
palabras del Profeta Joel: " . . . y derramaré mi espíritu en toda carne,
y vuestros hijos profetizarán, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros
ancianos sueños . . . " (2, 28).
Nuestro
Señor Jesucristo prometió asistir y cuidar a su Iglesia hasta la consumación de
los siglos. Por eso, nos envía a María su Madre y Madre Nuestra, para
iluminarnos y guiarnos por el camino de la salvación. Ella es la mensajera de
Dios para estos momentos de crisis, caos, confusión y oscuridad hasta en la
misma Iglesia, donde la fe de todos parece tambalearse y caer. Nuestra Señora,
por tanto, hace una llamada universal al arrepentimiento y a la conversión a
través de la oración y penitencia porque todos los tiempos son graves, muy
graves. El deseo de Ella es que ninguna alma se pierda, pero se requiere la
cooperación moral y humana para hacer realidad ese deseo que se concreta en el
cumplimiento fiel de la Ley de Dios.
En nuestra
exposición sobre el tema de los últimos tiempos y el Reino de Dios, vamos a
fundamentarnos sustancialmente en la exégesis que hace el profesor y doctor en
Sagradas Escrituras, P. Benjamín Martín Sánchez, en sus libros titulados
"Los Últimos Tiempos" e "Israel y las profecías" que
cuentan con el Nihil Obstat e Imprimátur correspondientes.
¿Qué
entendemos por últimos tiempos? Los últimos tiempos de los que nos hablan
muchas veces las Sagradas Escrituras empezaron con la primera venida de Cristo
y están caracterizados por su falta de fe y bien pudiéramos denominar
"tiempos de incredulidad". Al final de los mismos tendrá lugar la aparición
del Anticristo y EL JUICIO DE NACIONES, es decir, un gran castigo sobre el
mundo, el cual anuncian con frecuencia tanto los profetas como el mismo
Jesucristo, por vivir los hombres alejados de Dios y a espaldas del Evangelio.
De este Juicio de Naciones o castigo saldrá un mundo purificado y renovado al
que ha de seguir una época de paz admirable y de santidad en la que Cristo
habrá de reinar "de un confín a otro de la tierra", y en la que
"todos sus enemigos caerán a sus pies" y le darán vasallaje, teniendo
entonces la Iglesia un triunfo glorioso en un NUEVO PENTECOSTES. Por
tanto, no se debe confundir el Juicio de las Naciones en el que el mundo saldrá
purificada, con el Juicio Final que se habrá de verificar al fin de la historia
de la humanidad.
Existen numerosos textos bíblicos en los
que claramente se manifiesta la Apostasía o falta de fe que caracterizan
a los últimos tiempos. Así tenemos por ejemplo en la Segunda Carta de San Pablo
a su discípulo Timoteo, en su capítulo 3, 1-5;
4, 3-4:
"Has de
saber que en los últimos tiempos sobrevendrán días difíciles porque habrá
hombres egoístas, avaros, amadores de sí mismos y del dinero, soberbios,
maldicientes, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, desleales,
inhumanos, calumniadores, incontinentes, despiadados, enemigos de todo lo
bueno, traidores, temerarios, hinchados, amadores de los placeres más que de
Dios. Tendrán ciertamente apariencia de piedad, más en realidad estarán lejos
de ella . . . y nunca serán capaces de llegar al conocimiento de la
verdad. . . . pues bien, vendrá un
tiempo que no soportarán más la sana doctrina, antes bien, deseosos de
novedades se amontonarán maestros conforme a las pasiones, y apartarán los
oídos de la verdad para volverlos a las fábulas . . . "
Así mismo, San Judas en su capítulo 1, 17-21, nos dice:
"Pero
vosotros, carísimos, acordaos de lo predicho por los apóstoles de Nuestro Señor
Jesucristo, que os decían: en los últimos tiempos vendrán impostores que se
conducirán según sus impías pasiones. Estos son los que fomentan las
discordias; hombres animales, sin espíritu. Pero vosotros, carísimos,
permaneced edificándoos por vuestra santísima fe, orando por el Espíritu Santo,
conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de Nuestro Señor
Jesucristo para la vida eterna."
Existe un
testimonio de los primeros siglos de la Iglesia, que si bien no es bíblico si
formula anuncios semejantes a los escritos apostólicos. Nos referimos a La
Didaché (doctrina de los apóstoles) documento del siglo primero, y que nos
dice:
"En los
últimos tiempos se multiplicarán los falsos profetas y corruptores y se
convertirán en lobos de sus rebaños, y la caridad se convertirá en odio;
tomando pues incremento la iniquidad, los hombres se odiarán mutuamente y se
perseguirán y se traicionarán, y entonces aparecerá el engañador del orbe
diciéndose hijo de Dios y hará señales y prodigios, la tierra será entregada en
sus manos y hará iniquidades, tales como nunca se hicieron en los siglos.
Entonces lo que los hombres crearon será probado por el fuego, y muchos se
escandalizarán y perecerán, mas los que perseveren en su fe se salvarán de
aquel maldito, entonces aparecerán las señales de la verdad".
Ahora bien,
los últimos tiempos también tienen otra característica muy importante, y es el
hecho de que son los inmediatamente previos a la Parusía y en la que se habrá
de instaurar de modo definitivo el Reino de Dios en la tierra.
La palabra
Parusía viene del griego (Parousía) que significa "hacerse presente o
presencia". En este caso, la Parusía de Nuestro Señor entendemos será DE
TIPO ESPIRITUAL, es decir, DE PODER Y GRACIA, y no la Parusía física que de
acuerdo a la enseñanza del Magisterio de la Iglesia Católica, habrá de llevarse
a cabo con la Segunda Venida de Cristo a la tierra, al término de la historia
de la humanidad con el Juicio Final.
Esta
distinción de la Parusía que estamos mencionando también la sostiene el
Canónigo Dr. Antonio Brambila en; “La Iglesia y el mundo serán renovados y
purificados” Imprimátur de la Curia del
Arzobispado de México.
Como
consecuencia de esta presencia espiritual de Nuestro Señor sobre la tierra, los
hombres lo van a servir, adorar, y glorificar como nunca antes lo ha sido y
viviremos el triunfo glorioso de Jesucristo.
De toda
nuestra revelación cristiana se deja perfectamente asentado que Jesús de
Nazaret, es por derecho, Rey de todo, Rey universal, Hijo de Dios con poderío a
partir de la resurrección (Romanos 1, 1); pero en toda la historia de esta era
cristiana en que vivimos está también demostrado que Él, no ha sido, ni mucho
menos, el Rey universal de hecho . . . Es decir, Jesucristo, Señor Dios
Nuestro, no ha tenido hasta hoy el ejercicio pleno, satisfactorio,
incontrastable, DE PODER SOBERANO que exigen tantas profecías.
Entonces,
tienen que venir días o tiempos en que todo se cumpla. "Pasará el Cielo y
la Tierra, pero no pasará sin cumplirse ninguna de mis palabras" (Marcos 13,
31). Por tanto, tienen necesariamente que venir tiempos en que Jesús de
Nazaret, el ungido del Padre, sea de verdad, indiscutiblemente, EL SEÑOR Y REY
de todos y de todo, aquí en este mundo, ANTES DE QUE ESTE MUNDO SEA CONSUMADO.
Este tiempo es lo que el libro del Apocalipsis denomina "Milenio"
(20, 3) y corresponde a la época en que Satanás estará encadenado por mil años
y dará lugar a lo que los mensajes Marianos denominan "El Reinado de los
Sagrados Corazones de Jesús y de María".
Del famoso milenio
(lo que en lenguaje bíblico significa un período largo e indeterminado) ha
surgido la doctrina del MILENARISMO y del que es importante dejar ideas claras
para evitar confusión;
Se entiende
por milenarismo, la doctrina que afirma un reinado temporal de Cristo con sus
Santos en la tierra, antes del fin del mundo. Al respecto, han surgido diversos
sistemas milenaristas, quedando excluido plenamente el materialista o carnal de
Cerinto y el de otras sectas protestantes.
Ahora bien,
con relación a un milenarismo mitigado, la Sagrada Congregación del Santo
Oficio, emitió un decreto de carácter disciplinar de fecha 21 de julio de 1944,
en el que dictaminó "que no puede enseñarse con seguridad" un reinado
del Señor en forma corporal y visible en la tierra.
Es menester
dejar establecido que esta frase no equivale a una condenación formal sino que
es simplemente una expresión de desconfianza sobre un tema en el cual se temen
peligros. Por ende, la citada frase no es un acto de alcance directamente
doctrinal, menos aún dogmático, sino un acto más bien disciplinario.
Concluyendo:
respecto al milenarismo de tipo materialista la Iglesia ha tenido siempre una
actitud de clara condenación, mitigando su actitud, es de desconfianza pero no
de formal condenación. En cuanto al milenarismo puro y totalmente espiritual,
no ha habido hasta ahora una condenación magisterial, que alcanzaría a toda una
tradición patrística y teológica muy respetable. Y esto es lo que ciertamente
nos vemos precisados a admitir.
Existen
también muchos pasajes bíblicos que hacen referencia a ésta época
extraordinaria de la Iglesia, en la que habrá un solo rebaño y un solo Pastor,
porque se habrán convertido el pueblo de Israel, así como todos los que ahora
niegan a Cristo. Al efecto citaremos algunos textos bíblicos:
SALMO II
" . . . pídeme y te daré las naciones en herencia y en
posesión los confines de la tierra. Con cetro de hierro los gobernarás, los
quebrarás como vaso de alfarero". (V, 8-9).
Expresiones como estas carecían de sentido si se referían a
la vida eterna, pues ya no habrá para entonces más naciones que regir ni
pueblos que quebrar.
SALMO LXXII
"Dominará de mar a mar, del río hasta los cabos de la
tierra . . . se postrarán ante El todos los reyes y le servirán todas las
gentes" (V, 8-9).
Aquí se nos revela una grandiosa profecía de la Realeza de
Jesucristo. Este es un anuncio de su Reino, que ha de extenderse por todo el
orbe.
Isaías 2, 4-5
Miqueas 4,
3-4
"En los últimos días el Señor juzgará a las gentes y
dictará sus leyes a numerosos pueblos, y de sus espadas harán rejas de arado y
de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra gente, ni se
ejercitarán para la guerra".
Isaías 11, 5-9
"La justicia será el cinturón de sus lomos y la
fidelidad ceñirá sus flancos, habitará el lobo con el cordero y el leopardo se
acostará junto al cabrito . . . la osa y la vaca pacerán lado a lado y juntas
acostarán sus crías; el león comerá paja con el buey. No habrá daño ni
destrucción, nadie hará mal en mi monte Santo porque la tierra estará llena del
conocimiento de Dios como una invasión de las aguas del mar".
Isaías 65, 20.23
"No habrá allí niño nacido para pocos días ni anciano
que no haya cumplido los suyos, morar a los cien años será morir niño, y no
llegar a los cien años será tenido por maldición . . . No se fastidiarán en
vano ni darán a luz para una muerte prematura, sino que serán la progenie
bendita de Yahvé; así ellos como sus descendientes".
Para los que consideran que todo esto resulta inverosímil,
citamos el texto de Zacarías 8, 6-8.
" . . . Si esto en aquellos días parece imposible a
los ojos del resto de este pueblo ¿parecerá imposible también a mis ojos?, dice
el Señor de los ejércitos".
En las
apariciones actuales de la Santísima Virgen María, existen muchos mensajes que
hacen referencia a ésta época de paz y santidad admirable, como lo veremos más
adelante al hablar de las manifestaciones de Nuestra Señora en La Salette,
Francia y Fátima, Portugal. Sin embargo, citaremos a continuación un Mensaje
que la Virgen le transmitió al Padre Esteban Gobbi, fundador
del Movimiento Sacerdotal Mariano que actualmente cuenta con más de 60
mil sacerdotes y cuyos frutos espirituales son palpables. El mensaje es del día
3 de julio de 1987 en San Marino, Italia, y cuenta con el Imprimátur del
anterior Arzobispo de Dubuque, P. James J. Byrne.
El mensaje, en su parte conducente, dice lo siguiente:
"¡ . . . Y Jesús reinará! Jesús, quien os enseñó la
oración diaria (Padrenuestro), con el objeto de invocar la venida de su Reino a
la tierra, podrá ver al fin completada su oración. Él reinará. Él restaurará su
Reino y esta creación volverá a ser como un jardín donde Cristo Jesús será
glorificado; donde su Reino será querido y exaltado. Este será un Reino
universal de gracia y belleza, de armonía, de comunión, de santidad, de
justicia y de paz . . . "
". . . El Espíritu Santo descenderá como fuego, pero de forma
diferente al primer Pentecostés. Será un fuego que queme y purifique;
transforme y santifique; que renueve la Tierra desde sus mismas entrañas, que
abra los corazones a la realidad de la vida y lleve a las almas a la plenitud y
a la santidad de la gracia . . . "
Finalmente, su Santidad Pío XII en su mensaje de
Resurrección del año de 1958 nos dijo:
"Antes de
que la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, descienda del Cielo del lado de Dios,
ataviada como esposa que se engalana para su esposo, gozará el hombre de
verdadera felicidad sobre la tierra. La dignidad humana será respetada, las
necesidades satisfechas y disfrutará de una verdadera y larguísima era de
orden, paz y justicia".
Así pues, la
Sagrada Escritura anuncia una época admirable, de paz universal y de santidad,
que ha de tener lugar después del Juicio de las Naciones, cuando se convierta
el pueblo de Israel y sean exterminados todos los enemigos de Cristo, ya que Él
habrá instaurado su Reino espiritual sobre TODOS y sobre TODO; un reinado, por
consiguiente, mucho más completo que el actual sobre dispersas minorías
católicas. Se cumplirá explícitamente el admirable texto Paulino de Efesios (1,
9-10): "Dios ha querido darnos ahora a conocer el misterio de su voluntad
. . . lo que El se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los
tiempos: hacer de todo (lo de los cielos y lo de la tierra) quede REORDENADO O
RESTAURADO en Cristo, bajo su jerarquía soberana".
Afirmamos que
Cristo cumple su misión de Profeta y Sacerdote, y en la tierra empieza ya de algún
modo y en cierta dimensión, su reinado; un reinado que se realiza y se extiende
en la Iglesia. Actualmente no es todavía un reinado pleno: ni lo atacan todos
los hombres ni alcanza todas las cosas. Él es sólo "de derecho" Rey
Universal. No lo es todavía "de hecho". El no quiere imponerse,
quiere que lo acepten, y la realidad de las cosas es que hoy en día (en estos
últimos tiempos) va creciendo alarmantemente el número de los que no lo
aceptan, y aún mas, de los que lo combaten, lo ignoran o lo toman por loco. A
pesar de todo, los designios de Dios que se instaura con la Parusía, queda
establecido ESPIRITUALMENTE en la tierra, abarcándolo todo, y ante Él, el
Jesús, el desdeñado, ultrajado, insultado por tantos y tantos "se doblará
toda rodilla, y toda ley proclamará que sólo El es el Señor, para gloria de
Dios Padre" (Filipenses 2, 10-11).
Así, más de un viejo salmo dejará entonces de ser pura profecía o
piadoso deseo.
En
conclusión, entendemos que los tiempos que nos han tocado vivir, si bien son
graves por la apostasía generalizada que se acrecienta, no obstante debemos
aumentar nuestra fe en Dios Nuestro Señor porque su Reino se acerca, y debe ser
motivo de GOZOSA ESPERANZA si luchamos por cumplir fielmente su voluntad.
Sin embargo,
este nuevo Pentecostés que se avecina para la Iglesia no se nos dará
gratuitamente; al igual que Cristo Nuestro Señor para consumar la obra
maravillosa de la redención hubo que abrazarse a su penosa pasión y muerte en
su Cruz, amando la voluntad de su Padre, así también nosotros, con la ayuda
siempre presente de nuestra Madre del Cielo, habremos de beber el cáliz amargo
de nuestra pasión, en la tribulación que ya es inminente.
La Santísima Virgen María, en sus apariciones y por decreto
divino, nos viene a ofrecer un refugio seguro, una ARCA DE SALVACION: SU
CORAZÓN INMACULADO. Si nosotros nos convirtiéramos nada tenemos que temer,
y con la gracia divina perseveraremos hasta el fin y seremos elegidos para
vivir el Reino de Dios.
Los signos de
los tiempos son las señales que nos avisan del fin de los tiempos y que debemos
de conocer para estar preparados y no ser confundidos. Antes de continuar,
queremos aclarar un concepto falso y una objeción capciosa que se suele
argumentar al hablar de este tema. Muy frecuentemente se escucha entre las
personas que es imposible al hombre conocer cuándo será el fin del mundo y ni
siquiera el fin de los tiempos, basándose en que Nuestro Señor en el Evangelio
(Mateo 24, 36); dice que por lo que respecta al día y a la hora nadie sabe
nada, ni los ángeles del Cielo, ni el Hijo sino sólo el Padre.
Tanto el
Evangelio como los Profetas enumeran muchas señales por las que debemos conocer
la proximidad de los sucesos, amén de diversas parábolas en las que Jesucristo
nos deja expresamente indicado que debemos aprender a discernir "Los
Signos de los Tiempos" y a este respecto nos propone lo siguiente:
"Fijaos en la higuera y en los demás árboles. Aprended de la higuera la
semejanza: Cuando ya sus ramas se ponen tiernas y echan hojas, conocéis
viéndolo que se acerca el verano. Así también, vosotros, CUANDO VEAIS QUE
SUCEDEN TODAS ESTAS COSAS, sabed que el Reino de Dios está cerca, a las
puertas" (textos relacionados Mateo 24, 32-35; Marcos 13, 28-31; Lucas 21,
29-33).
Por tanto, no
sabemos "ni el día ni la hora", pero si podemos conjeturar que se
haya próximo, para exhortarnos a la vigilancia y vivir en un santo temor de
Dios.
De los signos
de los tiempos que se desprenden de la propia Sagrada Escritura y que habrán de
preceder a la Parusía del Señor, podemos citar sustancialmente los siguientes:
1.
Sucesos calamitosos: guerras,
hambres, terremotos, persecuciones y falsos profetas (Mateo 24, 4-14).
Las
guerras, terremotos, el hambre y las pestes, aunque siempre las ha habido e
indican, según Jesucristo, proximidad de los últimos tiempos, bien podemos
decir que cada día van más en aumento. Sabemos que los hombres de hoy apenas le
dan importancia a estos hechos, que no pocos ven muy lejanos, pero las
predicciones de Cristo siguen su marcha. Esto que está sucediendo en diversos
puntos de la Tierra, en mayor o menor escala, no es más que "el comienzo
de los dolores", o males que han de sobrevenir (Mateo 24, 8).
También
propio de ésta época final serán los grandes desórdenes y las rebeliones de los
pueblos y familias entre sí, el desacato a la autoridad, el crecimiento de la
maldad y el enfriamiento casi universal de la caridad y la falta de fe.
Quizá
nos enseñe más la descripción que hace el Apóstol San Pablo a su discípulo
Timoteo, como característica de los ÚLTIMOS TIEMPOS: "Mas has de saber esto, que en los "días
postreros", sobrevendrán tiempos peligrosos. Se levantarán hombres
amadores de sí mismos, codiciosos, altaneros, soberbios, blasfemos,
desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, desnaturalizados, implacables,
calumniadores, disolutos, fieros, inhumanos, traidores, hinchados y más
amadores de los deleites que de Dios, mostrando apariencia de piedad pero en
realidad lejos de ella (II, 3, 1-5)”.
No se necesita tener ojos de lince para comprender que esta descripción
corresponde con los tiempos que nos han tocado vivir, donde la relajación de
las costumbres y disciplina de la vida familiar y religiosa está a la orden del
día; la desorientación de los que deberían de mandar y la claudicación del
principio de autoridad se han convertido en norma de actuación. La petulancia
de quienes se creen intérpretes de la vida y consignan sus relatos en
novelerías inimaginables llenas de odio, errores y sexualidad, han traído como
consecuencia el descrédito de la fe y en pérdida de la valoración sobrenatural,
aún dentro de los más altos puestos de la Jerarquía de la Iglesia.
2.
La Predicación del Evangelio por toda la Tierra.
Una de
las señales que según el Concilio de Trento habrá de anunciar el fin de los
tiempos es la predicación del Evangelio en todas las naciones. Las palabras de
nuestro Señor son de claridad meridiana: " . . . y será predicado este
Evangelio por todo el mundo en testimonio a toda la gente, y entonces vendrá el
fin". (Mateo 24, 14)
Hoy día
todos los expositores coinciden y están de acuerdo que ésta condición de hecho
está cumplida, ya que no hay tierra, por lejana o ignorada que sea, que no haya
recibido las enseñanzas del Evangelio. Su Santidad el Papa Juan Pablo II
ha sido desde su llegada a la silla de San Pedro, un incansable Apóstol Mariano
que ha difundido la buena nueva por todo el orbe, y no hay duda por tanto, que
con los actuales medios de comunicación de radio, prensa, televisión e
Internet, en todas las partes del globo se ha oído hablar del Vicario de Cristo
y de la doctrina que el mismo Cristo mandó predicar. Además, una cosa muy distinta es que haya sido predicada y otra
que la hayan aceptado.
3.
La apostasía y la venida del Anticristo.
San Pablo, hace XX siglos, al hablar a los de Tesalónica
sobre la inminencia del día del Señor, les dice:
"Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la
apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la
perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice de Dios o es
adorado, hasta sentarse en el Templo de Dios y proclamarse Dios a sí
mismo".
"La
venida del inicuo irá acompañada del poder de Satanás, de todo género de
milagros, señales y prodigios engañosos, y de seducciones de iniquidad, para
los destinados a la perdición, por no haber recibido el amor a la verdad que os
salvará. Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira
y sean condenados cuantos no creyendo en la verdad, se complacen en la
iniquidad". (II, 2, 1-12)
La
apostasía es la defección religiosa, apartamiento o seducción llevada a cabo
por los Mesías o falsos profetas que pondrán en peligro la salvación de los
hombres y aún, si fuera posible, hasta de los mismos elegidos (Mateo 24, 11-24)
Este es
el resultado del gran misterio que San Pablo denomina "El Misterio de la
Iniquidad" (Tes. XXVII); es decir, el misterio de la "eterna"
lucha entre el bien y el mal que Dios Padre en sus indiscutibles designios ha
permitido para mayor santidad de los hombres.
Actualmente
se nota la infiltración de la apostasía por todas partes, y a ello contribuye
la actitud de muchos cristianos que van cediendo terreno en la defensa de las
verdades dogmáticas y se van acomodando a la manera de pensar y vivir de este
mundo racionalista y materialista, siguiendo teorías que matan la fe. En el
campo político, observamos que no existe Estado alguno que proclame y reconozca
la religión católica como la única, auténtica y verdadera, como la oficial del
Estado. Y lo que es peor, esta apostasía también la palpamos con especial
virulencia dentro de la misma Iglesia de Cristo (II, Timoteo 3, 1-5) e infectan
a otros (Gálatas 5, 9).
En el
mensaje de Nuestra Señora de Fátima de 1917 nos advirtió claramente:
"Satanás se introducirá hasta las cimas más altas de la Iglesia . . .
habrá Cardenales contra Cardenales y Obispos contra Obispos . . . " Y son
conocidas las fórmulas de Pablo VI:
"Se diría que a través de alguna grieta ha entrado el humo de
Satanás en el templo de Dios . . . " (homilía del 29 de Agosto de 1972);
" . . . la Iglesia se halla en un período de autocrítica, de inquietud,
casi diríamos autodemolición . . . . " (alocución del 7 de Diciembre de
1968).
La
apostasía universal que ya está obrando en el mundo, culminará con la aparición
y el triunfo del anticristo sobre los Santos (Apocalipsis 13, 7). El hombre de
la iniquidad, el hijo de la perdición que señala San Pablo, es el anticristo.
El profeta Daniel le denomina "El Desolador", "El
Devastador", nombres que coinciden con los apelativos usados por San
Pablo, por lo que tal y como sostienen algunos Santos sobre la figura del
anticristo, todo parece indicar que se trata de una persona en particular.
Además, ello se desprende de muchos mensajes marianos. El anticristo es una
persona humana que tendrá poder y gloria sobre el mundo, PODER PARA HACER
FALSOS PRODIGIOS, y se le dará "potestad sobre toda tribu, pueblo, lengua
y nación y le adorarán todos aquellos cuyo nombre no está escrito en el libro
de la vida del Cordero".
La
bestia del anticristo y los enemigos de Dios promoverán persecuciones contra
los santos o cristianos que pasarán terribles pruebas, pues sembrarán entre
ellos divisiones y confusión, y en éstos últimos tiempos se desencadenarán
grandes combates con el fin de destruir la obra de Cristo, quien ya predijo
"La Gran Tribulación Final". He aquí sus palabras: "Será
terrible la tribulación entonces, que no hubo semejante desde el principio del
mundo hasta ahora ni la habrá jamás; mas por razón de los elegidos serán
acortados esos días . . . "(Mateo 24, 21-22).
Veamos cómo nos hablan los Santos Padres y Teólogos
sobre esta apostasía y el reinado del anticristo:
1.
San Agustín; en su comentario al Salmo 7, dice
que: "Habrá pocos con fe pura y sincera entre los cristianos, añadiendo
que EL ANTICRISTO SE SENTARÁ EN EL TEMPLO, ESTO ES, EN LA IGLESIA como si el
Pueblo de Dios estuviese formado de una multitud de impíos".
2.
San Efrén, aseguraba que: "Cuando venga el
anticristo estaría completa la apostasía del siglo".
3.
San Hipólito (Mártir del siglo II). "De la
Consumación del Mundo"; reconoce que: "La seducción llenaría el mundo
entero; los pastores entonces se convertirán en lobos hasta que al fin todos
crean en el anticristo", y añade " . . . despreciadas las escrituras,
abundará el estupro, el adulterio; surgirán falsos doctores de perniciosas
costumbres . . . "
4.
El Eximio Suárez, "De los Misterios de la
Vida Cristiana", Disp.24, dice: "Entiéndase que la mayoría, tal vez,
de los fieles, se separarán de Cristo, aunque la Iglesia no perecerá en la
persecución".
Resulta
claro que en la sociedad en que vivimos apenas se ven hombres con aspiraciones
de santidad; en cambio si nos vemos inmersos de materialismo y con
preocupaciones constantes de diversión y de placeres terrenos. La moda en el
vestir en muchas partes se ha traducido en el arte de desnudarse . . . Y así la
vida de los sentidos, de sensualidad y de orgullo se va apoderando de las
personas, sustituyéndose totalmente a la mortificación, al vencimiento y a la
austeridad evangélica. ¡Y esto es una sociedad que se dice cristiana!
Retomando la figura del anticristo, algunos comentaristas afirman que
llevará sangre musulmana en sus venas, aunque sea judío de nacimiento (todo
hace suponer que ya nació y que en muy breve tiempo habrá de manifestarse a
todo el mundo, concordando fielmente con la interpretación del Apocalipsis y
las advertencias marianas), lo que contribuirá a que sea reconocido como el
Mesías esperado por los judíos (hebreos) y como el jefe por los musulmanes.
El
anticristo será recibido por los judíos como el Mesías que ellos esperan; dice
Jesucristo: "Yo vine en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; mas
cuando viniere en su propio nombre, a ese sí lo recibiréis" (Juan 5, 43),
de donde se desprende que la persona del anticristo vendrá en nombre propio y
los judíos no dudarán en aceptarlo.
Por
último, parece que reinará tres años y medio, tal y como se deduce de la
computación del profeta Daniel, que señala en un tiempo (dos), tiempos y medio
tiempo (7, 25), que coincide con lo que se expresa en el Apocalipsis de 42 meses
de reinado (13, 5).
Sin
embargo, el anticristo será derrotado por la manifestación de la Parusía del
Señor, y como dice San Pablo, lo matará con el aliento de su boca (II,
Tesalonicenses 2, 8). Esto nos demuestra la facilidad con la que el Señor
triunfará sobre su adversario y de todas las fuerzas del mal en el momento en
que parezca que los cristianos y la Iglesia han perdido todos los medios
posibles para hacer frente a la situación, porque " . . . las puertas del
infierno no prevalecerán contra ella", ha dicho Jesucristo.
El
cristianismo debe estar firme y constante en la práctica del Evangelio, el cual
no puede ser sustituido por ninguna doctrina nueva. La hora de Dios sonará y
verificado el castigo de las Naciones, tendrá lugar el reinado espiritual de
Cristo.
4.
La conversión de los judíos
El
misterio de la conversión de Israel es un secreto en los planes de Dios que
tendrá lugar en los últimos tiempos, y su expectación durará hasta que la
plenitud de los gentiles haya entrado.
Dice el
Apóstol Pablo en su carta a los Romanos (11, 25-27): "No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio (es decir,
los designios de Dios) para que no presumáis de vosotros mismos: Porque el
endurecimiento ha venido parcialmente a Israel, hasta QUE LA PLENITUD DE LOS
GENTILES HAYA ENTRADO, entonces todo Israel estará a salvo, como está escrito .
. . ".
¿Qué
quiere decir "Hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado"?
Significa que cuando hayan entrado en la Iglesia todos los gentiles (los no
judíos) que deben entrar según los designios de Dios, entonces todo Israel se
salvará.
El
Profeta Isaías, refiriéndose a la conversión del Pueblo de Israel, hace esta
pregunta: ¿Hasta cuando, Señor, durará la obcecación de Israel? Y Él responde:
"Hasta que las ciudades queden asoladas y sin habitantes, y las casas sin
moradores y la Tierra hecha un desierto. Hasta que Yahvé arroje lejos a los
hombres y sea grande la desolación en la Tierra. Si quedare de ellos solamente
la décima parte, será también para el fuego . . ." (Isaías 6, 11-13).
Según
esto, ISRAEL SE CONVERTIRÁ EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS, o sea, a raíz del gran
castigo o Juicio de las Naciones y que concuerda con las siguientes profecías Bíblicas:
"Al fin de los tiempos buscarán con temor al Señor su
Dios" (Oseas 3, 5); y "en los últimos tiempos, te convertirás a
Yahvé, tu Dios" (Deuteronomio 4, 30).
Una de las
profecías hechas por Jesucristo tocante al Pueblo de Israel y que acaba de
tener fiel cumplimiento, es la que se señala en el pasaje de San Lucas (21, 24)
y que dice: " . . . Jerusalén
será pisoteada por los gentiles (no judíos) hasta que se cumplan los tiempos de
las Naciones" (o tiempo de los gentiles). Es el caso, que Jerusalén ya no está bajo los pies de los
gentiles, luego entonces se cumplen los tiempos de las Naciones. Lo anterior se
apoya en que contra todos los pronósticos, los judíos han vuelto a formar
Estado a partir de 1948; y todavía más, en 1967 han conquistado la Ciudad de
Jerusalén y han trasladado a ella su capitalidad, y de esta forma se cumple
entonces la profecía que casi por XX siglos ha tenido dispersos a los judíos y
perseguidos por todas las naciones del mundo. ¿No será esto acaso un indicio
claro de que se aproximan los tiempos de su conversión?
Todo
esto nos lleva a considerar la inminencia del fin de los tiempos y la
expectación de la próxima Parusía del Señor, por lo mismo, ya el Papa Pío X en
su primera encíclica (1903) decía:
" . . . que la apostasía creciente era un comienzo de los males
anunciados para el fin de los tiempos . . . " Asimismo, el Papa Pío XI en su encíclica "Miserentíssimus
Redemptor" (1928) exclamaba:
" . . . parece ser el comienzo de los dolores que han de traer al
hombre de pecado (el anticristo). Asalta la idea de que se acercan los tiempos
que anunciaba Nuestro Señor . . ."
Por su parte, Paulo VI exclamó:
“¿Acaso son estos los días anunciados por Cristo?”
Este humilde
capuchino nace un 25 de enero en Pietrelcina, provincia de Bevento, en el sur
de Italia, y muere un 23 de septiembre en forma repentina. Ingresó en el
noviciado de los Padres Capuchinos y recibió las sagradas órdenes del
Sacerdocio en 1910. En 1915 recibió las
llagas de Nuestro Señor de una manera invisible y tres años después, estos
estigmas se abrieron y se manifestaron al exterior, al estar dando gracias
después de la Santa Misa. Sus estigmas fueron calificados por la ciencia como
auténticos milagros. Se calcula que perdió en vida más de 10 veces el peso de
su cuerpo. Eran heridas que no cicatrizaban, ni se corrompían, ni mejoraban.
Durante 50 años permanecieron inalterables, ofreciendo a los hombres el
espectáculo que sin duda el Cielo concedió para despertar y sostener nuestra fe
de hombres de éste mundo, racionalistas y por naturaleza escépticos.
El Padre Pío,
entre otros dones, penetraba al interior de las conciencias y son muchos los
testigos que aseveran haberles manifestado todos los pecados de su vida.
Diariamente ofrecía su sangre por los pecadores y solía pasar más de 16 horas
diarias en el confesionario. Además de ello, recibió del Señor el don de la
bilocación o desdoblamiento de la persona, que hacía posible que sin abandonar
el convento, se presentara en otro lugar situado a muchos kilómetros de
distancia, a fin de consolar a un enfermo, asistir a un moribundo o salvar de
la muerte a un pecador.
No tuvo una
vida fácil de apostolado, pues fue objeto de grandes persecuciones (¡esta es la
herencia propia de los santos!) . . . El Padre Pío celebró su última Misa el
día 22 de septiembre de 1968; sobre la media noche renovó su profesión
religiosa, pidió confesarse, rogó a sus compañeros perdonasen las molestias que
les había causado y a las 2:23 de la madrugada expiró. El informe médico ha
declarado que sus llagas estaban abiertas, pero secas. Su cadáver estuvo
expuesto cuatro días sin señal alguna de descomposición. Mas de cien mil
personas asistieron a su entierro.
Según un alma privilegiada, que suele tener
frecuentes visiones, dijo:
"Dios se ha llevado al Padre Pío, porque se acerca el castigo para
la humanidad y no quiere ver sufrir doblemente en la Tierra a quien tanto ha
sufrido por evitar lo que se avecina".
Entre las
muchísimas revelaciones que tuvo el Padre Pío, y que se caracterizaron por el
don de la profecía, tenemos las siguientes:
"Precedido de tormentas, vientos desencadenados y terribles
terremotos, que abrirán la Tierra y la harán temblar, Yo vendré una noche,
durante los fríos meses de invierno, a este mundo cargado de pecados: Rayos y
centellas, salidos de incandescentes nubes, encenderán y reducirán a cenizas
todo lo que está contaminado por el pecado. La destrucción será total. El aire
envenenado de gases sulfurosos y levantando asfixiantes humaredas, será llevado
a grandes distancias por las ráfagas del viento. Las obras levantadas por el
hombre con espíritu loco y atrevido de adoración a sí mismo, queriendo
demostrar su ilimitado poder, serán aniquiladas. Entonces la raza humana
comprenderá que hay una voluntad muy superior a la suya, que destruirá sus
vacíos alardes de vanagloria. Rápidamente, cerrar vuestras puertas y
ventanas, tapar toda vista del mundo exterior durante el más terrible de
los acontecimientos; no profanéis vuestra vista con miradas curiosas
porque ”SANTA, SANTA ES LA IRA DE DIOS”. La Tierra será purificada para
vosotros, los restos del fiel rebaño".
"Encomendaos a la PROTECCIÓN DE MI SANTÍSIMA MADRE; no os
desaniméis a pesar de lo que viereis y oyereis; ES UNA FICCIÓN DEL INFIERNO que
no os podrá hacer ningún daño. Cobijaos en constantes oraciones bajo la
protección de mi cruz e invocar a los ángeles de vuestras almas. Luchad con
confianza en mi eterno amor y no dejéis que se levanten en vosotros dudas
acerca de vuestra salvación. Cuanto más firme y perseverantemente permanezcáis
en mi amor, tanto más seguramente os defenderé contra todo daño. Luchad por las
almas amadas de mi corazón".
"Perseverad
por una noche y un día y por una noche y un día, y a la siguiente noche se
calmarán los terrores. . . al amanecer del próximo día el sol brillará otra vez
y su calor y su luz disiparán los horrores de la oscuridad. Aceptad la
nueva vida con humilde gratitud. Vividla con sencillez y gratitud en paz y
amor, según mi intención. Orad y sacrificaos para que vuestro sacrificio
produzca abundantes frutos de bendición y para que florezca una raza nueva que
alegre vuestros corazones . . . "
Los medios
para vencer:
"El
mundo os llamará fanáticos, locos y criaturas miserables; amenazarán haceros
vacilar en vuestra constancia con su elocuencia engañosa. Y los tramposos
intrigantes del infierno intentarán ganaros con sus astutos engaños. Luchad con
humildad y silencio; combatid con las armas de las buenas obras; ORACIÓN,
SACRIFICIOS Y CON LA CONVICCIÓN INTERIOR DEL DEBER. Buscad refugio en la Madre
de la Gracia, para que el flagelo inevitable resulte una victoria sobre el
infierno y para que mis ángeles puedan dar la bienvenida en las eternas
venturas del Padre a las ovejas penitentes . . . "