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AGOSTO 2006

EDITORIAL

Algunos conceptos sobre caracterización y lineamientos políticos de

 

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Alto el fuego en el Líbano

¡Un triunfo enorme para los oprimidos del mundo!

Y cambios provisorios en las relaciones de fuerza en medio oriente.

 

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JULIO 2006

Escrito entorno a la "Esencia del Cristianismo" de Ludwing Feuerbach

Este ensayo, permite recorrer este libro fundamental desde la óptica de diferentes posiciones filosóficas, y compone un cuadro sincero sobre las reflexiones que despierta la lectura de esta obra. Las conclusiones vertidas permiten abrir nuevas formas de analizar este clásico, y a la vez recuperar aquellas que son centrales en la visión del autor.

 

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JUNIO 2006

Notas sobre la prensa popular

Diagnóstico/propuesta para pensar la prensa gráfica popular como herramienta para la lucha.

 

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Rebelión en las calles

Un análisis político de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre del 2001 nos muestra las posibilidades y limitaciones de aquellas históricas jornadas. Las continuidades y rupturas a tres años de la rebelión y las lecciones para discutir en el campo popular

 

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NOTAS SOBRE LA PRENSA POPULAR

por Natalia Vinelli

Las notas que siguen no son más que un borrador elaborado a partir de varias jornadas de reflexión y trabajo con las áreas de prensa de movimientos sociales y políticos, que aquí funcionan como disparador. Se trata de un diagnóstico/propuesta para pensar la prensa gráfica popular como herramienta para la lucha.

 

De diversas jornadas de prensa con los movimiento sociales y políticos, espacios de reflexión y acuerdos para la acción, sur­gen algunos principios orientadores generales para pensar (o repensar) la prensa popular. Estos se vinculan con la producción, circulación y recepción de un periódico, revista u hoja barrial. En grandes líneas, hablamos de las funciones que estarían llamados a cumplir dichos medios: informar, educar, organizar y difundir las ideas centrales de los movimientos; en este caso, de los movimientos de trabajadores desocupados. Del diagnóstico de la situación surgen la mayoría de estas necesidades; también de la caracterización de los posibles destinatarios (vecinos, compañeros, militantes de otros organismos, agrupaciones políticas, pue­blo en general).

Cuando hablamos de informar nos referimos a la importancia de acercar a todos los vecinos organiza­dos las novedades en torno a las actividades a producirse y asimismo fortalecer las que se mantienen a lo largo del tiempo, como por ejemplo las tareas vinculadas a los talleres de formación o de oficios. Esto es fundamental en un movimiento social (lo mismo debería serlo en un partido político popular), ya que la socialización de la información es parte necesaria para la participación de todos los compañeros en igualdad de condiciones. Si un vecino no se entera de las tareas a llevar adelante muy difícilmente pueda arrimarse a colaborar, mucho menos a discutir y a compartir puntos de vista.

Dentro de este punto debemos agregar, también, la importancia de difundir los balances colectivos de las actividades realizadas. De hecho, muchas veces son los medios tradicionales de la burguesía los que cuentan –con su oficial manera de ver las cosas- cómo se desarrollaron las actividades. Por lo tanto, es fundamental llegar a los vecinos con las ideas y los análisis propios, lo cual es elemental para realizar después una lectura crítica de los medios y, más importante aún, una lectura del accionar del movimiento que permita la crítica y la autocrí­tica, la superación de los errores y el festejo de los aciertos.

La idea de que el medio debe servir también para educar va de la mano de las cuestiones vertidas en los dos párrafos anteriores. Cuanto más se aprende sobre la propia realidad, cuanto más conocimiento propio estamos en condiciones de producir, cuando “dominamos la técnica que nos permite dominar la naturaleza”, como diría el Che, estamos más herramentados para aportar en la construcción que llevamos adelante. Una buena manera de educar a través de la prensa popular podría ser difundiendo las discusiones de los talleres, de las reuniones de delegados o de cualquier espacio de intercambio colectivo.

Esto es de lo más elemental y, sin embargo, muchas veces es pasado por alto. Queremos decir: en la medida que más vecinos se forman, más herramientas tienen para participar de igual a igual en la toma de de­cisiones. De otra forma, el que tiene más experiencia o mayor facilidad de palabra corre con ventaja. Es impor­tante escuchar al compañero que por compromiso, formación o habilidad se destaca, pero también es impor­tante –diríamos básico- escuchar al que habla poco o no se anima a exponer públicamente sus ideas. En este punto se diferencian los conceptos de acceso (estar, acceder a la asamblea) y participación (debatir de igual a igual, proponer, ser parte activa).

Vamos a ligar esto ahora con la función organizativa del medio. Cuando decimos que una de las tareas de la prensa popular es organizar, no estamos diciendo que el medio reemplaza al Movimiento o a la organización popular. Y mucho menos que el cambio social se produce desde el medio en sí mismo. Es muy importante subrayar esto, por más que parezca obvio, porque nos lleva a entender que el medio es un instrumento, un arma o una herramienta de la que se sirve el movimiento popular. Es tan esencial como la formación, como la seguridad, como la marcha o el corte de ruta. Es una herramienta que nos ayuda a cumplir nuestros objetivos, y de ninguna manera reemplaza al movimiento (como tampoco reemplaza a la formación –en todo caso contribuye-, ni a la seguridad, ni al corte de ruta, etc.). En síntesis, es parte de un todo.

Hecha la aclaración, podemos decir que cuando hablamos del medio como organizador lo hacemos en el sentido de su aporte a la organización del movimiento, ya que llega a los vecinos con información y análisis y en ese contacto, junto al trabajo del delegado, se acercan más los pasos que hacen “que el vecino se convierta en un compañero”. Además, cuando el movimiento crece y se incorporan más barrios o sectores en lucha, la prensa hace un buen aporte para la coordinación y la acompaña en el tiempo.

El último principio orientador (entre los discutidos) es el de difundir las ideas centrales del Movimiento. Como se ve a lo largo de estas líneas, todas las funciones están relacionadas entre sí, tanto que a veces se confunden y parecen las mismas. Por eso nos animamos a decir que la difusión de la “línea gruesa” está estrechamente vinculada a las funciones educativas y organizativas de la prensa popular. Siempre que se informa o se hace un balance se lo enmarca en las ideas de construcción que tenemos, en cómo vemos el mundo, en la necesidad de un cambio social. De ahí la consigna sea “Trabajo, Dignidad y Cambio Social”: trabajo sin dignidad no sirve, trabajo con explotación tampoco.

Esto no quiere decir que en cada artículo haya que repetir un verso. Todo lo contrario, porque si lo ha­cemos eso significa que, en el fondo, no hay proyecto (o sea, conseguimos el plan y nos vamos a casa). El tema pasa porque, si escribimos sobre los avances del taller de salud, también vamos a estar escribiendo sobre la necesidad de pensar una salud popular. Y si escribimos sobre el balance de un corte de ruta, también vamos a estar escribiendo sobre los avances en la organización, sobre la legitimidad de la lucha, sobre la relación de fuerzas, sobre otros cortes, etc.

Obviamente hay espacio para todo. No se trata de hacer todo igual y “bajar línea” en cada recuadro. Habrá notas más editoriales o formativas que harán de marco a todas las demás; lo importante es aprovechar el medio para crecer, para fomentar el debate de la mejor manera posible. ¿O acaso Crónica, Clarín o Diario Po­pular no dejan ver su concepción del mundo en cada una de sus hojas?

 

Sobre la producción

 

Pensar en quién hace concretamente la prensa, quién la escribe, es todo un tema de discusión. Es fun­damental que exista un colectivo de trabajo que asuma la responsabilidad de sacarla adelante, pero también es primordial que sus páginas estén abiertas a los vecinos y compañeros y que se los impulse a escribir y a aprove­char su propio medio.

            De la misma forma, para que los vecinos se apropien de la prensa es necesario que vean en ella refleja­das sus necesidades, su realidad cotidiana, su aporte a la lucha. De ahí la importancia de descentralizar a través de corresponsales populares que, desde cada barrio, puedan acercar al medio notas, inquietudes, informes, críticas. De la misma manera que el delegado es elegido en asamblea para representar al barrio, la tarea del corresponsal es llevar el barrio a las páginas de la prensa.

            Un corresponsal tiene que escribir, pero también tiene que instar a sus compañeros a que lo hagan y recoger materiales producidos por los vecinos para proponerlos en la reunión de prensa. Cuando existe un con­junto de compañeros a quienes se les ha delegado la tarea de participar activamente en el armado de la prensa y en el contacto con los medios, no tendría que haber mayores problemas organizativos. La reunión de prensa es el ámbito natural para poner en debate las propuestas y armar el periódico o la revista de acuerdo a los li­neamientos generales del Movimiento.

            Cada compañero debe asumir la responsabilidad que significa armar la revista y escribir las notas, así como también la responsabilidad de distribuirla, garantizar su lectura a través de los corresponsales y delega­dos, recoger las críticas y abrir espacios para la participación de compañeros que ponen la mayor parte de su esfuerzo en otros ámbitos. Hay que saber respetar las diferencias y resolver las contradicciones por con­senso siempre que se pueda.

            Si hay un verdadero diálogo entre la prensa y sus destinatarios, lo más probable es que la revista crezca sólidamente y se mejore con el tiempo (el diseño, el tipo de notas, la distribución, la tirada, etc.). Obviamente esto no es fácil, sobre todo porque las contradicciones existentes dentro del movimiento muchas veces tienden a realzarse en el papel. Esto es lógico, y en la medida que se avance en la organización, en la experiencia com­partida y en la formación, se irán limando las asperezas.

            Lo importante aquí es comprender que en la prensa, como en otras herramientas, la base del acuerdo son los puntos en común que nos encuentran en un mismo espacio de organización y lucha. Y desde ahí es que se escribe y se propone. De esta manera no es necesario entrar en discusiones infinitas que muchas veces terminan por trabar la salida de la revista. Diríamos entonces que las páginas tienen que estar abiertas a la participación en base a un acuerdo general discutido y consensuado. Esto no tendría que ser demasiado complicado, dadas las característi­cas organizativas de los movimientos (delegados, asamblea, coordinación).

 

Autonomía táctica, subordinación estratégica

             Cuando decimos que el medio acompaña, sirve o es un instrumento para el proyecto de cambio social, estamos hablando de la correspondencia entre las ideas vertidas en la prensa y las ideas y objetivos del Movi­miento. Si el Movimiento dice “vamos para allá”, la prensa no puede escribir “vamos para el otro lado”. En ocasiones, para sortear este problema se incurre en otro: cada renglón de la gacetilla, del volante o del artículo se discute en la asamblea o en el organismo máximo de representación, terminando en un burocratismo paralizante. Indu­dablemente, ni uno ni otro permiten avanzar y por lo tanto hay que estar atento.

De acuerdo a otras experiencias históricas, creemos que la mejor forma de funcionamiento en prensa es la de la autonomía táctica y la subordinación estratégica. Es decir, la prensa en todas sus formas (revista, con­tacto con los medios, volante, comunicado, etc.) se subordina a las ideas del movimiento, a la línea fijada colectivamente; pero tiene una autonomía relativa para bajarlas al papel.

Es responsabilidad del taller de prensa discutir las notas que van en la revista, por ejemplo, y luego en la asamblea refrendarlas o modificarlas. En ese organismo máximo de representación se pueden discutir en general los contenidos; es responsabilidad del ámbito de prensa convertirlos en una revista. Y, si algo sale mal o no todos están de acuerdo, siempre habrá espacio para criticar y corregir. El dicho “errando se aprende” cuaja perfecto en este punto y es parte del proceso de formación que todos debemos llevar adelante.

En todo caso, la cuestión de la autonomía táctica relativa no es tan problemática en torno a la revista o al periódico. Siempre hay algunos días para debatir, armar y corregir. Pero en el caso del comunicado, por ejemplo, el tema se complica: la mayoría de las veces hay que escribirlo y enviarlo rápido; un retraso conlleva que no salga publicado en ningún lado y por ende el objetivo no se cumple. En los dia­rios del sistema lo que pasa hoy es viejo mañana.

De ahí la importancia del compromiso de los compañeros que trabajan la prensa. Como es la voz del conjunto deben respetar las ideas del conjunto. Desde nuestro punto de vista, no se debe correr ni una coma. La confianza y el compromiso, el ensayo y el error, podrán aceitar los mecanismos. Es muy importante ser rá­pido de reflejos y subordinarse al proyecto colectivo. Después, si el tono es más o menos “duro”, si se remarcó tal elemento más que tal otro, se discutirá y se convendrá para la vez siguiente. Eso es la autonomía táctica. Y si no se cumple o se cometen errores cada dos por tres, entonces habrá que votar nuevos compañeros para prensa.

 

Distintas prensas para distintas necesidades

Pensamos, de acuerdo a las experiencias concretas, que debemos esbozar distintos tipos de revistas de acuerdo a la función que deben cumplir y a quiénes están dirigidas. Entonces, para ordenar, estaría primero lo más chiquito, la hoja barrial básicamente in­formativa. A su cargo estaría la difusión de las actividades a realizarse en forma puntual, y el marco más político (las ideas centrales del Movimiento) estaría dado por las notas de balance de los talleres de formación o de una nota editorial o formativa corta. Sus destinatarios naturales son los vecinos organizados, en primer lugar; en segundo lugar los vecinos que todavía no se acercan pero que pueden interesarse en algún taller o en alguna actividad.

Por otro lado estaría la revista. Allí, además de informar, deben aparecer los balances de las actividades realizadas, las notas que abarcan la realidad nacional, las notas que vinculan la lucha del Movimiento con la de otros movimientos de desocupados y con otros sectores en lucha, etc. Con un contenido fuertemente local pero vinculado a lo más general (desde el corte de ruta, por ejemplo, se habla de la necesidad de organi­zarse), esta revista tiene que promover el debate, educar, etc. Todo lo mencionado en el primer punto de este material; es decir, la coherencia con la consigna “Trabajo, Dignidad y Cambio Social”. Esta herramienta es fun­damental para la discusión con los compañeros, para su formación y para que, valga la redundancia, “cada ve­cino se convierta en un compañero”.

Finalmente, está la propuesta de una revista de publicación más espaciada pero que trabaje los mismos temas con mayor profundidad. Aquí la producción estaría destinada, además de los compañeros del Movimiento y sobre todo aquellos que han iniciado un camino de formación política más comprometido, a la militancia y el activismo en general. Su función, promover el debate y la reflexión. Creemos que primero, sin em­bargo, es necesario fortalecer las hojas barriales y la revista, y en función de su desarrollo la herramienta más general. No decimos dejarla de lado sino ir por partes, fortalecer para salir más seguros a la cancha.

Finalmente creemos que es importante pensar en la posibilidad de editar materiales de discusión sobre diversos temas, vinculados a los talleres y con participación –en tanto aporte, no para abarcar todo- de prensa. Esto está muy vinculado a las necesidades de formación y de compartir los avances de las diferentes áreas de trabajo; sean éstas de salud, seguridad o formación.

Natalia Vinelli, mayo de 2001

(RST! agradece su aporte)

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