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La intención del presente artículo es el de verter algunos conceptos que
aporten a la discusión sobre el estado actual y los métodos posibles de
superación del mismo, del movimiento estudiantil en general y el de la
facultad de Ciencias sociales en particular.
Intentaré exponer las siguientes hipótesis:
Existen en el movimiento estudiantil los siguientes grupos, uno
altamente politizado cristalizado en los partidos o movimientos y las
agrupaciones estudiantiles políticas vinculadas a los mismos.
Otro que limita su acción al ambiente universitario, con mayores lazos
dentro de la estructura de la universidad, expresados en las
agrupaciones pseudopoliticas intelectuales universitarias, que con el
paso de los años van entregando sus filas a las del profesorado y demás
burocracia universitaria y vaciando en mas o en menos sus objetivos
políticos. Resumiendo suelen ser a mediano plazo autodisolutivas
como
organizaciones
de
estudiantes,
cambiando
su
forma
o
simplemente
desapareciendo.
Ambos grupos mencionados tienden a tener algún tipo de organicidad más o
menos formal, según el caso.
Otro bloque será el formado por los estudiantes politizados con
diferentes intensidades que tratan o no de formar grupos políticos
orgánicos; y por último el grupo de la mayoría de los estudiantes (la
masa) el cual se divide en los que pueden llegar a tener algún grado de
interés en cuestiones sindico-estudiantiles y por tanto participar de
alguna lucha,
donde sus intereses directos o de clase se vean particularmente
comprometidos, y el grupo de pasividad incondicional, el cual no merece
mas que esta mención y apenas el aire que respiran.
A partir de ahora me voy a concentrar en el fenómeno que me interesa
presentar a discusión el cual cruzará a todos los bloques antes
mencionados con distinta profundidad, cabe destacar que por las
características del presente no me voy a detener, como sería
metodológicamente correcto en cuales son las causas externas a la
universidad de este fenómeno pues si bien existen motores que empujan
desde afuera, también es cierto que ciertos sectores de la sociedad han
logrado liberarse de estas cargas y avanzan en mejor sentido, pues como
hablo desde y para los sectores que intentan dar ideas o dirección a los
sectores mas concientes, y de cuya responsabilidad depende en gran parte
la dirección de la flecha del movimiento estudiantil, no admitiré
excusas, y en parte de eso se trata esta exposición.
El fenómeno al que me refería, y la segunda hipótesis, es el de la
dialéctica entre independentismo y burocratismo la cual tiene por
resultante lograr una perfecta pasividad y la incapacidad de lograr
espacios comunes y auténticamente democráticos los cuales permitan
llevar las contradicciones de todos los sectores al máximo, madurar y
podrirse como sería democráticamente sano.
Por último sostener que la posibilidad de llevar experiencias
auténticamente democráticas se basa en combatir estas dos tendencias que
en breve expondremos en función de sus manifestaciones. Esta expresión
parte de la comprensión de que para que exista una guerra (entiéndase en
sentido de ideas, en sentido sano) debe existir un campo de batalla.
La incapacidad de construir estos espacios es vista por todos los
sectores y bloques como una gran falencia, sobre la que siempre asignan
culpas al movimiento estudiantil y sus limitaciones, pues lamento
informarles que voy a tratar de explicar que las limitaciones son suyas.
En momentos álgidos de lucha logran aflorar hermosas herramientas
organizativas, en mas o en menos democráticas, que pretenden cumplir los
objetivos generales que casi siempre son de defensa y rara vez se logran
construir sobre consignas de ofensiva. Uno de los problemas es que la
percepción de los no agrupados, sobre estas organizaciones, siempre es
que se les van de las manos y no logran imponer sus condiciones (aunque
esto no es tan así), pero las sostienen por el acuerdo general en las
consignas
“fuertes”
por las que se están peleando, se marcan las trincheras y solo hay dos
por tanto no se puede ni se debe dudar.
Pasado el momento de tensión, logrado o desviado el objetivo, se vuelve
a la rutina general, queda algún resto putrefacto, donde queda la
vanguardia independiente y algún cazador furtivo de las agrupaciones que
intenta integrar algunos prospectos, va perdiendo fuerza y sentido hasta
que por fin debido a su carencia de objetivos, capacidad de construirse
para el resto, y que las agrupaciones, ya lograron su objetivo de
prospectar vanguardia y chupar algunos, lo vacían también.
Ahora si vienen los llantos de unos y de otros, incontables balances
sobre la lucha y después del todo, la nada y el devenir ya sabemos que
quedo…
El desafió surge entonces de la posibilidad de darnos una o varias
organizaciones permanentes las cuales no tengan por objetivo único la, o
las luchas, lo cual no quiere decir que se desestimen o que
sean un club
de amigos, sino que al contrario, son la única posibilidad de llegar a
acuerdos para pasar a la ofensiva. Estos órganos deben ser amplios para
abarcar a los distintos bloques que participan de la vida política de la
facultad, no será en ningún momento un acuerdo principista, por que no
es una reagrupación ni un partido, ni debería ser un coto de caza de
militantes, aunque no hay nada de malo en que los que se sientan mas a
fines con la posición de una determinada agrupación simplemente fluyan,
el problema es si solo es eso, pues no da cabida a la divergencia
necesaria de cualquier democracia (en sentido no burgués, que se
entienda), pues no permite expresarse las diferentes ideas y por tanto
que las mismas se opongan, se superen. Solo puede estar en desacuerdo
con la formación de este espacio aquel que cree que su agrupación es tan
democrática para abarcar el todo (¿?),
o que tiene la verdad revelada, por suerte los iluminados están en
sociedades secretas y ni pasan por sociales, creo.
Para lograr esto me parece fundamental traer a la discusión el tema
central que antes esbocé, y que suponen los mayores obstáculos para
formar espacios amplios y permanentes.
Para explicar esta concepción partiremos de mostrar un tema de
estructura del movimiento, los bloques políticamente activos, que
mencionamos, tienen una característica muy interesante, son mutuamente
dependientes, lo cual no es un dato menor, por su composición numérica
(según se observa en las asambleas) los agrupados conforman algo así
como un quintos del total, la vanguardia independiente que siempre se
encuentra politizada y trata de armar organizaciones, pero es casi
invisible si no hay lucha debido sus limitaciones para agruparse, otro
quinto. Dentro de los tres últimos quintos se encontrarían los
activados, o sea los potencialmente participativos y politizados, pero
que no están motorizados sino por medio de aglutinantes, y los que solo
se mueven por ataques directos, los que, a diferencia de los anteriores
no son homogéneos ni siempre los mismos, van y vienen.
Por tanto aunque esta cuantificación dista mucho de ser precisa y debe
ser tomada solo como una hipótesis débil, lo que se intenta demostrar y
es innegable en cualquier proceso de lucha es que los dos bloques
concientes, y politizados, los cuales llamaremos para simplificar
agrupados y vanguardias, que son los cuatro quintos del total de los
movilizados, que dan la tónica y son los que son capaces de construir
alternativas, y organización, se precisan mutuamente y ninguno puede
imponer sus condiciones sin anuencia de los otros. Pero debido a la
mayor organicidad de los agrupados, su control de los centros de
estudiantes y de la FUBA, y a su capacidad de contar con huestes
externas a las facultades, las cuales pueden movilizar, acerbo sindical
en docentes y otros sindicatos, y contactos con el movimientos real en
general, pueden por tanto estar en mejores condiciones para imponer
condiciones, es claro que ninguna lucha se puede llevar sin ellos o en
contra de ellos.
No obstante no es cierto que representen el movimiento estudiantil y
tampoco que siempre jueguen un rol progresivo, sino muy por el contrario
han sido muchas veces la palanca de freno del movimiento (No reparto
responsabilidades a cada una, ya que ese balance debe ser de las
organizaciones por un lado y de la vanguardia para con ellas, por el
otro.) ya sea por acción directa, por omisión, o por sus luchas inter-agrupaciones,
por las migajas.
Si embargo no intento de ningún modo hacer un manifiesto
antiagrupaciones sino todo lo contrario creo que son fundamentales y
necesarias, pero no lo son todo, ni representan el todo, solo influyen y
son ideología condensada en acción. Pero esta ideología no tiene por que
ser compartida, o desde la misma ideología, ser la única interpretación
válida de la palabra
(cualquier similitud religiosa es coincidencia).
Expuesto el tema estructural de la dependencia dialéctica de los dos
sectores concentrémonos en el problema del independentismo y el
burocratismo, las dos caras de la moneda de la pasividad. Estos dos
fenómenos cruzan a todos los bloques actuantes pero obviamente no
siempre en el mismo momento y no en igual grado en los distintos
bloques.
El independentismo es la característica general que adopta la vanguardia
en los últimos diez o quince años, y se expresa en la búsqueda de un
“individualismo
político”, esta ideología hija de la caída
del muro de Berlín, del “suicidio de las
ideologías” y de la incapacidad de la
izquierda revolucionaria de dar un giro ideológico y organizativo que
exprese una salida acorde a la forma de concebir el mundo de la
generación actual, tendiendo puentes de comprensión entre la pobreza
ideológica de los ´90 y las concepciones
revolucionarias que conmovieron el mundo y fueron el eje de acción del
movimiento obrero y de los pueblos oprimidos durante todo el siglo XX.
Del mismo modo el descrédito de la política y de sus representantes que
la experiencia democrática produjo en la masa del pueblo, colocando a
toda la política, como forma de ejercer el poder, en la misma bolsa y
desarrollando una fuerte conciencia crítica sobre las direcciones.
Esta tendencia se expresa en un fuerte antiburocratismo y desconfianza,
pero también en la incapacidad de configurar organizaciones, o ser las
mismas muy limitadas y antirepresentativas lo que las coarta en su
capacidad de crecimiento y en componerse como alternativas de poder,
debido a que su tendencia las postra a la hora de generar órganos de
poder. Esta falencia nace en que se niegan a ceder representación a la
vez que por misma razón tampoco construyen representación hacia afuera y
por tanto no se arrogan el derecho de actuar por la mayoría, aun cuando
sean la mayoría de los que actúan. En conclusión son incapaces de formar
espacios de democracia ni para ellos ni para los demás.
También expresan su desconfianza en el infantilismo antiagrupación y en
la desconfianza a las banderas, tendencia que de origen democratizante
se vuelve gorila, por negarle representación a aquellos que se
encolumnan bajo una bandera y quieren defenderla ideológicamente, debido
a que solo eso es una bandera, una suma de consignas y una dirección y
forma de organización común que un grupo se da a si mismo, por lo tanto
no puede configurar un daño a un tercero que esta agrupación,
que acuerda en lo antedicho,
lleve su bandera, y el rechazo a las banderas solo expresa una censura
políticamente insostenible contra estos grupos, que equivaldría a
pedirle que no existan.
Para cerrar este esbozo, no se trata entonces de eliminar las
representaciones sino de imponer un espacio donde todas puedan
expresarse, confrontarse, apoyarse y a través de ese apoyo darle carne a
las representaciones que entendamos justas, así también como vaciar el
espacio de los que se develen traidores. El problema no es confiar en la
representatividad sino confiar en los representantes. Desconfiar de la
representatividad burocrática y abrir paso a la representatividad
natural de las ideas, todos deben ser sujetos de representatividad en la
medida de las mismas.
Con lo anterior quedaron medianamente delimitadas las características
generales del independentismo y sus limitaciones, las cuales son o bien
superadas o bien el movimiento estudiantil no saldrá nunca de su
pasividad y su incapacidad de formar espacios permanentes y democráticos
donde puedan ponerse las discusiones, pero también los acuerdos, por
mínimos que sean sobre la mesa y poder llevarlos adelante. Vale destacar
que partimos de caracterizar que los bloques activos políticamente en la
facultad son en su mayoría izquierdistas, filo izquierdistas y
populistas, en amplio abanico, pero no se expresan corrientes
abiertamente o medianamente gorilas en intención (vale la aclaración en
intención). Con lo cual puede llegarse a acuerdos generales en el
ejercicio del intercambio y apoyar medidas generales congruentes,
mínimas o máximas.
En el otro polo de la dialéctica se encuentra el burocratismo instalado
mayormente en las agrupaciones políticas aunque no es su propiedad
privada, y no siempre se expresa en la misma y de igual forma,
inclusive, contra todo pronóstico, tampoco es una cualidad propia de las
agrupaciones que dependen de los partidos sino que muchas agrupaciones
propiamente universitarias han dado verdaderas clases sobre como ser
perfectas máquinas de la burocracia, especialmente aquellas que se
reconvierten rápidamente en puestos docentes y burocráticos de la
universidad, caso en el que compete controlar sus intereses y hasta
donde representan al movimiento estudiantil.
Este último caso sería un caso de burocracia interesada, pero existen
también casos de honesto burocratismo, el cual se expresa en la falta de
intención de fomentar, apoyar y sostener espacios democráticos en los
cuales las agrupaciones no puedan ya influir, ni dirigir, aun cuando en
el pasado hayan sido incluso sus impulsores.
Esto queda al descubierto cuando habiéndose creado un espacio
auténticamente democrático (espacios que como ya dijimos a veces se
forman gracias a las mismas agrupaciones), en el mismo se votan medidas
que las diferentes agrupaciones, o una de ellas no esta dispuesta a
aceptar por que atenta contra alguna de sus pretensiones tácticas del
momento. Entonces se bajan y tratan de vaciar el espacio en la medida de
sus fuerzas. Y esto aun cuando participaron de la votación y lo votado
no expresa una contradicción de principios sino que lo único que pone al
descubierto es el carácter táctico y mezquino de la participación, se
usa esos espacios mientras logran encarnar en ellos sus propios
intereses particulares. No representan para la mayor parte de las
organizaciones ninguna apuesta constructiva con perspectiva a largo
plazo.
Este canallismo político indignante es incapaz de aceptar formas mínimas
de democracia. No puedo legitimar un espacio con mi presencia, y luego
bajarme y romperlo ante la menor votación adversa que me perjudica
sectorialmente, por que con que cara después apoyaré la próxima, y que
confianza tendrán los no agrupados en mi presencia, presencia que se
vuelve extorsiva. Pues le doy mi apoyo mientras voten lo que se me
canta, cuando no puedo dirigir se lo quito y boicoteo. Por suerte para
los traidores los estudiantes se renuevan con rapidez, pero la
vanguardia recuerda y refuerza su independentismo que como ya vimos es
inconducente pero no injustificado.
Se defienden las organizaciones democráticas o no se las defiende, no
hay término medio.
Resumiendo y como ya mostramos mas arriba una clara expresión del
burocratismo, es el interés de participar siempre de manera táctica,
apoyo determinado órgano, cuando la creación y el fortalecimiento de
espacios democráticos permanentes debería ser estratégico. De este modo
se explica por que cuando la lucha decae y los independientes no
orgánicos empiezan a desaparecer, no se apuesta por mantener el espacio,
total ya no hay quien ganar, y no se tiene visión estratégica de crear
nuevas expresiones mas amplias del espacio para dar participación a
aquellos que están retirándose y otros que están afuera. Esto nos lleva
a un concepto que llamaremos luchismo.
Una de las menos visibles pero claras expresiones del burocratismo se
expresa en una concepción muy estrecha acerca de cómo hacer política, se
expresa en la visión de que la política se expresa solo como lucha, el
luchismo es un rasgo pobre de toda organización que busque
influir en el desarrollo de la realidad. Es necesario apostar a espacios
donde se pueda acompañar el proceso de aquellos que la expresión
política no pasa por la lucha y tal vez nunca lleguen a ser un militante
y ni siquiera a tener un profundo interés en las formas del cambio
social pero que por su sensibilidad pueden ser sinceramente de izquierda
y dar aportes desde otros campos de la acción o ser simplemente amigos
de las causas, no siempre se trata de aliados sino a veces se trata de
no enemigos, y sus tareas aunque no les hagan avanzar a ellos mismos,
sirven para sensibilizar y acercar a otros que si pueden avanzar, todos
pueden aportar en su medida y sus limitaciones y si ando por la vida
poniendo cartelitos no solo no lo voy a notar sino que además reforzaré
estas posiciones que en inicio no eran tan solventes. En este sentido la
posición de ciertas agrupaciones, en su carencia de paciencia se parecen
a un profesor que toma solo virtuosos como alumnos, por tanto nada
tienen que aprender ni ellos ni los alumnos que toman, hablan mucho de
dialéctica pero parece que nada entienden de procesos y del camino de la
praxis y la conciencia.
Ya que no hablamos de sectarismo no hablemos, total quedaron sentadas
las bases para entenderlo, alguien hablo por ahí de unos que profesaban
solo para conversos…
Sería bueno que tengan la misma pasión que tienen por la lucha en
moderar su ego y escuchar las posiciones no propias para poder
rebatirlas claro, pero primero hay que escuchar y quien escuchó y pensó,
aun cuando sea para defenestrar, nunca será el mismo.
La discusión es un juego donde lo que se apuesta es la verdad, cada uno
la suya, pero cuando termina el juego, todos ganan una nueva.
Fernando
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