José interpreta dos sueños
40
1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de
Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de
Egipto.
2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe
de los coperos y contra el jefe de los panaderos,
3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia,
en la cárcel donde José estaba preso.
4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él
les servía; y estuvieron días en la prisión.
5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que
estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su
propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio
significado.
6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí
que estaban tristes.
7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban
con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por
qué parecen hoy mal vuestros semblantes?
8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo
interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las
interpretaciones? Contádmelo ahora.
9 Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José, y
le dijo: Yo soñaba que veía una vid delante de mí,
10 y en la vid tres sarmientos; y ella como que brotaba, y
arrojaba su flor, viniendo a madurar sus racimos de uvas.
11 Y que la copa de Faraón estaba en mi mano, y tomaba yo las
uvas y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa en
mano de Faraón.
12 Y le dijo José: Esta es su interpretación: los tres
sarmientos son tres días.
13 Al cabo de tres días levantará Faraón tu cabeza, y te
restituirá a tu puesto, y darás la copa a Faraón en su mano,
como solías hacerlo cuando eras su copero.
14 Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego
que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a
Faraón, y me saques de esta casa.
15 Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he
hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.
16 Viendo el jefe de los panaderos que había interpretado para
bien, dijo a José: También yo soñé que veía tres canastillos
blancos sobre mi cabeza.
17 En el canastillo más alto había de toda clase de manjares
de pastelería para Faraón; y las aves las comían del
canastillo de sobre mi cabeza.
18 Entonces respondió José, y dijo: Esta es su
interpretación: Los tres canastillos tres días son.
19 Al cabo de tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre
ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu carne de
sobre ti.
20 Al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón,
el rey hizo banquete a todos sus sirvientes; y alzó la cabeza
del jefe de los coperos, y la cabeza del jefe de los panaderos,
entre sus servidores.
21 E hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y dio
éste la copa en mano de Faraón.
22 Mas hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como lo había
interpretado José.
23 Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le
olvidó.
José interpreta el sueño de Faraón
41
1 Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le
parecía que estaba junto al río;
2 y que del río subían siete vacas, hermosas a la vista, y
muy gordas, y pacían en el prado.
3 Y que tras ellas subían del río otras siete vacas de feo
aspecto y enjutas de carne, y se pararon cerca de las vacas
hermosas a la orilla del río;
4 y que las vacas de feo aspecto y enjutas de carne devoraban a
las siete vacas hermosas y muy gordas. Y despertó Faraón.
5 Se durmió de nuevo, y soñó la segunda vez: Que siete
espigas llenas y hermosas crecían de una sola caña,
6 y que después de ellas salían otras siete espigas menudas y
abatidas del viento solano;
7 y las siete espigas menudas devoraban a las siete espigas
gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que era sueño.
8 Sucedió que por la mañana estaba agitado su espíritu, y
envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus
sabios; y les contó Faraón sus sueños, mas no había quien los
pudiese interpretar a Faraón.
9 Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo:
Me acuerdo hoy de mis faltas.
10 Cuando Faraón se enojó contra sus siervos, nos echó a la
prisión de la casa del capitán de la guardia a mí y al jefe de
los panaderos.
11 Y él y yo tuvimos un sueño en la misma noche, y cada
sueño tenía su propio significado.
12 Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del
capitán de la guardia; y se lo contamos, y él nos interpretó
nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño.
13 Y aconteció que como él nos los interpretó, así fue: yo
fui restablecido en mi puesto, y el otro fue colgado.
14 Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron
apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus
vestidos, y vino a Faraón.
15 Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay
quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños
para interpretarlos.
16 Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios
será el que dé respuesta propicia a Faraón.
17 Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me parecía que
estaba a la orilla del río;
18 y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y
hermosa apariencia, que pacían en el prado.
19 Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y
de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras
semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto.
20 Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras
vacas gordas;
21 y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que
hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún
mala, como al principio. Y yo desperté.
22 Vi también soñando, que siete espigas crecían en una
misma caña, llenas y hermosas.
23 Y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del
viento solano, crecían después de ellas;
24 y las espigas menudas devoraban a las siete espigas
hermosas; y lo he dicho a los magos, mas no hay quien me lo
interprete.
25 Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es
uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer.
26 Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas
hermosas son siete años: el sueño es uno mismo.
27 También las siete vacas flacas y feas que subían tras
ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas
del viento solano, siete años serán de hambre.
28 Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer,
lo ha mostrado a Faraón.
29 He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la
tierra de Egipto.
30 Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la
abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre
consumirá la tierra.
31 Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del
hambre siguiente la cual será gravísima.
32 Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la
cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.
33 Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y
sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.
34 Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y
quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia.
35 Y junten toda la provisión de estos buenos años que
vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para
mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo.
36 Y esté aquella provisión en depósito para el país, para
los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el
país no perecerá de hambre.
José, gobernador de Egipto
37 El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos,
38 y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro
hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?
39 Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo
esto, no hay entendido ni sabio como tú.
40 Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará
todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.
41 Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre
toda la tierra de Egipto.
42 Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en
la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y
puso un collar de oro en su cuello;
43 y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de
él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de
Egipto.
44 Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno
alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.
45 Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio
por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió
José por toda la tierra de Egipto.
46 Era José de edad de treinta años cuando fue presentado
delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de
Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.
47 En aquellos siete años de abundancia la tierra produjo a
montones.
48 Y él reunió todo el alimento de los siete años de
abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y guardó alimento en
las ciudades, poniendo en cada ciudad el alimento del campo de
sus alrededores.
49 Recogió José trigo como arena del mar, mucho en extremo,
hasta no poderse contar, porque no tenía número.
50 Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer
año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera
sacerdote de On.
51 Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés;
porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa
de mi padre.
52 Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo:
Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.
53 Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en
la tierra de Egipto.
54 Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José
había dicho; y hubo hambre en todos los países, mas en toda la
tierra de Egipto había pan.
55 Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el
pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los
egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere.
56 Y el hambre estaba por toda la extensión del país.
Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los
egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto.
57 Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José,
porque por toda la tierra había crecido el hambre.
Los hermanos de José vienen por alimentos
42
1 Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus
hijos: ¿Por qué os estáis mirando?
2 Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto;
descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que
podamos vivir, y no muramos.
3 Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en
Egipto.
4 Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con sus
hermanos; porque dijo: No sea que le acontezca algún desastre.
5 Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían;
porque había hambre en la tierra de Canaán.
6 Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo
el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se
inclinaron a él rostro a tierra.
7 Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo
como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo:
¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de
Canaán, para comprar alimentos.
8 José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le
conocieron.
9 Entonces se acordó José de los sueños que había tenido
acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto
del país habéis venido.
10 Ellos le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus
siervos han venido a comprar alimentos.
11 Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres
honrados; tus siervos nunca fueron espías.
12 Pero José les dijo: No; para ver lo descubierto del país
habéis venido.
13 Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos
de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está
hoy con nuestro padre, y otro no parece.
14 Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que
sois espías.
15 En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de
aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí.
16 Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y
vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si
hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías.
17 Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días.
18 Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo
temo a Dios.
19 Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra
cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el
alimento para el hambre de vuestra casa.
20 Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas
vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra
nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos
rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta
angustia.
22 Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo
y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí
también se nos demanda su sangre.
23 Pero ellos no sabían que los entendía José, porque había
intérprete entre ellos.
24 Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a
ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo
aprisionó a vista de ellos.
25 Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y
devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su
saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con
ellos.
26 Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron de
allí.
27 Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su
asno en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su
costal.
28 Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y helo
aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó el corazón, y
espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha
hecho Dios?
29 Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron
todo lo que les había acontecido, diciendo:
30 Aquel varón, el señor de la tierra, nos habló
ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra.
31 Y nosotros le dijimos: Somos hombres honrados, nunca fuimos
espías.
32 Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no parece, y
el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.
33 Entonces aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En
esto conoceré que sois hombres honrados: dejad conmigo uno de
vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y
andad,
34 y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que
no sois espías, sino hombres honrados; así os daré a vuestro
hermano, y negociaréis en la tierra.
35 Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en
el saco de cada uno estaba el atado de su dinero; y viendo ellos
y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor.
36 Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis
hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le
llevaréis; contra mí son todas estas cosas.
37 Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos
hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo
devolveré a ti.
38 Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros, pues su
hermano ha muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere
algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender
mis canas con dolor al Seol.
Los hermanos de José regresan con Benjamín
43
1 El hambre era grande en la tierra;
2 y aconteció que cuando acabaron de comer el trigo que
trajeron de Egipto, les dijo su padre: Volved, y comprad para
nosotros un poco de alimento.
3 Respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con
ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro si no traéis a
vuestro hermano con vosotros.
4 Si enviares a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y
te compraremos alimento.
5 Pero si no le enviares, no descenderemos; porque aquel varón
nos dijo: No veréis mi rostro si no traéis a vuestro hermano
con vosotros.
6 Dijo entonces Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal,
declarando al varón que teníais otro hermano?
7 Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente
por nosotros, y por nuestra familia, diciendo: ¿Vive aún
vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le declaramos conforme a
estas palabras. ¿Acaso podíamos saber que él nos diría: Haced
venir a vuestro hermano?
8 Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al joven
conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin de que vivamos y no
muramos nosotros, y tú, y nuestros niños.
9 Yo te respondo por él; a mí me pedirás cuenta. Si yo no te
lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti, seré para ti
el culpable para siempre;
10 pues si no nos hubiéramos detenido, ciertamente hubiéramos
ya vuelto dos veces.
11 Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es,
hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos, y
llevad a aquel varón un presente, un poco de bálsamo, un poco
de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.
12 Y tomad en vuestras manos doble cantidad de dinero, y llevad
en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros
costales; quizá fue equivocación.
13 Tomad también a vuestro hermano, y levantaos, y volved a
aquel varón.
14 Y el Dios Omnipotente os dé misericordia delante de aquel
varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín.
Y si he de ser privado de mis hijos, séalo.
15 Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en
su mano doble cantidad de dinero, y a Benjamín; y se levantaron
y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José.
16 Y vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su
casa: Lleva a casa a esos hombres, y degüella una res y
prepárala, pues estos hombres comerán conmigo al mediodía.
17 E hizo el hombre como José dijo, y llevó a los hombres a
casa de José.
18 Entonces aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron
llevados a casa de José, y decían: Por el dinero que fue
devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído
aquí, para tendernos lazo, y atacarnos, y tomarnos por siervos a
nosotros, y a nuestros asnos.
19 Y se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le
hablaron a la entrada de la casa.
20 Y dijeron: Ay, señor nuestro, nosotros en realidad de
verdad descendimos al principio a comprar alimentos.
21 Y aconteció que cuando llegamos al mesón y abrimos
nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la
boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y lo hemos
vuelto a traer con nosotros.
22 Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para
comprar alimentos; nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro
dinero en nuestros costales.
23 El les respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios
y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales;
yo recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos.
24 Y llevó aquel varón a los hombres a casa de José; y les
dio agua, y lavaron sus pies, y dio de comer a sus asnos.
25 Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José a
mediodía, porque habían oído que allí habrían de comer pan.
26 Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente que
tenían en su mano dentro de la casa, y se inclinaron ante él
hasta la tierra.
27 Entonces les preguntó José cómo estaban, y dijo:
¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿Vive
todavía?
28 Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre;
aún vive. Y se inclinaron, e hicieron reverencia.
29 Y alzando José sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de
su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me
hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.
30 Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus
entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; y entró
en su cámara, y lloró allí.
31 Y lavó su rostro y salió, y se contuvo, y dijo: Poned pan.
32 Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y
aparte para los egipcios que con él comían; porque los egipcios
no pueden comer pan con los hebreos, lo cual es abominación a
los egipcios.
33 Y se sentaron delante de él, el mayor conforme a su
primogenitura, y el menor conforme a su menor edad; y estaban
aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro.
34 Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la
porción de Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las
de ellos. Y bebieron, y se alegraron con él.
La copa de José
44
1 Mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llena de
alimento los costales de estos varones, cuanto puedan llevar, y
pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.
2 Y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal
del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José.
3 Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus
asnos.
4 Habiendo ellos salido de la ciudad, de la que aún no se
habían alejado, dijo José a su mayordomo: Levántate y sigue a
esos hombres; y cuando los alcances, diles: ¿Por qué habéis
vuelto mal por bien? ¿Por qué habéis robado mi copa de plata?
5 ¿No es ésta en la que bebe mi señor, y por la que suele
adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis.
6 Cuando él los alcanzó, les dijo estas palabras.
7 Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice nuestro señor tales
cosas? Nunca tal hagan tus siervos.
8 He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros
costales, te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán;
¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni
oro?
9 Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que
muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor.
10 Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras;
aquel en quien se hallare será mi siervo, y vosotros seréis sin
culpa.
11 Ellos entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su
costal en tierra, abrió cada cual el costal suyo.
12 Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y
la copa fue hallada en el costal de Benjamín.
13 Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su
asno y volvieron a la ciudad.
14 Vino Judá con sus hermanos a casa de José, que aún estaba
allí, y se postraron delante de él en tierra.
15 Y les dijo José: ¿Qué acción es esta que habéis hecho?
¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?
16 Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué
hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la
maldad de tus siervos; he aquí, nosotros somos siervos de mi
señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la
copa.
17 José respondió: Nunca yo tal haga. El varón en cuyo poder
fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a
vuestro padre.
Judá intercede por Benjamín
18 Entonces Judá se acercó a él, y dijo: Ay, señor mío, te
ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de
mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues tú
eres como Faraón.
19 Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre
o hermano?
20 Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos un padre
anciano, y un hermano joven, pequeño aún, que le nació en su
vejez; y un hermano suyo murió, y él solo quedó de los hijos
de su madre; y su padre lo ama.
21 Y tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos
sobre él.
22 Y nosotros dijimos a mi señor: El joven no puede dejar a su
padre, porque si lo dejare, su padre morirá.
23 Y dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no
desciende con vosotros, no veréis más mi rostro.
24 Aconteció, pues, que cuando llegamos a mi padre tu siervo,
le contamos las palabras de mi señor.
25 Y dijo nuestro padre: Volved a comprarnos un poco de
alimento.
26 Y nosotros respondimos: No podemos ir; si nuestro hermano va
con nosotros, iremos; porque no podremos ver el rostro del
varón, si no está con nosotros nuestro hermano el menor.
27 Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que
dos hijos me dio a luz mi mujer;
28 y el uno salió de mi presencia, y pienso de cierto que fue
despedazado, y hasta ahora no lo he visto.
29 Y si tomáis también a éste de delante de mí, y le
acontece algún desastre, haréis descender mis canas con dolor
al Seol.
30 Ahora, pues, cuando vuelva yo a tu siervo mi padre, si el
joven no va conmigo, como su vida está ligada a la vida de él,
31 sucederá que cuando no vea al joven, morirá; y tus siervos
harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor
al Seol.
32 Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre,
diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable
ante mi padre para siempre;
33 te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del
joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus
hermanos.
34 Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No
podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre.
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