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HIMNARIO DEL SANTORAL CAPUCHINO
Presentación del Himnario - Rufino María Grández

Agatángel y Casiano
Andrés Jacinto Longhin
María Ángela Astorch
Ángel de Acri
Aniceto Koplin y compañeros
Apolinar de Posat
Aurelio de Vinalesa y Compañeros
Benito de Urbino
Bernardo de Corleone
Bernardo de Ofida
Conrado de Parzham
Crispín de Viterbo
Diego José de Cádiz
Félix de Cantalicio
Félix de Nicosia
Fidel de Sigmaringa
Florida Cévoli
Francisco María de Camporosso
Honorato Kozminski
Ignacio de Láconi
Ignacio de Santhiá
Inocencio de Berzo
Jeremías de Valaquia
Leopoldo Mandic  
Lorenzo de Brindis
María Magdalena Martinengo
Marcos de Aviano
María Jesús Masiá  y compañeras
Nicolás de Gésturi
Pío de Pietrelcina
Juan Luis, Protasio y Sebastián
Serafín de Montegranario
María Teresa Kowalska
Verónica Giuliani

7 de agosto
Beatos Agatángel y Casiano (+1638)

Son ellos dos mártires capuchinos, que en Etiopía, tierra de Iglesias hermanas separadas, derramaron su sangre por Cristo. Fue el 7 de agosto de 1638. Agatángel de Vendôme, veterano en la misión, tenía 40 años, Casiano de Nantes, 31. Al ser ordenados sacerdotes, ejercieron brevemente el apostolado en su patria; Casiano atendiendo a los apestados. Fueron a Oriente; tuvieron la oportunidad de visitar la Tierra Santa de Jesús.

A la hora del ahorcamiento, no había sogas para el suplicio, y ellos, con candor evangélico, ofrecieron sus cordones franciscanos para la ejecución. Fueron rematados a pedradas, suplicio de blasfemos. Y cuenta la historia - o la piedad - que aquella noche see vio que de sus cuerpos, sepultados bajo un montón de piedras, subía un haz de luz hacia el cielo.

Este himno narrativo de alguna manera quiere evocar la efigie espiritual de nuestros hermanos. En tiempos hoy lejanos - quiera el Señor que no se repitan - murieron a manos de cristianos...





Oriente fue la luz de vuestra ruta,
hermanos Agatángel y Casiano,
pasión por la concordia de la Iglesia,
y gloria de Jesús Crucificado.

La tierra patria os dio la fe cristiana,
un hábito, sandalias y breviario;
menores capuchinos, sacerdotes,
en pos de Cristo fueron vuestros pasos.

Las huellas de Jesús en Palestina
pisasteis, peregrinos franciscanos,
y visteis la discordia de sus siervos,
besándole en Belén y en el Calvario.





A la horca condenados, ¡oh testigos!,
no había allí cordel para colgaros,
y entonces ofrecisteis vuestros cíngulos
cual lazo de unidad, fraterno abrazo.

Al cabo, el holocausto fue cumplido,
con ciego corazón apedreados;
de noche iluminabais, y hacia el cielo
subía victorioso un bello rayo.

¡Jesús, oh Luz preciosa de los hombres,
oh Mártir de los mártires cantado,
a ti la gloria roja de la sangre,
a ti en la Trinidad, el Hijo santo! Amén.




26 de junio
Beato Andrés Jacinto Longhin (1886-1936)

El hijo de humildes campesinos emprendió la vida capuchina y pronto se granjeó la confianza de sus hermanos, para ocupar responsabilidades en su provincia seráfica de Venecia. En 1904, a los 40 años, el Papa san Pío X lo quiso obispo de la diócesis nativa del Papa, Treviso; por más de 30 años fue el buen Pastor de esta grey, hasta la muerte, en 1936.

Este himno contempla la figura del Pastor, llamado, entre otras cosas, "el obispo del catecismo". Como pastor ofrecía - recogemos sus palabras - "su sangre y la vida entera" por la Iglesia.

De paso mencionamos que fue confidente de almas santas. San Pío X escribió: "Nos..., que fuimos parte tan importante de su dulcísimo corazón".

En la doxología evocamos a Cristo, "Mayoral (de los pastores)" (2P 5,4).





La blanca mitra ciñe la cabeza
de un pobre capuchino;
no sea poderío del mayor,
mas sea el esplendor de Cristo Ungido.

Por él fuiste elegido y consagrado,
hermano Andrés Jacinto:
serás el Buen Pastor en pos del Único,
serás su clara voz, su dulce silbo.

Serás predicador del Evangelio,
del sabio catecismo;
tu sangre y vida entera fue ofrecida,
en aras de la Iglesia de Treviso.





Obispo confidente de almas santas,
de corazón dulcísimo,
te diste todo a todos, anhelando
el mundo renovado en Jesucristo.

¡A Cristo, Mayoral de los pastores,
por Dios constituido,
le canten en el cielo los salvados,
le cante aquí el rebaño de su aprisco! Amén.






2 de diciembre
Beata María Ángela Astorch (1592-1665)

El domingo 23 de mayo de 1982 Juan Pablo II confirió el título de beata a una contemplativa nacida en Barcelona, la monja capuchina sor María Ángela Astorch (1592-1665). En Barcelona "a los once años cumplidos y entrada en los doce, en el año 1603, en el 16 del mes de septiembre, víspera de las Llagas de mi seráfico Padre, entré religiosa capuchina con mi gusto y de mi propia voluntad..." Inició con otras hermanas la fundación del monasterio de Zaragoza, donde residió largos años (1614-1645). La etapa final comenzaría con la fundación del monasterio de la Exaltación del Santísimo Sacramento en Murcia (1645), donde morirá en 1665. "La mística del breviario", así ha subtitulado el P. Lázaro Iriarte la vida de esta clarisa capuchina presentada para la beatificación. Mujer de profundo humanismo -largos años abadesa y formadora-, prudente, sensible frente a su tierra catalana, y con un matiz destacado de amor a la Biblia y al breviario.

En su abundante diario espiritual habla de "mi camino", "mi camino interior..." En el himno le pedimos enséñanos tu camino.




Ángela, madre y hermana,
que con paso peregrino
has alcanzado el Amor,
enséñanos tu camino.

Estrofas

Mi camino es la Palabra,
orada al divino Oficio;
Cristo, mi sabiduría,
la Escritura el paraíso.
Una fuente de dulzura
fluye del Verbo divino,
y riega el claustro callado,
donde florecen los lirios.

Ángela, madre y hermana...




Mi canino ensangrentado
el Señor lo ha recorrido,
y está en la columna atado
por nuestro amor malherido.
Un matrimonio de sangre
con mi Señor he sentido:
mi corazón es el suyo,
su corazón es el mío.

Ángela, madre y hermana...

Mi camino, mis hermanas
con que Dios me ha bendecido.
El Señor sacramentado
está en mis hermanas vivo.
Camino de caridad
en lo más hondo aprendido:
amar y saberse amada
es la senda que he seguido.

Ángela, madre y hermana...






31 de octubre
Beato Ángel de Acri (1669-1739)

Ángel de Acri, calabrés, fue un capuchino de extraños comienzos. Ingresó en el noviciado y salió; volvió a pedir la entrada, y salió; y admitido por tercera vez - de modo sorprendente - a la tercera perseveró hasta ser santo. La lucha interior continuó años; él dijo que la penitencia fue su victoria.

Ángel de Acri es, por excelencia, el predicador capuchino. Llegó a ser provincial de una provincia, Consenza, que entonces tenía 37 conventos y más de 400 hermanos; pero en este himno resaltamos su nota carismática esencial: predicador, predicador popular, revestido de la fuerza del Evangelio. Diversos prodigios le circundaron.




Muy dura fue la entrada en el camino,
tres veces comenzando y vacilando,
y humilde, a la tercera, diste el sí,
tus ojos en Jesús Crucificado.

Venías de los montes de Calabria,
y allí en Calabria fue tu apostolado,
hermano y sacerdote, Ángel de Acri,
lanzado a predicar, la cruz en alto.

En ti la penitencia fue victoria:
enséñanos la lucha, y danos ánimo;
y la oración en ti llegaba al éxtasis:
de tu fervor nosotros aprendamos.




Predicador de vicios y virtudes,
desnudo mensajero franciscano:
Jesús fue tu sermón, verdad y fuerza,
prodigio de tus labios abrasados.

¡Que Cristo, muerto en cruz y enaltecido,
en cielo y tierra sea proclamado:
oh Cristo, luz de Dios, oh luz hermosa,
eternamente seas alabado! Amén.




16 de junio
Beatos Aniceto Koplin y compañeros mártires (1941-1942)

El 13 de junio de 1999 fueron beatificados por Juan Pablo II en Varsovia 108 mártires del nazismo. Entre ellos los 5 capuchinos: P. Aniceto Koplinski (1875-1941), P. Enrique Krzysztofik (1908-1942), P. Florián Stepniak (1912-1942), Fray Sinforiano Ducki (1888-1942) y Fray Fidel Chojnacki (1906-1942), y la clarisa capuchina Sor Teresa Mieczyslawa Kowalska, cuya memoria se recoge el día 28 de julio.

En el himno, más que fijarnos en circunstancias personales de estos mártires, prestamos nuestra atención al horrendo crimen del Holocausto.




Perdona, Padre, los crímenes
del Holocausto encendido;
el Pueblo de la Alianza
arde en un nuevo exterminio.

Mas tú eres Padre, y recuerdas
aquel perdón de tu Hijo;
perdona, Padre; no mires
los miserables delitos.

Acepta, oh Padre, el amor
que ardía en fieles testigos:
que sea el humo del horno
aroma del sacrificio.



Son Aniceto y Enrique,
guardados a tu cobijo;
Fidel, Florián, Sinforiano,
entre un sinfín al suplicio.

Memoria a tu Santo Nombre
sea el error cometido;
oh Dios, Señor de los Padres,
de corazón infinito.

¡Oh Dios que diste tu vida
al darte por Jesucristo,
de ti la misericordia,
a ti el amor de estos himnos! Amén.



2 de septiembre
Beato Apolinar de Posat (1739-1792)

Nuestro hermano suizo Apolinar de Posat fue un hombre culto, profesor, educador, director de los estudiantes capuchinos de teología en Friburgo..., dispuesto ya para ir a las misiones de Oriente en Siria. Por misterioso designio la persecución le acompañó en los distintos pasos de su vida. Dichosos los que sufren persecución por la justicia. Fue a Francia, en una última etapa de su misión a Siria. Ejerció un hermoso apostolado en Paris. Allí sobrevinieron tiempos aciagos.
Fue condenado y ejecutado por no firmar, entre otros innumerables que no han llegado a los altares, la Constitución civil del clero tal como la proponían los revolucionarios. Había escrito un fascículo: "El Seductor desenmascarado o la apostasía de los juramentados..." En 1926 fueron beatificados por Pío XI 191 mártires de la Revolución. El padre Apolinar era el número 69 de aquel grupo. Otros muchos, con los mismos méritos en aquellas masacres, han quedado en el anonimato, recogidos en el corazón de Dios.





El coro de los mártires te alaba,
oh Cristo Redentor en el Calvario,
y Apolinar con ellos te bendice,
te canta con la Iglesia de salvados.

Sufrió, Jesús, contigo perseguido,
y en la persecución por ti fue amado:
felices quienes sufren con paciencia
y gustan de tu cruz, enamorados.

Pequeña es Suiza y grande es el Oriente,
y a Siria dirigió sus raudos pasos:
cultura, patria y alma a ti ofrecía,
con corazón dispuesto al holocausto.





Mas tú te adelantaste en el camino,
brindándole una palma con tus manos:
y en la Revolución luchó escribiendo
y nunca vaciló juramentado.

Decenas y decenas padecieron
y no es posible a todos recordarlos;
mas tú sí los conoces, y sus nombres
muy dentro de tu pecho están guardados.

¡Señor Jesús, belleza de la Iglesia,
memoria del amor sacrificado:
ante el Divino Juez que nos perdona
que seas tú el gozo coronado! Amén.





26 de septiembre
Beatos Aurelio de Vinalesa y Compañeros mártires (+1936)

El domingo 11 de marzo de 2001, domingo II de Cuaresma, el Papa Juan Pablo II dio el título de Beatos a 233 mártires de la persecución religiosa acaecida en España el año 1936; son los Beatos José Aparicio y compañeros mártires, cuya memoria conjunta ha sido asignada para el día 23 de septiembre. Dentro de ese inmenso coro hay 12 capuchinos, pertenecientes a la provincia religiosa de Valencia.

Sus nombres son éstos:
Aurelio de Vinalesa (1896-1936), pbro.,
Ambrosio de Benaguacil (1870-1936), pbro.,
Pedro de Benisa (1876-1936), pbro.,
Joaquín de Albocácer (1879-1936), pbro.,
Modesto de Albocácer (1895-1936), pbro., Germán de Carcagente (1895-1936), pbro., Buenventura de Puzol (1897-1936), pbro.,
Santiago de Rafelbuñol (1909-1936), pbro.,
Enrique de Almazora (1913-1936), diácono,
Fidel de Puzol (1856-1936), religioso laico,
Berardo de Lugar Nuevo de Fenollet (1867-1936), religioso laico, y
Pacífico de Valencia (1874-1936), religioso laico.

En la misma circunstancia fueron proclamadas mártires cinco clarisas-capuchinas.


En este himno cantamos a Cristo, Rey de los mártires, por estos testigos que ha asociado a su Cruz y a su santa Resurrección. Vemos su martirio no como una proeza personal, sino como gracia de Cristo. Los vemos como un
blanco ejército (Te martyrum candidatus laudat exercitus).

En las estrofas recordamos, ante todo, lo que dijo san Francisco, al recibir la noticia de los mártires de Marruecos: ¡Ahora puedo decir que tengo cinco verdaderos hermanos menores!

Al evocar su vida, los vemos como franciscanos, con la Regla evangélica que prometieron en el noviciado. Recordamos que de amor sencillo hicieron su camino: los sacerdotes en sus ministerios sacerdotales; los laicos en sus oficios. Recordamos su devoción a la Virgen María; es una nota específica de nuestra provincia de Valencia.

En la doxología resuena el grito de aclamación a Cristo Rey con que morían los mártires.




A ti te ensalza, oh Cristo, el blanco ejército
de mártires contigo coronados;
¡oh santa Madre Iglesia, canta,
unida al triunfo de los santos!

Son éstos mis hermanos, gracia y gloria,
menores de verdad que todo han dado;
por ellos hoy prendemos nuestra lámpara
en lumbre de tu Pascua, oh Cristo santo.

Aurelio abre el camino de las palmas
que aclaman al Testigo coronado;
y todos nos dirigen su mirada,
mostrándonos la Regla que guardaron.

De amor sencillo fue el carisma vivo,
sentido en el latido cotidiano;
humildes sacerdotes en misión
y en santa caridad todos hermanos.

La Virgen de la gracia y la ternura
fue Madre con el Hijo en el regazo;
y el Ave del rosario suplicante
brotó como respuesta de los labios.

Que ¡Viva Cristo Rey!, Crucificado,
oh Rey de amor, que vences perdonando;
eternamente vivas, y a tu lado
por gracia tuya contigo nos veamos. Amén.
30 de abril
Beato Benito de Urbino (1560-1625)

Un capuchino de familia noble: tal fue el beato Benito de Urbino, de la casa de los Passionei. A los 22 años era abogado; fue a Roma, volvió desengañado. Lo dejó todo; pero, antes de dar el paso, ya se veía que era un contemplativo y un hombre de una austeridad sorprendente.

Durante un tiempo participó en la misión de Bohemia, conducida por san Lorenzo de Brindis

En su vida capuchina tres rasgos marcan su personalidad espiritual: la austeridad - él, de noble cuna -, la oración constante, y la entrega a la predicación en lugares humildes, más bien de poca categoría. Su pobreza era tal, que en la celda no tenía ningún libro...

Son los rasgos que hemos querido poner en relieve en el himno.




Muy noble fue tu cuna Passionei,
floridos tus estudios de abogado;
risueño despuntaba ya el futuro,
mas todo lo dejaste al ser llamado.

Jesús era en tu pecho tu tesoro,
él era tu oración y tu sagrario;
adiós, Urbino y Roma, sin retorno,
que fray Benito empieza el noviciado.


Ardiente sacerdote capuchino,
de todo afán humano despojado,
apóstol en Bohemia, en obediencia,
la gloria y cruz de Cristo predicando.



La alegre austeridad y la oración
y aquel ardor de humilde apostolado,
- crisol de todo amor el día a día -,
tu talla espiritual fueron tallando.

¡Oh hermano nuestro, fiel hasta la muerte,
en una misma Regla amamantado,
purísima brillaba tu pobreza,
porque era Cristo entero tu regalo!

¡Oh Dios excelso, santa Trinidad,
hogar en donde fuimos engendrados,
asciendan la alabanza, los amores,
y un día allí seamos presentados! Amén.




12 de enero
San Bernardo de Corleone
(1605-1667)

San Bernardo de Corleone, santo antiguo en la tradición capuchina, que vivió en el siglo XVII (1605-1667), que fue beatificado a los cien años de morir (1768), y canonizado en tiempo reciente por Juan Pablo II (10 de junio de 2001). El carisma de nuestro hermano santo, escuchando los abundantes textos litúrgicos recién aprobados para la Orden capuchina (2 de junio de 2004) podemos resaltarlo en estas notas: el Dios de la misericordia, las llagas de Jesús Crucificado, la austera penitencia, la exquisita caridad. "Adoremos a Dios, rico en misericordia, en la memoria de san Bernardo" (Invitatorio). "En Bernardo, gran penitente, resplandece una caridad heroica" (ant. 2 del Of. de lect.). "Contemplando las llagas del Crucificado, Bernardo aprendió la sabiduría de Dios" (ant. 3 del Of. de lect.).

En este clima espiritual está compuesto este himno. Y todo ello en la evocación de Corleone y Sicilia que en nuestra cultura tiene una especial resonancia.




Bernardo y Corleone son dos nombres

unidos en amor y penitencia:
pasión de amor hay en Sicilia
y amor al hombre y Dios Bernardo enseña.

El santo Crucifijo fue su libro,
el único saber sin otras letras:
saber de amor nacido en unas llagas,
que él gusta y dulcemente saborea.

No fue por la ciudad de limosnero,
tampoco su servicio fue la puerta;
pero el amor traspasa la clausura,
y olor de buen perfume al pueblo llega.





La dura penitencia fue carisma,
templada en oración que nunca cesa;
María fue un secreto de ternura
y los enfermos fueron preferencia.


¡Oh Cristo, maravilla de tus santos
reflejo vivo, luz que nos alegra:
a ti, el manantial de toda gracia,
a ti en la Trinidad la gloria sea! Amén.




23 de agosto
Beato Bernardo de Ofida (1607-1694)

El hermano Fray Bernardo de Ofida es como una sencilla "divisa" de la santidad capuchina. Cada ser humano es único, y cada santo es él mismo. Pero, de alguna manera, mirando a los reflejos externos, diríamos que hay una pauta común.

Fue cocinero, enfermero, limosnero, portero y hortelano. 25 años de su existencia los pasó en el convento de Ofida. El secreto de su existencia estuvo en el continuo coloquio contemplativo con Dios.

Siendo analfabeto, fue un excelente consejero de la gente que a él acudía.




Es fray Bernardo de Ofida

una sencilla divisa:
en él a Cristo alabamos,
camino, verdad y vida.

Hermano en la mesa y puerta,
hermano en la enfermería,
hermano cavando el huerto,
o al preparar la comida.

El cielo brilla en sus ojos
que oran día y vigilias,
su mano de limosnero
es bálsamo y medicina.


Es consejero buscado
de fina sabiduría;
mas de los libros no sabe,
lo que rezando aprendía.

¡Oh Paraíso!, nos dice,
mirando la eterna dicha:
busquemos en todo a Cristo,
el bien que nunca termina.

A Cristo demos las gracias
alzando al cielo la vista:
¡oh Cristo, amor de tus santos,
a ti la paz infinita! Amén.



21 de abril
San Conrado de Parzham (1818-1894)

Es un campesino bávaro que a los 31 años llamó al convento de capuchinos pidiendo servir a Dios como humilde hijo de Francisco. Estuvo 41 años de portero en Altötting (Baviera) junto al santuario de la Virgen. En cierta ocasión escribía: "Me esfuerzo en amarlo mucho. ¡Ah!, este es muy frecuentemente mi único desasosiego, que yo lo ame tan poco. Sí, quisiera ser precisamente un serafín de amor, quisiera invitar a todas las criaturas a que me ayuden a amar a mi Dios". Comulgaba cada mañana, cosa rara en aquel tiempo, allí en el altar de la Virgen de las gracias, donde ayudaba a la santa misa.

Fue beatificado en 1930 y canonizado en 1934. Junto con S. Fidel de Sigmaringa son los dos primeros santos que ha tenido Alemania después de los tiempos de la Reforma.



La puerta limosnera del convento
con el altar de gracias de María
testigos son de amor y de plegaria,
que han visto a fray Conrado día a día.

Un serafín de amor quisiste ser
viviendo tu silencio y tu armonía,
y a todo el mundo cándido invitabas
a unirse a tu amorosa sinfonía.

La santa comunión cada mañana
tu corazón amante enardecía;
a los pies de la Madre clementísima,
allí junto a la lámpara que ardía.



En tierra de teólogos insignes
tu santidad sencilla florecía,
y fuiste luz, sermón de la montaña,
y en tu candor la Iglesia te escogía.

Conrado, caridad del Evangelio,
de la necesidad un fiel vigía,
contigo caminamos a su encuentro,
que tiene en el dolor feligresía.

Excelsa Trinidad a quien los ángeles
y el orbe entero rinde pleitesía,
tu gloria y santidad glorificamos,
oh bello amor, que toda culpa expía. Amén





19 de mayo
San Crispín de Viterbo (1668-1750)

San Crispín de Viterbo (declarado santo el 20 de junio de 1982, primero de los numerosísimos santos canonizados por el Papa Juan Pablo II el 20 de junio de 1982), fue un humilde hermano capuchino, en quien resplandece como carisma la alegría cristiana. Sus oficios fueron cocinero, hortelano, enfermero, sobre todo limosnero (38 años en Viterbo); en suma, los humildes servicios de la caridad.

Tenía la gracia de transmitir la alegría envuelta en sus dichos ingeniosos y sabios, sentencias rimadas poéticamente. Era la forma de poner el Evangelio en sus palabras.

La Virgen, su Señora, fue su delicia. El "¡Viva la Virgen María, causa de nuestra alegría!" es una jaculatoria que se enseñaba a los niños seráficos (capuchinos), y que va muy bien en la escuela de San Crispín.

Un santo amable, acaso el santo más alegre de la tradición capuchina, testigo de la alegría de Jesús Resucitado, fraguada en la Cruz.






Es flor de Pascua preciosa
la pura y santa alegría:
san Crispín la ha recibido
como gracia de su vida.

Herencia que nos transmite,
su bello y útil carisma;
nacida en el corazón,
en los labios florecía.

En la oración silenciosa
gozaba el alma y sufría,
y regaba en penitencia
el don que nos ofrecía.




Junto al altar de la Virgen

las frescas flores latían.
¡Viva la Virgen María,
causa de nuestra alegría!

Caridad y sencillez
parecían su divisa,
y el Evangelio sembraba
con sus sentencias festivas.

¡Oh Cristo, gozo del Padre,
que alegras y que iluminas,
brille la luz de tu Pascua
en tu Iglesia Peregrina! Amén.





5 de enero
Beato Diego José de Cádiz (1743-1801)

Diego José de Cádiz es nuestro santo capuchino de las provincias ibéricas. El (y su director espiritual) quería ser un "santazo", y lo fue. Capuchino, misionero y santo, su eslogan. En su locura - así se derramaba ante su director espiritual - quería ponerse ante la puerta del infierno y hacer allí misión hasta el fin del mundo... Desde aquel día en que, estudiando el tratado "De Trinitate", dio el paso, definitivamente su vida fue amor abrasado. Éste es nuestro apóstol. La Virgen que él llevaba, la Divina Pastora de las almas, que él portaba en misión, era la misericordia de Dios.

Todo esto que, de golpe, asoma a la conciencia de un capuchino criado en nuestra tradición ibérica, que en su juventud escuchaba la lectura en nuestras casas de "El director perfecto y el dirigido santo", es lo que quiere evocar el himno, contagiando algo del volcán del Beato Diego José.

En Andalucía se celebra esta fiesta el 22 de mayo





Pasión de ardiente amor, Diego José,
que aprietas a Jesús entre tus manos,
¿adónde el Crucifijo te arrebata,
adónde va empujando esos tus pasos?

A ser volcán, y apóstol derretido,
y santo capuchino misionando,
y a estarme, si pudiera, ante el infierno,
y hacer misión allí, a Cristo alzando.

La clara Teología se hizo luz
y fue la Trinidad fulgor y rayo,
y viste que el amor es la respuesta,
tu vida entera amor, ternura y llanto.




La Madre de piedad es tu Pastora,
misericordia y paz para el rebaño,
¡oh Madre de dulzura, Madre buena,
que a pecadores abres tu regazo!

¡La gloria a Ti, viviente Trinidad,
amor, perdón, y cielo regalado,
por siempre adoración y gratitud,
oh Dios festín que sacias a los santos! Amén.






18 de mayo
San Félix de Cantalicio (1515-1587)

Si antes la Orden capuchina destacaba a San Félix de Cantalicio como el "patrón de los Hermanos legos" (expresión que no incluía ninguna connotación negativa), hoy no lo representa así. Siendo nuestra orden franciscana una "orden de hermanos", no cabe una nota que suene a discriminación en un punto esencial. San Félix es emblema de la orden por ser el primer fruto espiritual, reconocido como tal por la Iglesia, de la familia capuchina. Además ocurrió que históricamente y de hecho durante más de un siglo, en tiempos de gran florecimiento, fue el único santo que tuvo la Orden.

El himno representa a ese san Félix que llevamos en nuestra retina: cuarenta años limosnero de los capuchinos por las calles de Roma. Era analfabeto y sus sabiduría quedaba compendiada en cinco letras rojas - las llagas de Jesús Crucificado - y una letra blanca: la figura dulcísima de María.

San Félix de Cantalicio ha sido muy especialmente el modelo de todos los santos laicos que le han sucedido.








La humilde alforja limosnera

recoge pan de puerta en puerta;
pide fray Félix por amor
y un don de amor pidiendo entrega.

Juntas se encuentran para el pobre,
servidas juntas en la mesa,
la caridad del Padre bueno,
la bendición de quien la ofrenda.

Camina humilde, como templo
que dentro lleva la Presencia,
y si dialoga, sus palabras
vienen de Dios cual Buena Nueva.





Mirad las cinco flores rojas,
rosas que son de llagas bellas;
mirad la blanca flor bendita,
María, fúlgida azucena.

Ellas serán sus libros santos,
fuente secreta de su ciencia;
todo lo ignora y todo sabe
quien a Dios tiene y se contenta.

¡Honor a Cristo, nuestro Hermano,
que a los sencillos se revela;
honor, que el Padre así lo quiso
y en los humildes se deleita! Amén





2 de junio
Beato Félix de Nicosia (1715-1782)

Del Beato Félix de Nicosia, siciliano, se dice que su vida es una copia del modelo capuchino, san Félix de Cantalicio, canonizado algún año antes de nacer nuestro hermano. Entre ambos median unas providenciales coincidencias. Los dos analfabetos, y más de cuarenta años limosneros...

En el himno nos centramos en una jaculatoria, tradicional en la Orden Capuchina: ¡Sea por amor de Dios! Era el ritornello de nuestro hermano.

De su devoción a la Virgen se dice que repartía pequeños recortes o papeletas con frases e invocaciones referentes a Ella; eran como pequeños sacramentales de protección y prodigios.



Un canto al amor de Dios
con Félix cantar queremos,
y en nuestros labios poner
su continuo ritornello:
¡Sea por amor de Dios!

De sí mismo se decía
el asnillo del convento,
con las alforjas al hombro,
de letras, analfabeto:
¡Sea por amor de Dios!

Un horno de caridad
ardiendo lleva por dentro,
lo saben los niños pobres,
los desvalidos y enfermos:
¡Sea por amor de Dios!




La Virgen es su milagro,
ternura y dulce secreto;
va repartiendo consignas,
que son divino remedio:
¡Sea por amor de Dios!

Belleza de Dios que un día
en el cielo cantaremos,
unidos a Cristo Hermano
hoy juntos la proclamemos:
¡Bendito el amor de Dios!



24 de abril
San Fidel de Sigmaringa (1578-1622)

En nuestra Orden, y últimamente en el Calendario de la Familia Franciscana, es presentado este santo como "protomártir de Propaganda Fide", la Congregación que acababa de ser fundada para la Propagación del Reino de Dios.

El padre Fidel, enviado por la Santa Sede en misión apostólica a evangelizar en la región de los grisones, predicó el IV domingo de Pascua (24 de abril de 1622) sobre el texto paulino: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Ef 4,5). Fue abatido tras este sermón; salió de la iglesia para evitar el sacrilegio y allí fue muerto.

Quisiéramos en este himno reinterpretar la muerte del misionero capuchino con la teología del Vaticano II en lo que debe ser nuestra relación cristiana con los hermanos separados.




Fiel testigo Fidel, siervo de Cristo,
cristiano hasta la muerte por amarle,
caído cual cayeron los apóstoles,
hoy la Iglesia te rinde su homenaje.

Por Cristo lo mataron los hermanos,
aquellos y nosotros en combate,
cuando la misma fe bruñía espadas
y la fraterna saña hacía mártires.

Fue derribado al pie del ara santa,
resonando en sus labios el mensaje;
el pan y la palabra y el martirio
fueron la prueba del amor más grande.




Gime la Madre Iglesia dolorida,
rasgada por la fe que el Cuerpo parte;
que sea hoy la herida desangrada
sello divino que haga nuestras paces.

¡Victoria a Cristo, Verbo misionero,
que por el orbe la Palabra esparce;
y a sus fieles, la palma de la vida,
que él entrega en manos de su Padre! Amén.





12 de junio
Beata Florida Cévoli (1685-1767)

Florida Cévoli nació en Pisa en 1685, y en 1703 ingresó como capuchina en el monasterio de Cittá di Castello, el monasterio de santa Verónica Giuliani, en donde ella había entrado en 1677, y donde moriría en 1727. Convivieron las dos santas; la mayor, maestra; la menor, discípula. En sus días Florida sería abadesa de la comunidad por veinticinco años.

Discípula de santa Verónica, fue, al mismo tiempo, confidente de santa Verónica. Sor Florida vive una intensa mística de la Pasión, que queda reflejada - como en santa Verónica - en los signos encontrados en su interior, realizada la autopsia tras la muerte.

Esta mística esponsal de la Pasión es la que se canta en el himno.



Beata Florida Cévoli,
amante de raudo vuelo,
el fuego de sus heridas
en tu costado se ha abierto.

Y adentro, en el corazón,
Jesús ha dejado un sello:
grabadas llevas en carne
las marcas de tus deseos.

Florida, junto a Verónica
del mismo pozo bebiendo:
las llagas de Cristo Esposo,
sin tasa amando y sufriendo.


Es su Pasión sacrosanta,
del nuevo Adán, nuevo huerto:
el mundo está en Jesucristo,
en sus amantes naciendo.

Florida, de tus hermanas
hermana y madre a sus ruegos,
gozando cuando les sirves,
unidas en santo empeño.

¡A Cristo Dios coronado
de espinas en sus cabellos
la gloria infinita ciña
eternamente en los cielos! Amén.





19 de septiembre
San Francisco María de Camporosso (1804-1866)

Nuestro santo hermano capuchino nació en 1804. Profesó a los 22 años como hermano laico. En Génova había dos conventos de capuchinos. Fr. Francisco María vivió, la mayor parte de su vida, en el de la Santísima Concepción, que tenía 90 religiosos; y entre ellos, 10 limosneros. A los pocos años de profesión él fue limosnero, y, tras un tiempo de recorrer la campiña, limosnero en la ciudad de Génova hasta la muerte. La gente le llamaba "el padre santo".

En agosto de 1866 el cólera atacó mortalmente la ciudad. Fr. Francisco María, ya de salud maltrecha, se ofreció como víctima; murió el 17 de septiembre, y a los pocos días desaparecieron los casos del cólera.




El pueblo lo llamaba "el padre santo",

al verlo transitar de limosnero;
los nombres de Francisco y de María
sus nombres son en alma y vida impresos.

Con él la caridad camina amable
por la ciudad de Génova y el puerto,
amigos suyos son los cargadores
y todo el que una pena lleva dentro.

El diálogo es su oferta más sencilla,
se acerca a todos y habla sin recelo,
solícito va en busca de un alivio
y siempre ha de tener un buen consejo.




Un día, cuando Génova gemía,
llorando por el cólera a sus muertos,
un pobre agradecido se brindaba
y el Padre Dios tomó el ofrecimiento.

¡Honor a Jesucristo, don del Padre,
que fue oblación perfecta en el madero:
la vida del amor en Trinidad
irradie aquí en la tierra sus reflejos! Amén.





13 octubre
Beato Honorato Kozminski (1892-1916)

La vida del polaco Beato Honorato Kozminski es absolutamente portentosa. Alumno de Bellas Artes en 1845, pierde la fe, que recupera, como gracia de María, el día de la Asunción de 1846. Se hace capuchino.

En 1863, tras la insurrección polaca, es confinado en en Zarkroczyn hasta 1892, y más tarde en Nowe-Miasto. En aquellos años funda hasta 17 congregaciones religiosas, sobre la base de la Orden Tercera de San Francisco, institutos aprobados por la Santa Sede (1889).

Escribió un centenar de obras, y, entre ellas, una inmensa enciclopedia, titulada: "¿Quién es María?"




Polonia de Jesús, que en tus entrañas
la brasa de la fe has conservado;
cantamos hoy tu historia esclarecida,
a Cristo en el intrépido Honorato.

En la persecución tu celo ardía,
de amor a Cristo el pecho devorado,
y, oculto y confinado, lo anunciabas:
tu lengua viva fue el confesonario.

Sentiste la pasión del misionero:
que Cristo esté presente en todo estado;
y, apóstol soñador de nuevas rutas,
quisiste verte a ti multiplicado.



La fe de tu bautismo es fuerte y bella,
las almas se cobijan a tu lado;
en gracia y en Espíritu eres padre,
por ti florece el árbol franciscano.

María, mar sin fin de maravillas
la Madre de ternura y del amparo,
en labios de este hijo es diario obsequio,
en pluma de Honorato, hermoso canto.

¡La gloria a ti, oh Dios de nuestra historia,
que reinas inmortal entre los santos,
por Jesucristo, luz de las naciones,
a ti, oh Creador y Padre amado! Amén.



11 de mayo
San Ignacio de Láconi (1701-1781)

San Ignacio de Láconi: un hermano capuchino analfabeto, que atrae a las gentes por su encanto evangélico. Se repite un viejo esquema de la Orden, que una premio Nobel, Gracia Deledda, expresa así: "no ha escrito una línea, porque era analfabeto, no ha dejado una doctrina, porque no era filósofo, no ha fundado ninguna Orden, porque no era hombre de iniciativas geniales y valerosas. Un pobre fraile limosnero era fray Ignacio, el siervo de todos, el último de los últimos; y sin embargo fue el hombre más famoso del siglo XVIII en Cerdeña".

A los veinte años pidió ser hermano capuchino. Siguieron veinte años de anonimato; y la mitad de su vida - cerca de cuarenta años - fue el limosnero de Cagliari. De él se contaban milagros. Un pastor protestante, cuando no había muerto aún fray Ignacio, escribía: "Veíamos todos los días pedir limosna por la ciudad a un santo viviente [...]. Él puede hacer que vayan detrás de él quesos enteros, cuando cruelmente le niegan un pedazo. Si un acaparador de trigo le da pan como limosna, brota la sangre; si un burlón le ofrece llenar de aceite su saco de tela, él lo lleva a casa sin perder ni una gota..."





Un campesino humilde de Cerdeña
buscó en los capuchinos ser hermano:
un campesino menos tuvo Láconi
y un santo muy querido el pueblo sardo.

Amable fray Ignacio con tu alforja
en Cagliari pidiendo cuarenta años;
a Cristo predicaban elocuentes
tu rostro, tus sandalias, tu rosario.

Hermano analfabeto que sabías
la misteriosa ciencia de los sabios,
las gentes te buscaban y tenías
el don de tus palabras y milagros.




Amigo de los niños y los pobres,
de toda pena humana suave bálsamo,
la pura caridad que derramabas.
te alzó entre los sencillos afamado.

Y hoy dura tu seráfica memoria,
ardiendo la oración en tu santuario:
tú llevas a la Madre de piedad,
y a Cristo, pan viviente, en el sagrario.

¡Oh Cristo eterno, Cristo Eucaristía,
amor donado, el Santo entre los santos,
a ti que resplandeces entre pobres,
a ti la gloria, Hijo coronado! Amén.





22 de septiembre
San Ignacio de Santhiá (1686-1770)

Ignacio de Santhiá fue primero sacerdote diocesano; a los 30 años, ansioso de vivir en obediencia, fue recibido en la Orden capuchina. Fue, en su día, maestro de novicios: 121 novicios profesaron en sus 14 años que estuvo en el cargo. Por un misionero de África, que había sido novicio suyo, que iba a quedar ciego, ofreció su vista, y el misionero sanó.

Pablo VI, al canonizarlo (1966) recordaba lo que había sido una definición del padre Ignacio de Santhiá: "siempre disponible". Disponible en la atención de los enfermos en tiempos de guerra del Piamonte, disponible al dar ejercicios espirituales, disponible en el confesonario...

Todo ello tiene su raíz en el amor a Cristo crucificado, en el amor a la Madre del Señor.

Esta es la imagen de nuestro querido hermano que queremos recoger en este himno





Ansioso de vivir en obediencia,
quisiste ser un pobre capuchino,
celoso sacerdote que seguiste
la voz del corazón en pos de Cristo.

Ignacio de Santhiá, apasionado
con férvida pasión del Crucifijo:
Jesús, amor donado humildemente,
marcó la luz polar de tu camino.

Y al darte a Él, te diste a los hermanos,
te diste cual maestro de novicios;
tu propia vista a Cristo la ofreciste,
la luz que a un misionero le bendijo.





Hermano sabio, siempre disponible,
tu gozo más profundo fue el servicio,
y fue el confesonario dulce encuentro
del infinito amor, por ti servido.

¡Al Padre, amor de todo amor pensado
y al Hijo y al Espíritu divino,
ascienda, por la Iglesia, la alabanza
y baje hasta nosotros su rocío! Amén.





28 de septiembre
Beato Inocencio de Berzo (1844-1890)

Inocencio de Berzo, durante algún tiempo sacerdote diocesano, que pasó a los capuchinos, deseoso de contemplación, era un hombre intelectualmente dotado, mas con un déficit de cualidades humanas para ser un espíritu emprendedor. Muy sensible ante los pobres, mas incapaz de un liderazgo. Era tímido, y estaba devorado por el amor a la Eucaristía y a la Cruz. Su espiritualidad ha sido definida como el deseo de una nada amorosa.

Este núcleo es el "leit-motiv" del himno para su memoria.


Ser nada en tu presencia, Señor mío,
es toda plenitud y señorío;
ser nada y proclamar cual desafío:
¡Oh Dios, mi Padre Dios, en ti confío!

Ser nada por amor, del todo nada:
así Inocencio, el alma devorada,
en cruz con su Señor allí clavada,
y abierto a toda gente atribulada.

Ser nada para hundirse ante el Sagrario
y estar gozando, amando, solitario,
contándole al amante del Calvario
la pena y cruz de nuestro itinerario.


Ser nada, mas así, amorosamente,
brindándose con gesto reverente:
ser en la plaza de aldea fuente,
que entrega pura y sana su corriente.

¡Oh Padre, Creador del mundo entero,
oh Hijo amado, muerto en el madero,
oh Espíritu, el beso verdadero,
a Dios sea el honor y amor sincero! Amén.



8 de mayo
Beato Jeremías de Valaquia (156-1625)

Nuestro Beato Jeremías de Valaquia, beatificado por Juan Pablo II el 30 de octubre de 1983, era en esa fecha el único hombre de Dios de Rumanía, elevado a los altares. Bien podemos llamarlo flor de Rumanía.

De joven había emigrado de su patria, porque había oído a su madre que en Italia estaban los buenos cristianos y los monjes santos. Aquí se hizo capuchino, y por más de cuarenta años fue enfermero en San Efrén, en Nápoles, convento donde había 160 celdas, la mitad enfermería.

Fray Jeremías es la pura caridad para el pobre de fuera y para el enfermo de casa. Él está en la clave que dieron las Constituciones capuchinas de 1536: contemplación, sí, vertida luego en la expresión de la caridad evangélica: la predicación, el servicio a los hermanos...

Un día, en oración, se le mostró la Virgen. ¿Eres Reina, y no llevas corona?, le dijo el hermano. Y la Virgen, apretando a su Hijo junto a sí, como en los iconos de Oriente, le respondió: Esta es mi corona.




Aroma del Oriente,
Beato Jeremías,
la Iglesia te venera
cual flor de Rumanía.

En busca de hombres santos
tu corazón gemía;
seguro que en Italia
muy santos los habría.

Felices los hermanos
que un día te acogían;
felices los enfermos
de aquella enfermería.

La pura caridad:
tal fue tu norma y guía;
y la contemplación
con ella bien se unía.





Y por tu sencillez
se te mostró María,
la Reina sin corona,
que un Hijo poseía.

Humilde hermano nuestro,
bendito Jeremías,
enséñanos amor,
y a orar con valentía.

¡Al Hijo, Dios Altísimo,
amor y pleitesía,
a él, que es nuestra Pascua,
la paz y la alegría! Amén.





4 de febrero

San José de Leonisa (1556-1612)

El carisma, la gracia de vida de san José de Leonisa, en la más pura tradición capuchina, fue la predicación con el crucifijo levantado. Un contemplativo con ansia de llevar a otros el fruto de su contemplación. Y él mismo fue un crucificado. En la misión de Constantinopla, donde estuvo algo más de dos años (1587-1589), por tres días pendió en la horca, clavada con un garfio la mano derecha y el pie derecho con otro garfio. Providencialmente, acaso milagrosamente, fue liberado y sanado para continuar en Italia su predicación en favor de los pobres. Contemplación, predicación, inventiva de la caridad es lo que quiere cantar este himno como carisma de nuestro hermano san José de Leonisa.



¡Qué hermoso resplandece el crucifijo,
en un predicador arrebatado;
Jesús es la bandera del amor:
José de Leonisa lo alza en alto!

Jesús es el mensaje, el Evangelio,
su siervo mensajero es el heraldo:
él es la medicina, él es la fuerza,
él es la luz, el rostro contemplado.

Y fueron sus caminos hasta Oriente,
y en garfios de martirio fue colgado;
mas Cristo lo quería voz y seña,
y torna a Italia, sano y liberado.


Apóstol andariego de los pobres,
tu fe contemplativa es un regalo;
tu fe cristiana es Monte de piedad
para el hambriento y el necesitado.

José de Leonisa, fuego ardiente,
pasión de Dios que busca ser amado;
condúcenos por senda franciscana
de Paz y Bien perenne en nuestros labios.

¡Honor a Jesucristo, Misionero,
que vive y ama y reina y sigue hablando:
que el mundo entero rinda su homenaje,
en unidad divina, oh Todo Santo! Amén.



12 de mayo
San Leopoldo Mandic de Herzegovina (1866-1942)

El padre Leopoldo nació en lo que después de la II Guerra mundial se llamó Yugoslavia, y, tras la recuperación de la autonomía de diversos estados, en lo que hoy llamamos Herzegovina. Pasó la mayor parte de su vida en Italia, en Padua, confesando, humildemente confesando, con una bondad sin límites. Fue canonizado por Juan Pablo II el 16 de octubre de 1983, mientras en Roma se celebraba el Sínodo de Obispos sobre la Reconciliación.

El himno, de forma muy sencilla y llana, nos presenta al humilde capuchino confesando, perdonando. Toda su persona infunde perdón; basta mirarle a sus ojos.

Pero hubo un secreto en la vida del padre Leopoldo, que se descubrió tras la muerte: las muchas veces que ofreció su vida por la Unidad de los Cristianos, pues él había nacido en tierra donde se palpaba la división de los cristianos. También se destaca en el himno esta nota esencial de su carisma.




Ese que infunde perdón
con el mirar de sus ojos
es un hermano querido,
y se llama Leopoldo.

Es sacerdote de Cristo;
lleva una estola en los hombros,
alza la mano derecha
y dice con manso rostro:

En nombre del Redentor,
hermano, yo te perdono;
ensancha tu corazón,
confía y vete dichoso.

Ver la Iglesia dividida
fue martirio doloroso;
por la unidad del Oriente
hizo la ofrenda de todo.




Si por nosotros pidieras
al que es misericordioso
entrañas de compasión,
compasivo Leopoldo...

Si tú, víctima callada,
suplicaras por nosotros
dar en silencio la vida,
vivir alegres los votos...

¡Gracias, oh Padre del cielo,
porque levantas del polvo
al pequeño de este mundo,
y lo invitas a tu gozo! Amén






21 de julio
San Lorenzo de Brindis

Para los capuchinos san Lorenzo de Brindis es la figura al exterior más esplendente; sólo Dios - sólo Él - conoce el secreto y la verdad de los corazones. En 1959 fue proclamado por el hoy Beato Juan XXIII Doctor de la Iglesia, confiriéndole el título de Doctor Apostólico. Ya de niño Lorenzo fue un "niño prodigio", y a esto alude el comienzo del himno: Ha pasado el Señor en la alborada.

La nota más sorprendente del carisma de san Lorenzo de Brindis es la Eucaristía, místico singular de la celebración de la Misa. En no pocas ocasiones las misas del padre Lorenzo han durado muchas horas nocturnas, bañado en llanto de amor. De la Eucaristía saca su ciencia de apóstol encendido.

Y rasgo muy singular de nuestro hermano fue su amor a María. Entre su Opera omnia destaca el Mariale. San Lorenzo da a la Virgen esos títulos por los cuales porfían los mariólogos: Inmaculada, Asunta, Mediadora.




Ha pasado el Señor en la alborada,
lo ha mirado con ojos complacidos;
de rodillas Lorenzo baña su alma,
para el amor dispuesto y el servicio.

Lo ha mirado Jesús Eucaristía,
como él se vio mirado y protegido;
en el dulce coloquio del altar
Lorenzo exulta, en Cristo transcendido.

Y el que ha comido el Pan de los vivientes
y la Escritura santa ha comprendido,
se levanta al anuncio y la pelea,
ebrio de Dios, apóstol encendido.




Avanza a pie llevando el Evangelio,
pobre de Cristo en cortes y castillos,
y es su saber fulgor de iluminado
y su poder la paz del crucifijo.

La Madre intercesora lo acompaña,
la que en la cruz estuvo junto al Hijo: Inmaculada, Asunta, Mediadora,
María Virgen, Vida y regocijo.

¡Excelsa Trinidad, deleite augusto,
Poder, Sabiduría, Amor divino,
te alabamos, oh Dios santificado
en tu Iglesia viviente de testigos! Amén.





27 de julio
Beata María Magdalena Martinengo (1687-1737)

"No puedo soportar las alabanzas que se le hacen a cualquier creatura, porque se distingue en alguna virtud, como por ejemplo la abstinencia o la mansedumbre, o porque parece que en todo se comporta con humildad. En efecto, pienso que aquella alma será tanto más santa, cuanto sea más vacía de sí misma, porque con ese vacío interior participará más de la santidad divina. ¡Pero, de verdad, Dios mío, tú solo eres santo!" (María Magdalena Martinengo, en su Tratado sobre la humildad).

Fue hija de una familia noble de Brescia. Clarisa capuchina a los 18 años; vivió 32 años en clausura. Murió cuando iba a alcanzar los 50 años. Vivió una vida de "excesos" de penitencias, a las que le impulsaba el exceso del amor.

El conocimiento de su corazón exige el conocimiento de sus escritos, buena parte de ellos, tristemente, sin publicarse. Sus escritos son éstos: Autobiografía; Tratado sobre la humildad; Máximas espirituales; Explicaciones sobre las Constituciones Capuchinas; Diálogos entre el alma y la humanidad, entre el alma y el espíritu; Ejercicios espirituales; Discurso sobre la nada; Diversas luces... sobre algunos textos de la Sagrada Escritura.






Las puras maravillas del Amor
cantamos a Jesús, Esposo bello:
el himno florecido entre tus labios,
María Magdalena Martinengo.

Humilde hermana nuestra capuchina,
que de humildad hiciste tu sendero:
tan solo Dios es digno de alabanza,
Él solo plenitud, virtud y premio.

En Él se ensancha el alma enamorada,
y el puro amor le lleva hasta el exceso:
amor de penitencias encendidas,
amor hasta morir, que es solo obsequio.




Tu pluma escribe, lanza llamaradas,
y enseñas que el vacío es el encuentro:
un diálogo de amor entonces surge
y la verdad de Dios empuña el cetro.

María Magdalena, amor que sirve,
amor a tus hermanas, fiel y entero:
enséñanos a Cristo dolorido,
y a Cristo en nuestro prójimo latiendo.

¡Oh Dios de amor, perdón de pecadores,
oh Dios en Trinidad perenne incendio,
que brille y arda el fuego incandescente,
en una brasa Cristo, tierra y cielo! Amén.





13 de agosto
Beato Marcos de Aviano (1631-1699)

Marcos de Aviano, capuchino de nuestra provincia de Venecia, beatificado por Juan Pablo II el 27 de abril de 2003, tiene una trayectoria providencial.

El padre Marcos fue, ante todo, un predicador. Trató de predicar, conforme decían las Constituciones capuchinas, al desnudo Crucificado. Invitaba a la contrición y bendecía, y Dios quiso que la vida de este humildísimo capuchino estuviera llena de prodigios; era la fuerza de Jesús la que sanaba.

El secreto más hondo y precioso del predicador taumaturgo fue la Eucaristía, preparada con larga vigilia, que para él era un éxtasis de amor.

Por llamada de los Príncipes y por encargo de los Papas estuvo implicado en acontecimientos centrales de Europa (153 cartas al emperador Leopoldo I de Austria, y 164 del emperador a él). Y tuvo una parte esencial en la salvaguarda de la fe cristiana en Europa frente al ataque del Imperio Otomano.






La fuerza del Espíritu te empuja
a ser predicador de ardiente brasa;
en la oración se fragua el Evangelio,
y, cuando tú predicas, brotan lágrimas.

Tu anuncio fue Jesús Crucificado,
desnudo y poderoso con sus llagas,
que da el amor del Padre a los contritos
y con tu bendición a enfermos sana.

Fue en tu vida secreto el más precioso
la misa cada día arrebatada,
despierto el corazón a la ternura,
con ansia y con vigilia preparada.





Europa te agradece tu servicio,
hermano de la paz en la batalla;
por ti, por un humilde hermano Marcos,
la fe cristiana puso una muralla.

¡Señor, oh Dios  bondad omnipotente,
en cuyo amor la Iglesia se hace santa,
loor y gratitud, oh Providencia,
en tanto llegue el día de la Patria! Amén.




25 de octubre
Beatas María Jesús Masiá Ferragut y compañeras
,vírgenes y mártires en 1936-1937

Entre la áurea multitud de mártires de la persecución religiosa sobrevenida en España los años 1936-1936, aparte de 17 capuchinos (cuya memoria se celebra el 26 de septiembre), se encontraban cinco clarisas capuchinas. Tres de ellas eran hermanas de sangre, apellidadas Masiá Ferragut, profesas en el monasterio de Agullent: María Jesús (nacida el 12 de enero de 1882); María Verónica (nacida el 15 de junio de 1884), y María Felicidad (nacida el 18 de agosto de 1890). Las tres se habían refugiado, junto con su otra hermana agustina descalza María Josefa, en casa de su madre María Teresa en Algemesí; las cuatro hermanas y la madre fueron asesinadas el 25 de octubre de 1936 cerca de Alcira. La madre y las cuatro hijas fueron beatificadas.

Las otras dos capuchinas son: Isabel Calduch Rovira (nacida el 9 de mayo de 1882 en Alcalá de Chivert), del monasterio de Castellón, asesinada el 13 de abril de 1937 en el cementerio de Cuevas de Vinromá; y Milagro Ortells Gimeno (nacida el 29 de noviembre de 1882 en Valencia), del monasterio de Valencia, asesinada el 20 de noviembre de 1936 en Paterna, cerca de Valencia.

El himno va por las cinco capuchinas y en determinado momento se les nombra a cada una.






Por cinco flores rojas
del huerto de Jesús Crucificado,
la Iglesia, madre y virgen inmolada,
postrada ante su Esposo, eleva un canto.

Hermanas capuchinas
que en pos de Cristo fuisteis paso a paso,
Francisco y Clara os dieron Regla y guía,
mas el secreto vivo fue el Sagrario.

Dejad decir los nombres
escritos en el cielo y coronados,
María de Jesús, y tú, Verónica,
Felicidad: las tres, un solo tallo..





La fe de vuestra madre
bebisteis de su pecho, a su regazo,
y el día del martirio os alentaba,
¡oh madre fiel al mártir del Calvario!

Milagro e Isabel,
hermanas en el mismo pan y paño:
Jesús, amor de amantes, os sedujo,
Jesús, vuestra pasión, y los hermanos.

¡La gloria sea a Cristo,
que en cruz murió, amando y perdonando;
la gloria a él, que vive y nos estrecha,
y da su paz, del hombre enamorado! Amén.




8 de junio
Beato Nicolás de Gésturi (1882-1958)

La santa pura sencillez es una frase de san Francisco en el "Saludo a las Virtudes", para ensalzar a esta virtud, hermana de la sabiduría. De ahí arrancamos en este himno, contemplando la figura de un humilde hermano capuchino de Cerdeña, fray Nicolás de Gésturi, a quien la gente llamó "Fray Silencio". Y pese a ello, en su funeral acudieron a honrarle 60.000 personas. ¿Qué tenía, pues, nuestro modesto y recatado hermano? Tenía lo que tienen los hombres de Dios, a Dios mismo. Tenía la densidad humana de lo divino. Es lo que pretendemos cantar en esta memoria.

Recordemos que Cágliari fue la ciudad italiana más azotada en el segundo conflicto mundial. Fray Nicolás no se fue de la ciudad, permaneció allí. Queremos verle acudiendo a los heridos de guerra, y atendiendo a los refugiados en el convento.

Recordamos a la Virgen de Bonaria, que está en el corazón de todos los sardos.





La santa pura sencillez
camina cándida entre el pueblo;
miradle: es él Fray Nicolás,
humilde hermano limosnero.

Azules son sus limpios ojos,
que miran hondo hasta el secreto;
son plata sus palabras sabias,
y es oro puro su silencio.

Y Cágliari contempla y ve
que pasa Dios cual Padre bueno;
la Paz y el Bien van caminando
con las sandalias de su siervo.




En guerra acudes al herido
con blandas manos de enfermero,
y abiertas fueron tus entrañas,
igual que abierto fue el convento.

En paz está su corazón,
en Dios su gozo verdadero;
la dulce Virgen de Bonaria
será su Madre hasta el encuentro.

¡Honor al Dios de toda paz,
festín nupcial de nuestro anhelo,
al Padre, al Hijo y al Espíritu,
corona y luz y bien eterno! Amén.




23 de septiembre
San Pío de Pietrelcina (1888-1968)

El Padre Pío se definió a sí mismo como "un frate che prega", un fraile que ora. A esta frase aludimos al decir de él hermano que ama y ora. Pero el Padre Pío llevó por 50 años (1918-1958) las llagas de Cristo y ésta es su verdadera efigie: clavado en Cruz con Cristo. Fue, sobre todo, en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa donde él vivió la Pasión del Señor. Por ello glorificamos los dones del Altísimo.

El Padre Pío consumió su vida en el confesonario. A ello apunta la segunda estrofa del himno. Al contemplar a Cristo compasivo, transmite el perdón que Cristo nos da: y entrega absolviendo la gracia del bautismo. El cristiano queda de nuevo santificado por el Santo Jesucristo.

Quien piensa en el Padre Pío piensa en la "Casa Sollievo della Sofferenza". Tú buscas y tú encuentras al Sufrimiento Alivio. Y siempre, detrás del humilde siervo, vemos a Jesús; aquí, detrás de aquel moderno hospital, al Médico divino.

La iglesia donde celebraba misa, la antigua o la nueva, está dedicada a Santa María de las Gracias. La Madre de las Gracias te guarda a su cobijo. Y él respondía a esta ternura desgranando sin pausa muchos rosarios cada día. Ésta es la fe de los sencillos en la Iglesia.

En la doxología, empezando por Cristo Redentor, nos elevamos al Padre y al Espíritu, que es el Aura del principio. A la santa Trinidad ascienda amor y gloria por siglos infinitos.




Oficio de lectura
(o común para otras horas)

Humilde Padre Pío,
clavado en Cruz con Cristo,
hermano que ama y ora
y ofrece el Sacrificio:
en ti glorificamos
los dones del Altísimo.

Tu corazón contempla
al Hijo compasivo,
y entregas absolviendo
la gracia del bautismo:
por ti decimos gracias
al Santo Jesucristo.

Amigo de dolientes,
que son tus preferidos,
tú buscas y tú encuentras
al Sufrimiento Alivio:
en ti reconocemos
al Médico divino.





La Madre de las Gracias
te guarda a su cobijo.
Y tú vas desgranando
sin pausa tus cariños:
en ti la Iglesia siente
la fe de los sencillos.

¡A Cristo Redentor,
que a amar al hombre vino,
al Padre que lo envía
y al Aura del principio
ascienda amor y gloria
por siglos infinitos! Amén.




Laudes

"Un reclinatorio, un altar, un confesonario", ésta es la vida y carisma del Padre Pío (Alessandro da Ripabottoni).

Para cantar a Cristo Redentor en los Laudes matutinos por su siervo Pío de Pietrelcina, miramos esas manos que un día fueron llagadas ante el crucifijo, orando en el reclinatorio, después de haber celebrado la Eucaristía (20 septiembre 1918), y que se hicieron fuente de gracia absolviendo en el confesonario. Desde entonces las llagas que llevaba por dentro, le acompañaron toda la vida, 50 años, hasta la víspera de su muerte (23 septiembre 1968).

Todo arranca de la Cruz pascual, que ha hundido sus raíces en el fecundo huerto de la Iglesia. Esas llagas son la vida del Padre Pío. Él se sintió llamado a una "grandísima misión"; él, efigie de Jesús Crucificado, fue asociado a la obra redentora de Cristo. Por ello, en ti glorificamos al Amado, que a su misión de amor te abrió la puerta.

El Padre Pío, con su diestra alzada en sacramento, ha dejado fluir el río vivo de la gracia, acogiendo y perdonando. Recordamos a Jesús que vio a los ángeles celebrando fiesta ante el trono de Dios por un pecador que se convierte.

En la doxología nos atrevemos a llamar a Jesús Sangre de tu Padre, porque el amor infinito del Padre latía en la Sangre del Hijo. Glorificamos a Cristo Redentor, misericordia desbordada de Dios, que con sus llagas gloriosas de Pascua es la vida de la nueva creación.







La Cruz pascual ha hundido sus raíces

en el fecundo huerto de la Iglesia;
con sangre de Jesús está regado
y brotan rojas rosas y azucenas.

Las cinco heridas, fuentes del Espíritu,
nos dicen que Dios ama con sus venas;
metido en esas llagas alguien sufre
y en él se quedan dentro y fuera impresas.

Efigie de Jesús Crucificado,
herido padre Pío, don y ofrenda,
en ti glorificamos al Amado
que a su misión de amor te abrió la puerta.





Un río vivo fluye de tus manos
a quien, buscando a Cristo, a ti se acerca,
y por tu diestra alzada en sacramento
los ángeles de Dios celebran fiesta.

¡Oh buen Jesús, oh Sangre de tu Padre,
en El la gratitud y gloria sea,
a ti, misericordia desbordada,
que en tus gloriosas llagas nos recreas! Amén.





Vísperas

En la hora de la tarde brillan los misterios vespertinos: la Eucaristía y la muerte de Jesús. Contemplamos a Jesús muriendo: holocausto en obediencia. La cruz es el altar del mundo. Contemplamos al pecador - a mí - a quien se le abre el Paraíso, al alzarlo Jesús hasta su Cruz y hasta el triunfo de su resurrección.

En esta escena se anuncia ya el futuro.

Ésta es la imagen del Señor en la que debemos encuadrar al Padre Pío al iniciar las Vísperas.

Recordamos en este himno al Padre Pío como víctima de amor - así se había ofrecido al Señor - y recordamos aquellas expresiones suyas que lo definen en su misión de intercesor, unido a Jesús: "Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales. Incluso puedo asegurar que, cuando el Señor me llame, yo le diré: Señor, yo me quedo a la puerta del Paraíso; entraré cuando haya entrado mi último hijo".

La hora de la tarde nos está evocando el cielo, pero el cielo que ha alcanzado la cruz de Jesucristo.






El Hijo es holocausto de obediencia
sobre el altar del mundo,
y se abre el Paraíso al pecador,
alzado por tu Cruz hasta tu triunfo.

En esta tarde ungida por tu gracia
se anuncia ya el futuro,
oh Cristo, Sacerdote en el Calvario,
abrázanos a ti cual hijos tuyos.

Tu víctima de amor, tu siervo Pío,
oraba por los suyos;
y estar allí en la puerta te pedía,
en tanto que no viera entrar al último.





Jesús orante, oh toda bendición
y sacrificio augusto,
concédenos ser hostia y alabanza
y con san Pío estar contigo juntos.

¡Divina Trinidad de cielo y tierra,
presente en nuestro culto,
oh gloria y luz-misterio de la Iglesia,
en ti sea el amor y el gozo sumo! Amén.




18 de agosto
Beatos Juan Luis, Protasio y Sebastián
,
mártires de la Revolución Francesa (1794)

Juan Luis Loir (1720-1794), Protasio Bourdon (1747-1794) y Sebastián François (1749-1794) son tres mártires capuchinos de la Revolución Francesa, beatificados, con otros muchos, por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995.

Los tres murieron, como más de 800 sacerdotes y religiosos, en los tristemente célebres "pontons de Rochefort", amarrados junto a la isla de Aix.

En el himno tomamos alguna característica propia del martirio de cada uno. Por ejemplo, a Sebastián lo encontraron una mañana sus compañeros en actitud de oración con los brazos levantados hacia el cielo. Pero... estaba muerto: la muerte martirial le había cogido y fijado en un éxtasis de amor.




Cantemos el martirio no extinguido
de egregios luchadores y testigos;
su número desborda la memoria,
y sólo Dios conoce el sacrificio.

Juan Luis, el gozo fue corona de tu vida,
palabra y Evangelio en tu martirio;
el reino de la muerte amenazaba,
mas tú, cristiano, abrías un camino.

Intrépido Protasio, noble hermano,
que fuiste fiel, entero y decidido;
perfecto en tu holocausto entre las olas,
tu ofrenda fue preciosa a Jesucristo.




En éxtasis, con brazos extendidos,
quedó en el mar, de amor transido,
¡oh amante Sebastián, que despertaste
en brazos de un esposo enternecido!
A Cristo, Rey glorioso de los mártires,
sea la gloria toda que rendimos:
¡oh Cristo, fuego ardiente de la Iglesia,
a ti todo el caudal de nuestro himnos! Amén.




12 de octubre
San Serafín de Montegranario (1540-1604)

San Serafín de Montegranario (1540-1604), purísima flor de vida capuchina, es representado, en su "vera effigies" más conocida, mostrándonos el crucifijo y el rosario, que sostiene en la misma mano. Cuando vino al guardián del convento, pidiendo la entrada en la orden, le dijo que él no tenía nada, tan sólo el crucifijo y el rosario. No fue hábil en las tareas humanas; no fue docto (tampoco era analfabeto), pero tuvo la sorprendente ciencia de los santos, que es el amor. Y el amor hace maravillas.

Este himno gira en torno a esta palabra, tan querida en nuestra tradición seráfica: el amor. Precisamente le pusieron por nombre a él, Serafín. Serafín significa "ardiente". Y el amor tuvo en él una manifestación maravillosa, hasta el punto de que... le prohibieron hacer milagros.

Ahora bien, en los milagros resplandece Cristo. Y esto es lo que cantamos. Pensando en san Serafín de Montegranario, quisiéramos que nuestra vida fuera tota ella renovada en el amor, hasta que nuestra muerte sea un abrazo de amor.






Vocación de serafín,
que es el amor abrasado,
fue gracia tuya en la tierra
y es la huella que has dejado.

"No tengo, hermano guardián,
tierras o casa o ganado;
los bienes que traigo son:
un crucifijo, un rosario".

Va tan hondo de humildad
tan puro de todo halago,
que Cristo amoroso lo hace
Serafín de los milagros.





Y basta un beso en el manto,
una caricia en la mano,
para que Cristo se rinda,
a Serafín confiado.

¡Amor, hermosura toda,
amor que a Dios ha abajado,
amor, la ruta más bella,
amor, Jesús anhelado!

¡Oh Dios, amor infinito,
en la cruz amor donado,
que reine el amor glorioso
y muramos en su abrazo! Amén.




28 de julio
Beata María Teresa Kowalska (1902-1942)

Violeta escondida, tan escondida que hasta se perdió el día de su nacimiento (que fue en 1902) y los nombres de sus padres y probables hermanos. Siendo ella joven, su padre fascinado por el socialismo ateo, emigró de Varsovia a la Unión Soviética.

Ingresó ella en las Clarisas Capuchinas en 1923, "con la conciencia de reparar la culpa de su familia, contagiada por el ateísmo", y tomó el nombre de Sor María Teresa del Niño Jesús. El 2 de abril de 1941 los alemanes irrumpieron en el convento y arrestaron a las 36 religiosas, que fueron llevadas al campo de concentración de Dzialdawo. "Yo no saldré ya de aquí; ofrezco mi vida para que las hermanas puedan retornar al convento". Murió el 25 de julio de 1941. Dos semanas después, el 7 de agosto, las hermanas fueron dejadas libres.





Teresa Kowalska,

violeta escondida,
la sangre ha sellado
tu sí de novicia.

Al pie del altar
tu anhelo decías,
y Dios inmolado
don suyo lo hacía.

Entre tus hermanas
tú fuiste escogida,
Jesús, el Esposo,
buscaba una víctima.


Todas juntas erais
pan de Eucaristía,
la voz de la Iglesia,
que alaba y expía.

Y por tus hermanos
tu vida vertías;
en tu corazón
Dios los bendecía.

¡Oh Cristo esplendente
de bellas heridas,
Cordero de Pascua,
festín de delicias,
a ti, de tu Padre,
la dulce caricia;
a ti, del Espíritu,
la eterna sonrisa! Amén



10 de julio
Santa Verónica Giuliani (1660-1727)

Este himno, de tipo lírico, canta lo que a toda capuchina, a todo capuchino, sugiere santa Verónica: la pura mística del padecer y el amor. Es una auténtica maravilla de la gracia, ante la que uno se queda, sin palabras, en el asombro... Dios ha hecho todo lo que ha querido en esta mujer. Toda la fenomenología mística parece darse cita en ella, como lo sugieren las miles y miles de páginas de su Diario espiritual, editado con el título de Un tesoro escondido.

Verónica en la Iglesia es mediadora del perdón y madre, y esto también se quiere poner en resalte, al cantar la mística de unión esponsal. Estos simples rasgos nos invitan a penetrar en el misterio sorprendente e insondable del amor.




Arde en la Iglesia Verónica
con aquel fuego encendido
que de la brasa divina
trajera en su carne Cristo.

Mujer del inmenso amor
en alma y cuerpo sentido,
mujer para el padecer
viviendo el amor sufrido.

Toda para ser esposa,
sola para Cristo vivo,
corazón para mirarle,
cuerpo para el sacrificio.



En el baño de sus llagas
su Esposo le ha sumergido,
en la alta luz del secreto
le ha dado el divino anillo.

Gozo, esperanza y dolor
con los hombres compartidos,
cual quieta madre Verónica
padece donde está Cristo.

¡Señor de amor silencioso,
rey de vírgenes querido,
para ti el aroma santo
de tu huerto florecido! Amén.
















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