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Luego de la crisis del 2001 el país ha entrado en una
etapa en que el modelo neoliberal implantado en la década del noventa
por el gobierno justicialista de Carlos Menem se ha consolidado, gran
parte de las medidas fundamentales que hacen al modelo de acumulación,
la desregularización del mercado de bienes y capitales, así como la
enajenación de los bienes públicos ya es un hecho de difícil
modificación.
La devaluación de la moneda producto de la contracción de
la economía que se da a partir del 98 hasta el 2002 produce la salida de
la convertibilidad, la economía comienza a salir de ese proceso recesivo
que la caracterizo en la ultima década, entrando así en una
reactivación, un crecimiento que lleva ya dos años llegando hoy por hoy
a alcanzar los niveles mismos de crecimiento que tuvo la economía en la
segunda mitad de la década de los noventa.
Ahora bien, producto de qué es esta recuperación de la
estructura económica.
Por una lado la depreciación de la moneda nacional trae
como consecuencia el encarecimiento de los productos manufacturados de
importación, por lo que se hace imposible seguir con el proceso de
sustitución a la inversa, de productos nacionales por importados,
proceso que significo la desindustrialización y extranjerización de la
economía nacional.
Por el otro, recuperación de la industria nacional
permite la creación de nuevos empleos que hacen en definitiva que el
proceso de recomposición sé dinamice aún mas, debido a que la
devaluación permite que los costos de producción se abaraten. Podemos
decir entonces que la reactivación se funda en el principio de mano de
obra con salarios de subsistencia, buena coyuntura para la exportación
de las materias primas agropecuarias y productos industriales por parte
de las pequeñas y medianas industrias, con un tipo de cambio
sobrevaluado en relación con el dólar que crea un marco monetario
favorable para el crecimiento.
Sin embargo, pese a estos datos positivos de la macro
economía gran parte de los problemas estructurales siguen sin
resolverse, la desocupación sigue siendo muy alta lo cual resulta
favorable para el sostenimiento de salarios bajos y la continuidad del
crecimiento, pese a ello el consenso del nuevo gobierno peronista de
corte neopopular, todavía no se ha roto, existe en el seno de los
sectores populares la falsa ilusión de que si a la economía en general
le va bien, en algún momento se producirá el derrame que llevara los
beneficios de la recuperación a el conjunto de la sociedad.
La recuperación económica, si bien favorece en términos
cuantitativos a los grupos mas concentrados de la economía, su
participación, no es absoluta. La reactivación de la producción y el
empleo se apoya en gran parte en las pequeñas y medianas industrias
nacionales (así como también el sector agroindustrial) que han vuelto
nuevamente a tener un rol importante en el mercado interno y el
MERCOSUR.
Esta participación no hace mas que demostrar una mayor
flexibilidad de la alianza de clases que se estableció con el menemismo
luego de la crisis del modelo de acumulación neoliberal basado en la
valorización financiera, la fuga de capitales y el consecuente
endeudamiento externo.
Esto a favorecido la construcción de un nuevo consenso
que se levanta alrededor del crecimiento relativo de la estructura
productiva y abroquela a importantes fracciones del campo popular,
dividiendo a la sociedad en dos polos los que son parte unívoca de la
ciudadanía y aquellos que han quedado fuera de ella, los nuevos
excluidos, una inmensa mayoría de pobres estructurales que resisten
naturalmente en forma dispersa y desordenada, en concomitancia a esto
reaparecen importantes sectores de los trabajadores ocupados que
resisten la mayor expoliación que significo la devaluación.
Se puede observar que en el campo de la lucha popular se
da dos situaciones. Por un lado, la lucha económica de los asalariados
por la recomposición del fruto de su trabajo deja de lado la
particularidad de la lucha económica de los desocupados, por el otro el
retroceso de los mismos en la participación de la distribución de los
subsidios, es un indicador de su retraso de la escena política, un
efecto de la oxigenación de la economía, pues sus reivindicaciones han
quedado descontextualizada dentro de una estructura la cual crece a un
ritmo acelerado, de alrededor de un seis, siete y ocho por
ciento anual.
Si bien es cierto que este crecimiento esta alcanzando su
limite real, en la capacidad instalada, en tanto no crezca la inversión
privada la producción va a entran en una meseta. Naturalmente, la
limitación del mercado interno, condiciona las expectativas del capital
privado, a la vez que es fruto de la contradicción entre el desarrollo
de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, su
crecimiento implica mayor demanda, por lo tanto una mayor capacidad de
consumo de los sectores populares, cosa que hasta ahora solo se refleja
en las fracciones mas acomodadas de la clase media.
Podemos decir entonces que las posibilidades de
crecimiento sostenido encuentra una doble limitación, a saber: por un
lado la contracción del mercado interno, producto de la distribución
regresiva de la riqueza nacional y la mayor concentración del capital en
pocas manos. Por el otro lado la imposibilidad de capturar nuevos
mercados internacionales para colocar un mayor excedente productivo, lo
cual seria importante para la creación de nuevos puestos de trabajo, la
limitación es pues, no solo externa, sino también interna. La mayor
integración del mercado latinoamericano es una posibilidad también
limitada, aunque si bien esa cierto que la mayoría de las exportaciones
tienen ese destino, la competencia con una economía de mayor escala como
la del brasil es una gran traba para su desarrollo, de todas formas este
no puede ser el único motor del desarrollo de las fuerzas productivas.
De esta forma, las posibilidades de bajar los niveles tan
altos de la desocupación son muy limitados por lo que se puede decir que
el modelo de acumulación luego de la crisis del 2001 se ha consolidado
con un reacomodamiento de las fracciones de las clases dominantes.
Sin embargo este crecimiento permite que en el seno de la
clase obrera ocupada comiencen a manifestarse movimientos internos de
lucha y organización que se dan por fuera de la burocracia sindical y
que permiten que reaparezca un nuevo activismo, aunque el mismo sea
todavía muy pequeño es un elemento con el que en la década menemista no
se contaba, esta reaparición de nuevas fracciones del movimiento obrero
es un factor necesario de la recomposición del campo popular, es en
definitiva condición de posibilidad a largo plazo para revertir la
actual situación del campo de los desocupados.
Si el problema es que los desocupados han quedado fuera
del sentido de clase, solo la reincorporación de estos, por iniciativa y
obra de la organización clasista de los asalariados podrá finalmente
recomponer la unidad de clase y constituirla como una autentica fuerza
social.
Por lo tanto, podemos decir que la nueva coyuntura
política y económica nos plantean nuevos desafíos a la militancia
dispersa de las distintas organizaciones que desarrollan el trabajo
territorial. Por un lado ir forjando la unidad a partir de la formación
de distintos espacios de articulación y discusión política, al mismo
tiempo que se debe profundizar el trabajo en los barrios integrando las
organizaciones con el mismo espacio de construcción dando forma así a la
unidad del proletariado desde sus mismas bases.
En conclusión podemos decir que la imposibilidad del
gobierno peronista de cumplir con sus promesas de redistribución del
ingreso y eliminación de la pobreza estructural que produce el
achicamiento de la economía y el consecuente ejercito de desocupados.
Ante el buen momento que están pasando en lo económico y lo político los
sectores dominantes debe ser contrastado con la realidad de la inmensa
mayoría del pueblo argentino.
En ese sentido nuestras reivindicaciones, no pueden ser
las mismas que las que se sostenían durante la crisis del 2001, por el
contrario ante la reactivación de la economía se hace mas que claro la
lucha por el trabajo digno, teniendo en cuenta que el estado dispone de
un importante superávit fiscal que destina al pago de la deuda externa.
La pelea debe estar orientada a cuestionar esta política de sumisión,
planteando la necesidad de creación de trabajo genuino por medio de la
inversión publica, que permite al largo plazo desarrollar una política
de desarrollo económico independiente capaz de producir la integración
de la clase obrera. Apuntando en ese sentido a redefinir la economía
sobre otras bases, mostrando la incapacidad histórica que mostró y
muestra actualmente la centralización privada del capital y la
extranjerización de la estructura productiva como motor del desarrollo
nacional. Nuestra acción entonces debe dirigirse hacia ese flanco del
capital, atacando al capital oligopolio concentrado nacional y
extranjero, denunciándolos en las mismas calles como los escollos
concretos de la transformación nacional que puede permitir en el corto y
mediano plazo llevar adelante la tan esperada redistribución de la
riqueza social. En tanto no podamos cambiar la política de los
movimientos de desocupados los mismos quedaran eternamente desfasados
con la realidad política social del país.
Así, en mas de una década de neoliberalismo los cambios
en la estructura económica se plasman en la nueva configuración de la
estructura social, en la cual emerge un nuevo actor social y político
que desde la izquierda busca construir un proyecto político alternativo
que ante el cambio de la coyuntura política se encuentra desorientada, y
se le plantea entonces un nuevo desafío; el de sacarle la careta del
progresismo al nuevo gobierno peronista. Sin embargo pese a todo, a la
aparente fortaleza del gobierno las contradicciones no se han resuelto
ni mucho menos quedan abierta las posibilidades de reorganización del
campo popular.
Con este panorama podemos concluir que empieza una
carrera entre el desarrollo de la capacidad política del nuevo
movimiento y los sectores populares, y las posibilidades de elaboración
por parte de las clases dominantes de un nuevo modelo económico
alternativo que combine, alta rentabilidad con una mayor participación
de las clases subalternas. Mientras esta contradicción no sea resuelta,
las posibilidades de agudización de la lucha de clases son infinitas.
Agustín
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