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Las notas que siguen no son más
que un borrador elaborado a partir de varias jornadas de reflexión y
trabajo con las áreas de prensa de movimientos sociales y políticos, que
aquí funcionan como disparador. Se trata de un diagnóstico/propuesta
para pensar la prensa gráfica popular como herramienta para la lucha.
De diversas jornadas de prensa con los movimiento sociales y políticos,
espacios de reflexión y acuerdos para la acción, surgen algunos
principios orientadores generales para pensar (o repensar) la prensa
popular. Estos se vinculan con la producción, circulación y recepción de
un periódico, revista u hoja barrial. En grandes líneas, hablamos de las
funciones que estarían llamados a cumplir dichos medios: informar,
educar, organizar y difundir las ideas centrales de los movimientos; en
este caso, de los movimientos de trabajadores desocupados. Del
diagnóstico de la situación surgen la mayoría de estas necesidades;
también de la caracterización de los posibles destinatarios (vecinos,
compañeros, militantes de otros organismos, agrupaciones políticas,
pueblo en general).
Cuando hablamos de informar nos referimos a la importancia de
acercar a todos los vecinos organizados las novedades en torno a las
actividades a producirse y asimismo fortalecer las que se mantienen a lo
largo del tiempo, como por ejemplo las tareas vinculadas a los talleres
de formación o de oficios. Esto es fundamental en un movimiento social
(lo mismo debería serlo en un partido político popular), ya que la
socialización de la información es parte necesaria para la
participación de todos los compañeros en igualdad de condiciones. Si un
vecino no se entera de las tareas a llevar adelante muy difícilmente
pueda arrimarse a colaborar, mucho menos a discutir y a compartir puntos
de vista.
Dentro de este punto debemos agregar, también, la importancia de
difundir los balances colectivos de las actividades realizadas. De
hecho, muchas veces son los medios tradicionales de la burguesía los que
cuentan –con su oficial manera de ver las cosas- cómo se desarrollaron
las actividades. Por lo tanto, es fundamental llegar a los vecinos con
las ideas y los análisis propios, lo cual es elemental para realizar
después una lectura crítica de los medios y, más importante aún, una
lectura del accionar del movimiento que permita la crítica y la
autocrítica, la superación de los errores y el festejo de los aciertos.
La idea de que el medio debe servir también para educar va de la
mano de las cuestiones vertidas en los dos párrafos anteriores. Cuanto
más se aprende sobre la propia realidad, cuanto más conocimiento propio
estamos en condiciones de producir, cuando “dominamos la técnica que nos
permite dominar la naturaleza”, como diría el Che, estamos más
herramentados para aportar en la construcción que llevamos adelante. Una
buena manera de educar a través de la prensa popular podría ser
difundiendo las discusiones de los talleres, de las reuniones de
delegados o de cualquier espacio de intercambio colectivo.
Esto es de lo más elemental y, sin embargo, muchas veces es pasado por
alto. Queremos decir: en la medida que más vecinos se forman, más
herramientas tienen para participar de igual a igual en la toma de
decisiones. De otra forma, el que tiene más experiencia o mayor
facilidad de palabra corre con ventaja. Es importante escuchar al
compañero que por compromiso, formación o habilidad se destaca, pero
también es importante –diríamos básico- escuchar al que habla poco o no
se anima a exponer públicamente sus ideas. En este punto se diferencian
los conceptos de acceso (estar, acceder a la asamblea) y
participación (debatir de igual a igual, proponer, ser parte
activa).
Vamos a ligar esto ahora con la función organizativa del medio. Cuando
decimos que una de las tareas de la prensa popular es organizar,
no estamos diciendo que el medio reemplaza al Movimiento o a la
organización popular. Y mucho menos que el cambio social se produce
desde el medio en sí mismo. Es muy importante subrayar esto, por más que
parezca obvio, porque nos lleva a entender que el medio es un
instrumento, un arma o una herramienta de la que se sirve el
movimiento popular. Es tan esencial como la formación, como la
seguridad, como la marcha o el corte de ruta. Es una herramienta que nos
ayuda a cumplir nuestros objetivos, y de ninguna manera reemplaza al
movimiento (como tampoco reemplaza a la formación –en todo caso
contribuye-, ni a la seguridad, ni al corte de ruta, etc.). En síntesis,
es parte de un todo.
Hecha la aclaración, podemos decir que cuando hablamos del medio como
organizador lo hacemos en el sentido de su aporte a la organización del
movimiento, ya que llega a los vecinos con información y análisis y en
ese contacto, junto al trabajo del delegado, se acercan más los pasos
que hacen “que el vecino se convierta en un compañero”. Además, cuando
el movimiento crece y se incorporan más barrios o sectores en lucha, la
prensa hace un buen aporte para la coordinación y la acompaña en el
tiempo.
El último principio orientador (entre los discutidos) es el de
difundir las ideas centrales del Movimiento. Como se ve a lo largo
de estas líneas, todas las funciones están relacionadas entre sí, tanto
que a veces se confunden y parecen las mismas. Por eso nos animamos a
decir que la difusión de la “línea gruesa” está estrechamente vinculada
a las funciones educativas y organizativas de la prensa popular. Siempre
que se informa o se hace un balance se lo enmarca en las ideas de
construcción que tenemos, en cómo vemos el mundo, en la necesidad de un
cambio social. De ahí la consigna sea “Trabajo, Dignidad y Cambio
Social”: trabajo sin dignidad no sirve, trabajo con explotación tampoco.
Esto no quiere decir que en cada artículo haya que repetir un verso.
Todo lo contrario, porque si lo hacemos eso significa que, en el fondo,
no hay proyecto (o sea, conseguimos el plan y nos vamos a casa). El tema
pasa porque, si escribimos sobre los avances del taller de salud,
también vamos a estar escribiendo sobre la necesidad de pensar una salud
popular. Y si escribimos sobre el balance de un corte de ruta, también
vamos a estar escribiendo sobre los avances en la organización, sobre la
legitimidad de la lucha, sobre la relación de fuerzas, sobre otros
cortes, etc.
Obviamente hay espacio para todo. No se trata de hacer todo igual y
“bajar línea” en cada recuadro. Habrá notas más editoriales o formativas
que harán de marco a todas las demás; lo importante es aprovechar el
medio para crecer, para fomentar el debate de la mejor manera posible.
¿O acaso Crónica, Clarín o Diario Popular no dejan
ver su concepción del mundo en cada una de sus hojas?
Sobre la producción
Pensar en quién hace concretamente la prensa, quién la escribe, es todo
un tema de discusión. Es fundamental que exista un colectivo de trabajo
que asuma la responsabilidad de sacarla adelante, pero también es
primordial que sus páginas estén abiertas a los vecinos y compañeros y
que se los impulse a escribir y a aprovechar su propio medio.
De la misma forma, para que los vecinos se apropien de la
prensa es necesario que vean en ella reflejadas sus necesidades, su
realidad cotidiana, su aporte a la lucha. De ahí la importancia de
descentralizar a través de corresponsales populares que, desde cada
barrio, puedan acercar al medio notas, inquietudes, informes, críticas.
De la misma manera que el delegado es elegido en asamblea para
representar al barrio, la tarea del corresponsal es llevar el barrio a
las páginas de la prensa.
Un corresponsal tiene que escribir, pero también tiene que
instar a sus compañeros a que lo hagan y recoger materiales producidos
por los vecinos para proponerlos en la reunión de prensa. Cuando existe
un conjunto de compañeros a quienes se les ha delegado la tarea de
participar activamente en el armado de la prensa y en el contacto con
los medios, no tendría que haber mayores problemas organizativos. La
reunión de prensa es el ámbito natural para poner en debate las
propuestas y armar el periódico o la revista de acuerdo a los
lineamientos generales del Movimiento.
Cada compañero debe asumir la responsabilidad que significa
armar la revista y escribir las notas, así como también la
responsabilidad de distribuirla, garantizar su lectura a través de los
corresponsales y delegados, recoger las críticas y abrir espacios para
la participación de compañeros que ponen la mayor parte de su esfuerzo
en otros ámbitos. Hay que saber respetar las diferencias y resolver las
contradicciones por consenso siempre que se pueda.
Si hay un verdadero diálogo entre la prensa y sus
destinatarios, lo más probable es que la revista crezca sólidamente y se
mejore con el tiempo (el diseño, el tipo de notas, la distribución, la
tirada, etc.). Obviamente esto no es fácil, sobre todo porque las
contradicciones existentes dentro del movimiento muchas veces tienden a
realzarse en el papel. Esto es lógico, y en la medida que se avance en
la organización, en la experiencia compartida y en la formación, se
irán limando las asperezas.
Lo importante aquí es comprender que en la prensa, como en
otras herramientas, la base del acuerdo son los puntos en común
que nos encuentran en un mismo espacio de organización y lucha. Y desde
ahí es que se escribe y se propone. De esta manera no es necesario
entrar en discusiones infinitas que muchas veces terminan por trabar la
salida de la revista. Diríamos entonces que las páginas tienen que estar
abiertas a la participación en base a un acuerdo general discutido y
consensuado. Esto no tendría que ser demasiado complicado, dadas las
características organizativas de los movimientos (delegados, asamblea,
coordinación).
Autonomía táctica, subordinación estratégica
Cuando decimos que el medio acompaña, sirve o es un instrumento para el
proyecto de cambio social, estamos hablando de la correspondencia entre
las ideas vertidas en la prensa y las ideas y objetivos del Movimiento.
Si el Movimiento dice “vamos para allá”, la prensa no puede escribir
“vamos para el otro lado”. En ocasiones, para sortear este problema se
incurre en otro: cada renglón de la gacetilla, del volante o del
artículo se discute en la asamblea o en el organismo máximo de
representación, terminando en un burocratismo paralizante.
Indudablemente, ni uno ni otro permiten avanzar y por lo tanto hay que
estar atento.
De
acuerdo a otras experiencias históricas, creemos que la mejor forma de
funcionamiento en prensa es la de la autonomía táctica y la
subordinación estratégica. Es decir, la prensa en todas sus formas
(revista, contacto con los medios, volante, comunicado, etc.) se
subordina a las ideas del movimiento, a la línea fijada colectivamente;
pero tiene una autonomía relativa para bajarlas al papel.
Es
responsabilidad del taller de prensa discutir las notas que van en la
revista, por ejemplo, y luego en la asamblea refrendarlas o
modificarlas. En ese organismo máximo de representación se pueden
discutir en general los contenidos; es responsabilidad del ámbito de
prensa convertirlos en una revista. Y, si algo sale mal o no todos están
de acuerdo, siempre habrá espacio para criticar y corregir. El dicho
“errando se aprende” cuaja perfecto en este punto y es parte del proceso
de formación que todos debemos llevar adelante.
En
todo caso, la cuestión de la autonomía táctica relativa no es tan
problemática en torno a la revista o al periódico. Siempre hay algunos
días para debatir, armar y corregir. Pero en el caso del comunicado, por
ejemplo, el tema se complica: la mayoría de las veces hay que escribirlo
y enviarlo rápido; un retraso conlleva que no salga publicado en ningún
lado y por ende el objetivo no se cumple. En los diarios del sistema lo
que pasa hoy es viejo mañana.
De
ahí la importancia del compromiso de los compañeros que trabajan la
prensa. Como es la voz del conjunto deben respetar las ideas del
conjunto. Desde nuestro punto de vista, no se debe correr ni una coma.
La confianza y el compromiso, el ensayo y el error, podrán aceitar los
mecanismos. Es muy importante ser rápido de reflejos y subordinarse al
proyecto colectivo. Después, si el tono es más o menos “duro”, si se
remarcó tal elemento más que tal otro, se discutirá y se convendrá para
la vez siguiente. Eso es la autonomía táctica. Y si no se cumple o se
cometen errores cada dos por tres, entonces habrá que votar nuevos
compañeros para prensa.
Distintas prensas para distintas necesidades
Pensamos, de acuerdo a las experiencias concretas, que debemos esbozar
distintos tipos de revistas de acuerdo a la función que deben cumplir y
a quiénes están dirigidas. Entonces, para ordenar, estaría primero lo
más chiquito, la hoja barrial básicamente informativa. A su cargo
estaría la difusión de las actividades a realizarse en forma puntual, y
el marco más político (las ideas centrales del Movimiento) estaría dado
por las notas de balance de los talleres de formación o de una nota
editorial o formativa corta. Sus destinatarios naturales son los vecinos
organizados, en primer lugar; en segundo lugar los vecinos que todavía
no se acercan pero que pueden interesarse en algún taller o en alguna
actividad.
Por
otro lado estaría la revista. Allí, además de informar, deben aparecer
los balances de las actividades realizadas, las notas que abarcan la
realidad nacional, las notas que vinculan la lucha del Movimiento con la
de otros movimientos de desocupados y con otros sectores en lucha, etc.
Con un contenido fuertemente local pero vinculado a lo más general
(desde el corte de ruta, por ejemplo, se habla de la necesidad de
organizarse), esta revista tiene que promover el debate, educar, etc.
Todo lo mencionado en el primer punto de este material; es decir, la
coherencia con la consigna “Trabajo, Dignidad y Cambio Social”. Esta
herramienta es fundamental para la discusión con los compañeros, para
su formación y para que, valga la redundancia, “cada vecino se
convierta en un compañero”.
Finalmente, está la propuesta de una revista de publicación más
espaciada pero que trabaje los mismos temas con mayor profundidad. Aquí
la producción estaría destinada, además de los compañeros del Movimiento
y sobre todo aquellos que han iniciado un camino de formación política
más comprometido, a la militancia y el activismo en general. Su función,
promover el debate y la reflexión. Creemos que primero, sin embargo, es
necesario fortalecer las hojas barriales y la revista, y en función de
su desarrollo la herramienta más general. No decimos dejarla de lado
sino ir por partes, fortalecer para salir más seguros a la cancha.
Finalmente creemos que es importante pensar en la posibilidad de editar
materiales de discusión sobre diversos temas, vinculados a los talleres
y con participación –en tanto aporte, no para abarcar todo- de prensa.
Esto está muy vinculado a las necesidades de formación y de compartir
los avances de las diferentes áreas de trabajo; sean éstas de salud,
seguridad o formación.
Natalia Vinelli, mayo de 2001
(RST! agradece su aporte) |