propuesta Socialista 

Por la revolución socialista mundial


 

Bolivia:

El triunfo electoral del MAS

Escribió, desde Argentina: Martín Guadamuz P.

El triunfo electoral del Movimiento Al Socialismo (MAS) boliviano, en diciembre del año pasado, tiene varios aspectos que son necesarios analizar y puntualizar para que todos aquellos que tenemos el proyecto de acabar con el sistema capitalista y reemplazarlo con el sistema socialista, no perdamos la perspectiva. Perspectiva que se puede perder en dos sentidos: 1) por enfocarlo solamente a partir de Evo Morales, presidente elegido, dirigente cocalero, hombre de raíces indias, expresión de la cultura de los pueblos originarios y, 2) por no entender el significado del mismo como fenómeno histórico y social del movimiento de masas.

Primer aspecto

No nos cabe ninguna duda que Evo Morales es, en tanto que persona, una manifestación de la historia del pueblo boliviano. Nacido en un paupérrimo hogar de ancestro indio, conoció la miseria, la degradación y la muerte desde muy temprana edad (seis hermanos suyos murieron en sus primeros años). Creció y se formó en el caldero definido por dos antitéticos fenómenos (expresión de la ley del desarrollo desigual y combinado): el mundo mágico de la cultura autóctona y la vida concreta de la superexplotación burguesa.

Los bolivianos, descendientes de los involuntarios hacedores de buena parte de la acumulación primitiva capitalista, tienen una dramática y a la vez trágica historia de terremotos sociales y traiciones, de caminos transitados a medias, de revoluciones que se devuelven a las puertas de la toma del poder. Fueron definiendo sus características a medida que, desde la entrañas de la tierra, extraían la plata y el oro mientras se hacían mineros a fuerza del sudor y la muerte temprana. Las Tesis de Pulacayo votadas por la Central Obrera Boliviana (COB) en 1952 a propuesta de la Federación de Trabajadores Mineros Bolivianos, por un lado y la dictadura del general Hugo Bánzer, dilecto hijo de la burguesía santacruceña, educado en la Escuela de las Américas, ejecutor del plan Cóndor diseñado por Henry Kissinger, por el otro, son la representación de tal drama.

Pero dicho está que vivimos en la época del capitalismo agotado. La burguesía imperialista no puede generar otro tipo de dirigente que los Hitler y los George W. Bush, los Mussolini y los Tony Blair, los Franco y los Sharon, verdaderas deformaciones de los estadistas que, en su tiempo, fueron constructores de la sociedad capitalista. Pero, en los países atrasados no se puede generar otra cosa que los Juan Domingo Perón (en Argentina), los Gamal Abdel Nasser (en Egipto), los Jawaharlal Nehru (en la India), los Paz Estensoro (en Bolivia, precisamente) en tiempos no tan idos y a partir de las fuerzas burguesas, o los Lula, los Kirchner, los Mahmoud Abas, en nuestros días, desde los sectores obreros,  pequeñoburgueses y burgueses nacionalistas postmodernos. También como reflejo indirecto del mencionado capitalismo agotado, en lo que eufemísticamente se dio en llamar países del “socialismo real” no podían aparecer otra cosa que los Stalin, los Pol Pot, los Hornecker, los Mao Tse Tung, y su nauseabunda descendencia: los Deng Xiao Ping y los Putin.

Es que, en tanto un sistema está muriendo como consecuencia de su propia incapacidad para resolver necesidades fundamentales (fenómeno objetivo, independiente de la voluntad, de la racionalidad o del deseo humano) va naciendo -en sus entrañas- quien deberá darle el golpe final.

Evo Morales, refleja, condensa, en su persona, en su figura, en su discurso, en su propuesta … y en sus silencios, el drama del pueblo boliviano que es, a su vez, el del pueblo latinoamericano. El dama de ese pueblo multicolor, multiétnico, originario, mulato, mestizo, negro, blanco descendiente de españoles, italianos y otros orígenes europeos. El drama  de los campesinos, los empleados, los trabajadores, los pequeños productores y comerciantes, los intelectuales, las minorías, los desempleados, los hambrientos, los desheredados, etc. El drama del 80% de los casi 600 millones de habitantes de Latinoamérica.

Pero el drama no radica en las condiciones de vida de esos habitantes, de los asaltos a que es sometida la naturaleza magnífica y pletórica hoy reducida casi a su caricatura. Está presente, vive cotidianamente, (como farsa) en la conducta tramposa de los dirigentes políticos, sindicales, comunitarios, de todos esos habitantes.

Se encuentra vivo (también como farsa) en la mentira, la hipocresía, la rapiña, que constituyen el modus vivendi de las burguesías nacionales que en su inmensa mayoría están totalmente identificadas con los propósitos políticos, económicos, sociales, culturales y militares del imperialismo, del yanqui en particular.

El drama también está presente (como tragedia) en las luchas que un día sí y otro también, en un pueblo de aquí y otro de más allá que lucha, pelea, por encontrar una luz, una salida a la situación. Que sufre dictaduras, gobiernos populistas,  democracias de papel, escarnios, engaños y promesas que nunca llegan a buen puerto.

El drama (también como tragedia) se encuentra en los muertos, desaparecidos, torturados que por millares ofrecen los pueblos como sacrificio como ofrenda en proyectos políticos que terminan en una mayor abyección.

De la tragedia a …

Cuando los amigos costarricenses del POS me pidieron que escribiera un artículo sobre el triunfo electoral de Evo Morales para su revista propuesta Socialista , accedí de muy buen grado. Por varios motivos de los cuales debo señalar, en una primer instancia, mi identificación -en términos generales- con su interpretación de la situación mundial y de la situación latinoamericana, especialmente.

Decidí que lo que debía era, aprovechando el espacio brindado, escribir sobre Latinoamérica para poder explicar tan resonante cuan importante victoria de las masas bolivianas.

Pero, al mismo tiempo, me sentí en la obligación moral de señalar los límites que tiene tal victoria. En particular la posibilidad de que die-ra origen a una vasta manipulación política regional que terminara en una derrota con la cual la tragedia tendría un final parecido al de El  Lago de los Cisnes, de ese genio musical que se llamó Chaicovsky.

Coincido el que el imperialismo, en su desarrollo, ha generado -luego de su expansión- el capitalismo agotado. Pero es necesario resaltar que no se trata solamente de afirmar a los cuatro vientos que el sistema capitalista no puede desarrollar más allá de lo logrado, las fuerzas productivas. Esa limitación objetiva que tiene, se expresa en el terreno superestructural, en que tampoco puede generar dirigentes políticos nacidos de su clase que cumplan el papel de estadistas o, en su defecto, de eficientes y honrados administradores de la cosa pública.

Trotsky afirma en Los Sindicatos en la Época del Imperialismo -y creo que tiene toda la razón- que en esa fase lo máximo que puede dar son gobiernos fascistas (o en transición hacia el fascismo) o gobiernos frentepopulistas que no son otra cosa que el resultado de la transacción, de la concertación, entre fracciones políticas burguesas y fracciones políticas obreras, populares y campesinas. En su defecto, si no existen agrupaciones políticas en ambos espectros sociales, la concertación o acuerdo se puede hacer a partir de sectores de la clase burguesa y representantes de sindicales, comunales, etc., de los sectores populares. El carácter distintivo que tienen tales frentes es que su programa es claramente burgués, no ofrecen otra cosa que la persistencia del sistema capitalista. Y ya sabemos que si hay sectores sociales que son dueños de los bienes de producción y de cambio (es decir si existen burgueses) el producto de la actividad social termina por dar lugar a mayor concentración de la riqueza en los bolsillos de los sectores burgueses más fuertes en un inevitable e ineludible proceso de creciente monopolización privada de la riqueza.

Otra característica que es importante señalar la encontramos en el discurso. Aparecen desde palabras, frases, oraciones que condenan al capitalismo, a los burgueses, casi al patíbulo, hasta claras expresiones que involucran o dan entender conceptos propios de la cultura marxista. Pero es necesario destacar que no es otra cosa que vocinglería hueca o pseudomarxismo, marxismo entrecomillado.

Aquí, en Argentina, vivimos una expresión caricaturesca de ese fenómeno. El presidente Néstor Kirchner es presentado como progresista y parte de los llamados “gobiernos de izquierda” porque detesta al ex presidente -y actual senador- Carlos Menem y reniega abiertamente de la dictadura militar, aunque proviene de un partido burgués, depredador, socio de las peores dictaduras, que cobija en su seno a una burocracias sindical nefasta, negociadora y mafiosa de la historia del movimiento obrero mundial, en total contubernio con la burguesía argentina, ladrona, lumpesca, y también mafiosa que se llevó a su cama  al imperialismo con todos sus planes. Ese Kirchner que se vanagloria del crecimiento del PIB del país y mantiene con los mismos salariales reales a los trabajadores y en las mismas condiciones de siempre a los reocupados, acaba de saldar la deuda externa que el país tenía con el tristemente célebre Fondo Monetario Internacional (FMI).

No está mejor la cosa en Brasil donde Lula que llegó a caballo de un partido obrero, el Partido de los Trabajadores (PT) no sólo hace buena letra con el FMI (también le cancelará la deuda externa) sino que acaba de autorizar la privatización de una parte de la Amazonia para regocijo de las empresas madereras. En Uruguay, Tabaré Vázquez se montó en el Frente Amplio (FA) donde hay antiguos stalinistas y socialistas, ex Tupamaros y quiere hacer un TLC con EEUU, En Chile, Bachelet, que se proclama socialista seguirá con la política económica iniciada por Pinochet y continuada por todos sus sucesores. En Venezuela, Hugo Chávez que está sentado en un testículo de George Bush, fue incapaz de aprovechar su reposición en el gobierno cuando el golpe de estado pergeñado por el imperialismo yanqui, la gran burguesía venezolana, la corruptísima burocracia sindical y sectores militares, para asestarles lo que hubiera sido un golpe demoledor (nacionalizando todas empresas de los implicados y poniéndolas en mano de sus trabajadores) que los hubiera sacado de la cancha. Con ese panorama, ¿qué se puede esperar de Evo Morales?.

Nueva (vieja) táctica burguesa.

Fue en la década de los años 40 y 50 que apareció en los países latinoamericanos un nuevo sector de clase burgués y un tipo nuevo de gobierno. Ese sector burgués se asentó en el aparato del estado para desarrollarse; aprovechó la realidad internacional de la segunda post-guerra mundial (generar capital tapando el enorme hueco que generaron con la guerra y sus preparativos) para afirmarse en el poder. Fue la época en que se desarrolló y expandió el estado benefactor con el reconocimiento de los derechos hasta entonces conculcados. Para ello, se apoyó en el movimiento de masas y se presentó como antiimperialista “combatiendo al capital” como dice la Marcha Peronista.

Hoy, parte de esa burguesía se reconcilió con la anterior burguesía y llegó a grandes acuerdos con el imperialismo. La otra parte, el resto, muy adelgazada (en términos de capital) resiste al imperialismo. Pero no puede, ni por equivocación, recrear sus antiguos métodos políticos entre otras cosas por cuanto el sistema capitalista, el imperialismo, está muy desgastado, se arrastra.

Lo más que puede hacer es sacar la pelota de la cancha: caso de las reuniones de la OMC, caso del encuentro sobre el ALCA en Mar del Plata; pero no mucho más. Podemos decir que pretenden crear un bloque para mejor negociar con el imperialismo (bajarse los pantalones con elegancia, sin pasión y sin tirarlos por ahí) e incluso para propiciar la llegada de un presidente demócrata a la presidencia gringa, a caballo de la guerra-desastre emprendida por Bush en Irak. ¿Será distinto Evo Morales?. Respondo diciendo que no hay indicadores favorables. Ni en su propuesta programática, ni en su política hasta ahora llevada a cabo. Está en mejor situación que Hugo Chávez para enrumbarse al socialismo: ganó por que los bolivianos hicieron, antes de su triunfo, varias revoluciones. Ganó por paliza. Pero no está haciendo lo debido: apoyarse en las organizaciones de las masas para sacar a Bolivia del atraso. Sigue usando la institucionalidad burguesa. Con café descafeinado, no se hace un buen café.

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