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Son ellos dos mártires capuchinos, que en Etiopía, tierra de Iglesias hermanas separadas, derramaron su sangre por Cristo. Fue el 7 de agosto de 1638. Agatángel de Vendôme, veterano en la misión, tenía 40 años, Casiano de Nantes, 31. Al ser ordenados sacerdotes, ejercieron brevemente el apostolado en su patria; Casiano atendiendo a los apestados. Fueron a Oriente; tuvieron la oportunidad de visitar la Tierra Santa de Jesús. A la hora del ahorcamiento, no había sogas para el suplicio, y ellos, con candor evangélico, ofrecieron sus cordones franciscanos para la ejecución. Fueron rematados a pedradas, suplicio de blasfemos. Y cuenta la historia - o la piedad - que aquella noche see vio que de sus cuerpos, sepultados bajo un montón de piedras, subía un haz de luz hacia el cielo. Este himno narrativo de alguna manera quiere evocar la efigie espiritual de nuestros hermanos. En tiempos hoy lejanos - quiera el Señor que no se repitan - murieron a manos de cristianos... |
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El hijo de humildes campesinos emprendió la vida capuchina y pronto se granjeó la confianza de sus hermanos, para ocupar responsabilidades en su provincia seráfica de Venecia. En 1904, a los 40 años, el Papa san Pío X lo quiso obispo de la diócesis nativa del Papa, Treviso; por más de 30 años fue el buen Pastor de esta grey, hasta la muerte, en 1936. Este himno contempla la figura del Pastor, llamado, entre otras cosas, "el obispo del catecismo". Como pastor ofrecía - recogemos sus palabras - "su sangre y la vida entera" por la Iglesia. De paso mencionamos que fue confidente de almas santas. San Pío X escribió: "Nos..., que fuimos parte tan importante de su dulcísimo corazón". En la doxología evocamos a Cristo, "Mayoral (de los pastores)" (2P 5,4). |
La blanca mitra ciñe la cabeza |
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El domingo 23 de mayo de 1982 Juan Pablo II confirió el título de beata a una contemplativa nacida en Barcelona, la monja capuchina sor María Ángela Astorch (1592-1665). En Barcelona "a los once años cumplidos y entrada en los doce, en el año 1603, en el 16 del mes de septiembre, víspera de las Llagas de mi seráfico Padre, entré religiosa capuchina con mi gusto y de mi propia voluntad..." Inició con otras hermanas la fundación del monasterio de Zaragoza, donde residió largos años (1614-1645). La etapa final comenzaría con la fundación del monasterio de la Exaltación del Santísimo Sacramento en Murcia (1645), donde morirá en 1665. "La mística del breviario", así ha subtitulado el P. Lázaro Iriarte la vida de esta clarisa capuchina presentada para la beatificación. Mujer de profundo humanismo -largos años abadesa y formadora-, prudente, sensible frente a su tierra catalana, y con un matiz destacado de amor a la Biblia y al breviario. En su abundante diario espiritual habla de "mi camino", "mi camino interior..." En el himno le pedimos enséñanos tu camino. |
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Ángel de Acri, calabrés, fue un capuchino de extraños comienzos. Ingresó en el noviciado y salió; volvió a pedir la entrada, y salió; y admitido por tercera vez - de modo sorprendente - a la tercera perseveró hasta ser santo. La lucha interior continuó años; él dijo que la penitencia fue su victoria. Ángel de Acri es, por excelencia, el predicador capuchino. Llegó a ser provincial de una provincia, Consenza, que entonces tenía 37 conventos y más de 400 hermanos; pero en este himno resaltamos su nota carismática esencial: predicador, predicador popular, revestido de la fuerza del Evangelio. Diversos prodigios le circundaron. |
Muy dura fue la entrada en el camino, |
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El 13 de junio de 1999 fueron beatificados por Juan Pablo II en Varsovia 108 mártires del nazismo. Entre ellos los 5 capuchinos: P. Aniceto Koplinski (1875-1941), P. Enrique Krzysztofik (1908-1942), P. Florián Stepniak (1912-1942), Fray Sinforiano Ducki (1888-1942) y Fray Fidel Chojnacki (1906-1942), y la clarisa capuchina Sor Teresa Mieczyslawa Kowalska, cuya memoria se recoge el día 28 de julio. En el himno, más que fijarnos en circunstancias personales de estos mártires, prestamos nuestra atención al horrendo crimen del Holocausto. |
Perdona, Padre, los crímenes |
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Nuestro hermano suizo
Apolinar de Posat fue un hombre culto, profesor, educador, director
de los estudiantes capuchinos de teología en Friburgo..., dispuesto
ya para ir a las misiones de Oriente en Siria. Por misterioso designio
la persecución le acompañó en los distintos pasos
de su vida. Dichosos los que sufren persecución por la justicia.
Fue a Francia, en una última etapa de su misión a Siria.
Ejerció un hermoso apostolado en Paris. Allí sobrevinieron
tiempos aciagos. |
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El domingo 11 de marzo de 2001, domingo II de Cuaresma,
el Papa Juan Pablo II dio el título de Beatos a 233 mártires
de la persecución religiosa acaecida en España el año
1936; son los Beatos José Aparicio y compañeros mártires,
cuya memoria conjunta ha sido asignada para el día 23 de septiembre.
Dentro de ese inmenso coro hay 12 capuchinos, pertenecientes a la
provincia religiosa de Valencia.
Sus nombres son éstos: |
En este himno cantamos a Cristo, Rey de los mártires, por estos testigos que ha asociado a su Cruz y a su santa Resurrección. Vemos su martirio no como una proeza personal, sino como gracia de Cristo. Los vemos como un blanco ejército (Te martyrum candidatus laudat exercitus). En las estrofas recordamos, ante todo, lo que dijo san Francisco, al recibir la noticia de los mártires de Marruecos: ¡Ahora puedo decir que tengo cinco verdaderos hermanos menores! Al evocar su vida, los vemos como franciscanos, con la Regla evangélica que prometieron en el noviciado. Recordamos que de amor sencillo hicieron su camino: los sacerdotes en sus ministerios sacerdotales; los laicos en sus oficios. Recordamos su devoción a la Virgen María; es una nota específica de nuestra provincia de Valencia. En la doxología resuena el grito de aclamación a Cristo Rey con que morían los mártires. |
A ti te ensalza, oh
Cristo, el blanco ejército Son éstos mis
hermanos, gracia y gloria, Aurelio abre el camino
de las palmas De amor sencillo fue
el carisma vivo, La Virgen de la gracia
y la ternura oh Rey de amor, que vences perdonando; eternamente vivas, y a tu lado por gracia tuya contigo nos veamos. Amén. |
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Un capuchino de familia noble: tal fue el beato Benito de Urbino, de la casa de los Passionei. A los 22 años era abogado; fue a Roma, volvió desengañado. Lo dejó todo; pero, antes de dar el paso, ya se veía que era un contemplativo y un hombre de una austeridad sorprendente. Durante un tiempo participó en la misión de Bohemia, conducida por san Lorenzo de Brindis En su vida capuchina tres rasgos marcan su personalidad espiritual: la austeridad - él, de noble cuna -, la oración constante, y la entrega a la predicación en lugares humildes, más bien de poca categoría. Su pobreza era tal, que en la celda no tenía ningún libro... Son los rasgos que hemos querido poner en relieve en el himno. |
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San Bernardo de Corleone, santo antiguo en la tradición capuchina, que vivió en el siglo XVII (1605-1667), que fue beatificado a los cien años de morir (1768), y canonizado en tiempo reciente por Juan Pablo II (10 de junio de 2001). El carisma de nuestro hermano santo, escuchando los abundantes textos litúrgicos recién aprobados para la Orden capuchina (2 de junio de 2004) podemos resaltarlo en estas notas: el Dios de la misericordia, las llagas de Jesús Crucificado, la austera penitencia, la exquisita caridad. "Adoremos a Dios, rico en misericordia, en la memoria de san Bernardo" (Invitatorio). "En Bernardo, gran penitente, resplandece una caridad heroica" (ant. 2 del Of. de lect.). "Contemplando las llagas del Crucificado, Bernardo aprendió la sabiduría de Dios" (ant. 3 del Of. de lect.). En este clima espiritual está compuesto este himno. Y todo ello en la evocación de Corleone y Sicilia que en nuestra cultura tiene una especial resonancia. |
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El hermano Fray Bernardo de Ofida es como una sencilla "divisa" de la santidad capuchina. Cada ser humano es único, y cada santo es él mismo. Pero, de alguna manera, mirando a los reflejos externos, diríamos que hay una pauta común. Fue cocinero, enfermero, limosnero, portero y hortelano. 25 años de su existencia los pasó en el convento de Ofida. El secreto de su existencia estuvo en el continuo coloquio contemplativo con Dios. Siendo analfabeto, fue un excelente consejero de la gente que a él acudía. |
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Es consejero buscado |
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Es un campesino bávaro que a los 31 años llamó al convento de capuchinos pidiendo servir a Dios como humilde hijo de Francisco. Estuvo 41 años de portero en Altötting (Baviera) junto al santuario de la Virgen. En cierta ocasión escribía: "Me esfuerzo en amarlo mucho. ¡Ah!, este es muy frecuentemente mi único desasosiego, que yo lo ame tan poco. Sí, quisiera ser precisamente un serafín de amor, quisiera invitar a todas las criaturas a que me ayuden a amar a mi Dios". Comulgaba cada mañana, cosa rara en aquel tiempo, allí en el altar de la Virgen de las gracias, donde ayudaba a la santa misa. Fue beatificado en 1930 y canonizado en 1934. Junto con S. Fidel de Sigmaringa son los dos primeros santos que ha tenido Alemania después de los tiempos de la Reforma. |
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San Crispín de Viterbo (declarado santo el 20 de junio de 1982, primero de los numerosísimos santos canonizados por el Papa Juan Pablo II el 20 de junio de 1982), fue un humilde hermano capuchino, en quien resplandece como carisma la alegría cristiana. Sus oficios fueron cocinero, hortelano, enfermero, sobre todo limosnero (38 años en Viterbo); en suma, los humildes servicios de la caridad. Tenía la gracia de transmitir la alegría envuelta en sus dichos ingeniosos y sabios, sentencias rimadas poéticamente. Era la forma de poner el Evangelio en sus palabras. La Virgen, su Señora, fue su delicia. El "¡Viva la Virgen María, causa de nuestra alegría!" es una jaculatoria que se enseñaba a los niños seráficos (capuchinos), y que va muy bien en la escuela de San Crispín. Un santo amable, acaso el santo más alegre de la tradición capuchina, testigo de la alegría de Jesús Resucitado, fraguada en la Cruz. |
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Diego José de Cádiz es nuestro santo capuchino de las provincias ibéricas. El (y su director espiritual) quería ser un "santazo", y lo fue. Capuchino, misionero y santo, su eslogan. En su locura - así se derramaba ante su director espiritual - quería ponerse ante la puerta del infierno y hacer allí misión hasta el fin del mundo... Desde aquel día en que, estudiando el tratado "De Trinitate", dio el paso, definitivamente su vida fue amor abrasado. Éste es nuestro apóstol. La Virgen que él llevaba, la Divina Pastora de las almas, que él portaba en misión, era la misericordia de Dios. Todo esto que, de golpe, asoma a la conciencia de un capuchino criado en nuestra tradición ibérica, que en su juventud escuchaba la lectura en nuestras casas de "El director perfecto y el dirigido santo", es lo que quiere evocar el himno, contagiando algo del volcán del Beato Diego José. En Andalucía se celebra esta fiesta el 22 de mayo |
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Si antes la Orden capuchina destacaba a San Félix de Cantalicio como el "patrón de los Hermanos legos" (expresión que no incluía ninguna connotación negativa), hoy no lo representa así. Siendo nuestra orden franciscana una "orden de hermanos", no cabe una nota que suene a discriminación en un punto esencial. San Félix es emblema de la orden por ser el primer fruto espiritual, reconocido como tal por la Iglesia, de la familia capuchina. Además ocurrió que históricamente y de hecho durante más de un siglo, en tiempos de gran florecimiento, fue el único santo que tuvo la Orden. El himno representa a ese san Félix que llevamos en nuestra retina: cuarenta años limosnero de los capuchinos por las calles de Roma. Era analfabeto y sus sabiduría quedaba compendiada en cinco letras rojas - las llagas de Jesús Crucificado - y una letra blanca: la figura dulcísima de María. San Félix de Cantalicio ha sido muy especialmente el modelo de todos los santos laicos que le han sucedido. |
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Del Beato Félix de Nicosia, siciliano, se dice que su vida es una copia del modelo capuchino, san Félix de Cantalicio, canonizado algún año antes de nacer nuestro hermano. Entre ambos median unas providenciales coincidencias. Los dos analfabetos, y más de cuarenta años limosneros... En el himno nos centramos en una jaculatoria, tradicional en la Orden Capuchina: ¡Sea por amor de Dios! Era el ritornello de nuestro hermano. De su devoción a la Virgen se dice que repartía pequeños recortes o papeletas con frases e invocaciones referentes a Ella; eran como pequeños sacramentales de protección y prodigios. |
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La Virgen es su milagro, |
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En nuestra Orden, y últimamente en el Calendario de la Familia Franciscana, es presentado este santo como "protomártir de Propaganda Fide", la Congregación que acababa de ser fundada para la Propagación del Reino de Dios. El padre Fidel, enviado por la Santa Sede en misión apostólica a evangelizar en la región de los grisones, predicó el IV domingo de Pascua (24 de abril de 1622) sobre el texto paulino: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Ef 4,5). Fue abatido tras este sermón; salió de la iglesia para evitar el sacrilegio y allí fue muerto. Quisiéramos en este himno reinterpretar la muerte del misionero capuchino con la teología del Vaticano II en lo que debe ser nuestra relación cristiana con los hermanos separados. |
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Florida Cévoli nació en Pisa en 1685, y en 1703 ingresó como capuchina en el monasterio de Cittá di Castello, el monasterio de santa Verónica Giuliani, en donde ella había entrado en 1677, y donde moriría en 1727. Convivieron las dos santas; la mayor, maestra; la menor, discípula. En sus días Florida sería abadesa de la comunidad por veinticinco años. Discípula de santa Verónica, fue, al mismo tiempo, confidente de santa Verónica. Sor Florida vive una intensa mística de la Pasión, que queda reflejada - como en santa Verónica - en los signos encontrados en su interior, realizada la autopsia tras la muerte. Esta mística esponsal de la Pasión es la que se canta en el himno. |
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Nuestro santo hermano capuchino nació en 1804. Profesó a los 22 años como hermano laico. En Génova había dos conventos de capuchinos. Fr. Francisco María vivió, la mayor parte de su vida, en el de la Santísima Concepción, que tenía 90 religiosos; y entre ellos, 10 limosneros. A los pocos años de profesión él fue limosnero, y, tras un tiempo de recorrer la campiña, limosnero en la ciudad de Génova hasta la muerte. La gente le llamaba "el padre santo". En agosto de 1866 el cólera atacó mortalmente la ciudad. Fr. Francisco María, ya de salud maltrecha, se ofreció como víctima; murió el 17 de septiembre, y a los pocos días desaparecieron los casos del cólera. |
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La vida del polaco Beato Honorato Kozminski es absolutamente portentosa. Alumno de Bellas Artes en 1845, pierde la fe, que recupera, como gracia de María, el día de la Asunción de 1846. Se hace capuchino. En 1863, tras la insurrección polaca, es confinado en en Zarkroczyn hasta 1892, y más tarde en Nowe-Miasto. En aquellos años funda hasta 17 congregaciones religiosas, sobre la base de la Orden Tercera de San Francisco, institutos aprobados por la Santa Sede (1889). Escribió un centenar de obras, y, entre ellas, una inmensa enciclopedia, titulada: "¿Quién es María?" |
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San Ignacio de Láconi: un hermano capuchino analfabeto, que atrae a las gentes por su encanto evangélico. Se repite un viejo esquema de la Orden, que una premio Nobel, Gracia Deledda, expresa así: "no ha escrito una línea, porque era analfabeto, no ha dejado una doctrina, porque no era filósofo, no ha fundado ninguna Orden, porque no era hombre de iniciativas geniales y valerosas. Un pobre fraile limosnero era fray Ignacio, el siervo de todos, el último de los últimos; y sin embargo fue el hombre más famoso del siglo XVIII en Cerdeña". A los veinte años pidió ser hermano capuchino. Siguieron veinte años de anonimato; y la mitad de su vida - cerca de cuarenta años - fue el limosnero de Cagliari. De él se contaban milagros. Un pastor protestante, cuando no había muerto aún fray Ignacio, escribía: "Veíamos todos los días pedir limosna por la ciudad a un santo viviente [...]. Él puede hacer que vayan detrás de él quesos enteros, cuando cruelmente le niegan un pedazo. Si un acaparador de trigo le da pan como limosna, brota la sangre; si un burlón le ofrece llenar de aceite su saco de tela, él lo lleva a casa sin perder ni una gota..." |
Un campesino humilde de Cerdeña |
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Ignacio de Santhiá fue primero sacerdote diocesano; a los 30 años, ansioso de vivir en obediencia, fue recibido en la Orden capuchina. Fue, en su día, maestro de novicios: 121 novicios profesaron en sus 14 años que estuvo en el cargo. Por un misionero de África, que había sido novicio suyo, que iba a quedar ciego, ofreció su vista, y el misionero sanó. Pablo VI, al canonizarlo (1966) recordaba lo que había sido una definición del padre Ignacio de Santhiá: "siempre disponible". Disponible en la atención de los enfermos en tiempos de guerra del Piamonte, disponible al dar ejercicios espirituales, disponible en el confesonario... Todo ello tiene su raíz en el amor a Cristo crucificado, en el amor a la Madre del Señor. Esta es la imagen de nuestro querido hermano que queremos recoger en este himno |
Ansioso de vivir en obediencia, |
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Inocencio de Berzo, durante algún tiempo sacerdote diocesano, que pasó a los capuchinos, deseoso de contemplación, era un hombre intelectualmente dotado, mas con un déficit de cualidades humanas para ser un espíritu emprendedor. Muy sensible ante los pobres, mas incapaz de un liderazgo. Era tímido, y estaba devorado por el amor a la Eucaristía y a la Cruz. Su espiritualidad ha sido definida como el deseo de una nada amorosa. Este núcleo es el "leit-motiv" del himno para su memoria. |
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Ser nada, mas así, amorosamente, |
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Nuestro Beato Jeremías de Valaquia, beatificado por Juan Pablo II el 30 de octubre de 1983, era en esa fecha el único hombre de Dios de Rumanía, elevado a los altares. Bien podemos llamarlo flor de Rumanía. De joven había emigrado de su patria, porque había oído a su madre que en Italia estaban los buenos cristianos y los monjes santos. Aquí se hizo capuchino, y por más de cuarenta años fue enfermero en San Efrén, en Nápoles, convento donde había 160 celdas, la mitad enfermería. Fray Jeremías es la pura caridad para el pobre de fuera y para el enfermo de casa. Él está en la clave que dieron las Constituciones capuchinas de 1536: contemplación, sí, vertida luego en la expresión de la caridad evangélica: la predicación, el servicio a los hermanos... Un día, en oración, se le mostró la Virgen. ¿Eres Reina, y no llevas corona?, le dijo el hermano. Y la Virgen, apretando a su Hijo junto a sí, como en los iconos de Oriente, le respondió: Esta es mi corona. |
Aroma del Oriente, |
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4 de febrero San José de Leonisa (1556-1612) El carisma, la gracia de vida de san José de Leonisa, en la más pura tradición capuchina, fue la predicación con el crucifijo levantado. Un contemplativo con ansia de llevar a otros el fruto de su contemplación. Y él mismo fue un crucificado. En la misión de Constantinopla, donde estuvo algo más de dos años (1587-1589), por tres días pendió en la horca, clavada con un garfio la mano derecha y el pie derecho con otro garfio. Providencialmente, acaso milagrosamente, fue liberado y sanado para continuar en Italia su predicación en favor de los pobres. Contemplación, predicación, inventiva de la caridad es lo que quiere cantar este himno como carisma de nuestro hermano san José de Leonisa. |
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El padre Leopoldo nació en lo que después de la II Guerra mundial se llamó Yugoslavia, y, tras la recuperación de la autonomía de diversos estados, en lo que hoy llamamos Herzegovina. Pasó la mayor parte de su vida en Italia, en Padua, confesando, humildemente confesando, con una bondad sin límites. Fue canonizado por Juan Pablo II el 16 de octubre de 1983, mientras en Roma se celebraba el Sínodo de Obispos sobre la Reconciliación. El himno, de forma muy sencilla y llana, nos presenta al humilde capuchino confesando, perdonando. Toda su persona infunde perdón; basta mirarle a sus ojos. Pero hubo un secreto en la vida del padre Leopoldo, que se descubrió tras la muerte: las muchas veces que ofreció su vida por la Unidad de los Cristianos, pues él había nacido en tierra donde se palpaba la división de los cristianos. También se destaca en el himno esta nota esencial de su carisma. |
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Para los capuchinos san Lorenzo de Brindis es la figura al exterior más esplendente; sólo Dios - sólo Él - conoce el secreto y la verdad de los corazones. En 1959 fue proclamado por el hoy Beato Juan XXIII Doctor de la Iglesia, confiriéndole el título de Doctor Apostólico. Ya de niño Lorenzo fue un "niño prodigio", y a esto alude el comienzo del himno: Ha pasado el Señor en la alborada. La nota más sorprendente del carisma de san Lorenzo de Brindis es la Eucaristía, místico singular de la celebración de la Misa. En no pocas ocasiones las misas del padre Lorenzo han durado muchas horas nocturnas, bañado en llanto de amor. De la Eucaristía saca su ciencia de apóstol encendido. Y rasgo muy singular de nuestro hermano fue su amor a María. Entre su Opera omnia destaca el Mariale. San Lorenzo da a la Virgen esos títulos por los cuales porfían los mariólogos: Inmaculada, Asunta, Mediadora. |
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"No puedo soportar las alabanzas que se le hacen a cualquier creatura, porque se distingue en alguna virtud, como por ejemplo la abstinencia o la mansedumbre, o porque parece que en todo se comporta con humildad. En efecto, pienso que aquella alma será tanto más santa, cuanto sea más vacía de sí misma, porque con ese vacío interior participará más de la santidad divina. ¡Pero, de verdad, Dios mío, tú solo eres santo!" (María Magdalena Martinengo, en su Tratado sobre la humildad). Fue hija de una familia noble de Brescia. Clarisa capuchina a los 18 años; vivió 32 años en clausura. Murió cuando iba a alcanzar los 50 años. Vivió una vida de "excesos" de penitencias, a las que le impulsaba el exceso del amor. El conocimiento de su corazón exige el conocimiento de sus escritos, buena parte de ellos, tristemente, sin publicarse. Sus escritos son éstos: Autobiografía; Tratado sobre la humildad; Máximas espirituales; Explicaciones sobre las Constituciones Capuchinas; Diálogos entre el alma y la humanidad, entre el alma y el espíritu; Ejercicios espirituales; Discurso sobre la nada; Diversas luces... sobre algunos textos de la Sagrada Escritura. |
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Marcos de Aviano, capuchino de nuestra provincia de Venecia, beatificado por Juan Pablo II el 27 de abril de 2003, tiene una trayectoria providencial. El padre Marcos fue, ante todo, un predicador. Trató de predicar, conforme decían las Constituciones capuchinas, al desnudo Crucificado. Invitaba a la contrición y bendecía, y Dios quiso que la vida de este humildísimo capuchino estuviera llena de prodigios; era la fuerza de Jesús la que sanaba. El secreto más hondo y precioso del predicador taumaturgo fue la Eucaristía, preparada con larga vigilia, que para él era un éxtasis de amor. Por llamada de los Príncipes y por encargo de los Papas estuvo implicado en acontecimientos centrales de Europa (153 cartas al emperador Leopoldo I de Austria, y 164 del emperador a él). Y tuvo una parte esencial en la salvaguarda de la fe cristiana en Europa frente al ataque del Imperio Otomano. |
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25 de octubre Entre la áurea multitud de mártires de la persecución religiosa sobrevenida en España los años 1936-1936, aparte de 17 capuchinos (cuya memoria se celebra el 26 de septiembre), se encontraban cinco clarisas capuchinas. Tres de ellas eran hermanas de sangre, apellidadas Masiá Ferragut, profesas en el monasterio de Agullent: María Jesús (nacida el 12 de enero de 1882); María Verónica (nacida el 15 de junio de 1884), y María Felicidad (nacida el 18 de agosto de 1890). Las tres se habían refugiado, junto con su otra hermana agustina descalza María Josefa, en casa de su madre María Teresa en Algemesí; las cuatro hermanas y la madre fueron asesinadas el 25 de octubre de 1936 cerca de Alcira. La madre y las cuatro hijas fueron beatificadas. Las otras dos capuchinas son: Isabel Calduch Rovira (nacida el 9 de mayo de 1882 en Alcalá de Chivert), del monasterio de Castellón, asesinada el 13 de abril de 1937 en el cementerio de Cuevas de Vinromá; y Milagro Ortells Gimeno (nacida el 29 de noviembre de 1882 en Valencia), del monasterio de Valencia, asesinada el 20 de noviembre de 1936 en Paterna, cerca de Valencia. El himno va por las cinco capuchinas y en determinado momento se les nombra a cada una. |
Por cinco flores rojas |
La fe de vuestra madre Milagro e Isabel, ¡La gloria sea
a Cristo,
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La santa pura sencillez es una frase de san Francisco en el "Saludo a las Virtudes", para ensalzar a esta virtud, hermana de la sabiduría. De ahí arrancamos en este himno, contemplando la figura de un humilde hermano capuchino de Cerdeña, fray Nicolás de Gésturi, a quien la gente llamó "Fray Silencio". Y pese a ello, en su funeral acudieron a honrarle 60.000 personas. ¿Qué tenía, pues, nuestro modesto y recatado hermano? Tenía lo que tienen los hombres de Dios, a Dios mismo. Tenía la densidad humana de lo divino. Es lo que pretendemos cantar en esta memoria. Recordemos que Cágliari fue la ciudad italiana más azotada en el segundo conflicto mundial. Fray Nicolás no se fue de la ciudad, permaneció allí. Queremos verle acudiendo a los heridos de guerra, y atendiendo a los refugiados en el convento. Recordamos a la Virgen de Bonaria, que está en el corazón de todos los sardos. |
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El Padre Pío
se definió a sí mismo como "un frate che prega", un fraile
que ora. A esta frase aludimos al decir de él hermano que ama
y ora. Pero el Padre Pío llevó por 50 años (1918-1958)
las llagas de Cristo y ésta es su verdadera efigie: clavado
en Cruz con Cristo. Fue, sobre todo, en la celebración del
Santo Sacrificio de la Misa donde él vivió
la Pasión del Señor. Por ello glorificamos los dones del
Altísimo. El Padre Pío consumió su vida en el confesonario. A ello apunta la segunda estrofa del himno. Al contemplar a Cristo compasivo, transmite el perdón que Cristo nos da: y entrega absolviendo la gracia del bautismo. El cristiano queda de nuevo santificado por el Santo Jesucristo. Quien piensa en el Padre Pío piensa en la "Casa Sollievo della Sofferenza". Tú buscas y tú encuentras al Sufrimiento Alivio. Y siempre, detrás del humilde siervo, vemos a Jesús; aquí, detrás de aquel moderno hospital, al Médico divino. La iglesia donde celebraba misa, la antigua o la nueva, está dedicada a Santa María de las Gracias. La Madre de las Gracias te guarda a su cobijo. Y él respondía a esta ternura desgranando sin pausa muchos rosarios cada día. Ésta es la fe de los sencillos en la Iglesia. En la doxología, empezando por Cristo Redentor, nos elevamos al Padre y al Espíritu, que es el Aura del principio. A la santa Trinidad ascienda amor y gloria por siglos infinitos. |
Oficio de lectura
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Laudes "Un reclinatorio, un altar, un confesonario", ésta es la vida y carisma del Padre Pío (Alessandro da Ripabottoni). Para cantar a Cristo Redentor en los Laudes matutinos por su siervo Pío de Pietrelcina, miramos esas manos que un día fueron llagadas ante el crucifijo, orando en el reclinatorio, después de haber celebrado la Eucaristía (20 septiembre 1918), y que se hicieron fuente de gracia absolviendo en el confesonario. Desde entonces las llagas que llevaba por dentro, le acompañaron toda la vida, 50 años, hasta la víspera de su muerte (23 septiembre 1968). Todo arranca de la Cruz pascual, que ha hundido sus raíces en el fecundo huerto de la Iglesia. Esas llagas son la vida del Padre Pío. Él se sintió llamado a una "grandísima misión"; él, efigie de Jesús Crucificado, fue asociado a la obra redentora de Cristo. Por ello, en ti glorificamos al Amado, que a su misión de amor te abrió la puerta. El Padre Pío, con su diestra alzada en sacramento, ha dejado fluir el río vivo de la gracia, acogiendo y perdonando. Recordamos a Jesús que vio a los ángeles celebrando fiesta ante el trono de Dios por un pecador que se convierte. En la doxología nos atrevemos a llamar a Jesús Sangre de tu Padre, porque el amor infinito del Padre latía en la Sangre del Hijo. Glorificamos a Cristo Redentor, misericordia desbordada de Dios, que con sus llagas gloriosas de Pascua es la vida de la nueva creación. |
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En esta escena se anuncia ya el futuro. Ésta es la imagen del Señor en la que debemos encuadrar al Padre Pío al iniciar las Vísperas. Recordamos en este himno al Padre Pío como víctima de amor - así se había ofrecido al Señor - y recordamos aquellas expresiones suyas que lo definen en su misión de intercesor, unido a Jesús: "Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales. Incluso puedo asegurar que, cuando el Señor me llame, yo le diré: Señor, yo me quedo a la puerta del Paraíso; entraré cuando haya entrado mi último hijo". La hora de la tarde nos está evocando el cielo, pero el cielo que ha alcanzado la cruz de Jesucristo. |
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Juan Luis Loir (1720-1794), Protasio Bourdon (1747-1794) y Sebastián François (1749-1794) son tres mártires capuchinos de la Revolución Francesa, beatificados, con otros muchos, por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995. Los tres murieron, como más de 800 sacerdotes y religiosos, en los tristemente célebres "pontons de Rochefort", amarrados junto a la isla de Aix. En el himno tomamos alguna característica propia del martirio de cada uno. Por ejemplo, a Sebastián lo encontraron una mañana sus compañeros en actitud de oración con los brazos levantados hacia el cielo. Pero... estaba muerto: la muerte martirial le había cogido y fijado en un éxtasis de amor. |
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San Serafín de Montegranario (1540-1604), purísima flor de vida capuchina, es representado, en su "vera effigies" más conocida, mostrándonos el crucifijo y el rosario, que sostiene en la misma mano. Cuando vino al guardián del convento, pidiendo la entrada en la orden, le dijo que él no tenía nada, tan sólo el crucifijo y el rosario. No fue hábil en las tareas humanas; no fue docto (tampoco era analfabeto), pero tuvo la sorprendente ciencia de los santos, que es el amor. Y el amor hace maravillas. Este himno gira en torno a esta palabra, tan querida en nuestra tradición seráfica: el amor. Precisamente le pusieron por nombre a él, Serafín. Serafín significa "ardiente". Y el amor tuvo en él una manifestación maravillosa, hasta el punto de que... le prohibieron hacer milagros. Ahora bien, en los milagros resplandece Cristo. Y esto es lo que cantamos. Pensando en san Serafín de Montegranario, quisiéramos que nuestra vida fuera tota ella renovada en el amor, hasta que nuestra muerte sea un abrazo de amor. |
Vocación de serafín, |
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Violeta escondida, tan escondida que hasta se perdió el día de su nacimiento (que fue en 1902) y los nombres de sus padres y probables hermanos. Siendo ella joven, su padre fascinado por el socialismo ateo, emigró de Varsovia a la Unión Soviética. Ingresó ella en las Clarisas Capuchinas en 1923, "con la conciencia de reparar la culpa de su familia, contagiada por el ateísmo", y tomó el nombre de Sor María Teresa del Niño Jesús. El 2 de abril de 1941 los alemanes irrumpieron en el convento y arrestaron a las 36 religiosas, que fueron llevadas al campo de concentración de Dzialdawo. "Yo no saldré ya de aquí; ofrezco mi vida para que las hermanas puedan retornar al convento". Murió el 25 de julio de 1941. Dos semanas después, el 7 de agosto, las hermanas fueron dejadas libres. |
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Todas juntas erais |
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Verónica en la Iglesia es mediadora del perdón y madre, y esto también se quiere poner en resalte, al cantar la mística de unión esponsal. Estos simples rasgos nos invitan a penetrar en el misterio sorprendente e insondable del amor. |
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